viernes, 19 de junio de 2026

Habitando en familia

 

Habitando en familia
“Dios hace habitar en familia a los desamparados”; Salmos 68:6a
¡Cuán hermoso y reconfortante resulta este pasaje para quienes, en algún momento, hemos experimentado el desamparo! Ya sea por la pérdida de nuestros padres, por la ausencia física, mental o emocional de alguno de ellos, o por la distancia que nos separa de nuestra familia, sea por decisión propia o por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, el Señor nos revela que, en su infinita bondad, amor y misericordia, nos ha permitido conocer lo que significa habitar en familia.
¿Cuántos de nosotros, en momentos especiales, hemos sido acogidos por otros y hemos disfrutado de tiempos de comunión junto a ellos? Quizás hemos compartido una comida, celebrado una fecha importante o recibido el consejo y la guía de personas que, en el amor del Señor, nos han cuidado como padres y nos han mostrado la verdad de la Palabra.
Jesús mismo fue promotor de acoger a los desamparados. Lo vemos incluso en la cruz, cuando encomendó el cuidado de su madre al discípulo amado. José había muerto tiempo atrás y las Escrituras no nos dicen dónde se encontraban los demás hijos de María en ese momento. Sin embargo, aun en medio de su sufrimiento, Jesús hizo realidad en la vida de ella lo que declara la Palabra: “Dios hace habitar en familia a los desamparados”. Por eso, dirigiéndose al discípulo amado, le dijo: “He ahí tu madre” (Juan 19:27b).
Hermanos, la conclusión de este devocional es clara: cada vez que surja en tu corazón un sentimiento de abandono, trae a tu memoria las palabras del salmista y, sobre todo, fija tu mirada en Cristo. Él experimentó el desamparo para que ni tú ni yo tuviéramos que enfrentarlo por nuestra cuenta. Cuando esas emociones quieran imponerse, silencia las voces de mentira y aférrate a esta verdad: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”. Asimismo, ten presente que, aun si una madre llegara a olvidarse de su hijo, hay alguien que jamás lo hará: el Señor, el Dios inmutable que nunca cambia, el que cumple lo que promete, el que te ama con amor eterno y quien habita en tu corazón (Salmos 27:10; Isaías 49:15).
Por tanto, cuando la soledad o el abandono quieran hacerte creer que estás solo, recuerda que en Cristo tienes un Padre que nunca te desampara y una familia en la fe en la que Él mismo te ha hecho habitar.  Oración.
Padre, hoy te alabo y te exalto. Mi alma te bendice, pues tu Espíritu Santo ha traído a mi memoria todo lo que has hecho en mi vida. Has estado a mi lado en todo tiempo y has permanecido fiel, aun en medio de mi infidelidad. Gracias porque nunca me has desamparado y porque, cuando mis fuerzas han faltado, han sido tu gracia, amor y misericordia las que me han sostenido. Amén.   


No hay comentarios:

Publicar un comentario