El que no confía en el Señor
“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. ”, Jeremías 17:5-6
“Poner carne por su brazo” significa confiar en uno mismo, tener confianza en la propia destreza, tomando el control de mi vida desde la necesidad, el temor o la escasez. La autopreservación, el autoanálisis y la independencia (consecuencias de la caída en el Edén), el “yo puedo” en acción.
El hombre que actúa guiado por la trampa de la serpiente de “ser como Dios, conociendo el bien y el mal”, experimenta la trampa del maligno: “conociendo” significa que tuvo que unirse al mal para experimentarlo, desconectándose de la vida de Dios. Y experimentar la muerte. (Génesis 2:17, Génesis 3:17)
Cuando el hombre pone carne por su brazo la consecuencia directa es que su corazón se aparta del Señor. Es uno o lo otro. Te conectas con la fuente de vida, o te conectas con tu propia fuente. Esto significa “mis propias fuerzas”, incluye nuestra mente, emociones y voluntad, en disposición o inclinación a ser gobernados por sí mismos.
Meditemos en tres características de este hombre que pone carne por su brazo, que no confía en Dios, de acuerdo al pasaje de hoy:
Espinoso, como la retama: Está frustrado, lleno de ira, se exalta o exaspera fácilmente, no encuentra descanso y mantiene una sed espiritual, siempre está buscando pero no encuentra lo que busca y se está comparando con los demás, de manera egoísta. Vive enojado, seco, sin fruto.
No ve el bien: Dios bendice a todos, el sol cae sobre justos e injustos, pero este hombre aunque pase la bendición por su lado, no la puede ver, sus ojos están cegados, o está enceguecido en sus propios pensamientos e intenciones. No está preparado para recibir o administrar una bendición.
No está tranquilo o no halla reposo: Siempre está quejándose y queriendo irse a otro lugar, mora o habita en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada, así habite en arroyos o en tierra fértil, en su mente habita en un desierto.
Hermanos, pidamos a Dios que no seamos de los que “ponen carne por su brazo” o que confían sólo en su propia fuerza. Clamemos también, que no seamos como árbol seco del desierto que no produce fruto, ni de los que no ven el bien cuando pasa. Oremos para que no seamos duros de corazón y no haya en nosotros queja y desespero, que no importe donde vivimos sino que Cristo haga habitación en nuestro corazón, trayendo reposo a nuestra alma cansada. Oración.
Padre, no quiero ser de los que ponen su confianza en otros o en su propio desempeño, ni de lo que dependen de su propio obrar, sino que me entrego plenamente a ti, confiando en tu fuerza, tu poder, tu provisión y tu propósito de formar en mí a Cristo, para glorificar tu nombre; hallo descanso en ti mi Señor y Salvador, amén.
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