El río de tu Espíritu
“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Ezequiel 47:3-5
“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Hechos 2:17-21
Esta es parte de una visión profética dada a Ezequiel, donde él veía un río que fluía directamente del templo, señalándolo como una fuente de bendición para el pueblo de Dios. En esa visión el Señor mostraba ese río como un milagro que traía vida, crecimiento, vitalidad, renovación, fertilidad, esperanza y seguridad. Esta visión le llamó a Ezequiel poderosamente la atención ya que Jerusalén es la única ciudad del mundo antiguo que no está situada junto a un río y sabemos que un suministro de agua es esencial para la vida y la defensa.
Estas aguas fueron aumentando de volumen, hasta no poder cruzar el río sino a nado, haciendo referencia a los torrentes de agua que fluirían en los creyentes al ser llenos del Espíritu Santo, como lo profetizó Jesús en Juan 7:38-39a “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.
Aunque el río en Ezequiel tiene un significado simbólico, apunta al río que habrá en el reino venidero del Mesías, que a lo largo de sus riberas producirá árboles que proveerán abundante fruto y sanidad a las naciones. Joel 3:18 lo expresa así: “Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim” y Zacarías 14:8 “Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno”. El río simboliza la vida que proviene de Dios y las bendiciones que fluyen de su trono. Es un río manso, seguro y profundo, que se extiende a medida que fluye.
Sin embargo, por analogía espiritual, este pasaje nos muestra una imagen poderosa del progreso y profundidad crecientes en nuestra vida espiritual, cuando permanecemos en la Presencia de Dios. Ilustra una progresión desde los tobillos, a las rodillas, a la cintura, hasta profundidades donde uno ya no puede tocar el suelo y debe nadar. Es disfrutar cada vez más de la vida abundante de Cristo en nosotros. Para ello debemos crecer en nuestra comunión con Dios, permitir ser transformados por su Palabra, experimentando la pureza de Cristo y su santidad en nuestra vida, hasta que la longitud, profundidad, anchura y altura del amor de Cristo, sean evidentes en nosotros, hasta que lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, Efesios 4:13.
Dios proveerá a la humanidad, en su momento, la respuesta definitiva a sus más complejas preocupaciones a través del fluir de su Espíritu. Alegrémonos de que el derramamiento del Espíritu Santo de Dios profetizado para los tiempos que estamos viviendo, producirá sanidad y restauración a todas las naciones. Acojamos con gozo esta gracia en nuestra vida, recordando que las aguas provienen del altar de Dios, en otras palabras, de estar en su Presencia, ya que todo lo que llega a nosotros por medio de bendiciones viene por medio de la cruz de Cristo y de permitir que Él viva a través de nosotros. Oración.
Gracias Jesús, por haber dado la promesa del derramamiento de tu Espíritu para tu iglesia. Todas las profecías sobre las aguas de las que fluyen bendiciones anticiparon la obra del Espíritu Santo en mi vida y en la vida de cada uno de los creyentes. Desde el momento en que creí en ti y te recibí en mi corazón como mi Señor y Salvador, tu Espíritu vino a morar en mí y quiero caminar cada día en su plenitud. Ayúdame a profundizar en mi intimidad contigo, para reflejar siempre tu presencia, amén.