Miedo a lo desconocido
«Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.» Éxodo 20:18-19
«Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.» Éxodo 33:11a
Bien conocemos que el hombre suele tenerle miedo a lo desconocido y es que para él, el no tener control sobre las cosas le produce incertidumbre, frustración, etc.
El pueblo de Israel experimentó miedo a lo desconocido, o más bien podríamos decir miedo a Dios a quien no conocían, y debemos aclarar que esto sucedió, no porque Dios no hubiese querido que lo hicieran, sino por la misma decisión del pueblo quienes prefirieron que fuera Moisés quien lo conociera y les trajera el mensaje que Dios quisiera enviarles.
Hoy en día, cuando vemos este ejemplo, podremos decir ¡qué ignorancia!, y la verdad es que nosotros no estamos tan lejos de aquella realidad, pues hoy en día también preferimos que alguien más nos hable sobre quién es Dios, que acercarnos al Señor y tener una relación con Él en la cual podamos conocerle más íntimamente.
Qué hermoso ver lo que en cambio refleja Moisés, quien en su madurez espiritual entendió la importancia de conocer más a Dios y depender de Él a tal punto de decir: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.» Éxodo 33:15b, y es que a Moisés ya no le importaba el no saber a dónde Dios les llevaría, ni qué encontrarían, pues su enfoque ya no estaba en aquello desconocido, sino en Dios a quien ya conocía por medio de su intimidad con Él.
Hermanos, recordemos que para estar en la Presencia de Dios ya no necesitamos subir a un monte, pues Su Palabra nos revela: «porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» (Efesios 2:18), así que aprovechemos y cultivemos nuestra relación con Dios por medio de la comunión de Su Espíritu (2 Corintios 13:14). Oración.
«Padre, gracias por permitirme conocerte y verte cara a cara por medio de la preciosa sangre de Tu Hijo Jesús, quien la derramó en esa cruz por amor a mí y a toda la humanidad. Espíritu Santo de Dios pon en mi corazón el deseo ferviente de estar en Tu Presencia en todo momento para alabarte y adorarte, para conocerte y glorificarte. Amén.