miércoles, 23 de junio de 2010

Romano 5

Romano 5 -

CAPÍTULO 5
Versículos 1-5. Los felices efectos de la justificación por la fe en la justicia de Cristo. 6-11. Somos reconciliados por su sangre. 12-14. La caída de Adán llevó a toda la humanidad al pecado y la muerte. 15-19. La gracia de Dios por la justicia de Cristo tiene más poder para traer salvación de lo que tuvo el pecado de Adán para traer la desgracia. 20, 21. Cómo sobreabundó la gracia.

Vv. 1-5.Un cambio bendito ocurre en el estado del pecador cuando llega a ser un creyente verdadero, haya sido lo que fuera. Siendo justificado por la fe tiene paz con Dios. El Dios santo y justo no puede estar en paz con un pecador mientras esté bajo la culpa del pecado. La justificación elimina la culpa y, así, abre el camino para la paz. Esta es por medio de nuestro Señor Jesucristo; por medio de Él como gran Pacificador, el Mediador entre Dios y el hombre.
El feliz estado de los santos es el estado de gracia. Somos llevados a esta gracia. Eso enseña que no nacemos en este estado. No podríamos llegar a ese estado por nosotros mismos, sino que somos llevados a él como ofensores perdonados. Allí estamos firmes, postura que denota perseverancia; estamos firmes y seguros, sostenidos por el poder de Dios; estamos ahí como hombres que mantienen su terreno, sin ser derribados por el poder del enemigo. Y los que tienen la esperanza de la gloria de Dios en el mundo venidero, tienen suficiente para regocijarse en el de ahora.
La tribulación produce paciencia, no en sí misma ni de por sí, pero la poderosa gracia de Dios obra en la tribulación y con ella. Los que sufren con paciencia tienen la mayoría de las consolaciones divinas que abundan cuando abundan las aflicciones. Obra una experiencia necesaria para nosotros.
Esta esperanza no desilusiona, porque está sellada con el Espíritu Santo como Espíritu de amor. Derramar el amor de Dios en los corazones de todos los santos es obra de gracia del Espíritu bendito. El recto sentido del amor de Dios por nosotros no nos avergonzará en nuestra esperanza ni por nuestros sufrimientos por Él.

Vv. 6-11.Cristo murió por los pecadores; no sólo por los que eran inútiles sino por los que eran culpables y aborrecibles; por ésos cuya destrucción eterna sería para la gloria de la justicia de Dios. Cristo murió por salvarnos, no en nuestros pecados, sino de nuestros pecados y, aún éramos pecadores cuando Él murió por nosotros. Sí, la mente carnal no sólo es enemiga de Dios, sino la enemistad misma, capítulo viii, 7; Colosenses i, 21. Pero Dios determinó librar del pecado y obrar un cambio grande. Mientras continúe el estado pecaminoso, Dios aborrece al pecador y el pecador aborrece a Dios, Zacarías xi, 8. Es un misterio que Cristo muriera por los tales; no se conoce otro ejemplo de amor, para que bien pueda dedicar la eternidad en adorar y maravillarse de Él.
Además, ¿qué idea tenía el apóstol cuando supone el caso de uno que muere por un justo? Y eso que sólo lo puso como algo que podría ser. ¿No era que al pasar este sufrimiento, la persona que se quería beneficiar, pudiese ser librada? Pero ¿de qué son librados los creyentes en Cristo por su muerte? No de la muerte corporal, porque todos deben soportarla. El mal, del cual podía efectuarse la liberación sólo de esta manera asombrosa, debe haber sido mucho más terrible que la muerte natural. No hay mal al que pueda aplicarse el argumento, salvo el que el apóstol asevera concretamente, el pecado y la ira , el castigo del pecado determinado por la justicia infalible de Dios.
Y si, por la gracia divina, así fueron llevados a arrepentirse y a creer en Cristo, y así eran justificados por el precio de su sangre derramada y por fe en esa expiación, mucho más por medio del que murió por ellos y resucitó, serán librados de caer en el poder del pecado y de Satanás, o de alejarse definitivamente de él. El Señor viviente de todos concretará el propósito de su amor al morir salvando hasta el último de todos los creyentes verdaderos.
Teniendo tal señal de salvación en el amor de Dios por medio de Cristo, el apóstol declara que los creyentes no sólo se regocijan en la esperanza del cielo, y hasta en sus tribulaciones por amor de Cristo, sino que también se glorían en Dios como el Amigo seguro y Porción absolutamente suficiente de ellos, por medio de Cristo únicamente.

Vv. 12-14.La intención de lo que sigue es clara. Es la exaltación de nuestro punto de vista acerca de las bendiciones que Cristo nos ha procurado, comparándolas con el mal que siguió a la caída de nuestro primer padre; y mostrando que estas bendiciones no sólo se extienden para eliminar estos males, sino mucho más allá. Adán peca, su naturaleza se vuelve culpable y corrupta y así pasa a sus hijos. Así todos pecamos en él. La muerte es por el pecado, porque la muerte es la paga del pecado. Entonces entró toda esa miseria que es la suerte debida al pecado: la muerte temporal, espiritual, y eterna. Si Adán no hubiera pecado no hubiera muerto, pero la sentencia de muerte fue dictada como sobre un criminal; pasó a todos los hombres como una enfermedad infecciosa de la que nadie escapa. Como prueba de nuestra unión con Adán, y de nuestra parte en aquella primera transgresión, observa que el pecado prevaleció en el mundo por mucho tiempo antes que se diera la ley de Moisés. La muerte reinó ese largo tiempo, no sólo sobre los adultos que pecaban voluntariamente, sino también sobre multitud de infantes, cosa que muestra que ellos habían caído bajo la condena en Adán, y que el pecado de Adán se extendió a toda su posteridad. Era una figura o tipo del que iba a venir como Garantía del nuevo pacto para todos los que estén emparentados con Él.

Vv. 15-19.Por medio de la ofensa de un solo hombre, toda la humanidad queda expuesta a la condena eterna. Pero la gracia y la misericordia de Dios y el don libre de la justicia y salvación son por medio de Jesucristo como hombre: sin embargo, el Señor del cielo ha llevado a la multitud de creyentes a un estado más seguro y enaltecido que aquel desde el cual cayeron en Adán. Este don libre no los volvió a poner en estado de prueba; los fijó en un estado de justificación, como hubiera sido puesto Adán si hubiera resistido. Hay una semejanza asombrosa pese a las diferencias. Como por el pecado de uno prevalecieron el pecado y la muerte para condenación de todos los hombres, así por la justicia de uno prevaleció la gracia para justificación de todos los relacionados con Cristo por la fe. Por medio de la gracia de Dios ha abundado para muchos el don de gracia por medio de Cristo; sin embargo, las multitudes optan por seguir bajo el dominio del pecado y la muerte en vez de pedir las bendiciones del reino de la gracia. Pero Cristo no echará afuera a nadie que esté dispuesto a ir a Él.

Vv. 20, 21.Por Cristo y su justicia tenemos más privilegios, y más grandes que los que perdimos por la ofensa de Adán. La ley moral mostraba que eran pecaminosos muchos pensamientos, temperamentos, palabras y acciones, de modo que así se multiplicaban las transgresiones. No fue que se hiciera abundar más el pecado, sino dejando al descubierto su pecaminosidad, como al dejar que entre una luz más clara a una habitación, deja al descubierto el polvo y la suciedad que había ahí desde antes, pero que no se veían. El pecado de Adán, y el efecto de la corrupción en nosotros, son la abundancia de aquella ofensa que se volvió evidente al entrar la ley. Los terrores de la ley endulzan más aun los consuelos del evangelio. Así, pues, Dios Espíritu Santo nos entregó, por medio del bendito apóstol, una verdad más importante, llena de consuelo, apta para nuestra necesidad de pecadores. Por más cosas que alguien pueda tener por encima de otro, cada hombre es un pecador contra Dios, está condenado por la ley y necesita perdón. No puede hacerse de una mezcla de pecado y santidad esa justicia que es para justificar. No puede haber derecho a la recompensa eterna sin la justicia pura e inmaculada: esperémosla ni más ni menos que de la justicia de Cristo.

martes, 22 de junio de 2010

Una perspectiva del perdón

Una perspectiva del perdón

Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Efesios 4:32

Dios fue bondadoso y compasivo con usted, perdonándolo aun cuando no lo merecía. Si basa su actitud hacia los demás en lo que ellos merecen, no ha entendido bien. No grite a los demás, ni los desacredite ni se enoje con ellos, aun cuando lo merezcan. Quienes ejemplifican el carácter de Dios son amorosos, bondadosos, considerados y clementes. Esa es la actitud que Dios espera de los que son sus nuevas criaturas en Cristo. La norma de Dios

Seréis, pues, santos, porque yo soy santo.

Levítico 11:45

La vida cristiana pudiera resumirse en esta declaración: Ser imitadores de Dios. Jesús dij "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mt. 5:48). El apóstol Pedro reiteró esa norma elevada cuando dij "Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo".

Cuanto más se conoce a Dios, tanto más se entiende quién Él quiere que seamos, de modo que lo primero que el creyente debe procurar es conocer a Dios (Fil. 3:10). Eso puede lograrse solo cuando estudiamos el carácter de Dios como se revela en las Escrituras.Sea imitador de Dios

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Efesios 5:1

El imitar a Dios pudiera ser fácil de analizar, pero es difícil de hacer. No puede hacerlo con su propia fuerza. Pero Jesús nos dio en el Sermón del Monte el punto de partida para imitar a Dios. Tenemos que llorar por nuestro pecado con un espíritu quebrantado y contrito. Cuando estemos abrumados por nuestro carácter pecaminoso, tendremos hambre y sed de justicia. Así que hay una paradoja: "Debemos ser como Dios, pero tenemos que reconocer que no podemos ser como Él por nuestro propio esfuerzo".

Una vez que estemos conscientes de la paradoja, entonces sabemos que debe de haber algún otro poder para hacer posible el imitar a Dios. El apóstol Pablo pedía a Dios que nos fortaleciera "con poder en el hombre interior por su Espíritu" (Ef. 3:16). El Espíritu Santo da la fortaleza para que seamos "llenos de toda la plenitud de Dios" (v. 19). Podemos ser como Dios (desde el punto de vista de su carácter), pero no podemos lograrlo por nuestra cuenta. Esa es la obra del Espíritu.

lunes, 21 de junio de 2010


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Palabras de edificación

Palabras de edificación

La que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Efesios 4:29

Si permite que Cristo guarde sus labios, todo lo que diga ha de beneficiar a otras personas. Usted debe estimular y fortalecer espiritualmente a las demás personas. ¿Es eso lo que ocurre cuando habla con ellas? ¿Se van edificadas en Jesucristo? Madres, cuando están con sus hijos durante todo el día, ¿los edifican las palabras de usted? Padres, cuando saca a pasear a sus hijos, ¿sus conversaciones con ellos son edificantes y estimulantes?

El versículo de hoy también indica que debemos dar a los demás la "necesaria" edificación, lo que significa que nuestras palabras satisfagan la necesidad. Cuando yo era niño, cada vez que le decía a mi mamá "¿Sabes lo que hizo fulano?", ella me respondía: "¿Es necesario saberlo?" A menudo lo que yo quería decir era interesante, pero sin duda no era necesario.

Por último, nuestras palabras deben "dar gracia a los oyentes". ¿Bendicen sus palabras a quienes las oyen? ¿Hay gracia en lo que usted dice? Puede estar seguro de que, si permite que el Señor ponga guarda a su boca y deja que su Palabra more en usted, entonces sus palabras serán las palabras de gracia de Dios. Nuestro espíritu misericordioso

No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Efesios 4:30

El Espíritu Santo se entristece cuando los creyentes no cambian su antigua manera de vivir y adoptan la nueva. Siente dolor cuando los creyentes mienten y ocultan la verdad, cuando se enojan y son implacables, cuando roban y se niegan a compartir, y cuando dicen palabras obscenas y no tienen un espíritu misericordioso.

Cuando usted fue salvo, el Espíritu de Dios puso en usted un sello, que declara que usted es de Dios para siempre. Como Él ha sido tan misericordioso que le dio salvación eterna, lo selló para siempre, y ha guardado su salvación hasta el día de la redención, ¿cómo es posible que lo contriste? Él ha hecho tanto por usted que, como muestra de gratitud, no debe contristarlo.

domingo, 20 de junio de 2010

El lenguaje inútil

El lenguaje inútil

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca.

Efesios 4:29

Las frutas podridas huelen muy mal y son inservibles. No queremos estar cerca de ellas, y mucho menos comerlas. Lo mismo ocurre con el lenguaje corrompido. Sean chistes de color subido, palabras obscenas, cuentos sucios o lenguaje grosero, de ninguna manera debe caracterizar eso a un cristiano.

El Salmo 141:3 nos dice cómo eliminar tal lenguaje: "Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios". Si Jesucristo es el guarda de nuestros labios, Él será quien determine lo que sale por ellos. Armados !
Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.
Efesios 6:11

En su «Autobiografía en cinco breves capítulos», Portia Nelson escribe:

· Capítulo 1: Camino por la calle. Hay un pozo profundo en el pavimento. Caigo. No es mi culpa.Tardo una eternidad en salir.

· Capítulo 2: Camino por la misma calle. Hay un pozo profundo en el pavimento. Finjo no verlo. Caigo de nuevo... pero no es mi culpa. Me lleva mucho tiempo poder salir.

· Capítulo 3: Camino por la misma calle. Hay un pozo profundo en el pavimento. Lo veo pero caigo igual...Tengo los ojos abiertos. Sé dónde estoy. Es culpa mía. Salgo inmediatamente.

· Capítulo 4: Camino por la misma calle. Hay un pozo profundo en el pavimento. Lo rodeo y lo evito.

· Capítulo 5: Camino por otra calle. Satanás tiene estrategias y tácticas, y necesitamos formar las nuestras para defendernos de sus tentaciones. Si sabe que en determinada calle hay una tentación... ¡tome una diferente!

Vestirnos con la armadura de Dios significa dar el primer paso para diseñar estrategias que nos hagan resistir las tentaciones y los planes del diablo.

martes, 15 de junio de 2010

Romano 4

Romano 4 -

CAPÍTULO 4
Versículos 1-12. La doctrina de la justificación ejemplificada con el caso de Abraham. 13-22. Recibió la promesa por medio de la justicia de la fe. 23-25. Nosotros somos justificados por la misma vía de creer.

Vv. 1-12.Para enfrentar los puntos de vista de los judíos, el apóstol se refiere primero al ejemplo de Abraham, en quien se gloriaban los judíos como su antepasado de mayor renombre. Por exaltado que fuese en diversos aspectos, no tenía nada de qué jactarse en la presencia de Dios, siendo salvo por gracia por medio de la fe, como los demás. Sin destacar los años que pasaron antes de su llamado y los momentos en que falló su obediencia, y aun su fe, la Escritura estableció expresamente que: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”Génesis xv, 6.
Se observa a partir de este ejemplo que si un hombre pudiera obrar toda medida exigida por la ley, la recompensa sería considerada deuda, que evidentemente no fue el caso de Abraham, puesto que la fe le fue contada por justicia. Cuando los creyentes son justificados por la fe, “les es contado por justicia”, pero la fe de ellos no los justifica como parte, pequeña o grande, de la justicia propia, sino como medio designado de unirlos a Aquel que escogió el nombre por el cual debe llamársele: “Jehová Justicia nuestra”.
La gente perdonada es la única gente bendecida.
Claramente surge de la Escritura que Abraham fue justificado varios años antes de su circuncisión. Por tanto, es evidente que este rito no era necesario para la justificación. Era una señal de la corrupción original de la naturaleza humana. Y era una señal y un sello exterior concebido no solo para ser la confirmación de las promesas que Dios le había dado a él y a su descendencia, y de la obligación de ellos de ser del Señor, sino para asegurarle de igual modo que ya era un verdadero partícipe de la justicia de la fe. Abraham es, de este modo, el antepasado espiritual de todos los creyentes que anduvieron según el ejemplo de su obediencia de fe. El sello del Espíritu Santo en nuestra santificación, al hacernos nuevas criaturas, es la evidencia interior de la justicia de la fe.

Vv. 13-22.La promesa fue hecha a Abraham mucho antes de la ley. Señala a Cristo y se refiere a la promesa, Génesis xii, 3: “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. La ley producía ira al indicar que todo transgresor queda expuesto al descontento divino.
Como Dios tenía la intención de dar a los hombres un título de las bendiciones prometidas, así designó que fuera por la fe, para que sea totalmente por gracia, para asegurársela a todos los que eran de la misma fe preciosa de Abraham, fueran judíos o gentiles de todas las épocas. La justificación y la salvación de los pecadores, el tomar para sí a los gentiles que no habían sido pueblo, fue un llamamiento de gracia de las cosas que no son como si fueran, y esto de dar ser a las cosas que no eran, prueba el poder omnipotente de Dios.
Se muestra la naturaleza y el poder de la fe de Abraham. Creyó el testimonio de Dios y esperó el cumplimiento de su promesa, con una firme esperanza cuando el caso parecía sin esperanzas. Es debilidad de la fe lo que hace que el hombre se agobie por las dificultades del camino hacia una promesa. Abraham no la consideró como tema que admitiera discusión ni debate. La incredulidad se halla en el fondo de todos nuestras dudas de las promesas de Dios. El poder de la fe se demuestra en su victoria sobre los temores. Dios honra la fe y la gran fe honra a Dios.
Le fue contada por justicia. La fe es una gracia que, entre todas las demás, da gloria a Dios. La fe es, claramente, el instrumento por el cual recibimos la justicia de Dios, la redención que es en Cristo; y aquello que es el instrumento por el cual la tomamos o recibimos, no puede ser la cosa misma, ni puede ser así tomado y recibido el don. La fe de Abraham no lo justificó por mérito o valor propio, sino al darle una participación en Cristo.

Vv. 23-25.La historia de Abraham y de su justificación quedó escrita para enseñar a los hombres de todas las épocas posteriores, especialmente a los que, entonces, se les daría a conocer el evangelio. Es claro que no somos justificados por el mérito de nuestras propias obras, sino por la fe en Jesucristo y su justicia; que es la verdad que se enfatiza en este capítulo y el anterior como la gran fuente y fundamento de todo consuelo. Cristo obró meritoriamente nuestra justificación y salvación por su muerte y pasión, pero el poder y la perfección de esas, con respecto a nosotros, depende de su resurrección. Por su muerte pagó nuestra deuda, en su resurrección recibió nuestra absolución, Isaías liii, 8. Cuando Él fue absuelto, nosotros en Él y junto con Él recibimos el descargo de la culpa y del castigo de todos nuestros pecados. Este último versículo es una reseña o un resumen de todo el evangelio.

lunes, 14 de junio de 2010

El justo enojo

El justo enojo

Airaos, pero no pequéis.

Efesios 4:26

Pudiera sorprenderse de que hay tal cosa como el justo enojo, es decir, enojarse por lo que aflige a Dios y estorba sus principios. Pero no debemos enojarnos tanto que cometamos pecado.

No se enoje por sus propios principios. No se enoje cuando alguien lo ofenda. Y no permita que su enojo degenere en resentimiento, amargura o malhumor. Eso está prohibido. El único enojo justificable defiende el grande, glorioso y santo carácter de nuestro Dios.

El enojo egoísta, apasionado, indisciplinado y sin dominio es pecaminoso, inútil y dañino. Debe desterrarse de la vida cristiana. Pero el enojo disciplinado que busca la justicia de Dios es puro, desinteresado y dinámico. Debemos enojarnos por el pecado en el mundo y en la iglesia. Pero no podemos dejar que el enojo se convierta en pecado.El trabajo arduo

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

Efesios 4:28

El robo es un problema común en nuestro mundo. El robo en los centros comerciales ha llegado a convertirse en un problema tan grande que un porcentaje del precio de los artículos cubre la cantidad perdida por los bienes robados. Sea un gran robo o robo de tonterías, el robar de la tienda, robar dinero de un rico o de un miembro de la familia, todo es robo.

Que el cristiano "trabaje", se refiere a trabajo manual, de esfuerzo físico. El trabajo arduo es honorable. Los cristianos debemos esforzarnos en el trabajo para que tengamos lo suficiente para dar a los necesitados, no para que tengamos más de lo que necesitamos. El enfoque mundano de la riqueza es acumular lo que adquirimos. Pero el principio neotestamentario es trabajar duro para que podamos hacer el bien y dar a los necesitados.