El destino de los malvados
“Cuando pensé para saber esto,
Fue duro trabajo para mí,
Hasta que entrando en el santuario de Dios,
Comprendí el fin de ellos.
Ciertamente los has puesto en deslizaderos;
En asolamientos los harás caer.” Salmos 73:16-18
“¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas”, Salmos 2:1-3
A veces, no entendemos las injusticias actuales, cómo las personas llevadas por ideologías de muerte, que llegan al poder y quieren establecer leyes en contra de la familia, los niños y destruir la libertad civil inherente a cada ser humano. Prosperan y levantan el puño contra todos los principios de Dios “Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”, reclaman libertad y paz pero realmente están gobernados detrás por el maligno: “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.” Salmos 73:9 y 2 Tesalonicenses 2:4.
Cuando nos quedamos en pensar en estas injusticias y en la prosperidad de los malignos, nos frustramos y llenamos de desesperanza, entonces, tenemos que ir al “santuario” como dice Salmos 73:17, el cual representa la presencia misma de Dios en todo creyente, el lugar santísimo donde se une nuestro espíritu con su Santo Espíritu, allí nos es revelado el destino de los malvados, que son todos lo que han rechazado a Cristo y persisten en no creer en él para ser salvados, como dice 2 Tesalonicenses 2:10 sobre la acción del maligno, sobre los que rechazan a Jesucristo: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”.
Cristo es amor, no vino para condenar al mundo, sino para salvarlo, pero muchos engañados por el mal, viven en su propia mente y si persisten en no querer la salvación, Dios no los obligará, son libres de ir a su propia destrucción, como lo indica Salmos 73: 18-19 “Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores.”
Dura palabra para estos tiempos, en que muchos, adormecidos en sus propios razonamientos, no rinden honor y gloria al Creador, sino que levantan el puño de rebeldía y ocurre lo que dictamina Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.”.
Rendirse a su amor, a su perdón y recibir su paz, su salvación por medio de Cristo, es el mayor acto de libertad que aún tenemos la oportunidad de hacer mientras nos quede vida: “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Oración.
«Padre, ayúdame a ir a todos, a mi familia, vecinos, y a todo aquel que está esclavo, para que con el poder de tu Espíritu, expresando la vida de Cristo en mí, sean liberados por medio de la luz del evangelio, que hace todo nuevo, para gloria de tu nombre, amén.