martes, 23 de abril de 2024

Llamados a ser santos

 

Llamados a ser santos


“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”. Jeremías 9:23-24

“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Isaías 6:3

Blaise Pascal decía: “Pero hay quienes no pueden admirar más que las grandezas carnales como si no las hubiera espirituales. Y otros que no admiran más que las espirituales como si no las hubiera infinitamente más elevadas en sabiduría”.

Para él, había tres niveles de grandeza: la grandeza física superficial que se encuentra en las riquezas, la fuerza y la belleza. La grandeza más alta es la de los genios, la ciencia y el arte. Y un tercer tipo de grandeza que está en el orden de la santidad; llegando a la conclusión que la grandeza de una persona no radica en que sea fuerte o débil, rica o pobre, inteligente o analfabeta, porque la grandeza está en un plano diferente e infinitamente superior, en lo espiritual, y lo llama “orden de santidad”.

El Señor a través del profeta Jeremías nos lleva a pensar en lo mismo, cuando vemos este mundo con tanto pecado y dolor, encontramos mucho vacío en el interior del ser humano y son necios todos aquellos que se glorían en cosas temporales y superficiales como el conocimiento, salud, fuerza, riqueza o en cualquier cosa que los deja bajo el dominio del pecado y lejos de nuestro Creador. Fuimos diseñados para depender de Él, por eso anhela que nos gloriemos más en conocerlo y entenderlo para que conozcamos su voluntad; El Señor quiere que le demos más importancia a cultivar lo espiritual y crezcamos en santidad; porque Dios es un Dios santo, y si creemos en su Hijo Jesucristo nos da su poder santificador por medio de su Espíritu.

Estamos llamados a ser santos, 1 Corintios 1:2 “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”. Cuando ponemos nuestra confianza en Jesús y lo recibimos en nuestro corazón, recibimos el don del Espíritu Santo, quien nos capacita para vivir una vida santa, que agrade a Dios.

Sólo Dios es perfectamente santo, nosotros nunca alcanzaremos la perfección en esta vida, pero podemos caminar en santidad como respuesta a la santidad de Dios y esto es solo posible por la gracia de Dios, por medio del don de su Espíritu. La Santidad nos conduce a una entrega completa de todo nuestro ser al Señor, como dice Romanos 12:1 “así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.

Cuando Dios nos llama a ser santos, nos está diciendo que seamos completamente suyos, quiere que nos demos voluntariamente a Él, 1 Corintios 6:19-20 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”  Oración.

«Gracias Padre celestial porque al creer en tu Hijo Jesucristo, enviaste a tu Espíritu Santo a morar en mí, ahora soy templo tuyo y anhelo por tu gracia, me ayudes a caminar en santidad, a no llenarme de vanagloria por las cosas temporales y superficiales de este mundo. Quiero conocerte y entenderte para hacer tu voluntad para glorificarte con todo mi ser: espíritu, alma y cuerpo, en el nombre de Jesús, amén.

lunes, 22 de abril de 2024

El día del Señor está cercano

 

El día del Señor está cercano


“Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza. De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán continuamente todas las naciones; beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido. Más en el monte de Sion habrá un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones”. Abdías 1:15-17

Estamos viviendo en un mundo lleno de injusticias, aproximadamente 49.6 millones de personas viven en condiciones de esclavitud moderna, esto incluye: trabajos forzados, matrimonios forzados, trata de personas, tráfico de niños, tráfico de órganos y actividades delictivas. Hoy hay más gente en esclavitud que en los 350 años de tráfico de esclavos. Este libro de Abdías promete que un día este mundo será liberado de toda injusticia, cuando el reino de los cielos venga en su plenitud.

¿Qué sabemos de Abdías? realmente muy poco, su nombre significa “uno que sirve y adora a Jehová”, su libro es el más corto del Antiguo Testamento, este profeta fue usado por Dios para advertir la caída de uno de los enemigos de Israel, la nación de Edom, descendientes de Esaú, que siempre han vivido en rivalidad con Israel, por el conflicto que se originó entre los dos hermanos (Esaú y Jacob); han tenido una larga historia de guerras y problemas hasta el día de hoy.

El orgullo fue lo que hizo caer a Edom como lo dice Abdías 1:3 “La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?”.

También el profeta nos cuenta que cuando Jerusalén cayó en el 586 a.C. ante Babilonia, los edomitas no hicieron nada para ayudar a sus hermanos, por el contrario, vieron esto como una oportunidad de saciar su sed de venganza contra Judá, así lo dice Abdías 1:12: “Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia”. La retribución es una realidad, Dios es justo y castigará las injusticias hacia los demás. Abdías advierte del inminente castigo de Edom y confirma a Judá la constante protección de Dios, su futura victoria y su restauración.

Nunca ha cesado esa hostilidad contra Israel, son muchas las naciones llenas de soberbia que quieren ver destruido al pueblo de Dios y a su ciudad sagrada, Jerusalén. Abdías nos habla a nosotros de la gran liberación que tendrá lugar en el día del Señor, Abdías 1:21 “Y subirán salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová”. El remanente de los salvados gobernará justa y rectamente honrando el reino de Dios.

Con la Segunda Venida de Jesús, el reino de Dios irrumpirá en la historia y administrará su justicia en esta tierra; en aquel día todas las profecías de Abdías y otros profetas tendrán pleno cumplimiento y todos seremos liberados de toda injusticia. Un tiempo de juicio y divina justicia llegará para todas las naciones, es una predicción que alcanza nuestros días.

Como enseñanza podemos decir que las relaciones difíciles entre las personas, son el resultado inevitable de la soberbia que nos impide descubrir nuestros errores y crea barreras que se interponen en la reconciliación. Este es el costo del orgullo. El Señor nos exhorta a arrepentirnos y a buscar reconciliación con aquellos con los que hemos roto relaciones y vivir una vida de perdón y misericordia.

Recordemos que en su soberanía Dios utiliza las circunstancias para llevar a cabo sus propósitos, el Señor toma el futuro para realizar su plan y obrará en favor de su pueblo. Por medio de Jesucristo, Dios pone de manifiesto su poderío y dominio sobre toda la humanidad.  Oración.

«Señor Jesús, gracias porque un día tu justicia vendrá para todos cuando regreses en tu Segunda Venida y veremos tu reino establecido en toda su plenitud. Mientras llega este día ayúdame a ser un instrumento de tu justicia, llevando tu Palabra a todo lugar y tendiendo mi mano a los que viven en injusticia. En el nombre de Jesús, amén.

domingo, 21 de abril de 2024

La gracia triunfa sobre el juicio

 

La gracia triunfa sobre el juicio


“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Juan 8: 3-11

Los fariseos y escribas frustrados porque no tenían nada en contra de Jesús para acusarlo y así poder juzgarlo, le llevan a una mujer sorprendida en adulterio. Según la ley, ellos decían que Moisés los mandó a apedrear a los adúlteros, miremos Deuteronomio 22:22: “Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel”. La pregunta es ¿por qué sólo llevaron a la mujer para enjuiciarla?

El caso es que era una trampa; esperaban confundir a Jesús con respecto a la respuesta que diera a su pregunta: “tú pues, ¿qué dices?”; si Él decía apedréenla, lo acusarían de matarla, porque no era juez y si la defendía lo tacharían de condescendiente con la inmoralidad sexual. La verdad es que eran unos hipócritas astutos tentando al Señor, y aunque los escuchó y le insistían preguntándole, se agacho a escribir con su dedo en la arena, aparentemente ignorándolos.

Finalmente se enderezó y les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, en otras palabras: “aquel cuya conciencia le absuelva de cualquier pecado, arroje la primera piedra…” Fueron sorprendidos por su inteligencia, ahora el objeto de acusación se volvió hacia ellos y Jesús se inclinó nuevamente a escribir en tierra, era evidente que estaba dándole a los acusadores una oportunidad para irse sin que Él los viera y evitar así su vergüenza. Jesús hizo que fueran redargüidos en su conciencia, y fueron saliendo uno tras otro. La trampa para Jesús se volvió en su contra, quedaron expuestos ellos mismos a la vergüenza pública, lo que querían hacer con la mujer.

Es muy fácil caer en la tentación de juzgar a otros, antes de mirarnos a nosotros mismos, como nos recuerda Lucas 6:41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”

Jesús tiene todo el derecho de juzgar porque es Dios, sin embargo, Jesús restaura la vida de esa mujer cuando le dice: “¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. ¡Qué ternura y gracia inimitables!, con ese acto de amor inagotable esa mujer fue traída a la convicción de pecado, a la admiración por el que la liberó de él y a ese llamamiento a empezar una vida nueva.

Este es un momento para pensar un poco antes de lanzar una piedra contra alguien, deberíamos reconocer nuestras propias faltas y mirar a aquellos que están perdidos en el mundo con más compasión y misericordia. Santiago 2:13 dice: “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”.

El Señor no nos dejó un mensaje en la arena, lo hizo en la cruz, no lo escribió con su dedo sino con su sangre preciosa que derramó por cada uno de nosotros para declararnos “justos”. Esa es la gracia triunfando sobre el juicio. Alguna vez nos hemos preguntado ¿cómo reacciona Jesús frente a nuestro pecado?, sé qué cómo con esa mujer, nos diría: “tampoco yo te condeno, vete y no vuelvas a pecar” Oración.

«Amado Jesús, tu gracia me envuelve de manera incontenible ante tu inagotable amor. Al leer tu Palabra y ver tu misericordia sobre mi vida, te doy gracias, porque derramaste tu preciosa sangre en una cruz para darme perdón de pecados, libertad y una nueva vida. Lléname de tu Santo Espíritu para abundar en gracia, en misericordia y compasión por los demás, porque no soy quién para juzgar a otros. En el nombre de Jesús, amén.

sábado, 20 de abril de 2024

Preparando a otros para la obra

 


Preparando a otros para la obra

“Llamó entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que edificase casa a Jehová Dios de Israel. Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edificar templo al nombre de Jehová mi Dios. Mas vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho grandes guerras; no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí. He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días. Él edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre. Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti”. 1 Crónicas 22:6-11

Qué bueno es edificar la vida de otras personas y volverlas discípulos de Cristo. Estamos llamados a hacerlo, como dice Mateo 28:19 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Es necesario, porque otros tendrán que continuar la obra que nosotros hemos empezado, por eso, nunca debemos sentirnos desanimados cuando otras personas tienen el privilegio de hacer algo dentro del ministerio que nosotros hemos hecho ya; por el contrario, siempre doy gracias a Dios por mis mentores espirituales, por el que plantó la semilla del evangelio en mí, pero también el que la regó con perseverancia, los que me enseñaron la Palabra de Dios, me exhortaron y corrigieron, porque gracias a ellos, Dios me ha dado el crecimiento para colaborar con Él en la expansión del evangelio, donde quiera que he ido.

Debemos sentirnos privilegiados de poder dejar un legado, lo digo porque, como pastor y siervo de Dios, es una honra ver como no solamente dentro del ministerio donde el Señor me ha colocado, están siguiendo los pasos de Jesús, con sus habilidades y dones sirviendo donde Dios los ha puesto. No debemos ser egoístas, entre más envejecemos debemos recordar que Jesús nos ha dado la orden de hacer discípulos, y es una gran bendición ver replicadas sus enseñanzas en otros.

David fue un ejemplo de esto, cuando oró por su hijo y por todos aquellos que iban a ayudarle a edificar el Templo para Dios, los animó diciéndoles en 1 Crónicas 22:19 “Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santuario de Jehová Dios, para traer el arca del pacto de Jehová, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de Jehová”.

Hay que animar y bendecir los esfuerzos de aquellos que nos sucederán en el ministerio para que Dios les de sabiduría, mantengan la visión dada por la revelación de su Palabra, sigan entusiasmados en amar y servir al Señor, para que todo lo que hagan sea prosperado y El Señor será fiel en honrarlos.

Jesús sabía que su ministerio era corto, pues venía a cumplir la misión de entregar su vida por nosotros; por eso su mayor esfuerzo fue ganando, edificando y enviando a aquellos para que continuaran la extensión de su reino hasta lo último de la tierra; un día les dijo: “De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”, Juan 12:24-26

Ese legado de Jesús nos alcanzó a nosotros, recibimos perdón, salvación y vida eterna, por lo que ellos hicieron para el Señor. Hoy te animo a servir a Dios, sabiendo que ningún trabajo para Él es en vano. Toma tu arado y no desistas; y recuerda que uno es el que siembra, otro el que riega, pero Dios es el que da el crecimiento. El Señor del universo nos tiene para grandes cosas. ¡Anímate a hacer discípulos, son tu legado!    Oración.

«Amado Padre, en el nombre de Jesús oro por todos aquellos que han sido escogidos, edificados y formados dentro de la congregación donde nos has puesto; anímalos a coger el arado y seguir sembrando la semilla del evangelio, a seguir regándola con la edificación y discipulado, para que puedan ser enviados a extender el reino de los cielos donde tú quieres; dales amor, sabiduría, prudencia, fuerza y valentía para cumplir con tu llamado. Amén.

viernes, 19 de abril de 2024

Atentos a la Verdad

 

Atentos a la Verdad


“Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos”. Hechos 16:11-15

Esta es una de las mujeres que aparecen en la Biblia de las que poco se sabe. Pero lo que se conoce de ella, es que provenía de una región que producía bronce, latón, telas de púrpura. La Palabra dice que ella negociaba con esas telas y se presume que era una mujer acomodada económicamente, pero también que era una mujer que buscaba de Dios. En este caso Pablo estaba predicando el evangelio a unas mujeres que se reunían a orar a las orillas de un río. Aquí podemos ver un corazón dispuesto a escuchar la Palabra de Dios y a adorar a Dios. Lo importante aquí es que no interesa el lugar, Dios está buscando personas que le adoren, como la mujer samaritana, veamos Juan 4:21 “Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”.

Cuando escuchamos la Palabra de Dios esta produce fe, y cuando hay fe podemos abrir el corazón a Dios, Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. El corazón de Lidia fue abierto por el Señor para que estuviese atenta a lo que Pablo decía, lo que demuestra que la inclinación del corazón hacia la verdad no se origina en la voluntad del hombre. La primera disposición de inclinarse hacia el evangelio es una obra de gracia. Lidia no sólo abrió su corazón a Jesús, sino las puertas de su casa, fue generosa y compartió con alegría lo que tenía. Pablo vio en Lidia la gracia de Dios y desde ese momento en que el evangelio fue predicado con tanta sencillez, se empezaron a cosechar las primicias de Europa para Cristo. Lidia usó también sus recursos para ayudar a fundar la iglesia de Filipos, ella no solo entendió la gracia de Dios, sino que la puso en práctica.

¿Estamos como Lidia atentos a la verdad? Esta mujer, no solo estuvo dispuesta a escuchar el mensaje, sino que lo llevó a su hogar, trajo la luz de Cristo a su casa, y fueron bautizados ella y su familia. Luego ayudó a extender el reino de los cielos en esa región. Eso es lo que debemos hacer cuando conocemos a Jesús, debemos llevar primeramente el evangelio a nuestra familia y luego al lugar donde Dios nos quiera llevar.

¡Qué hermosa fe y qué generosidad!, Lidia estuvo dispuesta a atender las necesidades de estos misioneros Pablo y sus acompañantes, con hospitalidad; algo que muchos hemos olvidado en estos tiempos. Qué bueno es poder ayudar a otros y más a los hermanos en la fe. Recordemos lo que dice Romanos 12:13 “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” y Hebreos 13:2 “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.

Pidamos al Señor que disponga el corazón de nuestra familia y de los que nos rodean para que escuchen el evangelio. Solo el Señor puede abrir sus corazones para que lo reciban y crean en su Palabra. Oración.

«Señor, dame un corazón como el de Lidia, que anhele adorarte y escuchar tu voz cada día, quiero ser un reflejo de tu gracia, quiero entrar a tu presencia y darte gracias por la persona que un día me compartió el mensaje de salvación, escucharla me llevó a tener fe y a abrir las puertas de mi corazón a ti. Oro por los misioneros en el mundo para que sean revestidos de tu verdad, amor y gracia para alcanzar a los perdidos. En el nombre de Jesús, amén.

jueves, 18 de abril de 2024

Glorifiquemos a Dios con nuestra vida

 

Glorifiquemos a Dios con nuestra vida


Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20

“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. Apocalipsis 4:11

Debemos dar gloria a Dios en cada momento y con cada aspecto de nuestra vida, fuimos creados para darle gloria y honra, y fuimos comprados por el precio de la sangre preciosa de Cristo para glorificarlo con nuestro cuerpo y nuestro espíritu los cuales le pertenecen a Dios. A veces pensamos que solo debemos glorificar a Dios cuando nos congregamos, o cantamos en nuestra iglesia, pero la verdad es que somos templo del Espíritu Santo y estamos llamados a darle gloria a Dios con nuestra vida, nuestra manera de pensar, de hablar y de comportarnos.

Fuimos creados para su gloria así lo dice Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. Nuestro valor y motivos para enorgullecernos no está en nuestras posesiones, o títulos, o en nuestro círculo de amigos o en nuestros logros, son en la gracia infinita de Dios, pues todas las bendiciones provienen de Dios y es por su amor y cuidado que Él se glorifica en nuestras vidas. Sin Cristo no somos nadie. Todo lo que somos y tenemos es por la grandeza, poder y habilidad de nuestro Dios, por eso, las oportunidades que se nos presentan son para darle la gloria a Dios.

Preguntémonos ¿cómo podemos glorificar a Dios hoy? Meditando en su Palabra, reflexionando en su poder, tomando decisiones sabias que nos acerquen a Él, alabando a Jesús y agradeciéndole por su fidelidad. Si hay algo que nos impida acercarnos a Dios, seamos sinceros con Él y pidámosle que nos muestre qué debemos dejar o cambiar.

Recordemos lo que Pablo le decía a los Corintios para que llevaran una vida limpia y santa que glorificara a Dios: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna”, 1 Corintios 6:12. El Señor nos ha dado la capacidad por medio del Espíritu Santo para discernir lo justo y correcto para nuestra vida, escuchemos su voz que nos guía cada día para hacerlo.

Pensemos en lo grande y poderoso que es Dios con nosotros y mientras lo hacemos reflexionemos sobre lo que vamos a hacer o los pasos que vamos a seguir para glorificarlo hoy. “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho”, Deuteronomio 10:16-17

Es tiempo de cambiar para que toda nuestra vida sea un acto de adoración a Él, y recuerda que no estamos solos porque tenemos al Espíritu Santo en nosotros “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

“Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”  Oración.

«Amado Dios, tú eres santo y digno de toda alabanza y adoración. Me creaste para alabarte, muéstrame cómo adorarte con todo mi ser; quiero hacerlo con cada pensamiento, palabra, intención y acción, quiero ser un sacrificio vivo y santo agradable a ti, por eso, deja que toda mi vida te honre y te traiga gloria. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 17 de abril de 2024

Visión espiritual

 


Visión espiritual

“Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”. 2 Reyes 6:16-17

“librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”. Hechos 26:17-18

La lección que Eliseo le enseñó a su siervo Giezi fue que para creer lo imposible, primero debería ver lo invisible. La oración es la clave para discernir las estratagemas del adversario y también la clave para superar nuestros miedos. Muchas cosas pueden estar impidiendo que tengamos una clara visión espiritual, el miedo, la desesperación, el orgullo, la obstinación, la incredulidad pueden traernos ceguera espiritual. Eliseo oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea”; para que Giezi pudiera ver con los ojos de la fe la guardia invisible de ángeles que los estaba rodeando y defendiendo. Los ojos de la fe ven la realidad de la presencia y protección divinas que quitan todo temor, toda incertidumbre, la fe revela que Dios hace más por nosotros de lo que nos podemos dar cuenta.

Cuando nos enfrentemos a cosas que sean infranqueables, recordemos que los recursos espirituales están ahí aun cuando no podamos verlos, miremos a través de los ojos de la fe, para que veamos a Dios obrando en nuestra vida. A veces el problema es nuestra pobre visión espiritual y no el poder de Dios. Eliseo personifica la confianza que nace de una fe genuina cuando dependemos de Dios y de su infinito poder. Como dice Pablo en Romanos 8:31 “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Cuando Dios está de nuestro lado, nada ni nadie podrá permanecer en nuestra contra.

Pablo recibió un mandato de Jesús en su conversión, había sido escogido para abrir los ojos a los gentiles para que se convirtieran de las tinieblas a la luz, pero para poder hacerlo primero tenía que abrir sus propios ojos, no solo los físicos que habían quedado temporalmente ciegos por la visión del resplandor de Jesús resucitado, sino también sus ojos espirituales que, a pesar del mucho conocimiento de las Escrituras, todavía permanecían en oscuridad espiritual, por su orgullo e incredulidad.

Satanás el dios de este siglo, ciega el entendimiento de las personas para engañarlas, así dice 2 Corintios 4:4 “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Pero Dios es el que ilumina y abre nuestros ojos espirituales para darnos una visión clara de su soberanía y de su poder y así, vencer cualquier impedimento que tengamos. El Espíritu Santo nos quiere hablar y nos quiere usar para establecer su reino aquí, porque cada uno de nosotros tiene el potencial de ser usados por Dios, por eso, así como Eliseo pidamos que el Señor abra los ojos de la iglesia, de esta generación, para que entendamos el propósito por el cual nos ha escogido y hablemos sin temor, sin avergonzarnos del evangelio.

Que la Palabra de Dios nos de la sabiduría para no ser conquistados por Babilonia, por las ideologías de este mundo, que están dañando el corazón de muchos y los han puesto a dudar de la realidad de Dios. Por eso, no permitamos que ninguna potestad de las tinieblas impida que la Palabra de Dios sea implantada en nuestros corazones y si recibimos la visión espiritual por el Espíritu Santo, nada podrá detenernos para hacer la voluntad de Dios.   Oración.

«Señor derrama en esta mañana espíritu de revelación, conocimiento y sabiduría sobre mi vida para que pueda entender tu Palabra, saber tus misterios, poder caminar con tu Espíritu Santo, comprender tu amor inagotable. Quiero inclinarme delante de ti y reconocer que a veces he ignorado tu Palabra y me he alejado de tu dirección queriendo hacer las cosas en mis propias fuerzas. Quiero que abras mis ojos a tu visión e igualmente quiero abrir los ojos de aquellos que andan en tinieblas para que se conviertan a la luz de tu evangelio. En Cristo Jesús, amén.