domingo, 15 de diciembre de 2024

Altivez y soberbia del hombre

 


Altivez y soberbia del hombre

“La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día.” Isaías 2:11

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” Proverbios 16:18

La altivez y la soberbia, dos sentimientos humanos que se caracterizan por una actitud de superioridad frente a los demás, que provoca un trato distante o despreciativo hacia nuestro prójimo y, estos sentimientos, son parte del carácter de los hombres en los postreros días. Al respecto, el apóstol Pablo escribe: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3: 1-5)

Pero claramente el Señor nos dice en su palabra que esa altivez del hombre será abatida, es decir, derribada o echada por tierra y que la soberbia del hombre será humillada, cuando el soberbio sea ofendido en su orgullo y honor. “Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos” (Isaías 5:15)

Cuando esos sentimientos de soberbia y altivez pretendan apoderarse de nuestra mente y de nuestro corazón por diferentes circunstancias de la vida como un ascenso en nuestro trabajo; un nombramiento en una posición destacada; un logro profesional; un éxito de negocio o financiero, debemos tener en cuenta que si lo permitimos, escrito está lo que nos acontecerá: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” (Proverbios 16:18). Si esos sentimientos se apoderan de nosotros estamos caminando indefectiblemente al quebrantamiento y la caída. Debemos recordar que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17)

Por tanto, en los momentos de bendición en nuestra vida, todo el honor, la honra, la gloria, la adoración, la alabanza y el agradecimiento sean para Dios, el todopoderoso y el eterno, grande y misericordioso que, en Cristo Jesús, es quien nos lleva de victoria en victoria.  Oración.

«Padre nuestro que estás en los cielos, solo tú eres digno de toda honra, de toda gloria, de toda adoración y de toda alabanza y ante ti Señor, en el nombre de Jesús, con un corazón contrito y humillado confieso la altivez y la soberbia con la que muchas veces he obrado delante de ti y de mi prójimo. Te ruego me perdones, por eso, humillo todo mi ser y toda mi vida para que inundes de tu perfecto amor mi corazón para vivir en obediencia a ti y solo para honra y gloria de tu santo, santo, santo nombre. Amén. 

sábado, 14 de diciembre de 2024

Llenos del conocimiento de su voluntad.

 


Llenos del conocimiento de su voluntad.

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,” Colosenses 1:9

El conocimiento de la voluntad de Dios, es imposible obtenerlo si estamos alineados con los pensamientos e ideologías de este mundo, así mismo se hace complejamente difícil si lo intentamos hallar de manera intelectual. De manera que, para obtener conocimiento acerca de cuál es la voluntad de Dios, tal y como nos lo describe el versículo de hoy, lo hemos de hacer con toda sabiduría e inteligencia espiritual.

Pasa muy a menudo que las personas en toda situación dicen querer o estar esperando que la voluntad de Dios se haga, así que, cualquiera que sea el desarrollo o culminación de alguna situación, es porque fue la voluntad de Dios; y aunque tenemos un Dios soberano y todopoderoso, al que nada se le escapa de su sabiduría y todo está dentro de su conocimiento y control, existen situaciones que no son conforme a su voluntad determinada o decretada; ¿y esto qué quiere decir? Que la voluntad de Dios está escrita y determinada. Por su gracia, Dios a través de las sagradas Escrituras nos ha dejado acceso al conocimiento de su voluntad, por lo que, es contradictorio decir que si se lleva a cabo algo en nuestra vida es porque es la voluntad de Dios, cuando en ningún momento nos hemos detenido a ver o buscar qué es lo que nos dice Dios respecto a ello para ponerlo en práctica.

La Palabra de Dios nos lo dice de la siguiente manera en Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Por lo que, una renovación de nuestro entendimiento por medio del conocimiento de su Palabra en la guía y revelación de su Espíritu, es lo único que nos llevará a comprobar cuál es la buena, perfecta y agradable voluntad de Dios, puesto que como dice también nuestro versículo de hoy, ser llenos del conocimiento de su voluntad lo hemos de hacer en toda sabiduría e inteligencia espiritual, es decir, en la comunión del Espíritu Santo y no dependiendo simplemente de nuestro intelecto.   Oración.

«Amado Dios, perdóname por las veces en que he sido negligente o desobediente en buscar de manera intencional hacer tu voluntad, sé que has dejado tu Palabra y que en ella encuentro la dirección y sabiduría que necesita mi vida; gracias por perdonarme y hacer de mí una persona con un corazón humilde y dispuesto para escucharte y comprobar verdaderamente cuál es tu buena voluntad, por Jesucristo tu amado Hijo mi Señor y Salvador, amén.

viernes, 13 de diciembre de 2024

Jehová es varón de guerra

 


Jehová es varón de guerra

“Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré. Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre. Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.” Éxodo 15:1-4

“Extendiste tu diestra; La tierra los tragó. Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.” Éxodo 15:12-13

La porción Bíblica de hoy, corresponde a la primera parte del cántico de Moisés, después de que el Señor los libró de la mano de los egipcios. Esta salvación ocurrió mediante la división del mar rojo en dos, haciéndose así un camino seco para que el pueblo de Israel pasara por él; sin embargo, faraón rey de Egipto y todo su ejército con gentes de a caballo y carros, seguían al pueblo, pues no querían dejarlos ir por cuanto ellos eran sus esclavos, de manera que, la liberación gloriosa ocurrió cuando el pueblo de Israel pasó el mar, pero aún los egipcios estaban a mitad de camino, y haciendo Dios a través de Moisés que el mar se volviera a unir, las aguas cubrieron a los egipcios, de modo que todos se hundieron y no quedó ni uno de ellos (Éxodo 14:13-31).

Es magnífica la manera en la que Dios obra cuando en su misericordia y poder decide dar victoria y salvación, pues no fue solo en aquel tiempo o exclusivamente a este pueblo, sino que dice la Escritura “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:16-17.

Hermanos, por la sangre de Jesús derramada en la cruz, todo aquel que ponga su confianza y esperanza en Él, es liberado de la potestad de las tinieblas y trasladado al reino de Jesús (Colosenses 1:13); por la misericordia y el amor eterno de Dios, que peleó a muerte por nosotros, se nos da una nueva vida libre de la culpa y la condenación, y entonces siendo ahora partícipes de este nuevo reino, nuestro llamado es a que vivamos como hijos y no como esclavos, disfrutando la paternidad, el amor y toda la bondad de nuestro Padre Dios, que indefectiblemente nos guiará a vivir como Jesús vivió, haciendo todo para la gloria de Dios (Juan 8:34-36).    Oración.

«Padre, gracias por esa batalla que decidiste pelear contra Satanás por amor a tu creación; gracias porque por la muerte y resurrección de tu Unigénito Hijo me has librado de la potestad de las tinieblas y ahora soy partícipe del reino de Jesucristo, y sé que así, morando en tu casa y a la vez siendo el templo de tu Espíritu, me guiaras a vivir una vida en victoria y plenitud, victoria sobre el pecado y en la plenitud de servirte y adorarte con todo lo que de mí has hecho, amén.

jueves, 12 de diciembre de 2024

Así como Jacob peleó

 


Así como Jacob peleó

“Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. ” Génesis 32:22-30

Persistir por la bendición de Dios sin importar los cambios o dolores que esto pueda implicar para nosotros, es lo que vemos hoy en la vida de Jacob.

Muchas veces nos pasa que anhelamos una bendición para nuestra vida, pero mientras vamos camino a ella, orando y siguiendo la voz de nuestro Señor, solemos desanimarnos y quisiéramos mejor retroceder, pues nos damos cuenta de que el trayecto quizá no es tan corto y plano, sino que, por el contrario, requiere de persistencia y mucho esfuerzo.

Así que, debemos saber que el camino o proceso para lograr recibir y disfrutar una bendición de Dios, está marcado por momentos que no son fáciles y quizás tampoco agradables, pero que sin duda, pronto nos daremos cuenta de que eran completamente necesarios, porque de este modo el Señor nos preparó para recibir su favor.

Ciertamente, el Señor no anhela multiplicar o aumentar nuestras finanzas, sin antes formar nuestro corazón para que luego no se convierta en un adorador de las riquezas, y es entonces, por ello, que nos ha concedido el principio del diezmo (Malaquías 3:10). Hermanos, que esta lucha que tenemos diariamente entre hacer las cosas de manera independiente o someternos a la voluntad de Dios, la peleemos al igual que Jacob, es decir, con Dios, pues es en esos tiempos de persistencia en intimidad con Él, donde nuestro carácter va siendo moldeado preparándonos para recibir su favor; así que, no nos fijemos en el dolor pasajero que pueda causar a nuestro orgullo o propia inteligencia, la instrucción o el mandato del Señor, pues con toda seguridad esto terminará en una gran y permanente bendición.   Oración.

«Padre bueno, que el conocimiento espiritual que me has concedido de ti y tu Hijo Jesucristo, por medio de tu palabra y la revelación de tu Espíritu, me lleve a cada día confiar más en tu buena, perfecta y agradable voluntad, pues sé que aún los tiempos de dolor o aflicción son dispuestos por ti, para que en intimidad y perseverancia, sea yo formado y preparado para así recibir todo lo que tienes para mí, por Jesucristo, mi Señor y Salvador, amén.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Viendo la gloria del Señor

 


Viendo la gloria del Señor

“Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” Hechos 7:54-60

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3:18

Mirar o poner nuestra mirada en el Señor Jesucristo es la manera en que nos describen los pasajes bíblicos de hoy que, podemos ser transformados en la misma imagen de nuestro Señor.

Poner la mirada en las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, se trata básicamente de no centrarnos, envolvernos o distraernos con las cosas que son terrenales y pasajeras. Por cierto, la Escritura nos exhorta a que andemos en este mundo como extranjeros y peregrinos, es decir, a que no obedezcamos y mejor nos abstengamos de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo así una conducta buena y santa entre los hombres (1 Pedro 2:11-12).

Sin embargo, tal y como nos lo revela 2 Corintios 3:18, esto solo puede ser posible en nuestra vida por medio del Espíritu del Señor, pues es Él quien hace morir en nosotros lo terrenal, así como también es Él quien da testimonio a nuestro espíritu de lo que ahora somos, es decir, hijos de Dios y libres de toda esclavitud y condenación (Romanos 8:12-16, Romanos 8:1-2). Es por esto, que cuando vemos el ejemplo del discípulo Esteban, la Escritura revela que él estaba lleno del Espíritu Santo.

La llenura del Espíritu Santo quien impartía en Esteban gracia y poder, lo llevó a estar en la situación más difícil de su vida, con su mirada puesta en el cielo, viendo la gloria de Dios y al Señor sentado a la diestra de Dios, hecho que no solo resultó en que las personas cuando lo observaban vieran su rostro como el de un ángel (Hechos 6:15), sino que más impactante aún, por sus palabras y sus actos, en ese momento y hasta nuestros días, a quien vemos a través de Esteban, es a nuestro Señor. “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.”

Y tú, ¿en dónde o en quién tienes tu mirada puesta hoy?

Recuerda que mirar la gloria del Señor, es el camino a nuestra transformación como por el Espíritu del Señor.   Oración.

«Padre, que tu misericordia renovada cada mañana para mí, tu gran amor y tu sobreabundante gracia en Jesucristo, cada día me transformen a la misma imagen de mi Señor y Salvador, por medio de tu Espíritu, oh Dios, amén.

martes, 10 de diciembre de 2024

Raíces fuertes y profundas

 


Raíces fuertes y profundas

“Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.” Marcos 4:5-6

“Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.” Mateo 13:20-21

¿Hemos escuchado o leído en las sagradas Escrituras las diferentes aflicciones, tribulaciones o persecuciones a las que estuvieron sometidos distintos hombres de Dios? Por ejemplo, Esteban, quien fue apedreado hasta la muerte por algunos judíos que se enojaron cuando él les mencionó su dureza de corazón al no querer oír y entender la Palabra de Dios (Hechos 7:51-60). O también el apóstol Pablo, a quien quisieron matar apedreado luego de no permitir que por causa de un milagro hecho, le ofrecieran sacrificio o le rindieran culto (Hechos 14:6-20). Estos y muchos otros casos podemos encontrar, incluido el del mismo Señor Jesús, a quien en varias oportunidades también quisieron matarle a causa de la verdad que hablaba y los milagros que hacía (Juan 8:59, Mateo 12:14).

Pues bien, aparte de esta notoria similitud entre ellos, hay una todavía más grande y sorprendente, y es justamente su firmeza y perseverancia, pues ninguno de ellos cambió su hablar o actuar, a pesar de lo que ello pudiera causar. Podemos decir entonces que, contrario a la semilla que es sembrada en pedregales, en ellos la Palabra de Dios sí que tenía raíces, pues vino la persecución por causa de la Palabra, pero no tropezaron, sino que se mantuvieron firmes y constantes.

Hermanos, hay una clave para mantenernos de pie ante las diferentes adversidades a las que podamos estar sometidos por causa de lo que creemos, predicamos y hacemos, puesto que “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;” 2 Timoteo 3:12. Y es precisamente qué tan arraigados y sobreedificados estemos por la fe en nuestro salvador, o en otras palabras, qué tan fuerte y profunda está la raíz de la semilla sembrada en nuestro corazón, puesto que es persistir en la Palabra de Dios, lo que cimienta y nutre nuestra fe y relación con nuestro Señor y Salvador (Romanos 10:17, 2 Timoteo 3:14-17).    Oración.

«Padre, gracias por tu Palabra, a través de ella me enseñas la verdad y me revelas a tu Hijo; anhelo, al igual que aquellos hijos y siervos tuyos, estar fuertemente arraigado en mi Señor y Salvador por medio de la fe que me das al escuchar y meditar tu Palabra, y así estar siempre enteramente preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia acerca de la esperanza que hay en mí, por Jesucristo mi Señor, amén.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Una buena tierra

 


Una buena tierra

“Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.” Lucas 8:15

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” Mateo 13:23

Por los diversos medios de comunicación y los beneficios de la tecnología, hoy en día llega a nosotros abundante palabra de Dios, son versículos en imágenes, distintas reflexiones en video, texto y audio, y hasta pequeñas oraciones en stickers, realmente es una alta propagación de la palabra de Dios; sin embargo, también está sucediendo que en la mayoría de los casos, esta Palabra se está convirtiendo en un mensaje temporal o uno que simplemente queda en el celular, puesto que no se evidencia el fruto que debería llevar.

Pero lo cierto es que si una Palabra de parte de Dios llega a nuestra vida, no es precisamente para que regrese vacía, sino que realmente tiene un propósito para el cual el Señor la envía (Isaías 55:11); sin embargo, está sucediendo lo revelado por el Señor en la Parábola del sembrador, pues estamos permitiendo que los espinos que son los afanes de la vida, el engaño de las riquezas y la codicia de otras cosas, ahoguen la palabra escuchada y la hagan infructuosa (Marcos 4:18-19).

Hermanos, de nada nos sirve escuchar y escuchar la Palabra de Dios, siendo simplemente oidores olvidadizos, sino que realmente lo que va a provocar un cambio en nuestra vida y un fruto permanente, es que dispongamos nuestro corazón para que el Señor haga de él esa buena tierra donde la semilla de su Palabra caiga y se mantenga, es decir, que la escuchemos, pero que también la entendamos, de manera que la guardemos y la practiquemos, puesto que como dice el Señor en Santiago 1:25, bienaventurado es aquel que es hacedor de la Palabra, bendecido el que da fruto con perseverancia.     Oración.

«Bendito Dios, gracias por tu Palabra y tu misericordia renovada cada mañana, gracias por tu fidelidad y bondad; anhelo, Padre bueno, que hagas de mí, una tierra fértil, una buena tierra, pues no quiero oír sin entender y sin practicar lo que cada día por distintos medios me enseñas de tu Palabra; transforma mi corazón y hazlo apto para toda buena obra, para que dé fruto con perseverancia, por Jesucristo mi Señor, amén.