viernes, 2 de febrero de 2018

Entiende tu FORMA

Entiende tu FORMA

Tú creaste mis entrañas; me formaste
En el vientre de mi madre.
Salmos 139:13(NVI)

Sólo tú puedes ser tú.

Dios nos diseñó a cada uno de nosotros de tal manera que no haya un doble en el mundo. Nadie tiene la misma mezcla exacta de factores que te hacen único. Eso significa que nadie más en la tierra podrá jugar el papel que Dios planeó para ti. Si no haces tú contribución especial al cuerpo de Cristo, ésta no se hará. La Biblia dice: “Hay diferentes tipos de dones espirituales... diferentes maneras de servicios... diferentes habilidades para hacer el servicio”. En el capítulo anterior explicamos los primeros dos: tus dones espirituales y tu oportunidad del corazón. Ahora veremos el resto de tu FORMA para servir a Dios.

FORMA: RECURSOS PARA USAR
Tus recursos son los talentos naturales con los que naciste. Algunas personas tiene recursos naturales con las palabras: ¡hablan desde las entrañas! Otras tienen recursos atléticos innatos, son excelentes en coordinación física. Otros son buenos en matemáticas, música o mecánica.
Cuando Dios quería que se hiciera el Tabernáculo y todos los utensilios para la adoración, proveyó artistas y artesanos que fueron formados con “destreza, habilidad, y conocimiento en todo tipo de manualidades para hacer diseños artísticos... y para emplear todo tipo de artesanía”.
Aún hoy Dios confiere esas habilidades y miles más, para que las personas puedan servirle.
Todos nuestros recursos provienen de Dios. Incluso los que usamos para pecar son dados por Dios, sólo que son mal usados o abusados. La Biblia dice: “Dios nos ha dado a cada uno de nosotros la habilidad de hacer bien ciertas cosas”. Dado que las habilidades naturales o recursos provienen de Dios, son tan importantes y espirituales como tu forma espiritual. La única diferencia es que ellas te fueron dadas al nacer.
Una de las excusas más comunes de las personas para no servir es: “Yo no tengo ningún recurso”. Esto es ridículo. Tienes docenas, probablemente cientos de habilidades no explotadas, no reconocidas y sin uso; habilidades inactivas dejadas de lado. Muchos estudios han revelado que el promedio de las personas posee de 500 a 700 diferentes habilidades y destrezas, más de las que te puedes imaginar.
Por ejemplo, tu cerebro puede almacenar cien trillones de hechos. Tu mente puede manejar 15.000 decisiones en un segundo, como cuando tu sistema digestivo está trabajando. Tu nariz puede oler hasta 10.000 diferentes olores. Tu tacto puede efectuar miles de contactos diarios y tu lengua puede saborear una parte de quinina en dos millones de partes de agua. Eres un increíble legajo de habilidades, una maravillosa creación de Dios. Parte de la responsabilidad de la iglesia es identificar y lanzar tus habilidades para el servicio de Dios.
Cada recurso puede usarse para la gloria de Dios.
Pablo dijo: “Cualquier cosa que hagas, hazlo todo para la gloria de Dios”. La Biblia está llena de ejemplos de habilidades diferentes que Dios usa para su gloria. Aquí hay algunas mencionadas en la Escritura: habilidad artística, habilidad arquitectónica, administrativa, bancaria, naviera, para hacer caramelos, debatir, diseñar, embalsamar, bordar, cincelar, cultiva, pescar, dirigir, manejar, construir, hacer música, armas, coser, pintar, plantar, filosofar, inventar, carpintería, navegar, vender, ser soldado, marino, enseñar, escribir literatura y poesía. La Biblia dice: “Hay habilidades diferentes para desempeñar el servicio, pero es el mismo Dios quien da la habilidad a todos para su servicio particular”. Dios tiene un lugar en su iglesia donde tu especialidad puede brillar y puedes hacer la diferencia. Queda de tu parte encontrar ese lugar.
Dios da la habilidad a ciertas personas de hacer mucho dinero. Moisés les dijo a los israelitas: “Recuerden al Señor su Dios, porque Él es quien les da la habilidad de producir riquezas”. Las personas con esta habilidad son buenas levantando negocios, haciendo ventas y tratos y obteniendo ganancias. Si tienes esta habilidad para comerciar, debes usarla para la gloria de Dios. ¿Cómo? Primero, capta tu habilidad, entrégala a Dios y dale el crédito. Segundo, usa tu negocio para servir a otros y para compartir tu fe con los incrédulos. Tercero, devuelve al menos el diez por ciento de las ganancias a Dios como acto de adoración. Finalmente, alcanza tu meta: ser edificador del reino más que edificador de riquezas. Explicaré esto en el capítulo 34.
Lo que soy capaz de hacer, eso es lo que Dios quiere que haga. Tú eres la única persona en la tierra que puede usar tus habilidades. Nadie puede jugar tu papel, porque nadie más tiene la forma única que Dios te ha dado. La Biblia dice que Dios te equipó “con todo lo que necesitas para hacer su voluntad”. Para descubrir la voluntad de Dios para tu vida, debes examinar seriamente en qué eres bueno y en qué no. Si Dios no te dio habilidad para entonar una melodía, seguro que no espera que seas cantante de ópera. Él nunca te pedirá que dediques tu vida a una tarea para la que no tengas talento. Por otra parte, las habilidades que tienes son señales fuertes de lo que dios quiere que hagas con tu vida. Hay indicios que te permiten conocer cuál es la voluntad de Dios para ti. Si eres bueno diseñando, o reclutando, o dibujando u organizando, es muy seguro asumir que el plan de dios para tu vida incluye esa habilidad en alguna manera. Dios no desperdicia recursos, Él preparará nuestro llamado con nuestras capacidades.
Tus recursos no te fueron dados para subsistir, Dios te los dio para tu ministerio. Pedro dijo: “Dios Les ha dado a cada uno de ustedes algunas habilidades especiales; asegúrense de usarlas para ayudarse cada uno, compartiendo con otros los muchos tipos de bendiciones de parte de Dios”.
En este momento, cerca de 7.000 personas están usando sus habilidades ministeriales en la Iglesia Saddleback, proveyendo los más variados tipos de servicio que te puedas imaginar: reparando carros donados para darlos a los necesitados; haciendo los mejores convenios para las compras de la iglesia en jardinería, organizando archivos, diseñando arte, elaborando programas, construyendo, proveyendo cuidados de salud, preparando comidas, componiendo canciones, enseñando música, escribiendo grandes propuestas, entrenando equipos, haciendo investigaciones para sermones o traduciéndolos, y cientos de otras tareas especializadas. A los nuevos miembros se les dice: “¡Cualquier cosa que hagas bien, debes ponerla al servicio de tu iglesia!”

FORMA: MI PERSONALIDAD CUENTA
Con frecuencia no nos damos cuenta de lo verdaderamente únicos que somos cada uno de nosotros. Las moléculas de ADN pueden unirse en una gama de números infinitos. El número es 10 elevado a la 2.400.000.000. Esta es la probabilidad de encontrar alguien parecido a ti. Si escribieras ese número con cada cero, ¡necesitarías una tira de papel de dos centímetros de ancho por 59.544 kilómetros de largo!
Para poner esto en perspectiva algunas científicos han sugerido que todas las partículas en el universo con probablemente menos de 10 con 76 ceros detrás, mucho menos que las posibilidades de tu ADN.
Tu singularidad es un hecho de vida científico. Cuando Dios te hizo, rompió el molde. Nunca ha existido ni existirá alguien exactamente igual a ti.
Es obvio que a Dios le gusta la variedad, ¡mira alrededor! Él nos creó a cada uno con una combinación única de atributos personales. Dios hace a los introvertidos y los extrovertidos. A personas “pensadoras” y “perceptivas”. Algunas trabajan mejor cuando se le asigna un trabajo individual mientras que otras trabajan mejor en equipo. La Biblia dice: “Dios obra a través de personas diferentes en maneras diferentes, pero es el mismo Dios quien cumple su propósito a través de todos ellos”. La Biblia nos da abundante prueba de que Dios usa todo tipo de personalidades. Pedro era sanguíneo. Pablo era un colérico. Jeremías era melancólico. Cuando miras las personalidades diferentes en los doce discípulos, es fácil ver por qué algunas veces tenían conflictos entre ellos.
No hay temperamentos “correctos” o “equivocados” en el ministerio. Necesitamos todo tipo de personalidades para tener un balance en la iglesia y darle sabor. El mundo sería un lugar muy aburrido si todos fuéramos simplemente vainilla. Afortunadamente, las personas vienen en más de treinta y un sabores.
Tu personalidad afectará cómo y dónde uses tus dones espirituales y recursos. Por ejemplo, dos personas pueden tener el mismo don de evangelizar, pero si una es introvertida y la otra es extrovertida, ese don se expresará en maneras diferentes.
Los carpinteros saben cuán fácil es trabajar con una textura granular. De la misma manera pasa cuando estás forzado a ministrar de una manera que es”ajena” a tu temperamento, porque crea tensión, incomodidad, requiere fuerzas y energías extras, y produce menos que mejores resultados. Este es el meollo de por qué imitar el ministerio de alguien nunca resulta. Tú no tienes su personalidad. Por otra parte, ¡Dios te hizo para que seas tú! Puedes aprender del ejemplo de otros, pero debes depurar lo que aprendes a través de tu propia forma. En la actualidad hay muchos libros y herramientas que pueden ayudarte a entender tu personalidad de manera que puedas determinar cómo usarla para Dios.
Así como los vitrales, nuestras personalidades reflejan la luz de Dios en muchos colores y modelos. Esto bendice a la familia de Dios con profundidad y variedad. También nos bendice personalmente. Te sientes bien cuando haces lo que Dios quiere que hagas. Cuando ministras de manera congruente con la personalidad que Dios te dio, experimentas realización personal, satisfacción y productividad.

FORMA: ANTECEDENTES (SIRVEN PARA ALGO)
Tú has sido formado por tus antecedentes en la vida, tus experiencias, la mayoría de las cuales estuvo fuera de tu control. Dios permitió todas ellas para su propósito de moldearte. Para determinar tu forma para servir a Dios, debes examinar por lo menos seis tipos de experiencias:
§ Familiares: ¿Qué aprendiste al crecer en tu familia?
§ Educacionales: ¿Cuál fue tu materia favorita en la escuela?
§ Vocacionales: ¿En cuál trabajo has sido más eficiente y cuál has disfrutado más?
§ Espirituales: ¿Cuál ha sido tu momento más importante con Dios?
§ Ministerio: ¿Cuánto has servido a Dios en el pasado?
§ Dolorosas: ¿Qué has aprendido de los problemas, lesiones, aguijones y pruebas?
Es esta última categoría, la de las experiencias dolorosas, la que dios usa la mayoría de las veces para prepararte para su ministerio. ¡Dios nunca desperdicia el dolor! De hecho, el ministerio más grandioso surgirá de tu dolor más grande. ¿Quién puede ministrar a los padres de un niño con síndrome de Down sino otra pareja que tenga un niño en la misma condición? ¿Quién puede ayudar mejor a un alcohólico a superarse que alguien que haya luchado contra ese demonio y logró su libertad? ¿Qué mejor apoyo para una esposa cuyo esposo la dejó por un romance, que el de una mujer que ya pasó por esa agonía?
Dios intencionalmente permite que atravieses por experiencias dolorosas para equiparte para que ministres a otros. La Biblia dice: “Él nos consuela en todos nuestros problemas de manera que podamos consolar a otros. Cuando otros están en problemas, debemos estar dispuestos a darles a ellos el mismo consuelo que Dios nos ha dado”.
Si realmente deseas ser usado por Dios, debes entender una verdad poderosa: las experiencias que más te han dejado resentido y lastimado en la vida, las que has ocultado y has olvidado, son las que Dios quiere que uses para ayudar a otros. ¡Ellas son tu ministerio!
Para que Dios use tus experiencias dolorosas debes estar dispuesto a compartirlas. Debes dejar de cubrirlas, y honestamente admitir tus faltas, fallas y temores. Quizás haciendo esto hagas tu ministerio más efectivo. Las personas se animan más cuando les compartimos la manera en que la gracia de Dios nos ayudó en nuestra debilidad, más que jactarnos de nuestras fortalezas.
Pablo entendió esta verdad, de manera que fue sincero acerca de su contienda con la depresión. Él admitió: “Él nos mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor: Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito”.
Si pablo hubiese ocultado su experiencia de duda y depresión como un secreto, millones de personas nunca se habrían beneficiado de ella.
Los antecedentes, sólo si son compartidos, ayudan. Aldous Huxley dijo: “La experiencia no es lo que te pasa a ti. Es lo que hacen con lo que te pasa”. ¿Qué harás con lo que has tenido que pasar? No deseches tu dolor, úsalo para ayudar a otros.
Como ya hemos visto las cinco maneras en que Dios te ha formado para el servicio, espero que tengas un aprecio más profundo por la soberanía de Dios y una idea más clara de cómo te ha preparado para el propósito de servirle. Usar tu FORMA es el secreto para ambas cosas: la eficiencia y el cumplimiento del ministerio. Serás más efectivo cuando uses tus dones espirituales y tus habilidades en el área que tu corazón desea, y en la manera que mejor exprese tu personalidad y experiencia. Mientras mejor te capacites y uses tus recursos, más exitoso serás.

DÍA TREINTA Y UNO
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Nadie puede ser yo.

Versículo para recordar: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas”. 1º Pedro 4:10 (NVI).


Pregunta para considerar: Lo que Dios me da, habilidades o experiencias personales, ¿puedo ofrecerlas a mi iglesia?

Dios es fuerte Ingrid Rosario Letra

jueves, 1 de febrero de 2018

Formado para servir a Dios

Formado para servir a Dios

“Me hiciste con tus propias manos;
Tú me diste forma”.
Job 10:8 (NVI)

“El pueblo que yo me he formado
Contará mis alabanzas”.
Isaías 43:21 (PAR)

Fuiste formado para servir a Dios.

Dios formó a cada criatura de este planeta con un área especial de habilidades. Algunos animales corren, otros saltan, otros nadan, otros se encuevan, y otros vuelan. Cada uno tiene un papel particular a jugar, basado en la manera en que fueron formados por Dios. Lo mismo pasa con los seres humanos. Cada uno de nosotros fue diseñado de manera única, formado para hacer ciertas cosas.
Antes de diseñar un nuevo edificio, lo primero que se pregunta un arquitecto es: “¿Cuál será su propósito? ¿Cómo será usado?” La función intenta siempre determinar la forma del edificio. Antes que Dios te hiciera, decidió qué rol quería que jugaras en la tierra. Él planeó con exactitud cómo quería que lo sirvieras, y te formó para esa tarea. Eres de la manera que eres, porque fuiste hecho para un ministerio específico.
La Biblia dice: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras”. La palabra poema viene del griego que significa “hechura”, “artesanía”. Eres una obra de arte hecha a mano por Dios. No eres hecho en una línea de producción, ni ensamblado ni producido en cantidades industriales. Eres un diseño hecho a la medida, una pieza original. Dios deliberadamente te hizo y te formó para que le sirvieras de cierta manera que hace que tu ministerio sea único. Con sumo cuidado mezcló un cóctel de ADN con el que te hizo. David alabó a Dios por ese increíble cuidado personal y lo detalla: “Tú hiciste todo lo delicado, las partes interiores de mi cuerpo y las uniste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme maravillosamente complejo! Tu hechura es prodigiosa”. Como Ethel Waters dice: “Dios no hace chatarra”.
Dios no sólo te formó antes que nacieras, sino que planeó cada día de tu vida para apoyar su proceso para formarte. David continúa diciendo: “Cada día de mi vida fue grabado en tu libro. Cada momento fue organizado antes de que el día pasara”. Eso quiere decir que nada de lo que pasa en tu vida es irrelevante. Dios usa todo eso para formarte para que ministres a otros y te forma para servirlo a él. Dios no desperdicia nada. Él no te daría habilidades, intereses, talentos, dones, personalidad y experiencias a menos que tenga la intención de usarlos para su gloria. Si identificas y entiendes esos factores puedes descubrir la voluntad de Dios para ti.
La Biblia dice que eres “maravillosamente complejo”. Eres una combinación de muchos factores diferentes. Para ayudarte a recordar cinco de esos factores, hice un acróstico sencillo con la palabra FORMA (indistintamente usaré cualquier sinónimo de esta palabra).
En este capítulo y el próximo estudiaremos esos cinco factores y le daremos seguimiento, te explicaré cómo descubrirlos y usarlos.

CÓMO TE FORMA DIOS PARA TU MINISTERIO
Siempre que Dios nos da una asignación, nos equipa con lo que necesitamos para cumplirla. A esta combinación de aptitudes se le llama moldear o dar FORMA:
Formación espiritual
Oportunidades
Recursos
Mi personalidad
Antecedentes

FORMA: FORMACIÓN ESPIRITUAL
Dios le da a cada creyente dones espirituales para usarlos en el ministerio. Son habilidades especiales dadas por dios a los creyentes para servirle. La Biblia dice: “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios”. No puedes obtener los dones espirituales o merecerlos, ya que son regalos. Son una expresión de la gracia de Dios para ti. “Cristo ha repartido generosamente sus dones en nosotros”. No puedes escoger los dones que quieras tener; Dios es quien los determina. Pablo explica: “Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina”.
Puesto que Dios ama la variedad y quiere que seamos especiales, no nos dio el mismo don a todos. Por otra parte, ningún individuo recibe todos los dones. Si los tienes todos, no tienes necesidad de otro, y eso podría estropear algunos de los propósitos de Dios; Él nos enseña a depender unos de otros.
Tus dones espirituales no se te dieron para tu propio beneficio sino para el de otros, así como los de ellos son para tu beneficio. La Biblia dice: “A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás”. Dios lo planeó así para que tuviéramos necesidad unos de otros. Cuando usamos nuestros dones juntos, todos nos beneficiamos. Si otros no los usan, no los disfrutas, y si no usas los tuyos, ellos tampoco se benefician. Ese es el motivo por el que se nos manda descubrir y desarrollar nuestros dones espirituales. ¿Has invertido tiempo en descubrir cuáles son tus dones espirituales? Un don sin descubrir no vale nada.
Olvidar esas verdades básicas acerca de los dones, siempre causa conflictos en las iglesias. Dos problemas comunes son los “dones de envidia” y los “dones de imitación”. El primero ocurre cuando comparamos nuestros dones con los de otros; nos sentimos insatisfechos con lo que Dios nos dio, y empezamos a resentirnos y a sentir celos de la manera en que Dios usa a otros. El segundo problema sucede cuando esperamos que los demás tengan nuestro mismo don, realicen la misma labor que fuimos llamados a hacer y sientan la misma pasión que sentimos al hacerla. La Biblia dice: “Hay diversas maneras de servir; pero un mismo Señor”.
Algunas veces los dones espirituales se enfatizan tanto que descuidamos otros factores que Dios usa al formarnos para su servicio. Tus dones revelan la llave para descubrir la voluntad de dios para tu ministerio, pero ellos no lo son todo. También, Dios te ha moldeado en otras cuatro maneras.

FORMA: OPORTUNIDADES PARA TU CORAZÓN
La Biblia usa el término corazón para describir el manojo de deseos, esperanzas, intereses, ambiciones, sueños y afectos que posees, en fin, oportunidades. Tu corazón es la fuente de todas tus motivaciones, lo que amas hacer y lo que más cuidas. Aún hoy usamos la palabra de esta manera cuando decimos: “Te amo con todo mi corazón”.
La Biblia indica: “En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona”. Tu corazón revela lo real de ti, lo que eres verdaderamente, no lo que otros piensan de ti o lo que las circunstancias te impulsan a ser. Tu corazón representa la fuente de tus motivaciones, por qué actúas en la forma en que lo haces.
Físicamente, cada uno de nosotros tiene latidos del corazón característicos. Así como cada uno tiene huellas dactilares únicas, tono de voz, etc., no hay dos latidos de corazón idénticos. Es asombroso que entre todos los billones de personas que viven, no haya otra que tenga los latidos del corazón exactamente igual a los tuyos.
De la misma manera, Dios nos ha dado a cada uno “un latido” emocional” único que se apresura cuando pensamos acerca de temas, actividades o circunstancias que nos interesan. Instintivamente ponemos más atención a ciertas cosas que a otras. Esos son indicios que señalan dónde debes servir.
Otra palabra que tiene que ver con el corazón es pasión. Hay ciertos temas que te apasionan y otros que no te interesan. Algunas experiencias captan tu atención mientras otras pasan inadvertidas o te aburren. Eso revela la naturaleza de tu corazón.
Mientras crecías, puede que hayas descubierto algunas cosas muy interesantes, las cuales no le interesaban a nadie más en tu familia. ¿De dónde proceden esos intereses? Provienen de Dios. Él tiene un propósito al darte esos intereses natos. Tu latido emocional es la segunda llave para entender tu forma para servir. No ignores tus intereses. Considera cómo podrías usarlos para la gloria de dios. Debe haber una razón por la que te agrada hacer esas cosas.
La Biblia declara con insistencia: “Sirve al Señor con todo tu corazón”. Dios quiere que le sirvas con pasión, no por obligación. Las personas rara vez dan lo mejor de sí al realizar tareas que no disfrutan. Dios quiere usar tus intereses naturales para servir a otros y a Él. Escuchar tu motivación interna puede apuntar al ministerio que Dios quiere que tengas.
¿Cómo sabes que le sirves a Dios con tu corazón? La primera señal es el entusiasmo. Cuando haces algo que te gusta, nadie tiene que motivarte o retarte. Lo haces por puro gozo. No necesitas recompensas o aplausos o pagos, porque disfrutas sirviendo de esa manera. Lo opuesto también es cierto, cuando no tienes corazón para hacer algo, te desanimas con facilidad.
La segunda característica de servir a Dios con todo tu corazón es la efectividad. Cuando haces algo para lo que dios te hizo amar, entonces das lo mejor de ti. La pasión exige perfección. Si no te interesa una tarea, probablemente no es lo mejor. En contraste, las personas que logran metas en cualquier campo son las que hacen las cosas con pasión, no por obligación o ganancia.
Oímos a la gente decir: “Acepté un trabajo que detesto; lo que deseo es hacer dinero, así que algún día renunciaré y haré lo que me gusta hacer”. Ese es un error muy grave. No pierdas tu vida en un trabajo que no exprese tu corazón. Recuerda, lo más grande en la vida no son las cosas. Vivir una vida con propósito es más importante que todo el dinero del mudo. El hombre más rico del mundo, Salomón, dijo una vez: “Una vida simple en el temor de Dios es mejor que una vida rica con una tonelada de dolores de cabeza”.
No te conformes con buscar “la buena vida”, porque no es lo suficientemente buena. Al fin y al cabo no satisface. Puedes tener mucha vida y aun así no tener nada por lo cual vivir. En vez de que tu meta sea “una vida mejor”, sirve a Dios en una forma que expreses tu corazón. Descubre lo que te gusta hacer, lo que Dios te puso en el corazón, y hazlo para su gloria.
Esa es tu oportunidad.
DÍA TREINTA
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Fui moldeado para servir a Dios.

Versículo para recordar: “Dios obra a través de personas diferentes en maneras diferentes, pero es el mismo Dios que cumple su propósito a través de todos ellos”. 1º Corintios 12:6 (PAR).


Pregunta para considerar: ¿De qué manera puedo verme sirviendo y amando a otros apasionadamente?

Dios háblame - Barak - LETRA

miércoles, 31 de enero de 2018

FUISTE FORMADO PARA SERVIR A DIOS

PROPÓSITO Nº 4
FUISTE FORMADO PARA SERVIR A DIOS

¿Qué somos?... Nada más que servidores por medio
De los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que
El Señor le asignó a cada uno. Yo sembré, Apolos regó,
Pero Dios ha dado el crecimiento.
1º Corintios 3:5-6 (PAR)

Acepta tu asignación

Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús
Para buenas obras, las cuales dios dispuso de antemano
A fin de que las pongamos en práctica.
Efesios 2:10 (NVI)

Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado
A cabo la obra que me encomendaste.
Juan 17:4 (NVI)

Fuiste puesto en la tierra para aportar algo.

No fuiste creado sólo para consumir sus recursos, para comer, respirar y ocupar espacio. Dios te diseñó para que hicieras una diferencia con tu vida. Hay muchos libros que ofrecen consejo en cuanto a cómo obtener una mejor calidad de vida, que por cierto no es la razón por la que Dios te hizo. Fuiste creado para añadir vida a la tierra, no para quitársela. Dios quiere que le des algo a cambio. Este es el cuarto propósito de Dios para tu vida, lo que llamamos tu “ministerio” o servicio. La Biblia nos da los detalles.
Creados para servir a Dios. La Biblia dice: “Dios nos creó para una vida de obras buenas, las cuales ha preparado para nosotros”. Esas “buenas obras” son tu servicio. Siempre que sirves a otros de cualquier manera, verdaderamente estás sirviendo a Dios y cumpliendo uno de tus propósitos. En los dos capítulos siguientes verás cómo Dios te ha formado para este propósito.
Lo que dios le dijo a Jeremías también es válido para ti: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado”. Fuiste puesto en este planeta para cumplir una asignación especial.
Salvado para servir a Dios. La Biblia afirma: “Él es quién nos salvó y escogió para su obra santa, no porque lo merecíamos sino porque estaba en su plan”. Dios te redimió para que hicieras su “obra santa”. Tú no eres salvo por buenas obras, sino para buenas obras. En el reino de Dios, tienes un lugar, un propósito, un rol y una función a cumplir. Esto le da a tu vida un gran significado y valor.
Costó la propia vida de Jesús comprar tu salvación. La Biblia nos recuerda que fuimos “comprados por un precio”. No servimos a Dios por miedo, por culpa o por obligación, sino con gozo y profunda gratitud por lo que ha hecho por nosotros.
A Él debemos nuestras vidas. Gracias a su salvación nuestro pasado ha sido perdonado, nuestro presente tiene significado y nuestro futuro está asegurado. A la luz de esos beneficios increíbles, Pablo concluyó: “Tomando en cuenta la misericordia de Dios... ofrezcan sus vidas como sacrificio vivo, dedicado a su servicio”.
El apóstol Juan enseñó que nuestro servicio a otros en amor muestra que verdaderamente fuimos salvados. Él dijo: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos”. Si no amo a los demás ni deseo servirles, y si sólo estoy concentrado en mis necesidades; debería preguntarme si Cristo está realmente en mi vida. Un corazón salvado es uno que quiere servir.
Otro término para el servicio de Dios, mal interpretado por la mayoría de las personas, es la palabra ministerio. Cuando la mayoría de las personas la escuchan, piensan en pastores, sacerdotes y clérigos profesionales, pero Dios dice que cada miembro de su familia es un ministro. En su Palabra, los vocablos servidor y ministro son sinónimos, igual que servicio y ministerio. Si eres cristiano, eres un ministro y cuando estás sirviendo, estás ministrando.
Cuando la suegra de Pedro enfermó y fue sanada por el Señor, instantáneamente “se levantó y comenzó a servirle”, aplicando la recepción del don de la salud. Esto es lo que nosotros debemos hacer. Fuimos sanados para ayudar a otros. Fuimos bendecidos para ser de bendición. Fuimos salvados para servir, no para sentarnos y esperar el cielo.
¿Alguna vez te has preguntado por qué Dios no nos llevó de inmediato al cielo en el momento que aceptamos su gracia? ¿Por qué nos deja en un mundo caído? Él nos puso aquí para cumplir con sus propósitos. Una vez que has sido salvado, Dios intenta usarte en sus planes. Él te tiene un ministerio en su iglesia y una misión en el mundo.
Llamado para servir a Dios. A medida que crecías, pudiste haber pensado que ser “llamado” por Dios era algo para misioneros, pastores, monjas y otros trabajadores de “tiempo completo”; pero la Biblia dice que cada cristiano es llamado a servir. Tu llamado a la salvación incluye el llamamiento a servir. Ambos son lo mismo. Cualquiera que sea tu trabajo o carrera, estás llamado al servicio cristiano a tiempo completo. Un “cristiano que no sirve” por definición es una contradicción.
La Biblia dice: “Él nos salvó y nos llamó a ser su pueblo, no por lo que hemos hecho sino según su propósito”. Pedro añade: “Fueron escogidos para hablar de las excelentes cualidades de Dios, quien los llamó. En el momento en que usas las habilidades que Dios te dio para ayudar a otros, estás cumpliendo con tu llamado.
La Biblia afirma: “Ahora perteneces a Él... de manera que puedas ser usado para el servicio de Dios”. ¿Cuánto de tu tiempo estás usando en servir a Dios? En algunas iglesias en China, a los nuevos creyentes les dan la bienvenida diciendo: “Jesús ahora tiene un nuevo par de ojos para ver, nuevos oídos para escuchar, nuevas manos para ayudar y un nuevo corazón para amar a otros”.
Una de las razones por las que necesitas integrarte a la familia de la iglesia es para cumplir de forma práctica con tu llamado a servir a otros creyentes, todo es importante. La Escritura indica: “Todos ustedes juntos son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es una parte necesaria y separada de éste”. Tu servicio se necesita con desesperación en el cuerpo de Cristo; pregunta en cualquier iglesia local. Cada uno de nosotros tenemos un papel a desempeñar; cada papel es importante. En ningún sentido hay servicio pequeño para Dios.
Tampoco hay ministerios insignificantes en la iglesia. Algunos son visibles y otros se desarrollan detrás del escenario, pero todos son valiosos. Los ministerios, pequeños o escondidos, a veces hacen una inmensa diferencia. En mi hogar, la luz más importante no es la del gran candelabro que está en el comedor, sino la de la pequeña lamparita de noche que impide que me golpee el dedo del pie cuando me levanto en la noche. No hay correlación entre tamaño e importancia. En asuntos del ministerio, todos dependemos unos de otros.
¿Qué pasa cuando una parte del cuerpo falla? Te enfermas. El resto de tu cuerpo sufre. Imagínate si tu hígado decidiera comenzar a vivir por sí mismo: “¡Estoy cansado! ¡No quiero servir más a este cuerpo! Quiero un año de descanso; que sólo me alimenten. ¡Tengo que hacer lo mejor para mí! Deja que otro tome mi lugar. ¿Qué podría pasar? Tu cuerpo podría morir. Hoy miles de iglesias locales están muriendo porque los cristianos se rehúsan a servir. Se sientan como espectadores, mientras el cuerpo sufre.
Se te manda servir a Dios. Jesús fue inerrable: “Tú actitud debe ser igual a la mía, porque yo, el Mesías, no vine a ser servido sino a servir y a dar mi vida”. Para los cristianos, el servicio no es opcional, sino algo que debe estar arraigado en nuestros horarios si escatimamos el tiempo. Es el corazón de la vida cristiana. Jesús vino “a servir” y “a dar”, y esos dos verbos también pueden definir tu vida en la tierra. Servir y dar, en resumen, son el cuarto propósito de Dios para tu vida. La Madre Teresa dijo una vez: “Vivir en santidad es hacer la obra de Dios con una sonrisa”.
Jesús enseñó que la madurez espiritual nunca es un fin en sí mismo. ¡La madurez es para ministrar! Maduramos para dar. No es suficiente seguir aprendiendo más y más. Debemos poner en acción lo que conocemos y poner en práctica lo que proclamamos creer. Impresión sin expresión causa depresión. El estudio sin servicio conlleva a un estancamiento espiritual. La antigua comparación entre el mar de Galilea y el Mar Muerto aún es cierta. Galilea es un lago lleno de vida que recibe agua pero también da. En contraste, nada vive en el mar Muerto, porque no tiene salida de agua, está estancado.
Lo último que muchos creyentes necesitan es otro estudio bíblico más. Ya saben más de lo que ponen en práctica. Lo que necesitan son experiencias sirviendo en lo que puedan ejercitar sus músculos espirituales.
El servicio es lo opuesto a nuestra inclinación natural. La mayoría del tiempo nos interesamos más en que “nos sirvan” que servir. Decimos: “Estoy buscando una iglesia que supla mis necesidades y me sea de bendición”, en vez de decir: “busco un lugar para servir y ser de bendición”. Esperamos que otros nos sirvan, no al contrario. Pero en cuanto maduramos en Cristo, el foco de nuestras vidas debe cambiar cada vez más para vivir sirviendo. El seguidor maduro de Jesús se para y pregunta: “¿Quién va a suplir mis necesidades?” y vuelve a pregunta: “¿Qué necesidades puedo satisfacer?” ¿Te has hecho esa pregunta?

CÓMO PREPARARSE PARA LA ETERNIDAD
Al final de tu vida en la tierra te presentarás delante de Dios, y Él evaluará cuán bien les serviste a otros con tu vida.
La Biblia afirma: “Cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta personalmente a Dios”. Medita en las implicaciones de esto. Un día dios comparará cuánto tiempo y energía gastamos en nosotros mismos comparado con lo que invertimos en servir a otros.
A esa altura, todas nuestras excusas egocéntricas sonarán vacías: “Estaba muy ocupado” o “Tenía mis propias metas” o “Estaba preocupado con el trabajo, con la diversión o preparándome para la jubilación”. Para todas esas excusas Dios responderá: “Lo siento, respuesta equivocada”. Yo te hice, te salvé, te llamé y te mandé a vivir una vida de servicio. ¿Qué parte no entendiste?” La Biblia advierte a los no creyentes: “Él derramará su furia y su ira en aquellos que viven para sí mismos”, pero para los cristianos esto significará una pérdida de recompensas eternas.
Sólo estamos completamente vivos cuando ayudamos a otros. Jesús dijo: “Si insistes en salvar tu vida, la perderás. Sólo aquellos que dan sus vidas por mi causa y por la causa de las buenas nuevas siempre conocerán lo que esto significa en la vida realmente”. Esta verdad es tan importante que se repite cinco veces en los Evangelios. Si no estás sirviendo, sólo estás existiendo; porque la vida se creó para ministrar. Dios quiere que aprendas a amar y servir a otros con abnegación.

SERVICIO Y SIGNIFICADO
Vas a dar tu vida por algo. ¿Será por una carrera profesional, por un deporte, un entretenimiento, fama o riquezas? Nada de eso tiene importancia duradera. El servicio es el camino a la significación real. Es a través del ministerio que descubrimos el significado de nuestras vidas. La Biblia afirma: “Cada uno de nosotros encuentra su función y significado como parte de su cuerpo”. Es en el servicio unido a la familia de Dios, que nuestras vidas cobran relevancia eterna. Pablo dice: “Quiero que pienses en cómo todo esto te hace más significativo, no menos... porque tú eres una parte”.
Dios quiere usarte para marcar una diferencia en su mundo. Él quiere trabajar a través de ti. No importa la duración de tu vida sino la donación de la misma. No cuánto tiempo viviste, sino cómo lo hiciste.
Si no estás involucrado en ningún servicio o ministerio, ¿qué excusa has estado usando? Abraham era viejo, Jacob inseguro, Lea sin atractivo, José fue abusado, Moisés tartamudeaba, Gedeón era pobre, Sansón code pendiente, Rahab una inmoral, David tuvo una amante y todo tipo de problemas familiares, Jeremías estaba deprimido, Jonás era rebelde, Noemí una viuda, Juan el Bautista un excéntrico, Pedro impulsivo, Marta preocupada por todo, la samaritana fracasada en varios matrimonios, Zacarías era impopular, Tomás tuvo dudas, Pablo tuvo una salud pobre y Timoteo era tímido. Esta es efectivamente una variedad de individuos que no se adaptan muy bien al ambiente, pero dios los usó a cada uno de ellos para su servicio. También te usará a ti, si dejas de dar excusas.

DÍA VEINTINUEVE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: El servicio no es opcional.

Versículo para recordar: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica”. Efesios 2:10 (NVI).


Pregunta para considerar: ¿Qué es lo que me impide aceptar el llamado de Dios para servirle?

Servir A Cristo - Migdalia Rivera (Letra) Musica Cristiana