viernes, 9 de febrero de 2024

Resurrección, el hecho crucial. Parte 2

 

Resurrección, el hecho crucial. Parte 2


“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” 1 Corintios 15:14

El cuerpo resucitado de Jesús tenía características nuevas:

Podía aparecer y desaparecer a voluntad (Lucas 24:31, 36, 37, 51; Juan 20:19,26).

Ascendió al cielo en su cuerpo físico (Hechos 1:6-11).

Podía comer: el siguiente pasaje lo deja muy claro: “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.” (Lucas 24:36-43), no es menor este hecho, significa que es un cuerpo, pero un cuerpo glorioso que disfruta de la comida, sin realmente requerirla para sustento físico.

Conclusión

Todas estas evidencias y aclaraciones deben llevar nuestra fe a otro nivel, pues nuestra fe no es fe ciega, es fe consciente, fundamentada en la Palabra de Dios; es decir descansamos y confiamos plenamente en Cristo no como un simple ejercicio intelectual, sino como algo que es revelado por Dios, por su Santo Espíritu, pero nuestro intelecto nos permite argumentar a otros que no dejamos a un lado la razón, que nuestra fe es una fe razonable y que creemos en algo real, no en un mito o historia ficticia.

La resurrección es un hecho crucial, como dice el pasaje de hoy “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” (1 Corintios 15:14), predicamos a un Dios vivo, a un Cristo vivo en nosotros, en cada creyente, no como un simple anhelo sino como una verdad que nos motiva a crucificar la carne y a permitir que él actúe a través de nosotros para glorificar al Padre, “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” (Juan 14:13).

Entonces ya que la resurrección es la esperanza viva que tenemos en el presente, porque seremos resucitados tal como Cristo lo fue, estamos llamados a trabajar arduamente para que otros sean resucitados: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15:58)   Oración.

«Padre amado, gracias por darnos vida nueva en Cristo Jesús, porque mi fe no es vana, sino real y trascendental para mi vida, pues tengo una esperanza cierta de vida eterna cuando seré resucitado tal como Cristo, mientras tanto quiero trabajar arduamente llevando el mensaje de salvación a muchos que no lo conocen. Amén.

jueves, 8 de febrero de 2024

Resurrección, el hecho crucial. Parte 1

 


Resurrección, el hecho crucial. Parte 1

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”, 1 Corintios 15:20-23

El concepto de resurrección (del griego anastasis) en el mundo antiguo no era común ni aceptado, es decir, aceptaban mitos e historia de vida después de la muerte, y que una vez la persona emprendía el camino a la muerte no regresaba, pero no se aceptaba ni como mito la resurrección física, esto significa que cuando los apóstoles y primeros cristianos predicaban acerca de la resurrección de Cristo, o que Jesús se había levantado de los muertos, el significado de esta declaración era que a Jesús le había sucedido algo que no le había pasado a nadie más.

Pero diremos entonces que tanto en el antiguo testamento como en el nuevo se relata acerca de personas que se levantaron de los muertos:

1- En al antiguo testamento hay tres personas:

Elías levantó al hijo de la viuda de Sarepta: (1 Reyes 17:17-24)

Eliseo levantó al hijo de la mujer sunamita (2 Reyes 4:35)

Un hombre muerto vuelve a la vida cuando su cuerpo toca los huesos de Eliseo (2 Reyes 13:21)

2- En el nuevo testamento encontramos:

Jesús levanta al hijo de la viuda de Naín y a muchos otros, entre estos a su amigo Lázaro (Lucas. 7:13-15, Mateo 9:25, Marcos 5:42, Lucas 8:55)

Pedro levanta a Tabita (Hechos 9:36-42)

Pablo levanta a Eutico (Hechos 20:9-12)

También se levantó un grupo de personas luego de la muerte y resurrección de Jesús (Mateo 27:52, 53).

Sin embargo, la resurrección de Jesús fue un hecho particular, único y lo que distingue de otros sucesos, es la verdad que nos explica el versículo de hoy en 1 Corintios 15:20-23:

Los que antes se levantaron, volvieron a dormir para esperar la resurrección definitiva, Jesús es el primero que resucitó para no volver a morir jamás, y los que creemos en él seremos resucitados para no volver a morir jamás como él mismo lo prometió: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

Y tú ¿Crees que Jesús murió y resucitó?   Oración.

«Padre, gracias por que he recibido la noticia de que Jesús, tu Hijo Unigénito murió y resucitó, ¡la tumba está vacía! y esta es verdadera esperanza, creo verdaderamente que, así como Él murió y resucitó, yo también he muerto al pecado y he resucitado para vida nueva. En el nombre de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

miércoles, 7 de febrero de 2024

La gracia de Dios es suficiente

 

La gracia de Dios es suficiente


“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” 1 Timoteo 6:6-8

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” 1 Juan 2:16-17

Muchos sienten que para estar felices, completos o satisfechos en la vida les faltaría alcanzar algo más, tal vez una tele nueva, un carro, una casa más grande, viajar, conocer el mundo, hablar muchos idiomas, leer muchos libros, cambiar de profesión, conseguir un nuevo trabajo, lograr esa especialización, o tener una empresa propia. De otra forma hay quienes no estén satisfechos con ellos mismos y querrán tener un mejor cuerpo, una mejor sonrisa, una nariz respingada, unos músculos marcados o unos ojos claros. Otros menos afortunados pensarán que para ser felices solo les faltaría tener para cenar esta noche, salir del hospital, de la prisión, recuperar sus hijos, su matrimonio, etc. Parece ser que en estos tiempos nada nos satisface, siempre queremos más.

Como cristianos a veces ignoramos que la única cosa verdaderamente importante y trascendente en la vida de los seres humanos ya la tenemos y se llama en términos teológicos “la gracia de Dios”, la gracia es la forma mediante la cual Dios nos redime y renueva, salvando a los pecadores y restaurando la creación a través de la obra de Cristo y por el poder del Espíritu. La gracia de Dios nos salva del pecado y la muerte eterna y nos pone en una correcta relación con Dios. Es gratuita e inmerecida y nos asegura todas las bendiciones espirituales en Cristo Jesús.

No menospreciemos el regalo de la gracia de Dios, seamos agradecidos sabiendo que su gracia es más que suficiente para vivir en esta tierra. La mejor manera de ser agradecidos es vivir en la voluntad de nuestro Dios aceptando primeramente el regalo de su amor mediante la fe en Jesucristo y permaneciendo en su palabra, porque todo pasará, pero su voluntad y su gracia permanecerán para siempre.   Oración.

«Padre de la gloria permíteme vivir en tu voluntad, disfrutando cada minuto de tu gracia. Quiero vivir en el contentamiento de saber que contigo no me hace falta nada. Amén.

martes, 6 de febrero de 2024

Más que bendecidos. Parte 3

 

Más que bendecidos. Parte 3


“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”, Efesios 1:13-14

n esta porción del texto que encontramos en el libro de los Efesios, el apóstol Pablo después de enseñar de forma magistral sobre la obra de Dios Padre y la obra de Dios Hijo, nos habla acerca de la obra de Dios Espíritu Santo.

Como habíamos visto en devocionales previos, Dios Padre diseñó el plan de nuestra salvación, escogiéndonos como sus hijos y dándonos un futuro lleno de esperanza; Dios Hijo realizó este plan de salvación muriendo en una cruz por nosotros y como veremos hoy es Dios Espíritu Santo quien sella esta promesa diseñada por el Padre y realizada por el Hijo, la lleva a cabo en nuestra vida y Él mismo es la garantía de nuestra herencia aquí en la tierra y luego en la eternidad.

El Espíritu Santo siempre ha estado presente, la Biblia nos habla claramente de Dios como tres personas distintas pero un solo Dios verdadero: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En el antiguo testamento el Espíritu Santo era quien facultaba a los profetas con entendimiento para guiar al pueblo escogido, sin embargo, aún no estaba derramado. El libro de Joel advertía que era una promesa que debería cumplirse en el tiempo señalado: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2: 28a), promesa que solo se hizo posible después de la muerte, resurrección y ascensión de Dios Hijo y que se relata en Hechos 2: 4a “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo” Promesa de la cual todos los creyentes en Cristo somos hechos partícipes. El Espíritu Santo nos sella como señal de autenticidad (para que nosotros y todos los demás sepan que somos hijos de Dios), de pertenencia a Dios y protección contra el enemigo.

El sello del Espíritu Santo solo es posible por medio de la fe en Jesucristo “habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de nuestra salvación y habiendo creído en él” y significa que vive en nosotros (dentro de nuestro corazón), siendo al mismo tiempo la garantía que todas las promesas de Dios nos serán entregadas y todo esto para “alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1: 6a). El Espíritu Santo es quien hace posible en nosotros que vivamos una vida en santidad y que podamos heredar todas las bendiciones de Dios.   Oración.

«Gracias Espíritu Santo por vivir en mí, tú eres mi garantía de que le pertenezco a Dios y de que recibiré todas sus promesas. Amén.

lunes, 5 de febrero de 2024

 Más que bendecidos. Parte 2

“Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”, Efesios 1:6-7
En los primeros 6 versículos del libro de los efesios Pablo nos instruye acerca de la bendición de Dios sobre los creyentes recordándonos que fuimos bendecidos con “toda bendición espiritual” y nos habla acerca de la obra de Dios Padre que consistió en escogernos y predestinarnos (darnos un destino) como sus hijos. En los versículos siguientes nos explica, que si bien el Padre diseñó este perfecto plan de salvación, fue Dios Hijo quien lo realizó muriendo en una cruz por todos nosotros. El texto dice así:
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.” Efesios 1:7-12.
Así que resumiendo las bendiciones que tenemos en Cristo podemos decir que somos: Aceptados, redimidos (Jesús pagó nuestro rescate con su vida), llenos de sabiduría e inteligencia espiritual (para andar sin tropezarnos), conocedores de la voluntad de Dios (de su plan de salvación y de sus bendiciones), uno en Cristo (lo que es verdad para Él, es verdad para nosotros), herederos (de su reino) y que tenemos un propósito: “alabar la gloria de su gracia”
Todas las bendiciones de nuestro Padre Celestial a nuestra disposición, todo a través de la obra de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, sin nosotros merecer ninguna cosa, solo porque Dios lo ha querido, porque desde antes de nacer nos amó y nos quiso salvar por la fe en su Hijo Jesús. Oración.
«Gracias señor Jesucristo por el regalo de salvación, gracias por morir en una cruz por mi y darme libertad del pecado y de la muerte. Gracias por abrir la puerta de las bendiciones que Dios Padre me ha dado. Amén.

domingo, 4 de febrero de 2024

Más que bendecidos. Parte 1

 Más que bendecidos. Parte 1

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”, Efesios 1:3
Pablo inicia la carta a los Efesios nada más y nada menos que con esta afirmación: “Bendecidos con toda bendición espiritual” ¿Qué significa esto? Significa que gracias a la obra de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo gozamos de completas e imperecederas bendiciones de Dios para nuestra vida ahora y por la eternidad, siempre y cuando creamos y recibamos a Cristo como nuestro salvador.
Las bendiciones de Dios Padre están resumidas en Efesios 1:3-6 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”
La obra de Dios Padre consistió en diseñar un plan de salvación para la humanidad, en ese plan nos bendijo con toda bendición espiritual primeramente escogiéndonos como a sus amados hijos, incluso antes de la creación del mundo. Esto significa que antes que nacieramos, antes que hubiéramos hecho lo bueno o lo malo, Dios nos amó y decidió salvarnos, permitiéndonos disfrutar de su amorosa paternidad por el resto de la eternidad, esto es lo que conocemos como predestinación (nos dio un destino, un futuro y una esperanza). Este plan que incluye bendición, elección, predestinación, amor, adopción y aceptación desde antes de que naciéramos solo es posible a través de la fe en nuestro Señor Jesucristo, y no es porque lo merezcamos ni mucho menos, sino por “puro afecto de su voluntad”, Dios Padre quiso y eligió amarnos aún sabiendo que no lo merecíamos. Todas estas bendiciones las hemos recibido para “alabanza de la gloria de su gracia”, para glorificarlo como Él se merece que lo hagamos.
Como Pablo podemos decir hoy ¡¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro señor Jesucristo!! Oración.
«Padre de la gloria gracias por las bendiciones totales y completas que me das sin merecer, gracias por mi Señor Jesucristo, por que solo es por medio de Él que tengo esta herencia inconmovible y disponible en la tierra y en la eternidad. Gracias por hacerme tu hijo y darme un futuro lleno de esperanza. Amén.

sábado, 3 de febrero de 2024

Llamados a un propósito

 

Llamados a un propósito


“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”, Salmo 139: 16

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, Romanos 8:28

No fuimos hechos de cualquier manera ni para cualquier cosa. Todos estos años de nuestra vida, desde el momento mismo de la concepción, Dios ha tenido cuidado de nosotros, nos dio un cuerpo físico maravilloso capaz de sobrevivir al milagro de una gestación y un parto por medio del cual percibimos el mundo exterior, nos regaló un temperamento y una personalidad singular, ha venido formando nuestro carácter con el fin de pulirnos y prepararnos para la eternidad y por si fuera poco nos ha dotado de talentos y habilidades que nos hacen seres únicos e inigualables. El propósito sin duda es que con todo lo recibido podamos glorificar a Dios como él quiere que lo hagamos, como está escrito “Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Isaías 43: 7)

Al mirar nuestra vida, muchos podríamos preguntarnos cómo es posible que glorifiquemos al Dios Creador del universo con nuestra manera de vivir, si muchos no somos exactamente un dechado de virtudes. Sin embargo, la Biblia nos enseña que cada hombre y mujer que Dios utilizó tenía los mismos o mayores defectos que la mayoría de nosotros. Al respecto el apóstol Pablo escribe: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” 1 Corintios 1:26 -29.

De esta manera es como Dios mismo, por medio de su gracia suple nuestras debilidades humanas y nos convierte de simples mortales en grandes hombres de Dios; la clave para que esto suceda es disponer nuestro corazón, atender a su llamado y decidir amar a Dios por medio de Cristo. Sin duda Él utilizará todo lo que hemos vivido para bien de nosotros y gloria de Su Nombre.   Oración.

«Padre de la gloria gracias por formarme con esmero y excelencia, gracias por que he sido llamado a ser tu hijo y por darme un propósito eterno en Cristo Jesús. Tu gracia suple mis debilidades. Amén.