Viviendo el ámbito espiritual,
“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,” Efesios 2:5-6
Cuando se habla de ámbito, se está hablando de un espacio comprendido dentro de límites determinados, pero también se utiliza para referirse al entorno o contexto donde algo se sitúa, se desarrolla o se aplica. Es decir, la realidad en la que nos movemos.
Si bien es cierto que vivimos una vida física, en un ámbito material-natural, que la Biblia llama “carnal”, Dios por revelación nos dice que también existe un ámbito o realidad aún más prioritario y mucho más determinante: El reino de Dios, el ámbito espiritual.
El ámbito natural donde vivimos también incluye nuestros pensamientos, emociones y voluntad, propia del hombre, nuestra alma, la cual se acostumbró a andar en ese ámbito terrenal; por ejemplo, las emociones nos pueden llevar a entender o ver algo que no es, o estar ciegos, como nos explica 2 Corintios 11:3 “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” Pero, cuando creímos en Cristo, Dios nos trasladó de una realidad carnal-natural a una realidad nueva, espiritual, en Cristo, como dice Colosenses 1:13 : “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.
De manera simple podemos decir que, para pasar del ámbito natural al espiritual en cualquier circunstancia de nuestra vida, lo que hemos de hacer es precisamente no proceder según nuestra carne, pues aunque andamos en la carne, no debemos militar según la carne (2 Corintios 10:3), sino, llevar de manera intencional lo natural a lo espiritual, tal como se nos exhorta en 2 Corintios 10:5 que dice “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” Oración.
Padre, me has dado vida eterna colocándome en tu Hijo, llevándome a los lugares celestiales juntamente con Él, guíame a ser consciente de esta nueva y verdadera realidad y así expresarla en mi vida diaria, en amor, para gloria de tu nombre, amén.