lunes, 9 de febrero de 2026

 Apartados para Dios

«Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.» Jeremías 2:4-8

El libro de Jeremías nos lleva a meditar sobre la gran problemática del pueblo de Israel en cuanto a la desobediencia constante hacia el Señor. El pueblo quien debía haber obedecido a todas las enseñanzas dadas por Dios y ser ejemplo de ellas ante otros pueblos, se había desviado conforme a la imaginación de su malvado corazón (Jeremías 11:3-8a), ahora dentro de sus costumbres estaba mandar a hacer con los artesanos figura de madera a aquellos dioses paganos y a decorarlas con oro y plata. La Biblia añade que según él número de sus ciudades eran sus dioses ajenos, y según sus calles los altares que habían puesto para ofrecer incienso a Baal (Jeremías 10:3-5a, 11:13).

Qué triste ver cómo Israel había caído y se había dejado seducir por el mundo cuando no había sido creado para ésto, qué dolor tan grande sentía Dios al ver en lo que se había convertido Su pueblo. Sin embargo, en medio de ellos había un hombre, Jeremías, quien anhelaba cumplir los mandatos de Dios. Este ejemplo nos debe llevar a reflexionar, pues hoy tú y yo debemos ser como Jeremías en medio del caos y la lujuria que nos ofrece este mundo, debemos permanecer firmes ante Dios sin dejarnos contaminar por las costumbres de los no creyentes. Lastimosamente, en ocasiones nos sucede como al pueblo de Israel y nos terminamos dejando llevar por la corriente de este mundo, permitiendo en nuestras vidas, prácticas que no son correctas y que no nos llevan a glorificar a Dios sino a callar, como lo quiso hacer el pueblo con el profeta, quien al predicar incansablemente sobre la Palabra del Señor, el mismo pueblo quería callarlo, matarlo, pues sabemos que la Palabra de Dios nos confronta, y a quienes no les agrada, les causa enojo y un crujir de dientes (Hechos 7:54).

Hermanos, la conclusión de éste devocional es clara, estamos en medio del mundo y de él no seremos quitados hasta que el Señor venga por nosotros, pero mientras esto ocurre, debemos recordar que seremos guardados y apartados para Dios por medio de la Verdad de Su Palabra (Juan 17:15-17), por tanto, permanezcamos firmes y sigamos compartiendo las buenas nuevas de Jesucristo para que otros también lleguen a ser salvos.   Oración.

«Padre, hoy nos unimos a la petición que hizo Tu Hijo Jesús cuando estuvo en la tierra: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.» Guárdanos Oh Dios con la Verdad de Tu Palabra. Espíritu Santo no permitas que nos desviemos ni a izquierda ni a derecha, sino que caminemos por el único camino que nos conduce hacia el Padre. Amén.



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