domingo, 21 de marzo de 2010

CAPÍTULO 24

CAPÍTULO 24
Versículos 1-3. Cristo anuncia la destrucción del templo. 4-28. Desastres previos a la destrucción de Jerusalén. 29-41. Cristo anuncia otras señales y desgracias del fin del mundo. 42-51. Exhortaciones a velar.

Vv. 1-3.Cristo predice la total ruina y la destrucción futura del templo. Una crédula visión en fe de la desaparición de toda gloria mundanal, nos servirá para que evitemos admirarla y sobrevalorarla. El cuerpo más bello será pronto comida para los gusanos, y el edificio más magnífico, un montón de escombros. ¿No ve estas cosas? Nos hará bien que las miremos como viendo a través de ellas y viendo el fin de ellas.
Nuestro Señor, habiéndose ido con sus discípulos al Monte de los Olivos, puso ante ellos el orden de los tiempos en cuanto a los judíos, hasta la destrucción de Jerusalén, y en cuanto a los hombres en general hasta el fin del mundo.

Vv. 4-28.Los discípulos preguntaron acerca de los tiempos, ¿Cuándo serán estas cosas? Cristo no les contestó eso, pero ellos también habían preguntado: ¿Cuál será la señal? Esta pregunta la contestó plenamente. La profecía trata primero los acontecimientos próximos, la destrucción de Jerusalén, el fin de la iglesia y del estado judíos, el llamado a los gentiles, y el establecimiento del reino de Cristo en el mundo; pero también mira al juicio general; y al cercano, apunta más en detalle a este último. Lo que dijo aquí Cristo a sus discípulos, tendía más a fomentar la cautela que a satisfacer su curiosidad; más a prepararlos para los acontecimientos que sucederían que a darles una idea clara de los hechos. Este es el buen entendimiento de los tiempos que todos debemos codiciar, para de eso inferir lo que Israel debe hacer.
Nuestro Salvador advierte a sus discípulos que estén en guardia contra los falsos maestros. Anuncia guerras y grandes conmociones entre las naciones. Desde el tiempo en que los judíos rechazaron a Cristo y Él dejó su casa desolada, la espada nunca se ha apartado de ellos. Véase lo que pasa por rechazar el evangelio. A los que no oigan a los mensajeros de la paz, se les hará oír a los mensajeros de la guerra. Pero donde esté puesto el corazón, confiando en Dios, se mantiene en paz y no se asusta. Contrario a la mente de Cristo es que su pueblo tenga corazones perturbados aun en tiempos turbulentos.
Cuando miramos adelante a la eternidad de la miseria que está ante los obstinados que rechazan a Cristo y su evangelio, podemos decir en verdad: Los juicios terrenales más grandes sólo son principio de dolores. Consuela que algunos perseveren hasta el fin.
Nuestro Señor predice la predicación del evangelio en todo el mundo. El fin del mundo sólo vendrá cuando el evangelio haya hecho su obra.
Cristo anuncia la ruina que sobrevendrá al pueblo judío; y lo que dice aquí, servirá a sus discípulos para su conducta y para consuelo. Si Dios abre una puerta de escape, debemos escapar, de lo contrario no confiamos en Dios, sino lo tentamos. En tiempos de trastorno público corresponde a los discípulos de Cristo estar orando mucho: eso nunca es inoportuno, pero se vuelve especialmente oportuno cuando estamos angustiados por todos lados. Aunque debemos aceptar lo que Dios envíe, aún podemos orar contra los sufrimientos; y algo que prueba mucho al hombre bueno es ser sacado por una obra de necesidad del servicio y adoración solemnes de Dios en el día de reposo. Pero he aquí una palabra de consuelo, que por amor a los elegidos esos días serán acortados en relación a lo que concibieron sus enemigos, que los hubieran cortados a todos, si Dios, que usó a esos enemigos para servir sus propósitos, no hubiera puesto límite a la ira de ellos.
Cristo anuncia la rápida difusión del evangelio en el mundo. Es visto simplemente como el rayo. Cristo predicó abiertamente su evangelio. Los romanos eran como águila y la insignia de sus ejércitos era el águila. Cuando un pueblo, por su pecado, se hace como asquerosos esqueletos, nada puede esperarse, sino que Dios envíe enemigos para destruirlo. Esto es muy aplicable al día del juicio, la venida de nuestro Señor Jesucristo en ese día, 2 Tesalonicenses ii, 1, 2. Pongamos diligencia para hacer segura nuestra elección y vocación; entonces podremos saber que ningún enemigo ni engañador prevalecerá contra nosotros.

Vv. 29-41.Cristo predice su segunda venida. Es habitual que los profetas hablen de cosas cercanas y a la mano para expresar la grandeza y certidumbre de ellas. En cuanto a la segunda venida de Cristo, se anuncia que habrá un gran cambio para hacer nuevas todas las cosas. Entonces verán al Hijo del hombre que viene en la nubes. En su primera venida fue puesto como señal que sería contradicha, pero en su segunda venida, una señal que debe ser admirada.
Tarde o temprano, todos los pecadores se lamentarán, pero los pecadores arrepentidos miran a Cristo y se duelen de manera santa; y los que siembran con lágrimas cosecharán con gozo dentro de poco. Los pecadores impenitentes verán a Aquel que traspasaron y, aunque ahora ríen, entonces lamentarán y llorarán con horror y desesperación interminable.
Los elegidos de Dios están dispersos en todas partes; los hay en todas partes y en todas las naciones, pero cuando llegue ese gran día de reunión no habrá uno solo de ellos que falte. La distancia del lugar no dejará a nadie fuera del cielo. Nuestro Señor declara que los judíos nunca cesarán de ser un pueblo distinto hasta que se cumplan todas las cosas que había predicho. Su profecía llega al día del juicio final; por tanto, aquí, versículo 34, anuncia que Judá nunca dejará de existir como pueblo distinto, mientras dure este mundo.
Los hombres del mundo complotan y planean de generación en generación, pero no planean con referencia al hecho más seguro de la segunda venida de Cristo, que se acerca sobrecogedor, el cual terminará con toda estratagema humana, y echará a un lado por siempre todo lo que Dios prohíbe. Ese será un día tan sorpresivo como el diluvio para el mundo antiguo.
Aplíquese esto, primero, a los juicios temporales, particularmente el que entonces llegaba apresuradamente a la nación y pueblo de los judíos. Segundo, al juicio eterno. Aquí Cristo muestra el estado del mundo antiguo cuando llegó el diluvio; y ellos no creían. Si nosotros supiéramos correctamente que todas las cosas terrenales deben pasar dentro de poco, no pondríamos nuestros ojos y nuestro corazón en ellas tanto como lo hacemos. ¡Qué palabras pueden describir con más fuerza lo súbito de la llegada de nuestro Salvador! Los hombres estarán en sus respectivas ocupaciones y, repentinamente se manifestará el Señor de gloria. Las mujeres estarán en sus tareas domésticas, pero en ese momento toda otra obra será dejada de lado, y todo corazón se volverá adentro y dirá, ¡es el Señor! ¿Estoy preparado para encontrarlo? ¿Puedo estar ante Él? Y de hecho ¿qué es el día del juicio para todo el mundo, si no el día de la muerte de cada uno?

Vv. 42-51.Velar por la venida de Cristo es mantener el temperamento mental en que deseamos que nos halle nuestro Señor. Sabemos que tenemos poco tiempo para vivir, no podemos saber si tenemos largo tiempo para vivir; mucho menos sabemos el tiempo fijado para el juicio.
La venida de nuestro Señor será feliz para los que estén preparados, pero será muy espantosa para quienes no lo estén. Si un hombre, que profesa ser siervo de Cristo, es incrédulo, codicioso, ambicioso o amante del placer, será cortado. Quienes escogen por porción el mundo en esta vida, tendrán el infierno como porción en la otra. Que nuestro Señor, cuando venga, nos sentencie bienaventurados y nos presente ante el Padre, lavados en su sangre, purificados por su Espíritu, y aptos para ser partícipes de la suerte de los santos en luz.

viernes, 19 de marzo de 2010

Una alternativa

Una alternativa

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente.

Romanos 1:16

Antes de que Dios enviara a su Hijo a la tierra, el plan de Dios era salvar al mundo por medio de Israel; pero Israel fue incrédulo. Se describe su incredulidad en una parábola acerca de un rey que preparó una fiesta de bodas para su hijo y llamó a los convidados (Israel). Cuando los invitados no quisieron ir, algunos por indiferencia y otros por enemistad, el rey dijo a sus siervos: "Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis" (Mt. 22:9). Jesús empleó esa parábola para describir a los israelitas apóstatas, que rechazaron a su Mesías y se perdieron la fiesta planificada para ellos.

Entonces Dios hizo la invitación a otro grup los gentiles. Dios escogió a un pequeño grupo de personas reunidas en un monte de Galilea y a otro grupo de discípulos en Jerusalén para evangelizar al mundo perdido. Por medio de ellos haría la obra que la nación de Israel se había negado a hacer, y a nosotros se nos llama a continuar esa obra. El primer paso

Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Mateo 28:19

El bautismo es la señal exterior de la fe de uno en Cristo. Es un acto de obediencia mediante el cual una persona muestra la realidad de su salvación. La salvación no se ve con los ojos, sino que es algo sobrenatural y espiritual. Sin embargo, debe ser evidente el fruto o resultado de la salvación.

En la iglesia primitiva, el fruto inicial de la obediencia era el bautismo, y se puede esperar hoy día ese mismo fruto. Es el medio por el cual una persona da testimonio de su unión en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Ro. 6:3-4). Gálatas 3:27 dice: "Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos".

La Gran Comisión en Mateo 28 nos ordena que prediquemos el evangelio y bauticemos a otros. Eso quiere decir que debemos decir a las personas que la salvación es algo que no solo deben creer, sino también confesar públicamente, con el bautismo como el primer paso. Cuando alguien es reacio a confesar públicamente a Cristo de esa forma, tenemos razón para poner en tela de juicio la autenticidad de su fe. Jesús dij "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mt. 10:32). Esa es la confesión pública que todos debemos hacer.

jueves, 18 de marzo de 2010

Exodos 35

Exodos 35 -

CAPÍTULO 35
Versículos 1-3. Observancia del día de reposo. 4-19. Los donativos voluntarios para el tabernáculo. 20-29. La disposición del pueblo en general. 30-35. Bezaleel y Aholiab llamados a la obra.

Vv. 1-3.El yugo ligero y fácil de Cristo ha hecho más deliciosos nuestros deberes, y menos irritantes las restricciones de nuestro día de reposo que las del reposo judaico; pero nosotros somos más culpables por descuidarlo. Ciertamente la sabiduría de Dios al darnos el día de reposo con toda la misericordia de sus propósitos, son pecaminosamente desechados. ¿Es nada marcar con el desprecio el día bendito, que nos ha sido dado por un Dios generoso para que crezcamos en gracia con la iglesia aquí abajo, a fin de prepararnos para la felicidad con la iglesia en lo alto?

Vv. 4-19.El tabernáculo iba a estar dedicado a la honra de Dios, y se iba a usar para su servicio; por tanto, lo que se trajera para su construcción era una ofrenda para el Señor. La regla es, Todo generoso de corazón la traerá.
Todos los que tienen destreza deben trabajar. Dios dispensa sus dones; y cada hombre, según haya recibido, así debe ministrar, 1 Pedro iv, 10. Los que eran ricos debían traer materiales para trabajarlos; los que eran hábiles, debían servir al tabernáculo con sus habilidades: como necesitaban unos de otros así el tabernáculo los necesitaba a ambos, 1 Corintios xii, 7–21.

Vv. 20-29.Sin una mente voluntaria serían aborrecibles las ofrendas costosas; con ella, hasta la más pequeña será aceptable. Nuestro corazón está dispuesto cuando asistimos alegremente a promover la causa de Dios. Quienes son diligentes y están contentos con empleos considerados bajos, son tan aceptables por Dios como quienes están en servicios espléndidos. Las mujeres que hilaron el pelo de cabra eran de corazón sabio, porque lo hicieron de todo corazón para el Señor. Así, el labrador, el mecánico, o el siervo que atiende a su trabajo en la fe y temor de Dios, puede ser tan sabio, en su lugar, como el ministro más útil y ser igualmente aceptado por el Señor. Nuestra sabiduría y deber consisten en dar a Dios la gloria y la utilidad de nuestros talentos sean muchos o pocos.

Vv. 30-35.Aquí está el nombramiento divino de los maestros para que no hubiera contienda por el oficio y todos los que estuvieran empleados en la obra pudiesen recibir órdenes de ellos y ser responsables ante ellos. A quienes Dios llamó por nombre para su servicio, Él los llenó con el Espíritu de Dios. La destreza, aun en empleos mundanos, es don de Dios y viene de lo alto. Pero hay muchos bastante dispuestos a organizar el trabajo de los demás y pueden decir lo que debe hacer este o aquel hombre; pero ellos no tocarían ni con un dedo las cargas que atan sobre los demás. Los tales quedarán bajo la categoría de siervos negligentes. Estos hombres no estaban solamente para diseñar y trabajar; además debían enseñar a los otros. Los que dirigen deben enseñar; y aquellos a quienes Dios ha dado conocimientos deben estar dispuestos a darlos a conocer para beneficio del prójimo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿Está dispuesto usted?

¿Está dispuesto usted?

Heme aquí, envíame a mí.

Isaías 6:8

Dios quiere un corazón dispuesto en el momento y en el lugar señalados que oiga sus órdenes. También quiere un corazón lleno de la verdadera adoración. Todo el afecto y el pensamiento del creyente deben ponerse en Cristo. Todas sus metas se dirigen a Él. Él es suyo en definitiva.

¿Está dispuesto usted? ¿Es un adorador? ¿Es su propósito en la vida concentrarse en la persona de Cristo? El tener esa actitud significa estar controlado por el Espíritu Santo, que es el único que puede hacer que usted llame a Jesús Señor (1 Co. 12:3). Todos sus bienes, todo su tiempo, toda su energía, todo su talento y todos sus dones deben estar controlados por Él.

Eso también significa estar concentrado en la Palabra porque es en la Palabra donde se ve a Cristo. Se mira su gloria en la Palabra. Así como Cristo vino al mundo para dar su vida a fin de atraer a las personas hacia sí mismo, usted debe hacer lo mismo. Toda autoridad

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

Mateo 28:18

Antes de que Cristo presentara la Gran Comisión, de hacer "discípulos a todas las naciones", había establecido su autoridad divina para darla. De otro modo, habría parecido imposible de cumplir la orden.

Mientras los discípulos siguieron a Jesús durante tres años y medio, aprendieron mucho de su autoridad. Les mostró que tenía autoridad sobre la enfermedad (Mt. 4:23) y la muerte (Jn. 11:43-44). Él les dio a sus discípulos el mismo poder que Él tenía para vencer a la enfermedad y a los demonios (Mt. 10:1). Estableció que tenía la autoridad de perdonar pecados (Mt. 9:6) y de juzgar a todos los hombres (Jn. 5:25-29). Y probó que tenía la autoridad de dar su vida y volver a tomarla (Jn. 10:18).

La sumisión a esa absoluta autoridad de Cristo no es una opción; es su obligación suprema. ¿Necesita un Milagro?

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
Juan 2:11
Una pareja se sienta en extremos opuestos del sofá, cada uno de ellos sólo. Lo que en un tiempo fue un matrimonio vivo se ha degenerado en algo que ninguno de ellos jamás se propuso. Se aman, pero ambos saben que restaurar el matrimonio que una vez tuvieron exigiría un milagro.

Felizmente para ellos, y millones como ellos, un milagro no es nada imposible para nuestro Dios. Es más, el primer milagro de Jesús anotado en las Escrituras fue realizado en una casa y durante una boda (Juan 2:1-11). Fue por invitación a la misma ceremonia en donde se establece el matrimonio; recordatorio para nosotros de que Dios se interesa muy profundamente por las familias.

Si no tenemos cuidado podemos pensar que Dios ha abandonado por completo la institución del matrimonio y la importancia del hogar. Apabullados por las estadísticas de fracasos matrimoniales, muchas parejas se olvidan de quién fue el autor de la relación matrimonial, para empezar.

¿Necesita su hogar un milagro? Invite a Cristo a cada habitación. Hágale el cimiento de cada relación personal que se cultiva dentro de sus paredes. Como el agua convertida en vino en las bodas de Caná, el poder de Cristo puede transformar las heridas en armonía.

martes, 16 de marzo de 2010

Mateo 23

Mateo 23 -

CAPÍTULO 23
Versículos 1-12. Jesús reprende a los escribas y a los fariseos. 13-33. Delitos de los fariseos. 34-39. La culpa de Jerusalén.

Vv. 1-12.Los escribas y los fariseos explicaban la ley de Moisés y obligaban a obedecerla. Son acusados de hipocresía en la religión. Sólo podemos juzgar conforme a las apariencias externas, pero Dios escudriña el corazón. Ellos hacían filacterias que eran rollos de papel o pergamino donde escribían cuatro artículos de la ley, para atarlos a la frente o al brazo izquierdo, Éxodo xiii, 2-10; Éxodo xiii, 11-16; Deuteronomio vi, 4-9; Deuteronomio xi, 13-21. Hacían estas filacterias extensas para que se pensara que eran más celosos de la ley que los demás. Dios mandó a los judíos que se pusieran franjas sobre sus vestiduras, Números xv, 38, para recordarles que son un pueblo peculiar, pero los fariseos las hacían más grandes que lo corriente, como si por eso fueran más religiosos que los demás. El orgullo era el pecado amado reinante en los fariseos, el pecado que más fácilmente los asaltaba, y contra el cual el Señor Jesús habla aprovechando todas las ocasiones. Para aquel que es enseñado en la palabra, es digno de elogio que honre al que enseña; pero para el que enseña es pecaminoso exigir esa honra e hincharse por eso. -¡Cuán contrario al espíritu del cristianismo es esto! Al discípulo coherente de Cristo le es penoso ser puesto en los lugares principales, pero cuando se mira alrededor en la iglesia visible, ¿quién pensara que este es el espíritu requerido? Claro es que alguna medida de este espíritu anticristiano predomina en toda sociedad religiosa y en el corazón de cada uno de nosotros.

Vv. 13-33.Los escribas y los fariseos eran enemigos del evangelio de Cristo y, por tanto, de la salvación de las almas de los hombres. Malo es mantenernos alejados de Cristo, pero peor es mantener a los demás lejos de Él.
Sin embargo, no es novedad que la apariencia y la forma de la piedad se usen como manto para las mayores enormidades. Pero la piedad hipócrita será considerada como doble iniquidad.
Estaban muy ocupados en ganar almas para su partido. No para la gloria de Dios, ni para bien de las almas, sino para tener el mérito y la ventaja de hacer prosélitos. Siendo la ganancia su piedad ellos con miles de estratagemas hicieron que la religión cediera su lugar a sus intereses mundanos. Eran muy estrictos y precisos en materias mínimas de la ley, pero negligentes y consecuentes en las materias de mayor peso. No es el escrúpulo de un pecadillo que reprueba aquí Cristo; si fuera un pecado, aun como un mosquito, había que filtrarlo, pero hacían eso y, luego, se tragaban un camello, es decir, cometían un pecado mayor.
Aunque parecían ser santos, no eran sobrios ni justos. Realmente somos lo que somos por dentro. Los motivos externos pueden mantener limpio lo de afuera mientras el interior está inmundo; pero si el corazón y el espíritu son hechos nuevos, habrá vida nueva; aquí debemos empezar con nosotros mismos. La justicia de los escribas y los fariseos era como los adornos de una tumba o el vestido de un cadáver, sólo para el espectáculo. Lo engañoso de los corazones de los pecadores se manifiesta en que navegan corriente abajo por los torrentes de los pecados de su propio tiempo, mientras se jactan de haberse opuesto a los pecados de días anteriores. A veces pensamos que si nosotros hubiésemos vivido cuando Cristo estuvo en la tierra, no lo hubiésemos despreciado ni rechazado, como entonces hicieron los hombres; pero Cristo en su Espíritu, en su palabra, en sus ministros aún no es tratado mejor. Justo es que Dios entregue a la lujuria de sus corazones a éstos que se obstinan en satisfacerse a sí mismos. Cristo da a los hombres su carácter verdadero.

Vv. 34-39.Nuestro Señor declara las miserias que estaban por acarrearse a sí mismos los habitantes de Jerusalén, pero no se fija en los sufrimientos que Él iba a pasar. Una gallina que junta a sus pollos bajo sus alas, es un emblema adecuado del tierno amor del Salvador por aquellos que confían en Él, y su fiel cuidado por ellos. Él llama a los pecadores a que se refugien en su tierna protección, los mantiene a salvo, y los nutre para la vida eterna.
Aquí se anuncian la dispersión y la incredulidad presente de los judíos, y su futura conversión a Cristo. Jerusalén y sus hijos tenían gran parte de culpa y su castigo ha sido una señal. Pero no antes de mucho, la venganza merecida caerá sobre cada iglesia que es cristiana sólo de nombre. Mientras tanto, el Salvador está listo para recibir a todos los que vayan a Él. Nada hay entre los pecadores y la dicha eterna, sino su orgullo y su incrédula falta de voluntad.

lunes, 15 de marzo de 2010

Exodos 34

Exodos 34 -

CAPÍTULO 34
Versículos 1-4. Renovación de las tablas de la ley. 5-9. Proclamación del nombre del Señor-Ferviente petición de Moisés. 10-17. El pacto de Dios. 18-27. Las fiestas. 28-35. El velo de Moisés.

Vv. 1-4.Cuando Dios hizo al hombre a su imagen, la ley moral fue escrita en su corazón por el dedo de Dios, sin medios externos. Pero como el pacto entonces hecho con el hombre fue quebrantado, el Señor ha usado el ministerio de los hombres, tanto para escribir la ley en las Escrituras, como para escribirla en el corazón. Cuando Dios se reconcilió con los israelitas, ordenó que las tablas fuesen renovadas y escribió su ley en ellas. Aun bajo el evangelio de paz por Cristo la ley moral continúa obligando al creyente. Aunque Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, pero no de los mandamientos de ella. La primera y mejor prueba del perdón de pecados y de la paz con Dios es que la ley queda escrita en el corazón.

Vv. 5-9.Como señal abierta de su presencia y manifestación de su gloria, el Señor descendió en una nube y, desde allí proclamó su Nombre; esto es, las perfecciones y el carácter denotados por el nombre Jehová. El Señor Dios es misericordioso : pronto para perdonar al pecador y socorrer al necesitado. Piadoso : bueno y dispuesto a conceder beneficios inmerecidos. Tardo para la ira, : es longánime, concede tiempo para el arrepentimiento, y sólo castiga cuando es necesario. Él es grande en misericordia y verdad : hasta los pecadores reciben en abundancia las riquezas de su magnificencia aunque abusen de ella. Todo lo que Él revela es verdad infalible, todo lo que promete lo hace con fidelidad. Que guarda misericordia a millares : continuamente Él muestra misericordia a los pecadores hasta el fin del tiempo, y tiene tesoros que no se pueden agotar. Que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado : su misericordia y bondad llegan al perdón pleno y gratuito del pecado. Y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado : la santidad y justicia de Dios son parte de su piedad y amor para con todas sus criaturas. En los sufrimientos de Cristo se muestra la santidad y justicia Divina plenamente, y se da a conocer la maldad del pecado. La misericordia de Dios que perdona siempre va acompañada de su gracia que convierte y santifica. Nadie tiene perdón sino los que se arrepienten y abandonan la práctica intencional de todo pecado; ninguno que abuse, descuide o desprecie esta gran salvación podrá escapar.
Moisés se inclinó y adoró con reverencia. El creyente puede invocar cualquier perfección del nombre de Dios, para pedirle el perdón de sus pecados, que sea hecho santo su corazón, y que se extienda el reino del Redentor.

Vv. 10-17.Se manda a los israelitas que destruyan todo monumento de idolatría por exquisito o caro que sea; que rechacen toda alianza, amistad o matrimonio con los idólatras y todas las fiestas idólatras; y se les recuerda que no repitan el delito de hacerse imágenes de fundición. El furor del hombre es llamado celos, Proverbios vi, 34; pero el desagrado es santo y justo en Dios. Quienes no adoran sólo a Dios no pueden adorarlo rectamente.

Vv. 18-27.Una vez por semana deben reposar aunque sea en la temporada de siembra y de cosecha. Todos los negocios del mundo deben dar lugar al reposo santo; aun la siega prosperará para mejor por la observancia sagrada del día de reposo en la temporada de la cosecha. Debemos demostrar que preferimos nuestra comunión con Dios y nuestro deber para con Él antes que los negocios o la alegría de la cosecha.
Tres veces al año ellos debían presentarse ante el Señor Dios, el Dios de Israel. Canaán era una tierra deseable y los pueblos vecinos eran codiciosos; pero Dios dice: “Ninguno codiciará tu tierra.”Controlemos todos los deseos pecaminosos de nuestro corazón contra Dios y su gloria y, entonces, confiemos en que Él controle todos los deseos pecaminosos en el corazón de otros en contra de nosotros. El camino del deber es el camino de la seguridad. Quienes se aventuran por él, nunca pierden.
Aquí se mencionan tres fiestas: -1. La Pascua, que recuerda la liberación desde Egipto. -2. La fiesta de las semanas o fiesta de Pentecostés; agregada a esta está la ley de las primicias.
3. La fiesta de la cosecha o fiesta de los Tabernáculos. -Moisés tenía que escribir estas palabras para que el pueblo las conozca mejor. Nunca podemos estar suficientemente agradecidos de Dios por la palabra escrita. Dios haría un pacto con Israel con Moisés como mediador. Así, el pacto de gracia lo hace con los creyentes por medio de Cristo.

Vv. 28-35.La comunión cercana y espiritual con Dios mejora las gracias de un carácter renovado y santo. La piedad seria confiere lustre al semblante del hombre, así como infunde estima y afecto. El velo que Moisés se puso, señala la oscuridad de esa dispensación, en comparación con la dispensación del evangelio del Nuevo Testamento. También era un emblema del velo natural que hay en el corazón de los hombres respecto de las cosas espirituales. Además, representa el velo que estaba y está sobre la nación de Israel, el cual sólo puede ser quitado por el Espíritu del Señor, que les muestra a Cristo como el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree. El miedo y la incredulidad pondrán el velo delante de nosotros, estorbarán nuestro acercamiento confiado al trono de la gracia en lo alto. Debemos mostrar plenamente nuestras carencias, temporales y espirituales, ante nuestro Padre espiritual; tenemos que contarle nuestros problemas, luchas, pruebas y tentaciones; debemos reconocer nuestras ofensas.

domingo, 14 de marzo de 2010

Nuestra misión

Nuestra misión

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.

2 Corintios 5:19

Dios amó a un mundo perdido y procuró ganar a los pecadores para sí para su propia gloria. Cristo vino al mundo por amor y procuró ganar a los pecadores para la gloria del Padre. Como creyentes, también nosotros debemos ir al mundo con amor y procurar ganar a los perdidos para la gloria de Dios. Así que nuestra misión es igual que la de Dios.

Somos una extensión del ministerio de Dios el Padre y del Hijo al recibir gloria por la salvación de los perdidos pecadores. Jesús dij "Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo" (Jn. 17:18). "Así como" expresa intención. Así como el Padre envió al Hijo al mundo irredento, así el Hijo ha enviado a los creyentes. ¡Lo maravilloso es que tenemos el privilegio de participar en la misión de Jesucristo para un mundo perdido! El previo requisito del éxito

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Lucas 19:10

S. D. Gordon escribió un libro intitulado Quiet Talks with World Winners (Conversaciones silenciosas con los ganadores del mundo). En ese libro cuenta la historia de un grupo de personas que se preparaban para escalar el Monte Blanco en los Alpes Suizos. Los guías explicaron que, debido a lo difícil del ascenso, cada persona debía llevar consigo únicamente el equipo necesario para escalar, dejando atrás todas las pertenencias personales.

Un joven inglés no hizo caso al consejo y llevó consigo varias cosas, pero en el camino hacia la cumbre, las fue dejando atrás, una a una. Por último, cuando alcanzó la cumbre, lo había tirado todo menos el equipo esencial.

S. D. Gordon aplicó eso a la vida cristiana: "Muchos de nosotros, cuando nos damos cuenta de que no podemos alcanzar la cumbre con nuestras cargas, dejamos de subir, y levantamos en la llanura nuestras tiendas, y nos quedamos con nuestros planes y nuestras pertenencias insignificantes. La llanura parece estar llena de muchas tiendas" (55). Lo que todos debemos preguntarnos es: ¿Están mis pertenencias personales impidiéndome cumplir la misión que Dios me ha dado?