Cuando dudamos
“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio,” Hebreos 3:12-14
Hemos sido llamados, escogidos y participantes de Cristo; se nos ha dado seguridad, propósito y esperanza; hemos disfrutado de la gracia, misericordia y el amor incondicional del Señor, pero a pesar de todo, cuando llega la tentación, la prueba o los momentos difíciles, nos queremos apartar, nos ponemos a pensar y dejamos de orar.
El pecado, como dice Hebreos 3:13, es un engaño; engaño en el cual podemos caer o nos puede hacer resbalar; dudamos, cuestionamos y vagamos en nuestro corazón comparando las aparentes delicias, la gloria o las recompensas del pecado con la situación o circunstancias en las cuales nos tiene Dios de manera temporal y con propósito. Nos hacemos semejantes a la actitud del pueblo de Israel, pues habiendo sido libertados de la esclavitud de egipto y dirigiendose a la tierra prometida, teniendo que pasar por un desierto de unos pocos dias, se quejaban, dudaban, murmuraban y hasta querian regresar a su anterior condición.
Hermanos, contrario a la actitud de pecado por la que optó el pueblo de Israel en la travesía por su desierto, nuestro Dios hoy nos quiere exhortar a que nos humillemos ante Él, que optemos por una actitud de humildad, fe, gratitud, gozo y oración para que nuestro corazón no se endurezca por el engaño del pecado ni haya en nosotros incredulidad; recordando así mismo que: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” 1 Pedro 5:10. Oración,
Padre, que la tentación, la prueba o la dificultad no me hagan dudar u olvidar del verdadero gozo, plenitud y delicias que se encuentran a tu diestra y en tu presencia; no permitas que nada de este mundo ni aun mi carne, me alejen de ti, ni me desvíen de tu voluntad; confio y te doy gracias porque así lo has hecho y lo seguirás haciendo por Jesucristo tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario