domingo, 28 de diciembre de 2025

¿Aun así no entendemos?

 ¿Aun así no entendemos?

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; más al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía”. Lucas 18:31-34

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Lucas 21:27-33

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”. Apocalipsis 22:7

Nos ha pasado que a veces tenemos todo frente a nosotros y aun así no entendemos. Nos sucede al leer instrucciones, al recibir un consejo o al enfrentar una difícil situación. En este pasaje vemos a los discípulos escuchar claramente a Jesús hablar de su padecimiento, muerte y resurrección, sin embargo, no lograron comprender. Esto sucedió cuando Jesús iba camino a Jerusalén para ser crucificado y en ese recorrido se topó con el ciego Bartimeo y lo sanó. Este hombre vio con más claridad quién era Jesús, lo reconoció como Mesías y clamó con fe, proclamándolo como el Hijo de David. La diferencia no está en los ojos, sino en el corazón. Podemos preguntarnos: ¿Qué necesitamos ver con claridad con respecto a Jesús hoy?

Ante la profecía que Jesús les dice a sus discípulos por tercera vez sobre su muerte y resurrección, que los profetas habían escrito en el Antiguo Testamento y que estaba por cumplirse, a ellos les cuesta aceptarlo. Por eso, aunque Jesús les habló claro, ellos estaban cegados a la realidad de la cruz, por eso este acontecimiento los golpeó duramente al punto de huir y olvidar la promesa de la resurrección.

Para nosotros esa profecía ya está cumplida, por eso, al presentar el evangelio tenemos que orar para que los oídos y los ojos de los que escuchan el mensaje del evangelio, sean abiertos, pues aun teniendo las evidencias ante sus ojos, de vidas transformadas por la cruz y la resurrección de Cristo, muchos no quieren reconocer su obra redentora. Jesús nos muestra claramente el sufrimiento por el que pasó para poder redimir a la humanidad, en su mensaje incluye la cruz, antes de su gloria; sin embargo, muchos no aceptan que la salvación es un regalo de su gracia y que simplemente se recibe por fe.

Como los discípulos, para muchos la confrontación con la cruz causa un efecto contrario, pues todos anhelan un Mesías conquistador no un siervo sufriente y no entienden que Él ya hizo todo por la humanidad. Esta revelación de que Jesús es suficiente, que solo su sacrificio satisfizo la demanda divina de Dios no les parece, creen que es demasiado sencillo aceptar la salvación y que hay que hacer algo más para ganarla. Siguen engañados con sacrificios e intentos de agradar a Dios en sus propias fuerzas.

“No hay nadie más ciego que el que no quiere ver”. Además, Jesús nunca anunció la cruz sin nombrar también la resurrección. Sabía que le esperaban la vergüenza y el horror, pero estaba igualmente seguro de que obtendría la victoria y entraría en la gloria que también le aguardaba. Sabía lo que le vendría de la maldad de los hombres, pero también sabía lo que le vendría del poder de Dios. La seguridad de la victoria final le ayudó a afrontar la aparente derrota de la cruz. Sabía que sin la cruz no podría haber una corona.

Así como ellos no entendieron, hoy muchos están ciegos a las profecías del fin, no comprenden que Jesús está vivo y victorioso y que regresará de nuevo por los suyos. A pesar de que Jesús y los apóstoles hablaron con claridad, todavía no lo asimilan y viven sus vidas sin expectativa, sin consagrarse y prepararse para su cumplimiento.

No podemos caer en ese error y leer la Biblia parcialmente, y cerrar nuestro entendimiento porque podemos estar reacios a aprender lo que en este tiempo el Señor está hablando. Lucas 21:27-32 es la profecía de su Segunda Venida que Jesús mismo manifestó. Esto debe ser una fuente de expectación y esperanza para los redimidos para que comprendamos que el tiempo está cerca por todo lo que Él ya dijo y está sucediendo en el mundo. Jesús nos dijo claramente que volvería, Apocalipsis 22:7.  Oración.

«Amado Jesús, déjame ver con claridad tu Palabra, para entender las profecías del fin, saber que debo estar expectante y preparado para tu regreso. No permitas que la incredulidad nuble mi entendimiento, sino que viva velando y con gozo esperando tu glorioso retorno a esta tierra. Ayúdame a abrir los ojos y oídos espirituales a lo que el Espíritu Santo quiere hablarme en estos tiempos, amén.


viernes, 26 de diciembre de 2025

Emanuel

 

Emanuel

“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”. Lucas 2:11

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Mateo 1:22-23

El mejor y más generoso regalo de amor de Dios para nosotros ha sido su Hijo Unigénito, nuestro Salvador. Como dice: 1 Juan 4:14 “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”.

Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Ese Verbo que estaba desde el principio, que mantiene unido el universo y por medio del cual toda la creación llegó a existir, se hizo carne y habitó entre nosotros. Esta verdad es el cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14, que se registra en el evangelio de Mateo 1:22-23 “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

Dios en toda su majestad y esplendor, se hizo hombre. Todo su corazón, mente, voluntad, naturaleza y poder, se manifestaron en forma humana. Él se acercó para que pudiéramos conocerlo. Podemos decir con certeza que el cielo vino a la tierra. Jesús nos amó tanto que dejó la eternidad para venir a abrir un camino, con su sacrificio en la cruz para que volviéramos a nuestro Padre celestial. Por eso, su nombre Jesús, significa “Dios es salvación”. Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Jesús está más cerca de lo que podamos imaginar, no solo vino a hacer su morada entre nosotros, sino que quiso venir a vivir en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, para manifestar su vida a través de la nuestra, Gálatas 2:20. Por medio de su nacimiento, vida, obra, muerte y resurrección nos hizo participantes de su Reino eterno. Se acercó para rescatarnos del dominio de las tinieblas y la muerte, para darnos perdón de nuestros pecados por medio de la redención por su sangre y trasladarnos a su Reino. Ahora tenemos una esperanza eterna, Colosenses 1.13-14.

Jesús es la razón por la que celebramos la temporada navideña y la razón por la que vino fue por nosotros, nos dio el regalo más precioso y gratuito, la vida eterna en él.

Entonces amados hermanos, la navidad se trata de cómo el Hijo de Dios se acercó a nosotros e hizo su morada entre nosotros para salvarnos. Por eso, este es el tiempo perfecto para detenernos y abrir nuestro corazón a Él, para acercar a nuestra familia y amigos al corazón de Dios, porque la salvación está al alcance de todo aquel que cree en Jesús y le recibe como su Señor y Salvador.

Hoy tengamos un momento de reflexión, oración y gratitud con Jesús y llevemos a los que no le conocen, a tener ese encuentro con Emanuel, Dios con nosotros.   Oración.

«Gracias amado Jesús, por ser un Dios personal que le das sentido a todas las cosas, gracias por amarme y estar profundamente involucrado conmigo, soy tu creación y viniste a esta tierra haciéndote hombre para rescatarme, viniste a habitar entre nosotros, para que pudiera conocerte y recibirte en mi corazón; y encontrar el propósito y el significado de mi existencia, gracias por abrir ese camino vivo para llegar nuevamente a mi Padre celestial, amén.


jueves, 25 de diciembre de 2025

El Reino entre nosotros

 

El Reino entre nosotros

“Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió Y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”. Lucas 17:20-24

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3:1-4

El Reino de Dios se hizo presente entre nosotros cuando Jesús vino por primera vez a la tierra y es una realidad espiritual interna, porque Él vino a morar en nosotros por medio del Espíritu Santo. Podemos decir sin vacilar que el reino de Dios está en nosotros. Este Reino es asequible a cada persona que recibe a Jesús como su Señor y Salvador, pero también como Rey, porque nos sometemos a su soberanía, a su gobierno sobre nuestra vida.

Esto es fundamental en nuestro caminar cristiano, ya que no podemos actuar independientemente de Dios, sino bajo su gracia y su poder. Recordemos que la gracia nos llegó únicamente a través de la redención plena de Cristo en la cruz, por medio de su sangre, por la cual fuimos perdonados de todos nuestros pecados, siendo también reconciliados con nuestro Padre celestial. Efesios 2:12-13 ratifica: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.

Esta salvación que hemos recibido por medio de Cristo restaura nuestra relación con Dios y nos abre las puertas al imperio de su Reino que “está entre nosotros” y no solo eso, Jesús ha enviado al Espíritu Santo para que su unción también esté en nosotros como dice 1 Juan 2: 20 “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” y anhela que disfrutemos de su plenitud que es para todos, dice Juan 1:16 “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”.

Los ungidos por el Señor Jesús permanecen con Él. La nueva naturaleza espiritual es la de Cristo. Esta unción hace que seamos enseñados por Él, 1 Juan 2:27 dice: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”. Podemos llegar entonces a decir con toda confianza: “El Reino de Dios está en mí y entre nosotros”, porque Él habita en medio de su iglesia”, Mateo 18:20.

En contraste con los reinos de este mundo que son externos, materiales y de dominio político, el Reino de Dios es interno y espiritual. La consumación del Reino aguarda el regreso del Señor. Los creyentes estamos ansiando la llegada del día de la victoria. Como nos dice Lucas 17:24 “Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”.

El Señor nos hace entonces un llamado a vivir por fe, porque su venida será tan sorpresiva como visible, como ese relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo a otro. Vivir por fe, es vivir en constante expectación, preparándonos cada día para su regreso, contrario a todos aquellos que están absortos en los asuntos de este mundo, confiando solo en lo terrenal y material como si esto fuera a ser permanente.    Oración.

«Señor Jesús, quiero estar enfocado solo en las cosas de arriba, en la eternidad. Tu Palabra dice: “porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Gracias porque mientras vivo en esta tierra, soy un habitante del cielo, me sacaste de las tinieblas a tu Reino Admirable, me has dado tu plenitud, tu unción y puedo decir con certeza que tu Reino está en mí, por medio de tu Presencia en mi vida, amén.


miércoles, 24 de diciembre de 2025

El amor y la preocupación de Dios por los pecadores

 

El amor y la preocupación de Dios por los pecadores

“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”. Lucas 15:1-7

Dios se preocupa por los perdidos y se goza cuando un pecador se arrepiente y vuelven al redil. Pero a veces la oveja perdida se queda inerme y rehúsa moverse, por eso el pastor deja las otras para ir a buscarla.

A este capítulo se le llama “el evangelio dentro del evangelio”, porque los fariseos se escandalizaron de que Jesús se asociara con hombres y mujeres que los judíos practicantes consideraban pecadores, los llamaban “la gente de la tierra” y había una barrera infranqueable entre estas dos clases de personas. Criticaban a Jesús por tener contacto con ellos, porque para los fariseos cualquier trato con esta gente los contaminaba. Y se atrevían a decir: “Hay alegría en el Cielo cuando se pierde un pecador”, deseando su destrucción y no su salvación. Contrario a lo que Jesús declaraba: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”.

Jesús cuenta entonces esta parábola de la oveja perdida y de la alegría del pastor cuando la encuentra. Mostrando con esto el gran amor por la humanidad pues Él no hace acepción de personas, la salvación es para todos y se interesa por el más indefenso y débil. Y ese es el amor que demostró por cada uno de nosotros en la cruz y dio su vida por nuestro rescate. Aun antes de haberlo conocido nos buscó en este mundo perdido hasta que nos halló, ese es nuestro Buen Pastor.

Es la escena del cielo que Jesús nos pinta: Dios se alegra cuando encuentra a un pecador que estaba perdido y regresa a casa. El hecho es que Dios es más amable que los hombres, los seres humanos podemos perder la esperanza por aquel que está extraviado y sin rumbo, pero Dios no. Deja las noventa y nueve y presta toda su atención y todo su cuidado por el que necesita ser rescatado, perdonado y restaurado. Este pasaje también señala todo lo que el Señor pone en movimiento en el mundo espiritual cuando oramos por los perdidos, para recuperarlos para sí, cumpliéndose el mayor deseo de su corazón según Lucas 19:10: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Que este tiempo de navidad sea un motivo para hablarles del Salvador del mundo a todos aquellos que nos rodean y aun no lo conocen.    Oración.

«Gracias mi Jesús, mi buen Pastor, por buscarme y encontrarme en este mundo perdido y dar tu vida por mi rescate en una cruz. El precio que pagaste fue tu sangre preciosa, que me libró, me perdonó y me salvó. Me sacaste del lodo cenagoso y pusiste mis pies sobre la Roca firme que eres tú, para que no resbale. Te pido por todos aquellos que aún andan errantes como ovejas perdidas y úsame como instrumento, como tus pies y tus manos para rescatarlos con tu mensaje de salvación, amén.


martes, 23 de diciembre de 2025

 

El precio del discipulado

“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; más si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga”. Lucas 14:25-35

Sabemos que la visión del corazón del Padre es la Gran Comisión: ganar, edificar y enviar, esto es hacer discípulos en todas las naciones. Es el mayor reto que se nos ha hecho como seres humanos, de la persona más extraordinaria que haya vivido, Jesucristo. Ninguna causa a la que nos entreguemos se puede comparar con este llamado de Dios que cambia vidas, inclusive cambia al mundo.

Hoy vivimos en un mundo de cambios rápidos y radicales; los corazones de los hombres están llenos de frustración y angustia, pero también deseosos de ser amados, por eso el discipulado es una tarea ardua, que implica un cuidado pastoral como el de Jesús, amando, cuidando y compartiendo, para enseñar un estilo de vida que solo Él vivió.

Como vemos en este pasaje las multitudes eran atraídas por los milagros de Jesús y esperaban el establecimiento de un reino terrenal, que les resolviera todas sus necesidades. Hoy el mundo es igual, el pecado, la violencia, la corrupción moral y religiosa, está llevando al caos todo el sistema global, y se busca por todos los medios humanos la paz, la reconciliación y el progreso social y económico. Pero jamás el ser humano podrá resolverlo porque el problema es espiritual, la ausencia de Dios en la vida de las personas ha generado todo lo que vivimos. Por eso, el llamado como cristianos es urgente, hay que ir a hacer discípulos a todas las naciones llevando el evangelio de Jesús que es lo único que puede dar esperanza.

Ser discípulos del Señor requiere un costo que no todos los creyentes están dispuestos a pagar, porque el verdadero discipulado implica: entrega, renuncia y sacrificio. Se trata de subordinar todos nuestros deseos a la lealtad a Cristo. Lo que debe llevarnos a morir al egocentrismo y estar preparados para resistir el sufrimiento y el martirio si es necesario.

Aquí el Señor hace un paralelo con la edificación de un edificio que es muy costoso o librar una guerra que es peligrosa, lo que ilustra el costo y el peligro que los discípulos de Cristo debemos enfrentar, porque el discipulado significa total renunciación a nuestros intereses por amor de Jesús. Se refiere a una cuestión de total consagración y máxima realización del propósito de Cristo para nosotros en este tiempo, que no es nada fácil.

Aunque la contienda por la salvación de nuestra parte sea terriblemente desigual, nuestra voluntad personal debe estar sometida a la voluntad de Dios, ejerciendo esa fe que “vence al mundo”, como dice 1 Juan 5:4 “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. Recordemos que estamos vigorizados por el poder del Espíritu Santo como lo expresa Hebreos 11:34 “apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros”.

El discipulado entonces significa la disposición de una persona para colocar las demandas de Jesús por encima de las de ella o de su familia. Los discípulos deben estar dispuestos a negarse a sí mismos por completo, tomando su propia cruz lo que significa estar listo para lo que se venga. Es necesario calcular el costo de decir “no al yo” antes de comenzar un camino que no se pueda seguir hasta el final. Debemos considerar el costo de ser un discípulo de Cristo, al grado de saber a qué nos comprometemos y que más tarde no sintamos la tentación de volvernos atrás. Que podamos ser la buena sal de la tierra, para sazonar a quienes nos rodean con el sabor de Cristo.  Oración.

«Jesús, ayúdame por favor a cumplir con tu llamado, a llevar tu mensaje de amor y perdón y hacer discípulos en todas las naciones. Señor quiero ser luz y sal para este mundo que está en tinieblas, cegado por el pecado y el engaño de este siglo. Lléname con tu poder para compartir el evangelio de amor y de esperanza a todo el que se cruce en mi camino, dispón los corazones de las personas y llena ese vacío espiritual, en el Nombre de Jesús, amén.


lunes, 22 de diciembre de 2025

Confesemos a Cristo sin temor

 

Confesemos a Cristo sin temor

“Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; más el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir”. Lucas 12:8-12

Esta enseñanza de Jesús nos habla de las consecuencias que vendrían sobre la gente que lo rechaza a Él y al evangelio; y de llegar a negarlo cuando lo hemos conocido. El Señor nos hace un llamado a permanecer firmes, porque vienen tiempos donde nuestra fe será probada antes de su Segunda Venida. Hay muchas maneras de negar a Cristo: cuando siendo cristianos nos comportamos como la gente del mundo y callamos en cuanto a nuestra relación con Dios, cuando no defendemos lo bueno y nos acomodamos a las ideologías de este mundo y nos diluimos en la sociedad, cuando aceptamos los valores no cristianos en nuestra sociedad y terminamos haciendo lo que todos hacen. No podemos esconder nuestra fe por causa del temor.

Pero Jesús nos alienta diciendo: “Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios”. Confesamos a Cristo cuando llevamos vidas morales que honran su nombre, cuando buscamos oportunidades para testificar de su amor, cuando ayudamos a otros, cuando salimos en defensa de la justicia, cuando amamos a otros y les servimos sin condiciones, cuando somos leales a Él en todo momento y ocasión, cuando le permitimos a Él vivir su vida a través de nosotros siendo portadores de su gracia y verdad.

Jesús nos dice que negarlo a Él puede ser excusable y perdonable, pero negar la obra del Espíritu Santo es imperdonable, se le considera una blasfemia. Esta blasfemia es un rechazo persistente, continuo y deliberado a su obra y a la gracia de Dios, que endurece el corazón y no lleva al arrepentimiento; es no querer recibir perdón y salvación y se demuestra con una oposición consciente y endurecida hacia la verdad revelada por Dios por medio de su Espíritu.

Amados hermanos, así como en el principio que la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, el Espíritu Santo se movía sobre la faz de las aguas, pidámosle en esta navidad al Espíritu Santo que se mueva sobre las tinieblas de este mundo trayendo revelación al corazón de los hombres para que les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo y puedan ser salvos, 2 Corintios 4:4.     Oración.

«Señor Jesús, quiero confesar tu Nombre siempre delante de los hombres, manifestando, que en ningún otro hay salvación; porque no hay otro Nombre bajo el cielo, Dado a los hombres, en que podamos ser salvos, Hechos 4:12. Que mis acciones, pensamientos y palabras manifiesten mi fe y mi confianza en ti, porque eres mi Señor y mi Salvador, gracias por tu Santo Espíritu quién pondrá palabras en mi boca para confesarte siempre, amén.


domingo, 21 de diciembre de 2025

Autoridad para el ministerio del reino

 

Autoridad para el ministerio del reino

Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes”. Lucas 9:1-6

En este pasaje vemos cómo Jesús da autoridad a sus discípulos para utilizar el poder que les ha transferido. Es el poder de Jesús el Rey, quien extiende la bondad del reino de Dios sobre las obras de las tinieblas y las dolencias humanas. Él empezó demostrándoles cómo hacerlo, para que después cada uno de sus discípulos siguieran ejerciéndolo como Él lo dispuso. Pero el Señor ordenaría el mismo tipo de ministerio a la iglesia, al propagar el mensaje del evangelio como nos dice Hechos 8:4-8 “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad”.

También ahora, podemos esperar victoria sobre los poderes de las tinieblas y sus operaciones, porque hemos sido investidos de poder por medio del Espíritu Santo, como dice Lucas 10:19 “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”.

Nosotros somos los representantes del reino de los cielos hasta que Jesús regrese. Se nos ha prometido la complacencia del Padre de darnos el reino, esto es, de suministrarnos su paz y su poder como dice Lucas 12:32: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”.

Debemos aplicar esa autoridad con la oración, la predicación y la enseñanza, haciendo discípulos como el Señor nos enseñó. Él nos ha dado la autoridad para sanar y liberar, en la medida en que estemos dispuestos a ejercer el privilegio de ser los mensajeros y los participantes del reino de Dios en esta tierra. El Espíritu Santo se deleita al confirmar la presencia del reino glorificando el poder del Rey, realizando la obra de Cristo a través de su iglesia.   Oración.

«Padre que tu reino venga aquí y ahora, que la oración y la predicación del evangelio me ayude a desempeñar mi función como representante del reino de los cielos en esta tierra. Que traigas sanidad y libertad de las tinieblas a aquellas personas que lo necesitan por la autoridad que has delegado sobre mi vida. Sé que solo tu poder por medio de tu Santo Espíritu puede cambiar las cosas y traer el gobierno del cielo a esta tierra, en el Nombre de Jesús, amén.