sábado, 31 de octubre de 2026

La Biblia frente a las prácticas de oscuridad y ocultismo.

 La Biblia frente a las prácticas de oscuridad y ocultismo.

“Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” Isaías 8:19.

“Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” 1 Tesalonicenses 5:5.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” 2 Timoteo 3:16-17.

Consultar a adivinos, a los muertos, a espíritus y recurrir a cualquier práctica ocultista es algo que la Palabra de Dios condena contundentemente.

Esto supone negar de manera evidente que confiamos en Dios, y constituye una expresión de la naturaleza pecaminosa e independiente, como lo dice Gálatas 5:20: “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías”; es decir, es una manifestación de las obras de la carne.

A través del pueblo de Israel, Dios advertía sobre estas prácticas, que eran “normales” para las naciones paganas, pero que terminaban autodestruyendo y arrasando pueblos enteros, pues sus consecuencias son terribles: “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti” (Deuteronomio 18:10-12).

En el Nuevo Testamento, las personas que se convertían al Señor abandonaban estas prácticas, que eran muy comunes en aquella época, pero que, con la llegada de la fe en Cristo, perdían todo sentido (Hechos 19:19).

Pues Él mismo desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales, los avergonzó públicamente y obtuvo su victoria definitiva sobre ellos en la cruz (Colosenses 2:15).

Ahora que la Luz verdadera ha llegado a nuestro corazón, nuestra confianza, esperanza y seguridad están puestas en Cristo. En Él somos hijos de la luz; por lo tanto, no participamos en temáticas relacionadas con la oscuridad, la muerte, el miedo o los espíritus. Incluso, estamos llamados a reprenderlas (Efesios 5:8-11).

En vez de celebrar la muerte, celebremos la vida eterna que nos fue otorgada por gracia y de la cual dan testimonio las Escrituras. Estas son inspiradas por Dios, así que es mucho más útil prestarles atención, pues, al creer lo que dicen, tienen el poder de transformar, corregir, guiar y preparar nuestro ser para toda buena obra, además de bendecir radicalmente nuestra vida (2 Timoteo 3:16-7).

Hermanos, a estas Escrituras debemos acudir con la guía del Espíritu Santo y así entenderemos a quién debemos consultar: “¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” (Isaías 8:19b).     Oración.

Padre, mi confianza está puesta solamente en ti. Puedo consultar las Escrituras, que apuntan a Cristo, a la vida eterna que se nos ha manifestado y que ha vencido. Él nos ha dado la victoria sobre toda potestad y sobre toda oscuridad para mostrar en nosotros tu luz verdadera y tu amor. Amén.