Cinco sentidos
«La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Mateo 6:22-23
En el devocional de ayer mencionamos que nuestro pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos, el día de hoy vamos a ver a través de dos ejemplos bíblicos el por qué decimos ésto.
En la vida de David podemos comprobar cómo lo que vemos puede llegar a influenciar no sólo nuestra manera de pensar, sino también nuestro sentir y actuar. La Biblia nos relata en 2 de Samuel 11:2-4 que David al ver desde el terrado a una mujer hermosa llamada Betsabé, esposa de Urías Heteo, manda no sólo a preguntar por quién era ella, sino que también envía mensajeros para que la traigan a la casa real para poder acostarse con ella. En el segundo caso relatado en Génesis 3:1-6 podemos ver a Eva dejándose seducir por las mentiras de Satanás, al oír sus palabras y al aceptar dicha mentira de que aquel fruto prohibido era bueno y que se podía comer de él, ante sus ojos el fruto prohibido se comenzó a ver como algo codiciable para alcanzar «sabiduría», lo que la llevó a tomar, palpar ese fruto prohibido, quizás a olfatear y percibir un aroma agradable, y por último a degustar, comer de él tanto ella como su marido. Como vemos, aquellos sentidos que nos fueron dados por Dios, cuando los dejamos a disposición de la carne, nos pueden guiar hacia la desobediencia al Señor, por esta razón debemos tener sumo cuidado con ellos.
La Biblia nos declara en el pasaje principal del día de hoy, que en el caso de la vista, nuestros ojos son como esa lámpara que llevan luz u oscuridad a nuestro cuerpo, y dependiendo de a quién le demos el control de ellos, nuestras vidas podrán experimentar luz u oscuridad. Quizás al leer esto pensarás: «Mis ojos están sanos, llenos de luz», pero la Palabra nos confronta diciendo que en ocasiones estamos tan ciegos y con tanta neblina en nuestra mente que ni siquiera podemos percibir esto, como le pasó a David, después de haber tomado a la mujer de Urías y de incluso haber planeado su muerte, no caía en cuenta de su pecado hacia Dios hasta que Natán habló con él (2 Samuel 12:1-9), cuán nublado estaba el pensamiento de David al creer que lo que había hecho tenía justificación. En el caso de Eva le vemos echarle la culpa a Satanás disfrazado de serpiente, diciendo que había sido engañada, en vez de reconocer su pecado contra Dios (Génesis 3:13). Como vemos necesitamos que sea Dios quien guarde nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, pues nuestro corazón es tan engañoso y perverso que si le seguimos permitiendo que sea el que dirija nuestras vidas nos llevará a sembrar sólo las obras de la carne. Oración.
«Padre, reconozco que en ocasiones he permitido que mis ojos vean cosas que no me edifican, te pido perdón pues Tú me has dado la vista con un fin específico y mayor, que cuando por medio de ellos vea Tu luz, tu Espíritu sea quien guíe mi vida. Amén.