lunes, 22 de diciembre de 2025

Confesemos a Cristo sin temor

 

Confesemos a Cristo sin temor

“Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; más el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir”. Lucas 12:8-12

Esta enseñanza de Jesús nos habla de las consecuencias que vendrían sobre la gente que lo rechaza a Él y al evangelio; y de llegar a negarlo cuando lo hemos conocido. El Señor nos hace un llamado a permanecer firmes, porque vienen tiempos donde nuestra fe será probada antes de su Segunda Venida. Hay muchas maneras de negar a Cristo: cuando siendo cristianos nos comportamos como la gente del mundo y callamos en cuanto a nuestra relación con Dios, cuando no defendemos lo bueno y nos acomodamos a las ideologías de este mundo y nos diluimos en la sociedad, cuando aceptamos los valores no cristianos en nuestra sociedad y terminamos haciendo lo que todos hacen. No podemos esconder nuestra fe por causa del temor.

Pero Jesús nos alienta diciendo: “Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios”. Confesamos a Cristo cuando llevamos vidas morales que honran su nombre, cuando buscamos oportunidades para testificar de su amor, cuando ayudamos a otros, cuando salimos en defensa de la justicia, cuando amamos a otros y les servimos sin condiciones, cuando somos leales a Él en todo momento y ocasión, cuando le permitimos a Él vivir su vida a través de nosotros siendo portadores de su gracia y verdad.

Jesús nos dice que negarlo a Él puede ser excusable y perdonable, pero negar la obra del Espíritu Santo es imperdonable, se le considera una blasfemia. Esta blasfemia es un rechazo persistente, continuo y deliberado a su obra y a la gracia de Dios, que endurece el corazón y no lleva al arrepentimiento; es no querer recibir perdón y salvación y se demuestra con una oposición consciente y endurecida hacia la verdad revelada por Dios por medio de su Espíritu.

Amados hermanos, así como en el principio que la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, el Espíritu Santo se movía sobre la faz de las aguas, pidámosle en esta navidad al Espíritu Santo que se mueva sobre las tinieblas de este mundo trayendo revelación al corazón de los hombres para que les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo y puedan ser salvos, 2 Corintios 4:4.     Oración.

«Señor Jesús, quiero confesar tu Nombre siempre delante de los hombres, manifestando, que en ningún otro hay salvación; porque no hay otro Nombre bajo el cielo, Dado a los hombres, en que podamos ser salvos, Hechos 4:12. Que mis acciones, pensamientos y palabras manifiesten mi fe y mi confianza en ti, porque eres mi Señor y mi Salvador, gracias por tu Santo Espíritu quién pondrá palabras en mi boca para confesarte siempre, amén.


domingo, 21 de diciembre de 2025

Autoridad para el ministerio del reino

 

Autoridad para el ministerio del reino

Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes”. Lucas 9:1-6

En este pasaje vemos cómo Jesús da autoridad a sus discípulos para utilizar el poder que les ha transferido. Es el poder de Jesús el Rey, quien extiende la bondad del reino de Dios sobre las obras de las tinieblas y las dolencias humanas. Él empezó demostrándoles cómo hacerlo, para que después cada uno de sus discípulos siguieran ejerciéndolo como Él lo dispuso. Pero el Señor ordenaría el mismo tipo de ministerio a la iglesia, al propagar el mensaje del evangelio como nos dice Hechos 8:4-8 “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad”.

También ahora, podemos esperar victoria sobre los poderes de las tinieblas y sus operaciones, porque hemos sido investidos de poder por medio del Espíritu Santo, como dice Lucas 10:19 “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”.

Nosotros somos los representantes del reino de los cielos hasta que Jesús regrese. Se nos ha prometido la complacencia del Padre de darnos el reino, esto es, de suministrarnos su paz y su poder como dice Lucas 12:32: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”.

Debemos aplicar esa autoridad con la oración, la predicación y la enseñanza, haciendo discípulos como el Señor nos enseñó. Él nos ha dado la autoridad para sanar y liberar, en la medida en que estemos dispuestos a ejercer el privilegio de ser los mensajeros y los participantes del reino de Dios en esta tierra. El Espíritu Santo se deleita al confirmar la presencia del reino glorificando el poder del Rey, realizando la obra de Cristo a través de su iglesia.   Oración.

«Padre que tu reino venga aquí y ahora, que la oración y la predicación del evangelio me ayude a desempeñar mi función como representante del reino de los cielos en esta tierra. Que traigas sanidad y libertad de las tinieblas a aquellas personas que lo necesitan por la autoridad que has delegado sobre mi vida. Sé que solo tu poder por medio de tu Santo Espíritu puede cambiar las cosas y traer el gobierno del cielo a esta tierra, en el Nombre de Jesús, amén.


sábado, 20 de diciembre de 2025

El servicio como respuesta al amor

 

El servicio como respuesta al amor

“Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”. Lucas 8:1-3

María Magdalena, Juana, Susana y otras mujeres que no se nombran aquí, formaban parte del equipo humano que servía y ayudaba a Jesús durante su ministerio. Eran mujeres agradecidas por lo que el Señor había hecho en sus vidas. La mayor motivación para servir a Cristo debe ser el amor y la gratitud hacia Él.

Estas mujeres habían sido testigos de la crucifixión del Señor, lo acompañaron hasta el final como dice Mateo 27:55-56 “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”; estuvieron presentes en la sepultura de Jesús, vieron donde lo pusieron y compraron especias aromáticas para ungirle, Marcos 16:1.

Fueron también las primeras en escuchar el anuncio angelical sobre la resurrección de Jesús, Marcos 16:6-8 nos relata: “Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo”.

Estas mujeres fueron fieles discípulas de Jesús, y se les puede considerar un ejemplo para nosotros, de que nada puede impedir que rindamos un servicio fructífero a Jesús con todo nuestro amor, si hemos sido salvados, sanados y liberados.

Estas mujeres le acompañaban en sus giras, como sus sostenedoras, sirviéndole con sus bienes, Cristo vivía del amor de su pueblo rescatado. Él había sembrado lo más importante, lo espiritual y cosechaba lo material como dice 1 Corintios 9:11 “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?, además el apóstol Pablo agrega en 1 Corintios 9:14 “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”.

El Señor Jesús dignificó la vida de esas mujeres, les dio el valor que merecían, pues en esa época la mujer no se consideraba importante. Recordemos que no es siempre el que más se ve, el que hace lo más importante. No hay don que no se pueda usar en el servicio de Cristo. Muchos de sus servidores más valiosos están en el trasfondo, invisibles pero esenciales a la causa.

Amados, Jesús lo dio todo por nosotros, su propia vida para darnos perdón, salvación y vida eterna, la manera más grande de servirle es en respuesta a ese amor incondicional, por eso debe recibir todo de nosotros, nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros talentos y también nuestros recursos. Gocémonos por todas sus bendiciones y correspondamos en amor; el cual es perfecto sólo cuando está dando para el bien de otros.    Oración.

«Amado Jesús, gracias por dar tu vida por mí, por haberme sacado de la servidumbre del pecado a la luz maravillosa de tu reino. Ahora quiero corresponder a ese amor con compañerismo y servicio y recuérdame a todas aquellas personas que están detrás del escenario en el ministerio de la iglesia, porque a menudo son los que sustentan el trabajo de los que presiden, con un trabajo menos visible pero igualmente importante. Enséñame a dar sin esperar recibir, simplemente por amor por todo lo que me has dado, amén. 


viernes, 19 de diciembre de 2025

La fe que maravilla a Jesús

 

La fe que maravilla a Jesús

“Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”. Lucas 7:2-9

En este pasaje se cuenta la milagrosa curación a distancia del siervo de un centurión, en la ciudad de Capernaúm. Se resalta especialmente la gran fe de este gentil y la autoridad de Jesús sobre la enfermedad, aunque no estaba presente, mostrando su Omnipresencia.

Para tener una fe que maraville a Jesús, debemos acercarnos a Él con humildad, con respeto, reconociendo su autoridad y su poder. La fe del centurión fue tan profunda que solo bastaba que Jesús dijera la Palabra para que su siervo recibiera sanidad. Cuan poderoso es confesar la Palabra de Dios, creyéndola para ver el obrar sobrenatural de Dios.

Su fe se destacó porque siendo un gentil demostró una fe más grande que la de muchos judíos que conocían a Jesús. La fe es la confianza en la Palabra de Dios, no importa quienes seamos. Este centurión se consideró indigno de que el Señor entrara a su casa, mostró un profundo respeto por la ley y la cultura judía. Fue una fe que actúa, no era una fe pasiva, puesto que envió a unos ancianos judíos a buscar a Jesús y hacerle la petición de sanidad. Entendió que el poder y la autoridad de Jesús, del cual había oído, eran tan grandes que no necesitaba que Él estuviera físicamente para sanar. Precisamente su fe se basó en la autoridad que Jesús tenía sobre todas las cosas, por eso al dar una orden, se cumpliría lo que dijera; comparándose con él, cuando daba órdenes a sus soldados bajo su autoridad para que obedecieran.

Jesús se maravilló de su fe y destacó que no había visto una fe así en Israel. Por eso ante una fe de esa magnitud, Jesús la proclamó públicamente. Y su siervo fue sanado instantáneamente.

¿Qué podemos aprender de esto? el Señor anhela que tengamos una fe genuina, sin importar quienes somos y de dónde venimos, una fe humilde que se traduzca en acción y una fe que confíe en la autoridad del Nombre de Jesús, sobre todas las circunstancias, que obra sanidad, milagros y prodigios. Una fe así influye en la vida de las personas que nos rodean llevando a otros a creer en Jesús.   Oración.

«Señor Jesús, quiero acercarme a ti, con una fe verdadera, reconociendo tu soberanía y tu poder sobre todas las cosas, que pueda decir como el centurión: “no es necesario que entres en mi casa porque una sola Palabra tuya bastará para que obres en mi vida y en la vida de los que me rodean”. Señor enséñame a reconocer la autoridad de tu Nombre que es sobre todo nombre y ver obrar milagros señales y prodigios cada vez que lo confieso, amén.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Un corazón de amor y misericordia

 

Un corazón de amor y misericordia

“Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada”. Lucas 6:6-10

Este es uno de los acontecimientos, donde se muestra la oposición a Jesús, al querer usar el día de reposo para servir y honrar a Dios. El Hijo del Hombre, con un corazón de amor y misericordia, es el “Señor del Sábado”, por eso lo usaba para los propósitos divinos. En contraste con los fariseos que habían olvidado los derechos de la misericordia porque estaban inmersos en sus leyes y reglas. Es significativo que estaban observando a Jesús y a sus discípulos para poder acusarlos. A veces, por ser legalistas nos olvidamos de la esencia de la Palabra de Dios, que es el amor y la misericordia para con nuestros semejantes.

Este pasaje resalta el enfrentamiento entre el legalismo religioso y la misericordia de Jesús, quien cuestionaba a los fariseos diciéndoles si era lícito hacer el bien o el mal, o salvar o dañar una vida en el día de reposo.

Debemos entender que las necesidades de las personas son más importantes que las reglas ceremoniales, por eso al leer la Palabra de Dios debemos venir con una mente abierta y con un corazón necesitado, para comprender el sufrimiento de las personas. La tradición religiosa alejaba a los fariseos de poder ayudar a otros y se perdían la bendición de ser usados por Dios para su gloria.

Jesús estableció una manera nueva de dar. Fue un ejemplo delante de sus discípulos, dándose a sí mismo por las necesidades de otros. Jesucristo ha pagado ya nuestra deuda delante de Dios, y su cruz es obra suficiente y eterna a favor de la humanidad.

Hoy el Señor nos lleva a meditar en esto y a que entendamos que una manera de honrarle y servirle en el día del Señor, es teniendo misericordia de todos aquellos que están sufriendo, que no lo conocen y llevarlos a Cristo para que encuentren respuesta a su necesidad. No podemos ser egoístas cuando hemos recibido tanta misericordia de nuestro Señor.

Solamente dando nos colocamos en posición de esperar, recibir y cosechar. Jesús dijo que la cosecha será “medida buena, apretada, remecida y rebosante”, Lucas 6:38. El día del Señor es para hacer lo bueno, para ser misericordiosos, es para darnos a los demás como si lo estuviéramos haciendo con Dios, entonces tendremos recompensa en los cielos. Como dice Mat 25:34-36 “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”.

El propósito del día del Señor no solo es reunirnos a adorarlo y a reverenciarlo, sino hacer su voluntad, acercando a los perdidos a Jesús para que sean perdonados y restaurados por Él. Mateo 5:16 nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre si estamos siendo un obstáculo o un medio para que otros experimenten la vida y la salvación. También nos enseña a no vivir por un conjunto de reglas inflexibles, sino por la voluntad de Dios, que siempre busca la misericordia y la vida.  Oración.

«Señor, hoy quiero acercarme a ti con un corazón humilde, reconociendo mi necesidad de ti, has sido misericordioso conmigo y me rescataste de mi miseria, por eso enséñame a ser misericordioso con otros, acercar a los que están perdidos en este mundo a tu Presencia. Señor, que la iglesia no solo sea el lugar de adoración a ti, sino el lugar donde podamos hacer el bien, llevando a otros a ser salvos, a ser sanados, liberados y restaurados para la gloria tuya, amén.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Milagro de Jesús que muestra la visión del corazón del Padre

 

Milagro de Jesús que muestra la visión del corazón del Padre

Aconteció que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”. Lucas 5:1-11

Este pasaje nos muestra el llamamiento de los primeros discípulos de Jesús. El Señor vio dos barcas que estaban en la orilla y se acercó a los pescadores que estaban ocupados lavando las redes. A pesar de haber muchos en ese lugar, se interesó especialmente por Simón y le rogó que apartara un poco su barca para entrar en ella. Jesús es quien toma la iniciativa de acercarse a nosotros; eso indica que Jesús nos mira particularmente a cada uno y nos busca aun cuando estemos ocupados. No nos busca por nuestra preparación o habilidades humanas, pero sí nos busca aún cuando no hayamos logrado nada y nos sintamos frustrados a pesar de nuestro esfuerzo».

Él toca primero a la puerta de nuestra vida para luego entrar, Apocalipsis 3:20. Conquista en primer lugar nuestro corazón y luego nos desafía a grandes cosas. Como pasó aquí con Simón, primero le hizo correr la barca un poco, indicando esto que quería que apartase su vida para Él. Jesús tenía toda la autoridad para tomar la barca, pero aun así le pidió prestada la barca a Simón. El Señor independientemente del precio que pagó por nosotros en la cruz, quiere utilizarnos como instrumentos, pero nunca lo hará contra nuestra voluntad. Él ruega que apartemos nuestra vida de la orilla, que quizás representa la lógica, el razonamiento, la mediocridad, el conformismo, las cargas y demás, que nos impiden ser usados para su gloria, porque Él quiere a través de nuestra vida enseñarles a otros.

Lo más importante no es que apartemos solo nuestra barca (vida), sino que lo dejemos entrar en ella para sentarse en el trono y gobernarnos, esto implica entrega total. El Señor, como a Simón Pedro, nos desafía a bogar mar adentro, esto es profundizar en nuestra comunión y conocimiento de Él; y empezar a obedecer su llamado. “Echad las redes” es lanzarnos a hacer lo que parece ilógico, pero que trae grandes resultados.

El mar aquí representa al mundo, nuestro campo de acción, donde nos ha colocado para que tiremos la red del evangelio, y podamos ser “pescadores de hombres”. Nos pide ir contra la corriente de este mundo, contra el: “no se puede”, “no es posible”, “no se hacerlo”, etc., y aun contra el desánimo, el cansancio o cualquier circunstancia que quiere estorbar nuestro propósito de ganar almas para su reino. Jesús quiere que reconozcamos nuestra fragilidad y la necesidad de depender totalmente de su amor y su gracia para ganar este mundo para Él. La pesca milagrosa representa la cantidad de personas que podemos ganar.

Si hemos de ser usados por el Espíritu Santo, debemos entender que la marca de la obediencia consiste en navegar aún contra la lógica, con las redes del Señor: con su amor, su gracia, su Verdad y en su Nombre poderoso. Respondiendo como Simón: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red”.

Recordemos que Dios hace el milagro cuando decidimos bogar en la profundidad de su Presencia, cuando en su Nombre actuamos. ¿Estaremos dispuestos a dejarlo todo y seguirlo como lo hicieron los primeros discípulos?    Oración.

«Gracias mi Jesús, por tomar la iniciativa de acercarte a mí, por tocar la puerta de mi corazón para que te dejara entrar, por escogerme para ser un instrumento en tus manos, por llamarme a pescar almas para tu reino. Quiero obedecer tu Palabra para que obres a través de mi vida y llevar a cabo tu propósito cumpliendo así con la visión del corazón del Padre, que es la redención de este mundo, amén.


martes, 16 de diciembre de 2025

El Espíritu Santo está “sobre” y “en” nosotros

 

El Espíritu Santo está “sobre” y “en” nosotros

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él”. Lucas 4:14-20

Jesús regresó al pueblo de Nazaret, donde se había criado y como era su costumbre fue a la sinagoga el sábado y se levantó a leer el libro de Isaías. Donde dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. El versículo 20 nos dice también que “se sentó en el lugar del predicador”, y eso nos da la impresión de que había terminado; pero lo que quiere decir realmente es que se disponía a empezar, porque el predicador siempre se sentaba para hacer el sermón, y los rabinos daban las clases sentados. Al terminar todos los ojos estaban puestos sobre Él y exclamó: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, Lucas 4:21.

Pero todos se preguntaban: “¿no es este el hijo de José?”. La gente de la sinagoga se enfureció cuando le oyó decir eso, y se levantaron de sus asientos y le sacaron a empellones fuera del pueblo, y le llevaron a la cima de la colina en la que está situada su ciudad para despeñarlo. Pero Él anduvo en medio de todos, y se marchó.

Todos los dones y las gracias del Espíritu estaban sin medida sobre Él y en Él. Por Cristo pueden los pecadores ser librados de la culpa, por su Espíritu y su gracia, todos pueden ser liberados de las ataduras de la corrupción. Él vino por la palabra de su evangelio a traer luz a quienes estaban en tinieblas, y por el poder de su gracia, a dar vista a los que estaban ciegos. Su mensaje fue distinto al de Juan que era de juicio y arrepentimiento, las buenas nuevas eran de amor y liberación.

Ese llamado a compartir el evangelio es la visión del corazón del Padre y Jesús nos ha dado su autoridad en este mundo por su Palabra para hacerlo, pero también nos ha equipado con su Espíritu, para que podamos cumplir con la Gran Comisión. Como Jesús podemos ser rechazados al proclamar su mensaje, pero no debemos negarlo, sino honrarlo siendo obedientes a su mandato, Él es el Hijo de Dios, el Salvador de los hombres, es la única provisión de Dios para esta humanidad perdida en sus delitos y pecados.

Hermanos pidamos la llenura de su Espíritu, porque es solo en su poder que podemos proclamar a Jesús como el Salvador del mundo.    Oración.

«Querido Padre, te doy gracias por haberme alcanzado con tu salvación, a través de tu Hijo Amado que dio su vida por mí en la cruz, para perdonarme y darme vida eterna. Gracias por enviar tu Santo Espíritu a mi corazón y equiparme de igual manera que a Jesús, para cumplir con la misión de tu corazón, que es ganar muchas personas para el reino de los cielos. Ayúdame y dame fuerzas, porque sé que seré rechazado, perseguido y vituperado por causa del evangelio, amén.