sábado, 14 de febrero de 2026

Mi ofrenda a Dios

 Mi ofrenda a Dios

«Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.» Marcos 12: 41- 44

Este relato por lo general lo tomamos de manera literal y como una enseñanza que utiliza Dios para confrontarnos con respecto a la intención con la que ofrendamos. Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que cuando meditamos en ella y nos es revelada por Su Espíritu Santo, el mismo pasaje puede hablarnos desde otras perspectivas. En el devocional de hoy el énfasis de este pasaje estará dedicado a reflexionar sobre: ¿cómo es el tiempo que estamos ofreciendo al Señor? Es decir, ¿le estamos dando a Dios el tiempo que nos sobra, o por el contrario, hemos entendido que todo nuestro tiempo le pertenece a Él?

A lo largo de nuestras vidas hemos podido escuchar a diferentes personas decir que «cuando lleguen a cierta edad, o hayan cumplido con un propósito en particular, dedicarán, en aquel entonces, sus vidas, su tiempo, al servicio de Dios», en otros casos podemos ver a quienes están dispuestos a servir a Dios pero bajo ciertas condiciones, durante un tiempo determinado y con un horario que debe ser fijo y planificado. Como vemos, ambos tipos de personas demuestran lo mismo: su tiempo no es de Dios, pues Dios debe «amoldarse» a su tiempo. Mientras tanto, en la otra cara de la moneda vemos a la viuda pobre, quien representa a creyentes como tú y como yo, que aunque tenemos muchas obligaciones por las cuales responder y sin saber cómo administrar bien el tiempo, tenemos un deseo en nuestro corazón de servir al Señor en todo momento, pues Su Espíritu Santo nos ha llevado a entender que Dios es el dueño de nuestro tiempo, por eso no le damos a Dios de lo que nos sobra, sino todo: cuando Él nos llame y a donde nos llame, sin importar si tenemos el don o no lo tenemos, pues confiamos en que si Dios nos ha llamado Él mismo nos dará las herramientas para responder con lo que nos ha encomendado. Ésto me recuerda a Abraham quien era un hombre que tenía muchos bienes (Génesis 12:5), cuando Dios lo llama para que vaya a servirle en un lugar que era desconocido para Abraham, aquel hombre no dijo: «no tengo tiempo, déjame primero hacer algo y regreso, o llámame luego cuando tenga más tiempo» ¡no! Abraham, sabiendo delante de quién estaba, sin titubear decidió seguir a Dios dejando su vida y su tiempo en manos del Señor, el Dueño de su vida y de sus tiempos (Génesis 12:1-4a, Salmos 31:15a). Cabe aclarar que con ésto no queremos decir que dejes tu trabajo, tu casa o tu familia, lo que queremos decir, y que debemos comprender, es que por encima de todo debe estar Dios, y que el único que debe tener el control de nuestro tiempo es el Señor, no nosotros, pues Él es el único dueño del tiempo (Daniel 2:21a).   Oración. 

«Padre, mi vida te pertenece por completo, que Tu Espíritu Santo no permita que lo olvide. Señor Jesús que cuando Tú me llames corra hacia Ti sin reservas, sin excusas, pues entiendo que Tuyos son mis días, mis talentos, mi voz, mi vida y mi tiempo. Amén.