La voz del
amado
“Mi amado
habló, y me dijo: levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí
ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las
flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha
oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en
cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía,
que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso
tu aspecto.” Cantares 2:10-14
El libro de
Cantares es un hermoso poema de dos enamorados, que también hace referencia a
la relación de Amor de Cristo con su Iglesia, por lo cual el pasaje de Cantares
2:10-14 nos deja ver el llamado de amor que nos está haciendo el Señor, donde
nos pide que nos levantemos y nos acerquemos a Él, revelándonos la verdad
espiritual que deberíamos estar viviendo: “ha pasado el invierno, se ha mudado,
la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la
canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola”, haciendo
referencia a que el frio del invierno de nuestra vida debe quedar atrás, pues
nuestros pecados ya han sido perdonados, y ahora en Cristo tenemos una nueva
vida que debe florecer de amor, una vida llena de gozo, pues el tiempo de la
canción ha llegado, una vida que trasmita paz pues se ha escuchado la voz del
amado, quien nos dice “La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne
dieron olor”, revelándonos ese fruto que como creyentes debemos dar y disfrutar:
el fruto del Espíritu, que encontramos en Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del
Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza; contra tales cosas no hay ley”
Es
maravilloso ver el amor con el cual somos tratados por Dios, pues se nos dice:
“levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los
agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes”, y esto es así,
gracias a Cristo, pues ahora en Él, Dios nos ve precisamente en el agujero de
la peña, es decir en Cristo mismo, y nos trata al igual que a su Hijo amado, y
a su vez Jesús nos trata como a una novia que va a ser desposada y nos invita a
relacionarnos de manera íntima con Él, por medio de la oración, la lectura de
la Palabra y la comunión del Espíritu Santo, por eso es que nos dice:
“muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso
tu aspecto”. Oración.
«Amado Jesús, gracias por dejarme oír continuamente tu llamado de amor, gracias por recordarme por medio de tu Santo Espíritu cuánto me amas, por recordarme que me has perdonado, y que ahora tengo una nueva vida en ti, una vida llena de fruto. Amen.