Sin divisiones
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”, Santiago 4:1-2
“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” 1 Pedro 3:8.
¿Cuando causamos división? Cuando nos separamos de la cabeza que es Cristo, y nosotros queremos ser la cabeza, o tomar el lugar que no nos corresponde. (1 Corintios 1:10). Causamos división cuando dejamos que nuestros sentidos, que inducen a nuestros sentimientos, sean engañados y se coloque un sentir en nosotros, y este sentir, no sea el sentir de Cristo. Es decir que lo que guíe nuestra vida sea “yo siento”; este sentir equivocado ha destruido más congregaciones, familias y naciones que cualquier otra arma, allí inician las guerras: (Santiago 4:1-2).
Pablo advierte acerca de este asunto, en 2 Corintios 11:3 “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”; el llamado del Espíritu Santo es a no dejarnos llevar por lo que sentimos sino por fe, guiados por su Palabra.
Así que la meta es que todos lleguemos, que ninguno se quede: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”, (Efesios 4:13)
Por esto, nos enseñamos, oramos unos por otros, para que nos sea concedido el entendimiento de la vida del Hijo, para que la fuente de nuestro obrar sea Cristo y por la acción conjunta, en amor, sea formado en todos nosotros. (Efesios 4:15)
En esto no habrá división porque operamos en un mismo sentir, en una misma mente pues sentimos lo mismo que Cristo: “completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” (Filipenses 2:2) y como consecuencia evidenciamos lo que dice el apóstol Pedro inspirado por el Espíritu: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” (1 Pedro 3:8). Oración.
Amado Dios, produce en mí, por tu Espíritu, el mismo sentir de Cristo para enfocar mi mirada en la meta de ser hallado en Él y no en mi propia justicia, para que actuando en fe, junto con mis hermanos, expresemos la comunión del Espíritu en todo lo que hagamos. Amén. Sin divisiones
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”, Santiago 4:1-2
“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” 1 Pedro 3:8.
¿Cuando causamos división? Cuando nos separamos de la cabeza que es Cristo, y nosotros queremos ser la cabeza, o tomar el lugar que no nos corresponde. (1 Corintios 1:10). Causamos división cuando dejamos que nuestros sentidos, que inducen a nuestros sentimientos, sean engañados y se coloque un sentir en nosotros, y este sentir, no sea el sentir de Cristo. Es decir que lo que guíe nuestra vida sea “yo siento”; este sentir equivocado ha destruido más congregaciones, familias y naciones que cualquier otra arma, allí inician las guerras: (Santiago 4:1-2).
Pablo advierte acerca de este asunto, en 2 Corintios 11:3 “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”; el llamado del Espíritu Santo es a no dejarnos llevar por lo que sentimos sino por fe, guiados por su Palabra.
Así que la meta es que todos lleguemos, que ninguno se quede: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”, (Efesios 4:13)
Por esto, nos enseñamos, oramos unos por otros, para que nos sea concedido el entendimiento de la vida del Hijo, para que la fuente de nuestro obrar sea Cristo y por la acción conjunta, en amor, sea formado en todos nosotros. (Efesios 4:15)
En esto no habrá división porque operamos en un mismo sentir, en una misma mente pues sentimos lo mismo que Cristo: “completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” (Filipenses 2:2) y como consecuencia evidenciamos lo que dice el apóstol Pedro inspirado por el Espíritu: “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;” (1 Pedro 3:8). Oración.
Amado Dios, produce en mí, por tu Espíritu, el mismo sentir de Cristo para enfocar mi mirada en la meta de ser hallado en Él y no en mi propia justicia, para que actuando en fe, junto con mis hermanos, expresemos la comunión del Espíritu en todo lo que hagamos. Amén.

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