sábado, 21 de marzo de 2026

Amor, resultado del fruto de la comunión

 Amor, resultado del fruto de la comunión

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley." Gálatas 5:22-23

"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." Juan 13:34-35

En el devocional de ayer veíamos cómo para someternos unos a otros necesitábamos de la llenura del Espíritu Santo, pues esta no es una tarea fácil si lo hacemos en nuestras fuerzas. En la vida diaria, aprender a practicar esto, requiere de humildad, de amor, pero sobre todo del poder de Dios. Y para esto Dios nos ha dado la comunión del Espíritu Santo, la cual es una bendición para nuestra vida, pues es en esa unidad de nuestro espíritu con el Espíritu del Señor donde se produce el fruto que se describe en Gálatas 5:22-23, fruto necesario para poder mirar no solamente por los intereses de uno, sino también por lo de los demás.

De manera clara en Juan 15:1-5 Jesús nos enseña que separados de Él nada podemos hacer, por eso dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Así que ahora en Cristo, llevar mucho fruto es posible, gracias a la unión que tenemos con Cristo, pues cuando recibimos a Cristo nos hicimos uno con Él, y por eso su gozo, paz y amor; su paciencia, benignidad y bondad; y su fe, mansedumbre y templanza están a nuestra disposición, pues son características del fruto

El gozo, la paz y el amor de Cristo, nos ayudan en nuestra relación con Dios, pues nos permiten experimentar que somos hijos amados, lo cual trae gozo y paz desde nuestro espíritu a nuestra alma, equilibrando nuestro ser. La paciencia, benignidad y bondad de Cristo nos ayudan en nuestra relación con nuestros semejantes, permitiéndonos tener un trato con ellos, de tal manera que los podamos apreciar como superiores a nosotros, con el fin de ganarlos para Cristo. Y la fe, mansedumbre y templanza de Cristo nos ayudan en la formación de nuestro carácter, llevándonos a ser más como Cristo, para así cumplir con el nuevo mandamiento que Jesús nos dejó: amarnos los unos a los otros como él nos ama. Así que hermanos, pidamos a Dios poder disfrutar de la comunión de su Espíritu para que su fruto se manifieste en nuestras vidas por medio del amor a nuestros semejantes.  Oración.

Espíritu de Dios, llévame a amar a mis hermanos como Cristo me ha amado a mí; que tu fruto se vea en el trato que tengo con los demás. Amén