sábado, 3 de febrero de 2018
viernes, 2 de febrero de 2018
Entiende tu FORMA
Entiende tu FORMA
Tú creaste mis entrañas; me formaste
En el vientre de mi madre.
Salmos 139:13(NVI)
Sólo tú puedes ser tú.
Dios nos diseñó a cada uno de nosotros de tal manera que no
haya un doble en el mundo. Nadie tiene la misma mezcla exacta de factores que
te hacen único. Eso significa que nadie más en la tierra podrá jugar el papel
que Dios planeó para ti. Si no haces tú contribución especial al cuerpo de
Cristo, ésta no se hará. La Biblia dice: “Hay diferentes tipos de dones
espirituales... diferentes maneras de servicios... diferentes habilidades para
hacer el servicio”. En el capítulo anterior explicamos los primeros dos: tus
dones espirituales y tu oportunidad del corazón. Ahora veremos el resto de tu
FORMA para servir a Dios.
FORMA: RECURSOS PARA USAR
Tus recursos son los talentos naturales con los que naciste.
Algunas personas tiene recursos naturales con las palabras: ¡hablan desde las
entrañas! Otras tienen recursos atléticos innatos, son excelentes en
coordinación física. Otros son buenos en matemáticas, música o mecánica.
Cuando Dios quería que se hiciera el Tabernáculo y todos los
utensilios para la adoración, proveyó artistas y artesanos que fueron formados
con “destreza, habilidad, y conocimiento en todo tipo de manualidades para
hacer diseños artísticos... y para emplear todo tipo de artesanía”.
Aún hoy Dios confiere esas habilidades y miles más, para que
las personas puedan servirle.
Todos nuestros recursos provienen de Dios. Incluso los que
usamos para pecar son dados por Dios, sólo que son mal usados o abusados. La
Biblia dice: “Dios nos ha dado a cada uno de nosotros la habilidad de hacer
bien ciertas cosas”. Dado que las habilidades naturales o recursos provienen de
Dios, son tan importantes y espirituales como tu forma espiritual. La única
diferencia es que ellas te fueron dadas al nacer.
Una de las excusas más comunes de las personas para no servir
es: “Yo no tengo ningún recurso”. Esto es ridículo. Tienes docenas,
probablemente cientos de habilidades no explotadas, no reconocidas y sin uso;
habilidades inactivas dejadas de lado. Muchos estudios han revelado que el
promedio de las personas posee de 500 a 700 diferentes habilidades y destrezas,
más de las que te puedes imaginar.
Por ejemplo, tu cerebro puede almacenar cien trillones de
hechos. Tu mente puede manejar 15.000 decisiones en un segundo, como cuando tu
sistema digestivo está trabajando. Tu nariz puede oler hasta 10.000 diferentes
olores. Tu tacto puede efectuar miles de contactos diarios y tu lengua puede
saborear una parte de quinina en dos millones de partes de agua. Eres un
increíble legajo de habilidades, una maravillosa creación de Dios. Parte de la
responsabilidad de la iglesia es identificar y lanzar tus habilidades para el
servicio de Dios.
Cada recurso puede usarse para la gloria de Dios.
Pablo dijo: “Cualquier cosa que hagas, hazlo todo para la
gloria de Dios”. La Biblia está llena de ejemplos de habilidades diferentes que
Dios usa para su gloria. Aquí hay algunas mencionadas en la Escritura:
habilidad artística, habilidad arquitectónica, administrativa, bancaria,
naviera, para hacer caramelos, debatir, diseñar, embalsamar, bordar, cincelar,
cultiva, pescar, dirigir, manejar, construir, hacer música, armas, coser,
pintar, plantar, filosofar, inventar, carpintería, navegar, vender, ser
soldado, marino, enseñar, escribir literatura y poesía. La Biblia dice: “Hay
habilidades diferentes para desempeñar el servicio, pero es el mismo Dios quien
da la habilidad a todos para su servicio particular”. Dios tiene un lugar en su
iglesia donde tu especialidad puede brillar y puedes hacer la diferencia. Queda
de tu parte encontrar ese lugar.
Dios da la habilidad a ciertas personas de hacer mucho
dinero. Moisés les dijo a los israelitas: “Recuerden al Señor su Dios, porque
Él es quien les da la habilidad de producir riquezas”. Las personas con esta
habilidad son buenas levantando negocios, haciendo ventas y tratos y obteniendo
ganancias. Si tienes esta habilidad para comerciar, debes usarla para la gloria
de Dios. ¿Cómo? Primero, capta tu habilidad, entrégala a Dios y dale el
crédito. Segundo, usa tu negocio para servir a otros y para compartir tu fe con
los incrédulos. Tercero, devuelve al menos el diez por ciento de las ganancias
a Dios como acto de adoración. Finalmente, alcanza tu meta: ser edificador del
reino más que edificador de riquezas. Explicaré esto en el capítulo 34.
Lo que soy capaz de hacer, eso es lo que Dios quiere que
haga. Tú eres la única persona en la tierra que puede usar tus habilidades.
Nadie puede jugar tu papel, porque nadie más tiene la forma única que Dios te
ha dado. La Biblia dice que Dios te equipó “con todo lo que necesitas para hacer
su voluntad”. Para descubrir la voluntad de Dios para tu vida, debes examinar
seriamente en qué eres bueno y en qué no. Si Dios no te dio habilidad para
entonar una melodía, seguro que no espera que seas cantante de ópera. Él nunca
te pedirá que dediques tu vida a una tarea para la que no tengas talento. Por
otra parte, las habilidades que tienes son señales fuertes de lo que dios
quiere que hagas con tu vida. Hay indicios que te permiten conocer cuál es la
voluntad de Dios para ti. Si eres bueno diseñando, o reclutando, o dibujando u
organizando, es muy seguro asumir que el plan de dios para tu vida incluye esa
habilidad en alguna manera. Dios no desperdicia recursos, Él preparará nuestro
llamado con nuestras capacidades.
Tus recursos no te fueron dados para subsistir, Dios te los
dio para tu ministerio. Pedro dijo: “Dios Les ha dado a cada uno de ustedes
algunas habilidades especiales; asegúrense de usarlas para ayudarse cada uno,
compartiendo con otros los muchos tipos de bendiciones de parte de Dios”.
En este momento, cerca de 7.000 personas están usando sus
habilidades ministeriales en la Iglesia Saddleback, proveyendo los más variados
tipos de servicio que te puedas imaginar: reparando carros donados para darlos
a los necesitados; haciendo los mejores convenios para las compras de la
iglesia en jardinería, organizando archivos, diseñando arte, elaborando
programas, construyendo, proveyendo cuidados de salud, preparando comidas,
componiendo canciones, enseñando música, escribiendo grandes propuestas, entrenando
equipos, haciendo investigaciones para sermones o traduciéndolos, y cientos de
otras tareas especializadas. A los nuevos miembros se les dice: “¡Cualquier
cosa que hagas bien, debes ponerla al servicio de tu iglesia!”
FORMA: MI PERSONALIDAD CUENTA
Con frecuencia no nos damos cuenta de lo verdaderamente
únicos que somos cada uno de nosotros. Las moléculas de ADN pueden unirse en
una gama de números infinitos. El número es 10 elevado a la 2.400.000.000. Esta
es la probabilidad de encontrar alguien parecido a ti. Si escribieras ese
número con cada cero, ¡necesitarías una tira de papel de dos centímetros de
ancho por 59.544 kilómetros de largo!
Para poner esto en perspectiva algunas científicos han
sugerido que todas las partículas en el universo con probablemente menos de 10
con 76 ceros detrás, mucho menos que las posibilidades de tu ADN.
Tu singularidad es un hecho de vida científico. Cuando Dios
te hizo, rompió el molde. Nunca ha existido ni existirá alguien exactamente
igual a ti.
Es obvio que a Dios le gusta la variedad, ¡mira alrededor! Él
nos creó a cada uno con una combinación única de atributos personales. Dios
hace a los introvertidos y los extrovertidos. A personas “pensadoras” y
“perceptivas”. Algunas trabajan mejor cuando se le asigna un trabajo individual
mientras que otras trabajan mejor en equipo. La Biblia dice: “Dios obra a
través de personas diferentes en maneras diferentes, pero es el mismo Dios
quien cumple su propósito a través de todos ellos”. La Biblia nos da abundante
prueba de que Dios usa todo tipo de personalidades. Pedro era sanguíneo. Pablo
era un colérico. Jeremías era melancólico. Cuando miras las personalidades
diferentes en los doce discípulos, es fácil ver por qué algunas veces tenían
conflictos entre ellos.
No hay temperamentos “correctos” o “equivocados” en el
ministerio. Necesitamos todo tipo de personalidades para tener un balance en la
iglesia y darle sabor. El mundo sería un lugar muy aburrido si todos fuéramos
simplemente vainilla. Afortunadamente, las personas vienen en más de treinta y
un sabores.
Tu personalidad afectará cómo y dónde uses tus dones
espirituales y recursos. Por ejemplo, dos personas pueden tener el mismo don de
evangelizar, pero si una es introvertida y la otra es extrovertida, ese don se
expresará en maneras diferentes.
Los carpinteros saben cuán fácil es trabajar con una textura
granular. De la misma manera pasa cuando estás forzado a ministrar de una
manera que es”ajena” a tu temperamento, porque crea tensión, incomodidad,
requiere fuerzas y energías extras, y produce menos que mejores resultados.
Este es el meollo de por qué imitar el ministerio de alguien nunca resulta. Tú
no tienes su personalidad. Por otra parte, ¡Dios te hizo para que seas tú!
Puedes aprender del ejemplo de otros, pero debes depurar lo que aprendes a
través de tu propia forma. En la actualidad hay muchos libros y herramientas
que pueden ayudarte a entender tu personalidad de manera que puedas determinar
cómo usarla para Dios.
Así como los vitrales, nuestras personalidades reflejan la
luz de Dios en muchos colores y modelos. Esto bendice a la familia de Dios con
profundidad y variedad. También nos bendice personalmente. Te sientes bien
cuando haces lo que Dios quiere que hagas. Cuando ministras de manera
congruente con la personalidad que Dios te dio, experimentas realización
personal, satisfacción y productividad.
FORMA: ANTECEDENTES (SIRVEN PARA ALGO)
Tú has sido formado por tus antecedentes en la vida, tus
experiencias, la mayoría de las cuales estuvo fuera de tu control. Dios
permitió todas ellas para su propósito de moldearte. Para determinar tu forma
para servir a Dios, debes examinar por lo menos seis tipos de experiencias:
§ Familiares: ¿Qué aprendiste al crecer en tu familia?
§ Educacionales: ¿Cuál fue tu materia favorita en la escuela?
§ Vocacionales: ¿En cuál trabajo has sido más eficiente y
cuál has disfrutado más?
§ Espirituales: ¿Cuál ha sido tu momento más importante con
Dios?
§ Ministerio: ¿Cuánto has servido a Dios en el pasado?
§ Dolorosas: ¿Qué has aprendido de los problemas, lesiones,
aguijones y pruebas?
Es esta última categoría, la de las experiencias dolorosas,
la que dios usa la mayoría de las veces para prepararte para su ministerio.
¡Dios nunca desperdicia el dolor! De hecho, el ministerio más grandioso surgirá
de tu dolor más grande. ¿Quién puede ministrar a los padres de un niño con
síndrome de Down sino otra pareja que tenga un niño en la misma condición?
¿Quién puede ayudar mejor a un alcohólico a superarse que alguien que haya
luchado contra ese demonio y logró su libertad? ¿Qué mejor apoyo para una
esposa cuyo esposo la dejó por un romance, que el de una mujer que ya pasó por
esa agonía?
Dios intencionalmente permite que atravieses por experiencias
dolorosas para equiparte para que ministres a otros. La Biblia dice: “Él nos
consuela en todos nuestros problemas de manera que podamos consolar a otros.
Cuando otros están en problemas, debemos estar dispuestos a darles a ellos el
mismo consuelo que Dios nos ha dado”.
Si realmente deseas ser usado por Dios, debes entender una
verdad poderosa: las experiencias que más te han dejado resentido y lastimado
en la vida, las que has ocultado y has olvidado, son las que Dios quiere que
uses para ayudar a otros. ¡Ellas son tu ministerio!
Para que Dios use tus experiencias dolorosas debes estar
dispuesto a compartirlas. Debes dejar de cubrirlas, y honestamente admitir tus
faltas, fallas y temores. Quizás haciendo esto hagas tu ministerio más
efectivo. Las personas se animan más cuando les compartimos la manera en que la
gracia de Dios nos ayudó en nuestra debilidad, más que jactarnos de nuestras
fortalezas.
Pablo entendió esta verdad, de manera que fue sincero acerca
de su contienda con la depresión. Él admitió: “Él nos mantendrá firmes hasta el
fin, para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel
es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro
Señor: Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que
todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se
mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito”.
Si pablo hubiese ocultado su experiencia de duda y depresión
como un secreto, millones de personas nunca se habrían beneficiado de ella.
Los antecedentes, sólo si son compartidos, ayudan. Aldous
Huxley dijo: “La experiencia no es lo que te pasa a ti. Es lo que hacen con lo
que te pasa”. ¿Qué harás con lo que has tenido que pasar? No deseches tu dolor,
úsalo para ayudar a otros.
Como ya hemos visto las cinco maneras en que Dios te ha
formado para el servicio, espero que tengas un aprecio más profundo por la
soberanía de Dios y una idea más clara de cómo te ha preparado para el
propósito de servirle. Usar tu FORMA es el secreto para ambas cosas: la
eficiencia y el cumplimiento del ministerio. Serás más efectivo cuando uses tus
dones espirituales y tus habilidades en el área que tu corazón desea, y en la
manera que mejor exprese tu personalidad y experiencia. Mientras mejor te
capacites y uses tus recursos, más exitoso serás.
DÍA TREINTA Y UNO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO
Punto de reflexión: Nadie puede ser yo.
Versículo para recordar: “Cada uno ponga al servicio de los
demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en
sus diversas formas”. 1º Pedro 4:10 (NVI).
Pregunta para considerar: Lo que Dios me da, habilidades o
experiencias personales, ¿puedo ofrecerlas a mi iglesia?
jueves, 1 de febrero de 2018
Formado para servir a Dios
Formado para servir a Dios
“Me hiciste con tus propias manos;
Tú me diste forma”.
Job 10:8 (NVI)
“El pueblo que yo me he formado
Contará mis alabanzas”.
Isaías 43:21 (PAR)
Fuiste formado para servir a Dios.
Dios formó a cada criatura de este planeta con un área
especial de habilidades. Algunos animales corren, otros saltan, otros nadan,
otros se encuevan, y otros vuelan. Cada uno tiene un papel particular a jugar,
basado en la manera en que fueron formados por Dios. Lo mismo pasa con los
seres humanos. Cada uno de nosotros fue diseñado de manera única, formado para
hacer ciertas cosas.
Antes de diseñar un nuevo edificio, lo primero que se
pregunta un arquitecto es: “¿Cuál será su propósito? ¿Cómo será usado?” La
función intenta siempre determinar la forma del edificio. Antes que Dios te
hiciera, decidió qué rol quería que jugaras en la tierra. Él planeó con
exactitud cómo quería que lo sirvieras, y te formó para esa tarea. Eres de la
manera que eres, porque fuiste hecho para un ministerio específico.
La Biblia dice: “Porque somos hechura de Dios, creados en
Cristo Jesús para buenas obras”. La palabra poema viene del griego que
significa “hechura”, “artesanía”. Eres una obra de arte hecha a mano por Dios.
No eres hecho en una línea de producción, ni ensamblado ni producido en
cantidades industriales. Eres un diseño hecho a la medida, una pieza original.
Dios deliberadamente te hizo y te formó para que le sirvieras de cierta manera
que hace que tu ministerio sea único. Con sumo cuidado mezcló un cóctel de ADN
con el que te hizo. David alabó a Dios por ese increíble cuidado personal y lo
detalla: “Tú hiciste todo lo delicado, las partes interiores de mi cuerpo y las
uniste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme maravillosamente
complejo! Tu hechura es prodigiosa”. Como Ethel Waters dice: “Dios no hace
chatarra”.
Dios no sólo te formó antes que nacieras, sino que planeó
cada día de tu vida para apoyar su proceso para formarte. David continúa
diciendo: “Cada día de mi vida fue grabado en tu libro. Cada momento fue
organizado antes de que el día pasara”. Eso quiere decir que nada de lo que
pasa en tu vida es irrelevante. Dios usa todo eso para formarte para que
ministres a otros y te forma para servirlo a él. Dios no desperdicia nada. Él
no te daría habilidades, intereses, talentos, dones, personalidad y
experiencias a menos que tenga la intención de usarlos para su gloria. Si
identificas y entiendes esos factores puedes descubrir la voluntad de Dios para
ti.
La Biblia dice que eres “maravillosamente complejo”. Eres una
combinación de muchos factores diferentes. Para ayudarte a recordar cinco de
esos factores, hice un acróstico sencillo con la palabra FORMA (indistintamente
usaré cualquier sinónimo de esta palabra).
En este capítulo y el próximo estudiaremos esos cinco
factores y le daremos seguimiento, te explicaré cómo descubrirlos y usarlos.
CÓMO TE FORMA DIOS PARA TU MINISTERIO
Siempre que Dios nos da una asignación, nos equipa con lo que
necesitamos para cumplirla. A esta combinación de aptitudes se le llama moldear
o dar FORMA:
Formación espiritual
Oportunidades
Recursos
Mi personalidad
Antecedentes
FORMA: FORMACIÓN ESPIRITUAL
Dios le da a cada creyente dones espirituales para usarlos en
el ministerio. Son habilidades especiales dadas por dios a los creyentes para
servirle. La Biblia dice: “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede
del Espíritu de Dios”. No puedes obtener los dones espirituales o merecerlos,
ya que son regalos. Son una expresión de la gracia de Dios para ti. “Cristo ha
repartido generosamente sus dones en nosotros”. No puedes escoger los dones que
quieras tener; Dios es quien los determina. Pablo explica: “Todo esto lo hace
un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina”.
Puesto que Dios ama la variedad y quiere que seamos
especiales, no nos dio el mismo don a todos. Por otra parte, ningún individuo
recibe todos los dones. Si los tienes todos, no tienes necesidad de otro, y eso
podría estropear algunos de los propósitos de Dios; Él nos enseña a depender
unos de otros.
Tus dones espirituales no se te dieron para tu propio
beneficio sino para el de otros, así como los de ellos son para tu beneficio.
La Biblia dice: “A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu
para el bien de los demás”. Dios lo planeó así para que tuviéramos necesidad
unos de otros. Cuando usamos nuestros dones juntos, todos nos beneficiamos. Si
otros no los usan, no los disfrutas, y si no usas los tuyos, ellos tampoco se
benefician. Ese es el motivo por el que se nos manda descubrir y desarrollar
nuestros dones espirituales. ¿Has invertido tiempo en descubrir cuáles son tus
dones espirituales? Un don sin descubrir no vale nada.
Olvidar esas verdades básicas acerca de los dones, siempre
causa conflictos en las iglesias. Dos problemas comunes son los “dones de
envidia” y los “dones de imitación”. El primero ocurre cuando comparamos
nuestros dones con los de otros; nos sentimos insatisfechos con lo que Dios nos
dio, y empezamos a resentirnos y a sentir celos de la manera en que Dios usa a
otros. El segundo problema sucede cuando esperamos que los demás tengan nuestro
mismo don, realicen la misma labor que fuimos llamados a hacer y sientan la
misma pasión que sentimos al hacerla. La Biblia dice: “Hay diversas maneras de
servir; pero un mismo Señor”.
Algunas veces los dones espirituales se enfatizan tanto que
descuidamos otros factores que Dios usa al formarnos para su servicio. Tus
dones revelan la llave para descubrir la voluntad de dios para tu ministerio,
pero ellos no lo son todo. También, Dios te ha moldeado en otras cuatro
maneras.
FORMA: OPORTUNIDADES PARA TU CORAZÓN
La Biblia usa el término corazón para describir el manojo de
deseos, esperanzas, intereses, ambiciones, sueños y afectos que posees, en fin,
oportunidades. Tu corazón es la fuente de todas tus motivaciones, lo que amas
hacer y lo que más cuidas. Aún hoy usamos la palabra de esta manera cuando
decimos: “Te amo con todo mi corazón”.
La Biblia indica: “En el agua se refleja el rostro, y en el
corazón se refleja la persona”. Tu corazón revela lo real de ti, lo que eres
verdaderamente, no lo que otros piensan de ti o lo que las circunstancias te
impulsan a ser. Tu corazón representa la fuente de tus motivaciones, por qué
actúas en la forma en que lo haces.
Físicamente, cada uno de nosotros tiene latidos del corazón
característicos. Así como cada uno tiene huellas dactilares únicas, tono de
voz, etc., no hay dos latidos de corazón idénticos. Es asombroso que entre
todos los billones de personas que viven, no haya otra que tenga los latidos
del corazón exactamente igual a los tuyos.
De la misma manera, Dios nos ha dado a cada uno “un latido”
emocional” único que se apresura cuando pensamos acerca de temas, actividades o
circunstancias que nos interesan. Instintivamente ponemos más atención a
ciertas cosas que a otras. Esos son indicios que señalan dónde debes servir.
Otra palabra que tiene que ver con el corazón es pasión. Hay
ciertos temas que te apasionan y otros que no te interesan. Algunas
experiencias captan tu atención mientras otras pasan inadvertidas o te aburren.
Eso revela la naturaleza de tu corazón.
Mientras crecías, puede que hayas descubierto algunas cosas
muy interesantes, las cuales no le interesaban a nadie más en tu familia. ¿De
dónde proceden esos intereses? Provienen de Dios. Él tiene un propósito al
darte esos intereses natos. Tu latido emocional es la segunda llave para entender
tu forma para servir. No ignores tus intereses. Considera cómo podrías usarlos
para la gloria de dios. Debe haber una razón por la que te agrada hacer esas
cosas.
La Biblia declara con insistencia: “Sirve al Señor con todo
tu corazón”. Dios quiere que le sirvas con pasión, no por obligación. Las
personas rara vez dan lo mejor de sí al realizar tareas que no disfrutan. Dios
quiere usar tus intereses naturales para servir a otros y a Él. Escuchar tu
motivación interna puede apuntar al ministerio que Dios quiere que tengas.
¿Cómo sabes que le sirves a Dios con tu corazón? La primera
señal es el entusiasmo. Cuando haces algo que te gusta, nadie tiene que
motivarte o retarte. Lo haces por puro gozo. No necesitas recompensas o
aplausos o pagos, porque disfrutas sirviendo de esa manera. Lo opuesto también
es cierto, cuando no tienes corazón para hacer algo, te desanimas con
facilidad.
La segunda característica de servir a Dios con todo tu
corazón es la efectividad. Cuando haces algo para lo que dios te hizo amar, entonces
das lo mejor de ti. La pasión exige perfección. Si no te interesa una tarea,
probablemente no es lo mejor. En contraste, las personas que logran metas en
cualquier campo son las que hacen las cosas con pasión, no por obligación o
ganancia.
Oímos a la gente decir: “Acepté un trabajo que detesto; lo
que deseo es hacer dinero, así que algún día renunciaré y haré lo que me gusta
hacer”. Ese es un error muy grave. No pierdas tu vida en un trabajo que no
exprese tu corazón. Recuerda, lo más grande en la vida no son las cosas. Vivir
una vida con propósito es más importante que todo el dinero del mudo. El hombre
más rico del mundo, Salomón, dijo una vez: “Una vida simple en el temor de Dios
es mejor que una vida rica con una tonelada de dolores de cabeza”.
No te conformes con buscar “la buena vida”, porque no es lo
suficientemente buena. Al fin y al cabo no satisface. Puedes tener mucha vida y
aun así no tener nada por lo cual vivir. En vez de que tu meta sea “una vida
mejor”, sirve a Dios en una forma que expreses tu corazón. Descubre lo que te
gusta hacer, lo que Dios te puso en el corazón, y hazlo para su gloria.
Esa es tu oportunidad.
DÍA TREINTA
PENSANDO EN MI PROPÓSITO
Punto de reflexión: Fui moldeado para servir a Dios.
Versículo para recordar: “Dios obra a través de personas
diferentes en maneras diferentes, pero es el mismo Dios que cumple su propósito
a través de todos ellos”. 1º Corintios 12:6 (PAR).
Pregunta para considerar: ¿De qué manera puedo verme
sirviendo y amando a otros apasionadamente?
miércoles, 31 de enero de 2018
FUISTE FORMADO PARA SERVIR A DIOS
PROPÓSITO Nº 4
FUISTE FORMADO PARA SERVIR A DIOS
¿Qué somos?... Nada más que servidores por medio
De los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que
El Señor le asignó a cada uno. Yo sembré, Apolos regó,
Pero Dios ha dado el crecimiento.
1º Corintios 3:5-6 (PAR)
Acepta tu asignación
Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús
Para buenas obras, las cuales dios dispuso de antemano
A fin de que las pongamos en práctica.
Efesios 2:10 (NVI)
Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado
A cabo la obra que me encomendaste.
Juan 17:4 (NVI)
Fuiste puesto en la tierra para aportar algo.
No fuiste creado sólo para consumir sus recursos, para comer,
respirar y ocupar espacio. Dios te diseñó para que hicieras una diferencia con
tu vida. Hay muchos libros que ofrecen consejo en cuanto a cómo obtener una
mejor calidad de vida, que por cierto no es la razón por la que Dios te hizo.
Fuiste creado para añadir vida a la tierra, no para quitársela. Dios quiere que
le des algo a cambio. Este es el cuarto propósito de Dios para tu vida, lo que
llamamos tu “ministerio” o servicio. La Biblia nos da los detalles.
Creados para servir a Dios. La Biblia dice: “Dios nos creó
para una vida de obras buenas, las cuales ha preparado para nosotros”. Esas
“buenas obras” son tu servicio. Siempre que sirves a otros de cualquier manera,
verdaderamente estás sirviendo a Dios y cumpliendo uno de tus propósitos. En
los dos capítulos siguientes verás cómo Dios te ha formado para este propósito.
Lo que dios le dijo a Jeremías también es válido para ti:
“Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras,
ya te había apartado”. Fuiste puesto en este planeta para cumplir una
asignación especial.
Salvado para servir a Dios. La Biblia afirma: “Él es quién
nos salvó y escogió para su obra santa, no porque lo merecíamos sino porque
estaba en su plan”. Dios te redimió para que hicieras su “obra santa”. Tú no
eres salvo por buenas obras, sino para buenas obras. En el reino de Dios,
tienes un lugar, un propósito, un rol y una función a cumplir. Esto le da a tu
vida un gran significado y valor.
Costó la propia vida de Jesús comprar tu salvación. La Biblia
nos recuerda que fuimos “comprados por un precio”. No servimos a Dios por
miedo, por culpa o por obligación, sino con gozo y profunda gratitud por lo que
ha hecho por nosotros.
A Él debemos nuestras vidas. Gracias a su salvación nuestro
pasado ha sido perdonado, nuestro presente tiene significado y nuestro futuro
está asegurado. A la luz de esos beneficios increíbles, Pablo concluyó:
“Tomando en cuenta la misericordia de Dios... ofrezcan sus vidas como
sacrificio vivo, dedicado a su servicio”.
El apóstol Juan enseñó que nuestro servicio a otros en amor
muestra que verdaderamente fuimos salvados. Él dijo: “Nosotros sabemos que
hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos”. Si no
amo a los demás ni deseo servirles, y si sólo estoy concentrado en mis
necesidades; debería preguntarme si Cristo está realmente en mi vida. Un
corazón salvado es uno que quiere servir.
Otro término para el servicio de Dios, mal interpretado por
la mayoría de las personas, es la palabra ministerio. Cuando la mayoría de las
personas la escuchan, piensan en pastores, sacerdotes y clérigos profesionales,
pero Dios dice que cada miembro de su familia es un ministro. En su Palabra,
los vocablos servidor y ministro son sinónimos, igual que servicio y
ministerio. Si eres cristiano, eres un ministro y cuando estás sirviendo, estás
ministrando.
Cuando la suegra de Pedro enfermó y fue sanada por el Señor,
instantáneamente “se levantó y comenzó a servirle”, aplicando la recepción del
don de la salud. Esto es lo que nosotros debemos hacer. Fuimos sanados para
ayudar a otros. Fuimos bendecidos para ser de bendición. Fuimos salvados para
servir, no para sentarnos y esperar el cielo.
¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios no nos llevó de
inmediato al cielo en el momento que aceptamos su gracia? ¿Por qué nos deja en
un mundo caído? Él nos puso aquí para cumplir con sus propósitos. Una vez que
has sido salvado, Dios intenta usarte en sus planes. Él te tiene un ministerio
en su iglesia y una misión en el mundo.
Llamado para servir a Dios. A medida que crecías, pudiste
haber pensado que ser “llamado” por Dios era algo para misioneros, pastores,
monjas y otros trabajadores de “tiempo completo”; pero la Biblia dice que cada
cristiano es llamado a servir. Tu llamado a la salvación incluye el llamamiento
a servir. Ambos son lo mismo. Cualquiera que sea tu trabajo o carrera, estás
llamado al servicio cristiano a tiempo completo. Un “cristiano que no sirve”
por definición es una contradicción.
La Biblia dice: “Él nos salvó y nos llamó a ser su pueblo, no
por lo que hemos hecho sino según su propósito”. Pedro añade: “Fueron escogidos
para hablar de las excelentes cualidades de Dios, quien los llamó. En el
momento en que usas las habilidades que Dios te dio para ayudar a otros, estás
cumpliendo con tu llamado.
La Biblia afirma: “Ahora perteneces a Él... de manera que puedas
ser usado para el servicio de Dios”. ¿Cuánto de tu tiempo estás usando en
servir a Dios? En algunas iglesias en China, a los nuevos creyentes les dan la
bienvenida diciendo: “Jesús ahora tiene un nuevo par de ojos para ver, nuevos
oídos para escuchar, nuevas manos para ayudar y un nuevo corazón para amar a
otros”.
Una de las razones por las que necesitas integrarte a la
familia de la iglesia es para cumplir de forma práctica con tu llamado a servir
a otros creyentes, todo es importante. La Escritura indica: “Todos ustedes
juntos son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es una parte necesaria y
separada de éste”. Tu servicio se necesita con desesperación en el cuerpo de
Cristo; pregunta en cualquier iglesia local. Cada uno de nosotros tenemos un papel
a desempeñar; cada papel es importante. En ningún sentido hay servicio pequeño
para Dios.
Tampoco hay ministerios insignificantes en la iglesia.
Algunos son visibles y otros se desarrollan detrás del escenario, pero todos
son valiosos. Los ministerios, pequeños o escondidos, a veces hacen una inmensa
diferencia. En mi hogar, la luz más importante no es la del gran candelabro que
está en el comedor, sino la de la pequeña lamparita de noche que impide que me
golpee el dedo del pie cuando me levanto en la noche. No hay correlación entre
tamaño e importancia. En asuntos del ministerio, todos dependemos unos de
otros.
¿Qué pasa cuando una parte del cuerpo falla? Te enfermas. El
resto de tu cuerpo sufre. Imagínate si tu hígado decidiera comenzar a vivir por
sí mismo: “¡Estoy cansado! ¡No quiero servir más a este cuerpo! Quiero un año
de descanso; que sólo me alimenten. ¡Tengo que hacer lo mejor para mí! Deja que
otro tome mi lugar. ¿Qué podría pasar? Tu cuerpo podría morir. Hoy miles de
iglesias locales están muriendo porque los cristianos se rehúsan a servir. Se
sientan como espectadores, mientras el cuerpo sufre.
Se te manda servir a Dios. Jesús fue inerrable: “Tú actitud
debe ser igual a la mía, porque yo, el Mesías, no vine a ser servido sino a
servir y a dar mi vida”. Para los cristianos, el servicio no es opcional, sino
algo que debe estar arraigado en nuestros horarios si escatimamos el tiempo. Es
el corazón de la vida cristiana. Jesús vino “a servir” y “a dar”, y esos dos
verbos también pueden definir tu vida en la tierra. Servir y dar, en resumen,
son el cuarto propósito de Dios para tu vida. La Madre Teresa dijo una vez:
“Vivir en santidad es hacer la obra de Dios con una sonrisa”.
Jesús enseñó que la madurez espiritual nunca es un fin en sí
mismo. ¡La madurez es para ministrar! Maduramos para dar. No es suficiente
seguir aprendiendo más y más. Debemos poner en acción lo que conocemos y poner
en práctica lo que proclamamos creer. Impresión sin expresión causa depresión.
El estudio sin servicio conlleva a un estancamiento espiritual. La antigua
comparación entre el mar de Galilea y el Mar Muerto aún es cierta. Galilea es
un lago lleno de vida que recibe agua pero también da. En contraste, nada vive
en el mar Muerto, porque no tiene salida de agua, está estancado.
Lo último que muchos creyentes necesitan es otro estudio
bíblico más. Ya saben más de lo que ponen en práctica. Lo que necesitan son
experiencias sirviendo en lo que puedan ejercitar sus músculos espirituales.
El servicio es lo opuesto a nuestra inclinación natural. La
mayoría del tiempo nos interesamos más en que “nos sirvan” que servir. Decimos:
“Estoy buscando una iglesia que supla mis necesidades y me sea de bendición”,
en vez de decir: “busco un lugar para servir y ser de bendición”. Esperamos que
otros nos sirvan, no al contrario. Pero en cuanto maduramos en Cristo, el foco
de nuestras vidas debe cambiar cada vez más para vivir sirviendo. El seguidor
maduro de Jesús se para y pregunta: “¿Quién va a suplir mis necesidades?” y
vuelve a pregunta: “¿Qué necesidades puedo satisfacer?” ¿Te has hecho esa
pregunta?
CÓMO PREPARARSE PARA LA ETERNIDAD
Al final de tu vida en la tierra te presentarás delante de
Dios, y Él evaluará cuán bien les serviste a otros con tu vida.
La Biblia afirma: “Cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta
personalmente a Dios”. Medita en las implicaciones de esto. Un día dios
comparará cuánto tiempo y energía gastamos en nosotros mismos comparado con lo
que invertimos en servir a otros.
A esa altura, todas nuestras excusas egocéntricas sonarán
vacías: “Estaba muy ocupado” o “Tenía mis propias metas” o “Estaba preocupado
con el trabajo, con la diversión o preparándome para la jubilación”. Para todas
esas excusas Dios responderá: “Lo siento, respuesta equivocada”. Yo te hice, te
salvé, te llamé y te mandé a vivir una vida de servicio. ¿Qué parte no
entendiste?” La Biblia advierte a los no creyentes: “Él derramará su furia y su
ira en aquellos que viven para sí mismos”, pero para los cristianos esto
significará una pérdida de recompensas eternas.
Sólo estamos completamente vivos cuando ayudamos a otros.
Jesús dijo: “Si insistes en salvar tu vida, la perderás. Sólo aquellos que dan
sus vidas por mi causa y por la causa de las buenas nuevas siempre conocerán lo
que esto significa en la vida realmente”. Esta verdad es tan importante que se
repite cinco veces en los Evangelios. Si no estás sirviendo, sólo estás
existiendo; porque la vida se creó para ministrar. Dios quiere que aprendas a
amar y servir a otros con abnegación.
SERVICIO Y SIGNIFICADO
Vas a dar tu vida por algo. ¿Será por una carrera
profesional, por un deporte, un entretenimiento, fama o riquezas? Nada de eso
tiene importancia duradera. El servicio es el camino a la significación real.
Es a través del ministerio que descubrimos el significado de nuestras vidas. La
Biblia afirma: “Cada uno de nosotros encuentra su función y significado como
parte de su cuerpo”. Es en el servicio unido a la familia de Dios, que nuestras
vidas cobran relevancia eterna. Pablo dice: “Quiero que pienses en cómo todo
esto te hace más significativo, no menos... porque tú eres una parte”.
Dios quiere usarte para marcar una diferencia en su mundo. Él
quiere trabajar a través de ti. No importa la duración de tu vida sino la
donación de la misma. No cuánto tiempo viviste, sino cómo lo hiciste.
Si no estás involucrado en ningún servicio o ministerio, ¿qué
excusa has estado usando? Abraham era viejo, Jacob inseguro, Lea sin atractivo,
José fue abusado, Moisés tartamudeaba, Gedeón era pobre, Sansón code pendiente,
Rahab una inmoral, David tuvo una amante y todo tipo de problemas familiares,
Jeremías estaba deprimido, Jonás era rebelde, Noemí una viuda, Juan el Bautista
un excéntrico, Pedro impulsivo, Marta preocupada por todo, la samaritana
fracasada en varios matrimonios, Zacarías era impopular, Tomás tuvo dudas,
Pablo tuvo una salud pobre y Timoteo era tímido. Esta es efectivamente una
variedad de individuos que no se adaptan muy bien al ambiente, pero dios los
usó a cada uno de ellos para su servicio. También te usará a ti, si dejas de
dar excusas.
DÍA VEINTINUEVE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO
Punto de reflexión: El servicio no es opcional.
Versículo para recordar: “Porque somos hechura de Dios,
creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano
a fin de que las pongamos en práctica”. Efesios 2:10 (NVI).
Pregunta para considerar: ¿Qué es lo que me impide aceptar el
llamado de Dios para servirle?
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