Lavar los pies de otros
"Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido". Juan 13:1-5
Justo antes de la cena de Pascua, Jesús lavó los pies de sus discípulos. En ese tiempo todos usaban sandalias, y el polvo, el barro y todos los desechos que había por todas partes ensuciaban los pies de todo caminante. Además, con el sudor por las elevadas temperaturas y las caminatas, nos podemos imaginar el trabajo sucio que significaba entonces tener que lavar los pies de otro. En esa época en las casas había un criado asignado a lavar los pies de los que entraban en ellas. Y generalmente este trabajo se les daba a las personas más bajas en la escala social de ese entonces. Hoy vemos a Jesús, el autor de la vida, el Rey de reyes y Señor de señores haciendo ese trabajo humilde en la última cena, donde había convidado a sus discípulos para despedirse de ellos antes de ir a la cruz.
Sorprendente que el Dios hecho carne, quien había experimentado el esplendor del cielo ahora se humillara para lavar los pies sucios de sus discípulos, haciendo el trabajo que nadie quería hacer. Él, que con sus manos había sanado ciegos y leprosos, multiplicado los panes y los peces, había caminado sobre las aguas, e incluso transfigurado en gloria delante de algunos de ellos, ahora desempeñaba el cargo de sirviente, estaba dando la lección más grande de humildad, con la intención de enseñarles de tal manera que nunca la olvidasen.
Así como Jesús se rebajó al lavar los pies a sus discípulos, también se rebajó a morir en la cruz para lavar de pecado nuestras almas, que pueden estar más sucias que nuestros pies, Filipenses 2:7-8. El amor divino con el que Dios nos ama, lo llevó a humillarse hasta el punto de redimirnos lavándonos con su propia sangre. Qué gran demostración de amor, Jesús se entregó por nosotros, dio su vida hermosa, perfecta y sin pecado. Vino para servir y morir para rescatarnos, Mateo 20:26-28.
Cuando Jesús tomó la toalla y el lebrillo para lavar los pies a sus discípulos, no sólo asumió el humilde papel del siervo, sino que, estableció un modelo para que aprendamos a ser siervos-líderes. Un líder piadoso es aquel que se inclina para ayudar a otros, que considera a los demás por encima de sí mismo, que pone su vida por otros, que busca servir antes de ser servido. Mientras una persona no esté dispuesta a lavar los pies a otros, no está calificada para servir en el reino. En última instancia, el servicio es una disposición del corazón y del espíritu, que se expresa en acciones concretas, Filipenses 2:3-5.
Ahora Jesús, nos ordena a nosotros “lavar los pies de otros”, en otras palabras, que llevemos su amor a todos aquellos que están llenos de inmundicia por el pecado, para rescatarlos para Él. Solo espera que amemos a los demás de manera consistente, desinteresada y sacrificada, amándonos con humildad y sirviéndonos unos a otros en amor.
Si Dios hecho carne, estuvo dispuesto a servir, nosotros sus hijos también debemos estar dispuestos a hacerlo para glorificarlo a Él. ¿Estamos siguiendo su ejemplo de servicio? Oración.
Mi Jesús, te doy gracias porque fui lavado espiritualmente por tu sangre en la cruz, y al recibirte como mi Señor y Salvador tengo parte contigo. Gracias por escogerme, salvarme y justificarme. Tu gracia purificadora transformó mi corazón y me santificó por completo para ser ahora un siervo para tu gloria, que pueda entender la profundidad de lo que significa "lavar los pies de otros", porque en tu mente, el servicio humilde a otros y el amor expresado a los demás no se pueden separar, enséñame a amar como tú amas y a servir como tú lo haces, amén.