Este es mi testimonio
“Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Juan 9:25
Muchas veces nos preguntamos ¿Cuál es la mejor manera de evangelizar y alcanzar el mundo para Cristo? La verdad es que, aunque existen numerosos métodos de evangelización, campañas evangelísticas donde presentamos el sencillo mensaje del evangelio, la manera más contundente de atraer otras personas a Cristo es contando nuestra propia historia.
El testimonio personal es la oportunidad que tenemos de contarle a otros lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. Aunque muchos de los que nos escuchan no conocen a Jesús y quizás piensan de Él como pensaban los fariseos de ese entonces, que lo consideraban un lunático, un charlatán, un pecador y hasta un endemoniado por las señales que hacía, podemos decir como el ciego: “si es pecador, yo no lo sé, lo único que sé es que Él me salvó, me sanó, me liberó, me transformó, etc.”
La Palabra de Dios está llena de testimonios de hombres y mujeres cambiados por el conocimiento y el poder de Cristo, además millones de personas siguen testificando sobre la transformación de sus vidas al haberse encontrado con Jesús. En el Antiguo Testamento se afirma que sólo Dios tiene el poder para dar vista a los hombres, veamos Éxodo 4:11 “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?”; y también se consideraba una dimensión de la obra del Mesías en Isaías 29:18 dice: “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”.
La sanidad hecha por Jesús, de este ciego, debería ser la señal más clara de su divinidad, apoyando el reclamo que le hacían los religiosos de su época porque decía ser el Hijo de Dios. Este episodio reúne los dos aspectos del ministerio de Jesús, el de ser la luz del mundo que ilumina a los que creen, pero a la vez el que resulta en juicio y ceguera espiritual para los que lo rechazan. Nuestra ceguera no fue física pero el Señor nos sanó de nuestra ceguera espiritual, para que diéramos testimonio de lo que ha hecho en nuestra vida. Contemos nuestra historia con autenticidad, contemos nuestra historia persistentemente, contemos nuestra historia humildemente, Proverbios 12:17; Juan 9:11-12
Después de que son abiertos nuestros ojos espirituales y nos convertimos al Señor, en la medida que empezamos a conocerlo, cambia nuestra percepción de Él, y comenzamos a adorarlo como nuestro Señor y Salvador. Entender lo que es nuestra historia de vida cuando recibimos a Cristo, es una de las maneras de dar testimonio de su amor y misericordia y de llevar la luz de Jesús a las personas que nos rodean. No subestimemos nuestro testimonio, alguna persona puede identificarse con nosotros y desear conocer del Señor. Oración.
Señor Jesús, quizás mi historia no es tan dramática como la del ciego de nacimiento, pero tengo una historia que tiene poder para acercar a otros a Cristo, ayúdame a contar mi testimonio desde mi corazón, con honestidad y autenticidad. Así como Bartimeo “yo era ciego y ahora veo”, puedo testificar de que me encontraste, que abriste mis ojos espirituales, me sanaste, me liberaste y me salvas; y ahora quiero que otros experimenten lo mismo. En el nombre de Jesús, amén.
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