viernes, 13 de febrero de 2026

Cinco sentidos

 Cinco sentidos

«La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?» Mateo 6:22-23

En el devocional de ayer mencionamos que nuestro pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos, el día de hoy vamos a ver a través de dos ejemplos bíblicos el por qué decimos ésto.

En la vida de David podemos comprobar cómo lo que vemos puede llegar a influenciar no sólo nuestra manera de pensar, sino también nuestro sentir y actuar. La Biblia nos relata en 2 de Samuel 11:2-4 que David al ver desde el terrado a una mujer hermosa llamada Betsabé, esposa de Urías Heteo, manda no sólo a preguntar por quién era ella, sino que también envía mensajeros para que la traigan a la casa real para poder acostarse con ella. En el segundo caso relatado en Génesis 3:1-6 podemos ver a Eva dejándose seducir por las mentiras de Satanás, al oír sus palabras y al aceptar dicha mentira de que aquel fruto prohibido era bueno y que se podía comer de él, ante sus ojos el fruto prohibido se comenzó a ver como algo codiciable para alcanzar «sabiduría», lo que la llevó a tomar, palpar ese fruto prohibido, quizás a olfatear y percibir un aroma agradable, y por último a degustar, comer de él tanto ella como su marido. Como vemos, aquellos sentidos que nos fueron dados por Dios, cuando los dejamos a disposición de la carne, nos pueden guiar hacia la desobediencia al Señor, por esta razón debemos tener sumo cuidado con ellos.

La Biblia nos declara en el pasaje principal del día de hoy, que en el caso de la vista, nuestros ojos son como esa lámpara que llevan luz u oscuridad a nuestro cuerpo, y dependiendo de a quién le demos el control de ellos, nuestras vidas podrán experimentar luz u oscuridad. Quizás al leer esto pensarás: «Mis ojos están sanos, llenos de luz», pero la Palabra nos confronta diciendo que en ocasiones estamos tan ciegos y con tanta neblina en nuestra mente que ni siquiera podemos percibir esto, como le pasó a David, después de haber tomado a la mujer de Urías y de incluso haber planeado su muerte, no caía en cuenta de su pecado hacia Dios hasta que Natán habló con él (2 Samuel 12:1-9), cuán nublado estaba el pensamiento de David al creer que lo que había hecho tenía justificación. En el caso de Eva le vemos echarle la culpa a Satanás disfrazado de serpiente, diciendo que había sido engañada, en vez de reconocer su pecado contra Dios (Génesis 3:13). Como vemos necesitamos que sea Dios quien guarde nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, pues nuestro corazón es tan engañoso y perverso que si le seguimos permitiendo que sea el que dirija nuestras vidas nos llevará a sembrar sólo las obras de la carne.  Oración.

«Padre, reconozco que en ocasiones he permitido que mis ojos vean cosas que no me edifican, te pido perdón pues Tú me has dado la vista con un fin específico y mayor, que cuando por medio de ellos vea Tu luz, tu Espíritu sea quien guíe mi vida. Amén.



jueves, 12 de febrero de 2026

Guarda tu pensamiento

 Guarda tu pensamiento

«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.» Proverbios 4:23

Dios me llevó a recordar Proverbios 4:23, quien nos habla de la importancia de guardar, cuidar nuestro corazón, pues éste determina el rumbo de nuestra vida.

Lastimosamente muchos creyentes remiten éste pasaje tan sólo al cuidado que debemos tener con nuestro miembro físico, y sin darnos cuenta dejamos a un lado una enseñanza mucho más profunda. La palabra «corazón», proviene del Hebreo: y ésta palabra no sólo se usa para referirse al miembro físico, sino también a la voluntad, los sentimientos e incluso al intelecto o pensamiento. Y conforme ésta última definición queremos llevar el enfoque del devocional, pues cuán importante es guardar, cuidar, velar por nuestro pensamiento, y lo queremos mencionar, porque si hoy en día hay algo que el ser humano tiene desprotegido, descuidado y hasta trastornado es el pensamiento. Diariamente somos testigos de ello, pues la humanidad se encuentra en un estado de degradación y decadencia bastante importante.

No sé si lo has notado pero cuando pasamos tiempo alimentando nuestras vidas o consumiendo éste tipo de contenido, terminamos haciéndole daño a nuestro pensamiento, pues ¿Quién no termina después de esto preocupado, indignado, desanimado, desmotivado, o en casos contrarios, hasta influenciado a hacer algo similar? Lo hablo a modo personal, pues me di cuenta que ésto me pasaba cuando al ver en mis redes sociales noticias que no son provechosas, resultaba difícil para mí el tratar de traer a mi mente un pensamiento diferente, algo que fuera edificante, al no poder cambiar de idea, inmediatamente empecé a experimentar ansiedad, a tal punto que mi cuerpo me decía que debía salir corriendo.

Como vemos la tarea de guardar nuestro pensamiento no es sólo para aquellos pequeños que apenas están aprendiendo, sino también para nosotros los padres, hermanos, amigos, abuelos, líderes y pastores, pues en el mundo estamos y él está viciado de cosas que quieren afectar nuestro pensamiento, pues debemos recordar que un pensar se convierte en un sentir, y la combinación de éstos dos nos llevan a determinar nuestro actuar.

Hermanos, debemos tener presente que el pensamiento puede dejarse influenciar, ya sea negativamente o positivamente, de manera consciente o inconsciente por lo que vemos, oímos, olfateamos, palpamos y hasta degustamos. De nosotros depende decidir con qué le seguiremos alimentando, si con la basura que nos ofrece el mundo, o por el contrario, con el alimento más nutritivo que nos ofrece Dios, Su Palabra.   Oración.

«Padre, gracias por enseñarme a través de Tu Palabra y de manera práctica la importancia de cuidar mi modo de pensar. Espíritu Santo de Dios llévame a mantener mi mente y mis pensamientos en Cristo Jesús, pues como dices en Tu Palabra: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado Amén.   



miércoles, 11 de febrero de 2026

Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

 Ni ansiedad ni calma excesiva sino una vida con diligencia

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?… ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos… No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.» Mateo 6:25, 27-29, 31-32

Marian Rojas Estapé reconocida médica psiquiatra dice que «el 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente lo viven como si fueran reales», qué interesante ver que este concepto reconocido oficialmente por la ciencia en el Siglo XX, haya sido revelado por Jesús décadas atrás. Jesús no habló con cifras, pero en Su Palabra no necesitamos de ellas para entender que ni el afán ni la ansiedad producen algo bueno en el ser humano, ni para comprender que al experimentarlas tampoco pueden acelerar el curso de las cosas, como en ocasiones ellas nos quieren hacer ver.

En la vida cristiana debemos aprender a tener un equilibrio, pues en ocasiones solemos irnos a los extremos, o nos afanamos por todo y nos aceleramos; lo que produce fatiga, estrés, cansancio y una mala toma de decisiones, como le sucedió a Saúl, quien por el afán de ver al pueblo desertar no esperó a Samuel para que éste ofreciera sacrificio a Dios sino que él mismo lo ofreció, la consecuencia de ésto: la desobediencia a Dios, la reprensión por parte del Señor y el ser apartado del reino (1 Samuel 13:9-14); o en el caso contrario nos mantenemos en una calma excesiva, al punto de dejarnos llevar hacia la procrastinación, como le pasó en una ocasión a Moisés, él sabía lo que debía hacer: avanzar y hacer pasar al pueblo por el Mar Rojo pues detrás de ellos estaba el ejército Egipcio, pero en cambio le vemos orando, esperando, cuando la indicación que había sido dada por Dios era clara. El resultado de aquella calma excesiva fue un llamado de atención de parte de Dios (Éxodo 14:15-16), gracias a la misericordia de Dios y a la promesa que Él les había hecho, el pueblo no fue capturado y pudieron salir de aquella esclavitud en la que los había tenido el Faraón Rey de Egipto.

Hermanos, la Biblia nos invita a ser diligentes, diligentes a la hora de buscar a Dios, de prestar atención a Su Palabra y por supuesto a ser diligentes al momento de obedecerle, de actuar (Mateo 6:33a, 1 Samuel 15:22, 2 Timoteo 2:15). El vivir con diligencia no es algo que se pueda llevar a cabo por nuestro propio esfuerzo sino únicamente por medio de la fe, pues a medida que vayamos creyendo en la Verdad de Su Palabra, el Espíritu Santo será el encargado de llevarnos a experimentar esta Verdad, nos ayudará, guiará, revelará y permitirá entender cuándo es el tiempo oportuno para actuar, cómo debemos hacerlo y qué es lo que nos corresponde hacer en una situación en particular.   Oración.

«Padre Santo que cuando Tú me pidas hacer algo le permita a Tu Espíritu Santo guiarme para obedecerte con diligencia. No quiero posponer las cosas, ni actuar basándome en el afán, quiero permitirle más bien a Tu Hijo Jesús quien sea el que viva y me lleve a disfrutar de una vida equilibrada. Amén.



martes, 10 de febrero de 2026

Mi mirada puesta en Tí

 Mi mirada puesta en Tí

«En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.» Salmos 94:19

En la mayoría del Salmo 94 no sólo podemos observar la gran injusticia a la que se enfrentaba el escritor y las personas que estaban a su alrededor, sino también lo que produce en la vida del hombre al poner la mirada en las situaciones difíciles del día a día (Salmos 94:1-6, 16, 21). Cuando el Salmista se enfocaba en esas injusticias, la Biblia nos muestra que su corazón se llenaba de ira, y cuando permitía que fuera su carne la que tomara el control y guiara sus oraciones, sólo salía la gran necesidad de que Dios hiciera «justicia» (Salmos 94:9-10a). Ésto me recuerda la petición de Juan y Jacobo, quienes al ver el rechazo que le hicieron en una aldea de Samaria a Jesús y al dejarse dominar por ésto, sólo salía de su corazón la gran necesidad de que cayera fuego del cielo para que consumiera toda esa ciudad, pues según ellos con ésto se haría «justicia» (Lucas 9:54). Cuando tú y yo nos dejamos dominar por la carne nos sumergimos en un estado de tristeza, rencor, celos, etc., pues la carne sólo nos impulsa a que se produzca en nosotros frutos semejantes (Gálatas 5:19-21a). Sin embargo, observemos lo que sucede en nuestras vidas cuando, incluso ante dichas situaciones injustas, le damos el control al Espíritu. El Salmista declara que lo único que producía alegría a su alma era la Palabra de Dios, pues en ella encontraba el consuelo que necesitaba, y es que la Palabra de Dios es la única que puede saciar nuestra alma incluso ante la peor circunstancia, por eso el Espíritu Santo nos lleva a recordarla (Juan 14:26)

Cuando le damos el control al Espíritu Santo de Dios se produce en nosotros Su fruto, fruto que nos lleva a experimentar en todo momento: el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o dominio propio (Gálatas 5:22-23a), fruto que necesitamos para poder resistir la prueba y mantener nuestra confianza firme en Jesús quien es nuestra esperanza (Salmos 27:13-14)

Hermanos, en el mundo estamos y en él enfrentaremos aflicción, sin embargo, no nos podemos dejar llevar por las dificultades de este mundo, ni ellas pueden determinar nuestro pensar, sentir, actuar, pues por el único que nos deberíamos dejar guiar es por Dios y Su Palabra, pues como lo declara el Salmista: «Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes, Para hacerle descansar en los días de aflicción,» Salmos 94:12-13a.  Oración.

«Padre, que mi mirada esté siempre puesta en Tí, pues cuando solo te veo a Tí mi alma encuentra paz, esa paz que sólo Tú puedes dar y que es la que sobrepasa todo entendimiento, paz que no llega por la ausencia de dificultades sino que viene como resultado de permanecer en Tu Presencia. Amén.  



lunes, 9 de febrero de 2026

 Apartados para Dios

«Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.» Jeremías 2:4-8

El libro de Jeremías nos lleva a meditar sobre la gran problemática del pueblo de Israel en cuanto a la desobediencia constante hacia el Señor. El pueblo quien debía haber obedecido a todas las enseñanzas dadas por Dios y ser ejemplo de ellas ante otros pueblos, se había desviado conforme a la imaginación de su malvado corazón (Jeremías 11:3-8a), ahora dentro de sus costumbres estaba mandar a hacer con los artesanos figura de madera a aquellos dioses paganos y a decorarlas con oro y plata. La Biblia añade que según él número de sus ciudades eran sus dioses ajenos, y según sus calles los altares que habían puesto para ofrecer incienso a Baal (Jeremías 10:3-5a, 11:13).

Qué triste ver cómo Israel había caído y se había dejado seducir por el mundo cuando no había sido creado para ésto, qué dolor tan grande sentía Dios al ver en lo que se había convertido Su pueblo. Sin embargo, en medio de ellos había un hombre, Jeremías, quien anhelaba cumplir los mandatos de Dios. Este ejemplo nos debe llevar a reflexionar, pues hoy tú y yo debemos ser como Jeremías en medio del caos y la lujuria que nos ofrece este mundo, debemos permanecer firmes ante Dios sin dejarnos contaminar por las costumbres de los no creyentes. Lastimosamente, en ocasiones nos sucede como al pueblo de Israel y nos terminamos dejando llevar por la corriente de este mundo, permitiendo en nuestras vidas, prácticas que no son correctas y que no nos llevan a glorificar a Dios sino a callar, como lo quiso hacer el pueblo con el profeta, quien al predicar incansablemente sobre la Palabra del Señor, el mismo pueblo quería callarlo, matarlo, pues sabemos que la Palabra de Dios nos confronta, y a quienes no les agrada, les causa enojo y un crujir de dientes (Hechos 7:54).

Hermanos, la conclusión de éste devocional es clara, estamos en medio del mundo y de él no seremos quitados hasta que el Señor venga por nosotros, pero mientras esto ocurre, debemos recordar que seremos guardados y apartados para Dios por medio de la Verdad de Su Palabra (Juan 17:15-17), por tanto, permanezcamos firmes y sigamos compartiendo las buenas nuevas de Jesucristo para que otros también lleguen a ser salvos.   Oración.

«Padre, hoy nos unimos a la petición que hizo Tu Hijo Jesús cuando estuvo en la tierra: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.» Guárdanos Oh Dios con la Verdad de Tu Palabra. Espíritu Santo no permitas que nos desviemos ni a izquierda ni a derecha, sino que caminemos por el único camino que nos conduce hacia el Padre. Amén.



domingo, 8 de febrero de 2026

 Miedo a lo desconocido

«Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.» Éxodo 20:18-19

«Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.» Éxodo 33:11a

Bien conocemos que el hombre suele tenerle miedo a lo desconocido y es que para él, el no tener control sobre las cosas le produce incertidumbre, frustración, etc.

El pueblo de Israel experimentó miedo a lo desconocido, o más bien podríamos decir miedo a Dios a quien no conocían, y debemos aclarar que esto sucedió, no porque Dios no hubiese querido que lo hicieran, sino por la misma decisión del pueblo quienes prefirieron que fuera Moisés quien lo conociera y les trajera el mensaje que Dios quisiera enviarles.

Hoy en día, cuando vemos este ejemplo, podremos decir ¡qué ignorancia!, y la verdad es que nosotros no estamos tan lejos de aquella realidad, pues hoy en día también preferimos que alguien más nos hable sobre quién es Dios, que acercarnos al Señor y tener una relación con Él en la cual podamos conocerle más íntimamente.

Qué hermoso ver lo que en cambio refleja Moisés, quien en su madurez espiritual entendió la importancia de conocer más a Dios y depender de Él a tal punto de decir: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.» Éxodo 33:15b, y es que a Moisés ya no le importaba el no saber a dónde Dios les llevaría, ni qué encontrarían, pues su enfoque ya no estaba en aquello desconocido, sino en Dios a quien ya conocía por medio de su intimidad con Él.

Hermanos, recordemos que para estar en la Presencia de Dios ya no necesitamos subir a un monte, pues Su Palabra nos revela: «porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» (Efesios 2:18), así que aprovechemos y cultivemos nuestra relación con Dios por medio de la comunión de Su Espíritu (2 Corintios 13:14).    Oración.

«Padre, gracias por permitirme conocerte y verte cara a cara por medio de la preciosa sangre de Tu Hijo Jesús, quien la derramó en esa cruz por amor a mí y a toda la humanidad. Espíritu Santo de Dios pon en mi corazón el deseo ferviente de estar en Tu Presencia en todo momento para alabarte y adorarte, para conocerte y glorificarte. Amén.



sábado, 7 de febrero de 2026

 Andar en el Espíritu

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2:14

Cuando la Biblia nos dice que las cosas que son de Dios solo se pueden entender a través de la revelación del Espíritu Santo, es porque solo Él conoce las cosas de Dios (1 Corintios 2:11) y nosotros, los que hemos creído en Cristo y su palabra de verdad, sabemos que el Espíritu Santo está en nosotros, por eso nuestra seguridad y confianza debe ser total en lo que Dios dice en su Palabra para nuestra vida.

La palabra de Dios en Gálatas 5:16 dice: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Una de las muestras de que hemos recibido al Espíritu Santo es que comienza una guerra entre mi carne y Él, una batalla entre confiar en los deseos e impulsos de la carne o dejarme guiar por su Presencia; pues, una vez que nosotros hemos creído en Cristo somos bautizados por el Espíritu Santo en Cristo, y dice la palabra de Dios que hemos sido bautizados en su muerte, lo que para nosotros significa que hemos muerto o ha sido crucificado juntamente con Cristo nuestro viejo hombre, para que ahora en el presente, así como Cristo resucitó de los muertos y vive para Dios, nosotros también nos consideremos muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro; (Romanos 6:3-11).

La frase “muertos al pecado, pero vivos para Dios” quiere decir que ahora nosotros podemos y debemos por la fe en Cristo, andar en vida nueva, una vida guiada por el Espíritu Santo, en la cual no reine el pecado, es decir, no lo obedezcamos y tampoco ofrezcamos los miembros de nuestro cuerpo como instrumentos de mal para servirle, sino que, por el contrario, nos entreguemos a Dios y usemos todo nuestro cuerpo como instrumento para hacer lo que es correcto (Romanos 6:12-13).  Oración.

«Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, en este día te alabo, te doy gracias, bendigo tu poderoso nombre y me rindo a tus pies para pedirte que hagas tu voluntad en mi vida, que intervengas en cada aspecto y endereces mis pasos; Padre, que sea tu Santo Espíritu el que tome el control de mi caminar para que así pueda entender y vivir cada una tus verdades para mí. Gracias, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.