domingo, 22 de abril de 2018


El significado de orar en el nombre de Jesús
Antes de orar en el nombre de Jesús usted debe tener presentes varios conceptos importantes: Sólo puede hacerlo si usted está "en Jesús". Cristo dijo: "Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre yo lo haré, (Juan 14:13, 14). Pero en aquella misma conversación con sus discípulos, poco antes de su muerte, les recordó: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros pedid todo lo queréis, y os será hecho.... Separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:7, 5). En Juan 14 y 15, Jesús utilizó la expresión "en mí" siete veces. Estar "en Jesús" significa: 1. Estar en unidad espiritual con El (15:4-7); 2. Estar en la vid (15:4); 3. Estar en el amor de Jesús (15:9, 10). El amor es el tema predominante de Juan 13-16. Este amor debe ser mutuo: si bien ha de recibirse, también hay que responder a él. El nuevo mandamiento de Jesús es el amor (13:34; 15:17). No se puede amar a Jesús a menos que se ame a sus otros hijos (13:34). Amar a Jesús es obedecerle (14:15, 23). Si usted ama, permanecerá en Jesús (15:10). 4-5. Tener a Jesús viviendo en el interior suyo (14:20; 15:4, 5). 6. Estar habitado por el Espíritu Santo (14:15-18). 7. Tener las palabras de Cristo permaneciendo en la propia vida (15:7). Nuestra capacidad para oraren el nombre de Jesús depende de esta relación denominada estar "en Cristo". Orar en el nombre de Jesús supone conformarse a su naturaleza. El ejemplo que se presenta en Juan 13 es Jesús en su papel de siervo, lavando los pies a sus discípulos. A medida que uno va conociendo la verdad, debe actuar según dicha verdad (13:1.7). Cuando usted hace la voluntad de Cristo con gozo, y refleja su carácter, puede orar en el nombre de Jesús. Orar en el nombre de Jesús significa hacerlo sirviendo a los intereses del Señor. Usted tiene que desear de tal manera lo que Cristo desea que cada una de sus peticiones sea hecha en el espíritu del Padrenuestro: "Hágase tu voluntad" (Mateo 6:10). Esa fue la actitud de Jesús cuando oró en Getsemaní. Usted debe pedir activamente y con insistencia que la voluntad de Jesús prevalezca; orar en su nombre es insistir en que su victoria total se haga manifiesta en el mundo. Orar en el nombre de Jesús supone utilizar su nombre como referencia. Cristo es la referencia que usted tiene al acercarse a Dios Padre en oración, y cuando Satanás intenta detenerle u oponerse a usted utilice el nombre de Jesús para alcanzar la victoria completa. Orar en el nombre de Jesús es reclamar la victoria del Calvario para su necesidad. Puesto que Jesús derrotó abiertamente a Satanás y a todas sus malignas huestes de demonios (Colosenses 2:15), el diablo es un enemigo vencido; se trata de un usurpador. Satanás intenta atemorizarlo e intimidarlo, pero ya ha perdido la última batalla; reclamen el nombre de Jesús la actualización de la victoria que Cristo consiguió en la cruz. Orar en el nombre de Jesús significa reconocer por completo el papel de Cristo como ungido de Dios; ver en El o: su Profeta, Sacerdote y Rey. Como profeta Jesús es su Consejero y guía; como Sacerdote, su intercesor. Cuando usted ora, Él dice "Amén" a su oración (Apocalipsis 3:14). "Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, Y en él Amén.

sábado, 21 de abril de 2018

INCREIBLE AUTORIDAD


INCREIBLE AUTORIDAD
Poco antes de su muerte y su resurrección mediadoras, durante la última semana de su vida, Jesús dio a sus discípulos algunas instrucciones especiales acerca de la oración que se cuentan entre sus enseñanzas más importantes. Uno de sus énfasis primordiales fue que, de allí en adelante, los discípulos habían de presentar las peticiones que tuvieran en su nombre. Ningún líder ha otorgado nunca una autoridad tan asombrosa a sus seguidores. Pero, para poder utilizar dicha autoridad para la gloria de Jesús y el avance de su reino, necesitamos conocer las respuestas a tres preguntas: ¿Qué implica el nombre en el pensamiento judío? ¿Qué significa orar en el nombre de Cristo? ¿Cómo podemos utilizar el nombre de Jesús de un modo más efectivo cuando oramos?
El significado del nombre para los judíos
En los tiempos de Cristo, el nombre implicaba tres cosas: La persona misma. Alabar el nombre de Jesús es alabarlo a Él; amar su nombre es amar a Cristo mismo; deshonrarlo es insultar al propio Señor. Todo lo que sabemos acerca de la persona. Cuando Moisés sintió el anhelo de estar más cerca de Jehová, pidió verla gloria divina, a lo que Dios respondió que un ser humano no podía sobrevivir a tal encuentro con El, ya que su gloria sería mayor que lo que el cuerpo físico es capaz de resistir. Sin embargo, el Señor le prometió una revelación parcial de su Persona; metió a Moisés en la hendidura de la roca, lo cubrió con su mano, y pasó delante de él quitando sólo por un momento la mano de modo que Moisés pudiera ver la gloria que quedaba tras ‘su paso. Mientras lo hacía, proclamó su nombre: "¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado" (Exodo 34:6, 7). Conocer a Dios era conocer todo lo que representaba su nombre; comprender dicho nombre significaba verlo a Él. Tenemos que anhelar la intimidad en oración con nuestro Padre celestial y aun cuando física mente no lo podemos ver podemos sentir su presencia en nuestro Interior.

viernes, 20 de abril de 2018

La vida Cristiana se trata de Bendecir y no Maldecir


La vida Cristiana se trata de Bendecir y no Maldecir. Decir al entrar en toda casa: 'Que la paz de Dios more en este lugar'; pedir, después de escuchar una, predica que Dios bendiga su verdad y a su mensajero. Quiero, al ver a una persona hermosa, bendecir al Señor por sus criaturas y orar por la belleza del alma de tal persona, a fin de que Dios la enriquezca con gracias interiores y pueda haber una correspondencia entre lo externo y lo interno; y al contemplar a un individuo deforme, pedir que Dios le dé la integridad del alma, y con el tiempo le conceda la belleza de la resurrección." Abraham recibió la promesa de que Dios lo bendeciría y sería bendición (Génesis 12:2); y tal tendría que ser también la experiencia de cada cristiano: cuanto más nos bendice Dios a nosotros tanto más deberíamos bendecir nosotros a los demás. La oración es el camino seguro a la bendición, y el mejor medio de ser bendición para otros; constituye el don de poder divino para bendecir a los demás. [Llene sus días de oraciones de bendición y afiáncese en el tremendo poder que Dios le ha dado!

jueves, 19 de abril de 2018

Facultad de bendecir

Facultad de bendecir
El Dios de la Biblia es un Dios que bendice: su Palabra está llena de múltiples promesas de que El hará, y podemos tener la certeza de que, excepto en casos en los cuales debe disciplinar o castigar, siempre es su voluntad bendecir a la gente, y en especial a sus hijos que le obedecen. "[Jesús] anduvo haciendo bienes" (Hechos 10:38), e igual que El nosotros hemos de pasar por la vida bendiciendo a todo el que podamos. A nosotros sus discípulos debe conocérsenos por nuestras buenas obras de bendición para otros (Mateo 5:16; Efesios 2:10). Hemos de ser "ricos en buenas obras" (l Timoteo 6:18), "enteramente preparado[s] para toda buena obra" (2 Timoteo 3:17). La mejor manera en que los cristianos podemos ser mediadores de bendición es orando. Tenemos la oportunidad de pedir por aquellos con quienes nos es imposible entrar en contacto en ninguna otra forma. Desde los líderes de nuestra nación y de nuestra iglesia, hasta los pobres, los necesitados y los que sufren, todos pueden ser bendecidos por nuestra oración. Para nuestra familia y amigos más próximos, a quienes vemos a menudo, y para aquellos a quienes sólo tratamos una vez o de los que únicamente oímos hablar, tenemos la posibilidad de ser bendición como agentes de Dios. La petición que tantas veces oímos de: "Ore por mí" supone en realidad una súplica de bendición y ayuda. Siendo cristiano, usted debería pasar por la vida bendiciendo a los demás. Usted tiene la posibilidad de llevar adónde va ríos de bendición, de renovación y de aliento con sólo saltear sus días de una incesante oración por otros. Según se lo permitieran el tiempo y la oportunidad, usted debería bendecir en toda forma posible a tantos como pudiera (Gálatas 6:10). Su presencia tendría que traer bendición siempre; pero esto será más cierto si está pidiendo fielmente a Dios que bendiga a todos aquellos que le rodean. Usted puede encontrar oportunidades de llenar sus días de oraciones de bendición si es cuidadoso. He decidido orar más y orar siempre; orar en todo lugar donde la quietud invite a hacerlo -en casa, en el camino, en la calle-; y no dejar vía o pasaje alguno en esta ciudad que no pueda dar testimonio que no me he olvidado de Dios.... Cuando diviso cualquier iglesia en mi camino, me propongo aprovechar para pedir que el Señor sea adorado allí en espíritu y que las almas sean salvas en ese lugar. Pretendo pedir diariamente por los enfermos que conozco especial mente para que conozcan a Cristo y Su Palabra.

martes, 17 de abril de 2018

El poder para mover montañas


El poder para mover montañas
En la Biblia a veces se habla de las montañas en sentido figurado: como símbolo de fuerza y estabilidad; pero también es frecuente que éstas representen dificultades, problemas e impedimentos. Así que, si hemos de preparar el camino del Señor lo torcido debe enderezarse y los montes allanarse; entonces se revelará la gloria divina (Isaías 40:3-5; Lucas 3:4-6). Cuando el poderoso Espíritu de Dios actúa, montañas de otro modo inamovibles resultan como nada delante de la fuerza del Señor (Zacarías 4:6, 7). El Espíritu Santo, que es el único capaz de realizar esto, puede convertir los montes más insuperables en caminos y calzadas para un rápido avance (Isaías 49:11). Jesús utilizó esta ilustración del Antiguo Testamento en varias de sus enseñanzas. Cuando los discípulos no pudieron echar. Fuer. al demonio del niño atormentado, el Señor les dijo que SI tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza podrían ordenar a "este monte" (símbolo de cualquier situación o problema insuperable) y el mismo se movería. "Y nada os será imposible, (Mateo 17:20), dijo luego; añadiendo de inmediato que aquella clase de exhibición espectacular sería consecuencia de la oración y el ayuno (v. 21). En otra ocasión, cuando los discípulos se asombraron del poder de Jesús para secar la higuera estéril, Elles repitió que ellos no sólo podían hacer lo mismo, sino que incluso tenían en su mano el ordenar a los montes que se echaran en el mar, porque "todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis" (Mateo 21:21, 22). Marcos refiere el mismo incidente y cita estas palabras de Jesús: "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá" (Marcos 11:24).  Dios espera que sus hijos se enfrenten a montañas de dificultad y las muevan (vea capítulo 13), no que sean detenidos por ellas. Deben aceptarlas como un desafío: ya sea para convertirlas en caminos para la mayor gloria de Dios; o para echarlas en el mar, quitándolas completamente de la vista como si nunca hubieran existido. Jesús nos asegura que esto es del todo posible cuando sus hijos se enfrentan a los montes creyendo; pero también nos recuerda que hacerlo puede requerir una oración y un ayuno prolongados. El Espíritu Santo hará el milagro; éste no se realizará por nuestra fuerza o nuestro poder (Zacarías 4:6). En la actualidad hay cientos de montes que estorban el avance de las misiones y de la Iglesia de Cristo porque estamos confiando casi por completo en nuestra propia sabiduría, nuestra propia habilidad y nuestro propio esfuerzo. ¡Hemos hecho casi todo menos entregarnos de veras a la oración y al ayuno! La oración tiene un gran poder para mover montañas, debido a que el Espíritu Santo está dispuesto tanto a estimular nuestra intercesión como a quitar de en medio los montes que nos estorban. La oración posee la fuerza necesaria para transformar las montañas en calzadas.

lunes, 16 de abril de 2018

Asistencia angélica


Asistencia angélica
Vivimos en una época que es escéptica respecto a lo sobrenatural. Pocos cristianos piensan a menudo en la enseñanza bíblica concerniente a los ángeles. Hebreos 1:14 nos asegura que éstos son "espíritus ministradores enviados para servicio" de los hijos de Dios. No sabemos de cuántas formas nos sirven los ángeles, pero la Biblia menciona estas cuatro: Nos protegen del peligro. Lo hicieron con Jacob después de aquella noche que pasó orando (Génesis 32:1); y también con Elías, otro hombre de oración (2 Reyes 6:17). Nos libran. Los ángeles sacaron a Pedro de la cárcel (Hechos 12:1-11); y a Pablo, un ángel le aseguró que él y todos los que iban a bordo del barco serían librados (Hechos 27:23), y que la vida de ellos le habían sido concedidas benévolamente al apóstol, indicando con ello que él había orado al respecto. Nos traen mensajes de Dios. Existen muchos ejemplos bíblicos de esto. Fueron ángeles quienes dieron el anuncio a los pastores (Lucas 2:9-13), avisaron a las mujeres cuando Cristo resucitó (Mateo 28:2-7), y llevaron el mensaje a Cornelio en respuesta a sus oraciones (Hechos 10:1-7). También pueden traerle sugerencias a usted o a otra gente mediante los pensamientos. Renuevan nuestras fuerzas físicas. Así lo hicieron con Cristo después de su terrible prueba en el huerto de Getsemaní (Lucas 22:43). Indudablemente, la asistencia angélica para con los hijos de Dios es generalmente invisible, pero no por ello resulta menos real. Las biografías cristianas citan muchos ejemplos de ayuda por parte de los ángeles, tanto visible como invisible. Tenemos la promesa divina, y todo el derecho de reclamarla, de que a sus siervos que ministran en lugares especialmente peligrosos -tales como los barrios bajos de una ciudad o un campo misionero volátil- se les asignará una guardia de ángeles. Tampoco deberíamos vacilar en pedirle a Dios una protección angélica especial para nuestros seres queridos.

domingo, 15 de abril de 2018

A CONTRACORRIENTE


A CONTRACORRIENTE
Nosotros que somos salvos, hemos de estar en un lugar aparte, como quienes han tomado posición con Cristo rechazado, ante el mundo que le ha crucificado; manifestados como hombres de una raza celestial: «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (Fil 2:15). Esta es la misión ¡y cuán elevada! de los hijos de Dios. Pero cuesta mucho el vivir de esta manera. Tenemos que mantenernos cual roca solitaria en medio del ímpetu de un río caudaloso, ya que todo cuanto nos rodea está moviéndose, está bullendo; todo tiende a hacernos vacilar, una continua e implacable presión se ejerce sobre nosotros. Nos hallamos luchando en medio de una interminable oposición, la cual, tarde o temprano, nos arrastraría, sino pudiéramos contar con la firmeza de la ROCA.

Cuando vamos poniendo en práctica las palabras de Dios, entonces es cuando se levanta la tormenta contra nosotros. Ser miembro de lo que se llama una iglesia es cosa fácil; también lo es el hacer como todos los demás; el ser hombre honrado y buen ciudadano no ocasiona ninguna persecución. Uno puede reunir todas estas cualidades y, sin embargo, seguir la corriente mundana. Pero resplandecer como luminares por Dios en el mundo es cosa que provoca la enemistad; por doquiera que se ve al verdadero Cristo, se le odia. Si le ven a Él en mí, me odiarán por este motivo; por lo contrario, si gozo de buena reputación, si nadie se me opone, ¿qué significa eso para mí, como cristiano? Muy sencillo: no siendo manifestada la vida de Jesús en mi cuerpo mortal, no se puede ver a Cristo en mí. No hemos sido llamados solamente a ser buenas personas también hemos sido llamados a predicar de Cristo y su Palabra porque como creerán si no ay quien les prediquen porque la Fe viene por el oír la Palabra de Dios.