Experimentar la muerte de Cristo en nuestra vida
“llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.”, 2 Corintios 4:10-11
Experimentar la realidad de la muerte de Cristo en nosotros, era lo que constantemente en sus cartas, por el Espíritu, instruyeron los apóstoles del Señor y podemos ver de manera práctica cómo aplicar esta realidad en tres áreas fundamentales:
En lo que pensamos:
“Llevamos a la cruz cada pensamiento” —como enseña 2 Corintios 10:5— para que no sea nuestro pensar sino el Suyo, disponiéndonos para que sea la mente de Cristo, en Su revelación, antes que nuestros propios pensamientos carnales. Morimos por tanto a que nuestros viejos esquemas de pensamiento carnal, sean los que gobiernen nuestra vida. (1 Corintios 2:16)
En lo que sentimos:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:5-6). Es un sentir que nos aparta de considerar nuestros propios intereses para colocar primero los de la iglesia, el cuerpo donde fuimos colocados, esto se logra teniendo un mismo sentir. No es lo que yo siento lo que dirige mi vida, reacciones o mi disposición, sino el sentir de Cristo que se expresa en el cuerpo en comunión, por tanto, muero a colocar mi propio interés. (Filipenses 2:2-3).
En nuestra voluntad y en lo que hacemos:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20), esto es un intercambio total donde nuestra vida y decisiones quedan gobernadas por Cristo, usando la fe como motor. Es una entrega total, una rendición completa, no se deja una parte o un área de la vida, se entrega todo para morir y ganarlo todo, para que seamos entonces hallados en Él. Como disposición práctica, en todo lo que hacemos llevamos siempre por todas partes su muerte, para que se manifieste su vida (2 Corintios 4:10)
Considerarse muerto no se trata de no hacer nada, sino de negarme a mí mismo, detener mi obrar, entrar en su reposo y descansar en Él, para que inmediatamente Su obrar sea manifiesto. Pues en vano trabajamos nosotros, si el Señor no es el que edifica (Salmos 127:1).
Hermanos, no podemos vivir como si no hubiera pasado nada. La rutina, los afanes y la presión del mundo, nos empujan a amoldarnos a su dinámica y pueden distraernos del objetivo haciendo que perdamos un tiempo valioso en lo temporal, cuando lo Eterno está aquí en nosotros, esperando ser expresado plenamente. Oración.
Padre, gracias porque me colocaste en el cuerpo de Cristo, para experimentar la realidad de Cristo junto con mis hermanos, teniendo un mismo pensar, sentir y por el poder de tu Espíritu, tu obrar ejecuta tu voluntad en una perfecta comunión y unidad, siendo formado Cristo en nosotros, amén.
