lunes, 5 de enero de 2026

El misterio que revelado transforma tu vida

 El misterio que revelado transforma tu vida

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,”, Colosenses 1:26-27

La iglesia, el cuerpo de Cristo, nosotros en él y él en nosotros, como mencionamos ayer, fue un misterio (Colosenses 1:26-27) y fue revelado plenamente a Pablo como lo podemos estudiar detenidamente en los capítulos 3 y 4 del libro de Efesios (Efesios 3:8-10).

Lo que le fue revelado específicamente lo dice en Efesios 3:6: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”. Los gentiles eran en ese contexto, todos aquellos diferentes al pueblo de Israel, que por medio de la fe en Cristo, recibieron la promesa del Espíritu Santo para ser unidos a un solo cuerpo: “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6).

Es decir, nosotros, cada uno de los que pusimos nuestra esperanza en Cristo, por medio de la fe, recibimos su gracia, a Cristo mismo (Juan 1:12-13, Juan 1:14). El Padre nos colocó en su Hijo, nos unió a él, para que regresaramos a su seno, como hijos, nos sentó en los lugares celestiales ‘juntamente’ con Cristo: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6).

¿Por qué esta revelación transforma nuestra vida?

Porque ya no somos seres individuales, egoístas, sin propósito.

Porque no es lo que yo hago, es lo que Dios hace a través de mi.

Porque mi realidad no está en mi propia gloria, sino en su gloria.

Porque mi lugar no está aquí en la temporalidad, sino en la eternidad.

Porque no soy lo que el mundo dice que soy, sino lo que Dios dice que soy en Cristo.

Porque no es mi vida, sino la vida de Cristo en mí, hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3)    Oración.

«Padre, somos un cuerpo, siendo muchos miembros, somos uno en Cristo. Tu Espíritu nos enseña y revela tu Palabra, esto es, Cristo en nosotros, en perfecta coherencia con el testimonio de las escrituras, una vida que late dentro de cada miembro, la vida de tu Hijo. Qué maravillosa revelación que transforma mi vida y la de mi familia. Amén. 



domingo, 4 de enero de 2026

El misterio de la iglesia

 El misterio de la iglesia

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” Romanos 12:4-5

El concepto de iglesia, Lo primero que vino a mi mente fue una casa con una cruz encima. Es decir, la imagen de un templo, con puerta grande y una cruz.

Pero el Espíritu me llevó a la escritura a leer en varios pasajes acerca del tema y encontré algo muy diferente; escudriñando en estos pasajes, pude percibir por el Espíritu, que lo que enseñaba la escritura no se acomodaba al concepto que tenía en mi mente; se mostraban en la escritura ejemplos orgánicos:

La iglesia como cuerpo (1 corintios 12), una familia (Efesios 2:19 ), es un templo viviente construido con piedras vivas (1 pedro 2:5), concluyentemente no un edificio físico.

Además, estos pasajes hablan de cómo la iglesia funciona: “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:16), pero todo el crecimiento de los miembros es para que Cristo crezca en cada uno nosotros: “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,” (Efesios 4:15)

Entonces, la iglesia es el cuerpo de Cristo, es la forma que tomó Cristo en su resurrección, fue impartido en nosotros; la vida que nos habita, nosotros en él y él en nosotros: “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios” (1 de Juan 4:13-15 )

Cuando me quedó claro por la guía del Espíritu, dándome entendimiento de esta realidad y esta verdad, entonces dibujé una silueta de Cristo y varias personas dentro de él, ‘nosotros en él y él en nosotros’, es la verdad que se nos debe revelar por el Espíritu, para que nuestra realidad sea transformada, para que caiga lo que no es y entonces así emerja lo que es, la vida de Cristo mismo en nosotros.  Oración.

«Padre amado, me salvaste colocándome en tu hijo, su vida eterna en mi, mi habitación eres tú mi Señor, mi lugar de paz, he regresado a tu gloria, a mi verdadera casa espiritual y real, donde todo sucede según tu voluntad, gracias Padre, te alabo y te doy gracias por Cristo, en el poder de tu Espíritu que me revela la verdad de tu iglesia. Amén.



sábado, 3 de enero de 2026

Los buenos y los malos necesitan de Cristo.

 Los buenos y los malos necesitan de Cristo. 

“Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.

Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. ”, Hechos 10:39-45

En la escritura encontramos el testimonio de hombres buenos y piadosos, que a pesar de su virtuosa condición necesitaban el mensaje de salvación para nacer de nuevo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” (Romanos 1:16)

Vemos el caso del centurión Romano Cornelio, del cual el Espíritu dice “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.” (Hechos 10:2), tuvo una visión en la cual un ángel le decía que enviara hombres por Pedro “él te dirá lo que es necesario que hagas.” (Hechos 10:6).

Pedro a su vez, mientras los hombres venían en camino a buscarlo, tiene una visión donde se le revela que Dios también ahora, por Cristo, busca a los no judios, y le dice “Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. ” (Hechos 10:20) y ellos le dicen que vienen con la misión de llevarlo a casa de Cornelio “de hacerte venir a su casa para oír tus palabras” (Hechos 10:22); ¿cuáles fueron esas palabras de Pedro?, están registradas en Hechos 10:39-45, en el pasaje de hoy.

Pedro da testimonio de Cristo, su muerte y resurrección, entonces los oyentes reciben el Espíritu Santo, porque creyeron en lo que escucharon. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

Cornelio era bueno, pero con su bondad y todo, necesitaba escuchar y creer en el evangelio para que él y su familia fueran salvos. ¿A quienes de tus familiares o amigos aún no les has compartido el evangelio de salvación?

Todos necesitan escucharlo y creer para hacer parte de la familia de Dios.  Oración.

«Padre, has querido revelarte por medio de la locura de la predicación, que anuncia que la verdadera vida es en Cristo Jesús y que murió por nuestros pecados, pero que resucitó para darnos vida eterna. Te pedimos Padre nos sea revelado tu amor y podamos experimentar el nuevo nacimiento, para gloria de tu nombre, amén.  



viernes, 2 de enero de 2026

Jesús nuestra esperanza

 Jesús nuestra esperanza

“Para que, por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo”. Hebreos 6:18-19

“(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”. Romanos 4:17-21

El pasaje de Hebreos 6, nos lleva a tener esperanza en las cosas buenas que Dios ha determinado para nosotros por medio de sus promesas. La promesa de bendición que Dios nos ha hecho, está desde su eterno propósito, establecida entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, prometiendo la salvación a los que creen en Él. Debemos asirnos a esa esperanza como un ancla segura para nuestra alma, porque tenemos dos cosas inmutables, el consejo y el voto de Dios, en que es imposible que Dios mienta, porque sería contrario a su naturaleza y a su voluntad.

Nuestra ancla firme y segura es Jesucristo. Nos puede faltar todo, pero si lo tenemos a Él, no nos faltará nada, Salmo 23:1. La falta de esperanza aflige el corazón, nos hace caer en desánimo, en amargura, en tristeza y depresión, se frustra la vida, pero cuando hay esperanza nos levantamos en victoria.

Oseas 2:14-15 dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto”.

Dios es el que puede cambiar un tiempo de dificultades en un tiempo de esperanza. Dios utiliza incluso las experiencias negativas de nuestras vidas para crear oportunidades para que regresemos a Él. Cuando enfrentemos problemas y pruebas, recordemos que Dios nos habla en el desierto. Dios es experto en modificar escenarios y hace nacer la esperanza allí donde hay problemas. Si han estado las puertas cerradas, Él abre la puerta de la misericordia y la esperanza.

Quizás este año 2025, hemos pasado por valles de sombra de muerte, hemos estado en desiertos, pero el Señor dice que abre la puerta de la esperanza; y es con esa actitud que debemos empezar el nuevo año. Pongamos nuestra esperanza en el Señor, no en cosas y en personas que pueden fallar; sino, en la gracia del Señor que nunca se acaba y en su amor eterno, porque nunca nos dejará ni nos desamparará.

Salmo 119:114 dice: “Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado”. Las promesas de su Palabra son nuestra única fuente de esperanza. Por eso, debemos meditar, recordar y declarar las promesas de Dios, creyendo en ellas. En este mundo donde la mayoría de las noticias son negativas, perdemos nuestro norte; nos abrumamos con los reportes económicos, nos desilusionamos con tanta violencia y corrupción, perdemos la fe con tantos diagnósticos médicos de enfermedades que hoy aparecen y nos llenamos de temor con tanta desmoralización social; pero el Señor quiere que nos enfoquemos, colocando nuestra mirada sólo en Él.

Cuando vemos el pasaje de Romanos vemos a Abraham que no tenía motivos para tener esperanza. Ya él y su mujer eran viejos para tener descendencia. Pero a los 75 años, Dios le hizo una promesa que lo mantuvo enfocado, creyó esperanza contra esperanza porque su mirada estaba puesta en Dios y en lo que le había prometido. No dudó, siempre le dio gloria a Dios, contra toda lógica y razonamiento humano y alcanzó la promesa de tener un hijo en su vejez, que sería la descendencia que nos alcanzaría a nosotros hoy. Por eso se le llamó el Padre de fe. Así que hoy abracemos las promesas de Dios y no las soltemos, aun contra todo pronóstico negativo, contra toda circunstancia adversa. Comencemos este 2026, con la mirada puesta en Jesús, en Quién todas las promesas son sí y amén, para la gloria de Dios, 2 Corintios 1:20.  Oración.

«Amado Señor tú eres mi esperanza y mi ancla segura y firme. Quiero escuchar solo tu voz a través de las promesas en tu Palabra y dejar de escuchar las voces ajenas que me llenan de desesperanza. A pesar de los desiertos que pasé en el año que termina, no voy a soltar tus promesas de bendición hasta hacerlas una realidad en mi vida, en mi familia y en mi entorno. Tú eres mi Roca firme, por eso te entrego cada plan y sueño que tengo en este nuevo año para que esté alineado con tu perfecta, buena y agradable voluntad, amén.



jueves, 1 de enero de 2026

Jesús, mi ancla firme en este mar del mundo

 Jesús, mi ancla firme en este mar del mundo

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, ¡no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Mateo 14:22-31

Muchas cosas nos distraen en esta tierra y nos llevan a perder el enfoque, a dejar de mirar a Jesús, quien es nuestra única ancla firme en el mar tormentoso de este mundo. Siempre debemos mirar a Dios y más aún cuando atravesamos dificultades en nuestra vida.

Hay cinco aspectos por los cuales debemos siempre poner la mirada en el Señor.1) En medio de las tormentas de la vida. Las pruebas son parte de la vida cristiana, el Señor Jesús lo dijo claramente en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Poner los ojos en las situaciones difíciles, en la enfermedad, en los problemas matrimoniales, o en las dificultades con nuestros hijos, o en el trabajo, en el estudio, etc. no nos dejan enfocarnos en la grandeza del Señor, en su poder y soberanía, y terminamos desanimados porque no vemos soluciones.

El Dios de los cielos nos invita a colocar la mirada en Él, entonces veremos las cosas desde arriba, esto cambia nuestra perspectiva, porque nuestros problemas se vuelven pequeños ante el poder del Señor. En este pasaje podemos ver que cuando Pedro tenía los ojos puestos en Jesús, pudo caminar sobre el agua. Se trata de mirar a Jesús en medio del mar de dificultades para no hundirnos en ellas. Pero cuando quitamos la mirada de Él, vemos las circunstancias que nos rodean y podemos flaquear en nuestra fe.

En medio de la crisis que vive el mundo, miremos al cielo y clamemos para ver la gloria de Dios. Cuando quitamos la mirada de Jesús, nos llenamos de miedo al futuro, miedo a la muerte, miedo a todo el mal que enfrentamos en esta tierra. Es allí donde Jesús puede decirnos: “hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

2)Puestos los ojos en Jesús en medio de las tentaciones. En Getsemaní que significa “prensa de aceite”, el Señor les dice a sus discípulos en Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Cuando nos sintamos tentados pongamos nuestros ojos en Jesús.

3)Cuando miramos a Jesús y no a los hombres no tendremos tropiezo Mateo 18: 6-7 nos dice: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” Nuestra confianza debe ser en el Señor y no en los hombres, Jeremías 7:7.

4)Puestos los ojos en Jesús en medio de la abundancia. Muchos se desvían cuando prosperan y son bendecidos, es cuando más necesitamos colocar nuestra mirada en Jesús. 1 Juan 2:15-16 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Nuestros ojos deben estar puestos en las cosas celestiales, Colosenses 3:2.

5)Mirar a Jesús para ser más como Él y menos como nosotros. 2 Corintios 3:18 nos dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. La meta es nada menos que la semejanza con Cristo. La vida cristiana tiene un destino, y estaría bien que al final de cada día nos preguntáramos: “¿Cuánto he avanzado?”.

El año 2026, es el año de enfocarnos en Jesús quién debe ser el centro de nuestra vida, nuestra ancla para no dejarnos llevar por cualquier tormenta y bullicio de este mundo.  Oración inicial

«Amado Jesús tu Palabra me dice: “puestos los ojos en Jesús autor y consumador de mi fe”. Hoy en medio del mar de problemas donde a veces me encuentro quiero colocar mi mirada en ti mi Señor y Salvador, aumenta mi fe para que a pesar de las circunstancias que me rodean, pueda siempre confiar en tu fidelidad y amor. Señor que mis ojos se fijen en ti en las pruebas, en medio de las tentaciones, cuando mi confianza se desvía hacia los seres humanos, cuando me halle en abundancia y para ser más como tú y menos como yo, permitiendo que formes tu imagen en mí por medio de tu Espíritu Santo, amén.  


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Puestos los ojos en Jesús

 Puestos los ojos en Jesús

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:1-2
Esta porción de la Biblia es una instrucción que el autor de Hebreos nos deja para siempre colocar los ojos en Jesús sea cual sea nuestra situación. “Poner los ojos” viene del griego “aforáo”, que significa considerar atentamente, mirar fijamente o mirar de lejos otras cosas como los problemas y las dificultades, para colocarlos en el autor y consumador de nuestra fe.
Estamos terminando un año y siempre hacemos una evaluación y miles de promesas que muchas veces no cumplimos, este año 2026 debe ser un año de enfoque. Y el enfoque es en Jesús.
Esta carta fue escrita para judíos cristianos que estaban sufriendo persecución, opresión y muerte; y muchos querían abandonar el cristianismo. El autor de Hebreos, en el capítulo anterior, que se conoce como “la galería de los héroes de la fe”, muestra a mujeres y hombres que padecieron por causa de su creencia en Dios, pero que se mantuvieron firmes y corrieron su carrera de fe hasta el final.
Y el “por tanto”, con el que empieza el capítulo doce, es un conector donde se ve a la iglesia primitiva sufriendo persecución y esparciéndose por muchos lugares, mostrando un contraste entre los héroes de la fe y la iglesia naciente de Jesucristo que estaba siendo fuertemente atacada, para enseñarnos hoy cómo correr la carrera cristiana.
Mirando hacia atrás, vemos la fe de todos los testigos que se mantuvieron firmes a pesar de las adversidades, para que aliviemos nuestra carga y entendamos que tenemos que despojarnos de todo peso que está impidiendo que avancemos hacia la meta. Recordando que cuando los atletas corren, no pueden llevar peso, para que puedan hacerlo más rápido.
A veces nuestras vidas están tan llenas de peso, que no nos deja avanzar en nuestra vida cristiana, ese peso puede ser la falta de perdón, crisis de identidad, relaciones tóxicas, prejuicios y críticas que nos impiden correr. En Cantares 2:15 dice: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne”. Son todas esas pequeñas cosas que a veces no les prestamos atención, pero que están poco a poco dañando nuestra vida espiritual, porque quizás no nos parecen pecado y las subestimamos; pero son obstáculos en nuestro desarrollo y crecimiento cristiano.
Es bueno que al pasar de un año a otro cortemos con aquellas cosas que no nos dejan crecer y prosperar espiritualmente, es tiempo de arreglar esos problemas familiares que hemos dejado latentes, dejar la murmuración, el engaño, la mentira, la falta de perdón, etc. La carrera se corre con paciencia mirando siempre hacia la meta paso a paso. La palabra paciencia viene del griego “jupomoné”, que significa resistencia, aguante alegre, constancia, perseverancia, en otras palabras, persistencia hasta alcanzar la meta.
No se trata de correr a nuestra manera, sino correr con fe, escuchando la voz del Señor. Dice el pasaje “puestos los ojos en Jesús”, en otras palabras, corremos la carrera enfocados en Jesús. La palabra enfoque es mantener la atención en lo que realmente importa. Jesús debe ser el centro de nuestra vida, debe ser la esperanza y el propósito para todo lo que hacemos en esta tierra, en lugar de enfocarnos en las distracciones de este mundo. La visión espiritual correcta, es colocar los ojos en Jesús, así entenderemos las cosas como las ve Dios.
No sigamos corriendo hacia la deriva, tengamos una pausa para evaluar cómo va nuestra vida espiritual, y no ir hacia donde el mundo quiere llevarnos, como nos dice Santiago 1:6 “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”. No seamos como las olas del mar afirmemos nuestra fe, mirando a nuestro amado Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Oración.
«Amado Señor, gracias por tu santa Palabra, donde me muestras claramente la vida de otras personas que creyeron en ti y que perseveraron hasta el fin porque se mantuvieron firmes en la fe. Su testimonio me da aliento para continuar mi carrera espiritual, ya que todos los días paso por aflicciones por causa de mi fe en ti. Enséñame a correr con paciencia y a colocar mis ojos en ti, en medio de las situaciones de la vida, en el nombre de Jesús, amén.

martes, 30 de diciembre de 2025

Tu Palabra es la verdad que hace libre

 Tu Palabra es la verdad que hace libre

Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; más él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”. Lucas 24: 25-32

oy no queremos oír de parte del Señor lo que les dijo a sus discípulos en el camino de Emaús: “insensatos (sin entendimiento), tardos de corazón para creer”. Somos así, cuando ignoramos las Escrituras. Muchas veces decimos que queremos conocer a Cristo, pero no estudiamos su Palabra, no meditamos en ella y olvidamos que el tema de toda la Biblia es Jesucristo mismo.

La ignorancia de la Palabra de Dios es como un velo que cae sobre nuestros ojos, que nos impide reconocer a Jesús. Cristo es el hilo que atraviesa todas las Escrituras, el tema central que las enlaza. El Señor Jesús, hoy como en ese entonces, nos reprocha la debilidad en nuestra fe por el desconocimiento de su Palabra, sabemos que la fe crece cuando escuchamos, leemos y estudiamos su Palabra, Romanos 10:17. Si entendiéramos todas las riquezas que hay en ella, los consejos divinos que tenemos a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo, no estaríamos sujetos a confusiones, engaños y malas interpretaciones, sino que se aumentaría nuestro amor y fervor por conocer su Palabra.

Era muy importante que sus discípulos entendieran que la muerte del Mesías no fue un fracaso del plan sino el perfecto cumplimiento del designio divino. Los padecimientos de Cristo eran el paso para su gloria, por eso no podemos dejar de mirar a la cruz, pero tampoco desconocer que desde el Antiguo Testamento se muestran todas las cosas acerca de Él y que la gracia del evangelio recorre todo el Antiguo Testamento. Cristo después de su resurrección fue el mejor expositor de las Escrituras, mostrándoles a sus discípulos, como éstas se cumplieron en Él.

Hoy, como los discípulos de Emaús, necesitamos un encuentro renovador con nuestro Señor y Salvador. Para eso necesitamos la llenura del Espíritu Santo y su guía para comprender su Palabra. Permitiendo que el “Nazareno” camine a nuestro lado, porque en medio de las tormentas de esta vida, cuando estamos abrumados y tristes, su Palabra es la que puede traer consuelo, fortaleza y paz en medio de las dificultades. Su Palabra es agua viva en los momentos de sequedad. El “caminante” (Jesucristo), se interesa por nosotros y por todo lo que hay en nuestro corazón, Él nos ve, nos conoce y nos ama y nos habla “palabras de vida”, nos habla verdades profundas de una manera clara y sencilla, sabe que conoceremos su verdad y esta nos hará libres, Juan 8:32. Permitamos que nuestro corazón arda de una manera extraña, como nunca antes lo hemos experimentado, mientras escuchamos su Palabra y la estudiamos en nuestro caminar con Él. Y quizás como Jeremías entendamos que su Palabra es la única que puede quebrantar nuestro corazón y transformar nuestras vidas, Jeremías 23:29.

Que el Señor nos ayude para que nuestro corazón siga ardiendo como una antorcha que da luz y calor en este mundo de oscuridad y frialdad. Qué hoy nazca en nosotros el deseo de profundizar más en el conocimiento de Jesucristo.  Oración.

«Señor Jesús, gracias porque con solo ver mi rostro, ya sabes lo que me pasa, tú lees mi corazón. Gracias por traer tu Palabra a mi vida, por quitar el velo de mis ojos para que pueda reconocerte en ella, dame hambre y sed de tu Verdad. Que entienda que es el sustento diario que necesito, que deseo conversar contigo, sobre mi vida, mi familia, mi iglesia, mi nación y que cuando estoy triste puedo escuchar tu voz que me consuela y me ayuda, a través de cada palabra y cada promesa tuya, amén.