martes, 10 de marzo de 2026

 Metanoéō: acción transformadora

"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." Efesios 4:25-32

Cuando nos arrepentimos (Metanoéō), y creemos, estamos obedeciendo, pues elegimos cambiar nuestros pensamientos por los de Dios; ahora bien, Dios por medio de su Espíritu es quien nos impulsa colocando en nosotros el querer como el hacer, Él nos ha dado la mente de su Hijo, con la cual podemos comprender sus pensamientos; y también su corazón, con el cual tenemos el sentir de Cristo, queriendo manifestar su vida a través nuestro. De esta manera, cuando escuchamos su Palabra, y se nos empieza a revelar su verdad, esta misma empieza a generar fe, pues la fe viene por el oír la Palabra de Dios, lo que nos lleva a una nueva manera de pensar, pero también de sentir y finalmente de actuar.

El apóstol Pablo tras establecer un contraste entre la forma de vida del incrédulo y la del creyente, (Efesios 4:17-24), nos exhorta a despojarnos de esa manera de vivir del viejo hombre, cambiándola por la del nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Este cambio empieza por el pensamiento e implica arrepentimiento (Metanoéō), lo cual conlleva una transformación que afecta también nuestra actitud y conducta.

Por esta razón, el apóstol procede a instruirnos sobre cambios concretos: al que miente, le pide que hable siempre la verdad. Al que siente ira, le advierte que no la use para pecar, exhortándolo a resolver el conflicto rápidamente para no darle ventaja al diablo. Al que roba, lo anima a trabajar honestamente para tener qué compartir con los necesitados. Nos motiva a reemplazar las palabras ofensivas por aquellas que edifican. Nos insta a no contristar al Espíritu Santo y a desechar la amargura, el enojo, la ira, la gritería, la maledicencia y toda malicia. En cambio, nos llama a ser benignos, misericordiosos y a perdonarnos unos a otros. Así que hermanos pidamos a Dios que nos lleve a un verdadero arrepentimiento que se manifieste en cambios visibles en nuestra conducta, al morir a nosotros mismos para dejar que Cristo viva plenamente en nosotros.   Oración.

Padre Dios, gracias por tu Santo Espíritu, quien me transforma día a día a la imagen de tu Hijo, gracias porque me llevas a cambiar mi manera de pensar, sentir y actuar, Amén.