jueves, 18 de diciembre de 2025

Un corazón de amor y misericordia

 

Un corazón de amor y misericordia

“Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada”. Lucas 6:6-10

Este es uno de los acontecimientos, donde se muestra la oposición a Jesús, al querer usar el día de reposo para servir y honrar a Dios. El Hijo del Hombre, con un corazón de amor y misericordia, es el “Señor del Sábado”, por eso lo usaba para los propósitos divinos. En contraste con los fariseos que habían olvidado los derechos de la misericordia porque estaban inmersos en sus leyes y reglas. Es significativo que estaban observando a Jesús y a sus discípulos para poder acusarlos. A veces, por ser legalistas nos olvidamos de la esencia de la Palabra de Dios, que es el amor y la misericordia para con nuestros semejantes.

Este pasaje resalta el enfrentamiento entre el legalismo religioso y la misericordia de Jesús, quien cuestionaba a los fariseos diciéndoles si era lícito hacer el bien o el mal, o salvar o dañar una vida en el día de reposo.

Debemos entender que las necesidades de las personas son más importantes que las reglas ceremoniales, por eso al leer la Palabra de Dios debemos venir con una mente abierta y con un corazón necesitado, para comprender el sufrimiento de las personas. La tradición religiosa alejaba a los fariseos de poder ayudar a otros y se perdían la bendición de ser usados por Dios para su gloria.

Jesús estableció una manera nueva de dar. Fue un ejemplo delante de sus discípulos, dándose a sí mismo por las necesidades de otros. Jesucristo ha pagado ya nuestra deuda delante de Dios, y su cruz es obra suficiente y eterna a favor de la humanidad.

Hoy el Señor nos lleva a meditar en esto y a que entendamos que una manera de honrarle y servirle en el día del Señor, es teniendo misericordia de todos aquellos que están sufriendo, que no lo conocen y llevarlos a Cristo para que encuentren respuesta a su necesidad. No podemos ser egoístas cuando hemos recibido tanta misericordia de nuestro Señor.

Solamente dando nos colocamos en posición de esperar, recibir y cosechar. Jesús dijo que la cosecha será “medida buena, apretada, remecida y rebosante”, Lucas 6:38. El día del Señor es para hacer lo bueno, para ser misericordiosos, es para darnos a los demás como si lo estuviéramos haciendo con Dios, entonces tendremos recompensa en los cielos. Como dice Mat 25:34-36 “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”.

El propósito del día del Señor no solo es reunirnos a adorarlo y a reverenciarlo, sino hacer su voluntad, acercando a los perdidos a Jesús para que sean perdonados y restaurados por Él. Mateo 5:16 nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre si estamos siendo un obstáculo o un medio para que otros experimenten la vida y la salvación. También nos enseña a no vivir por un conjunto de reglas inflexibles, sino por la voluntad de Dios, que siempre busca la misericordia y la vida.  Oración.

«Señor, hoy quiero acercarme a ti con un corazón humilde, reconociendo mi necesidad de ti, has sido misericordioso conmigo y me rescataste de mi miseria, por eso enséñame a ser misericordioso con otros, acercar a los que están perdidos en este mundo a tu Presencia. Señor, que la iglesia no solo sea el lugar de adoración a ti, sino el lugar donde podamos hacer el bien, llevando a otros a ser salvos, a ser sanados, liberados y restaurados para la gloria tuya, amén.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Milagro de Jesús que muestra la visión del corazón del Padre

 

Milagro de Jesús que muestra la visión del corazón del Padre

Aconteció que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”. Lucas 5:1-11

Este pasaje nos muestra el llamamiento de los primeros discípulos de Jesús. El Señor vio dos barcas que estaban en la orilla y se acercó a los pescadores que estaban ocupados lavando las redes. A pesar de haber muchos en ese lugar, se interesó especialmente por Simón y le rogó que apartara un poco su barca para entrar en ella. Jesús es quien toma la iniciativa de acercarse a nosotros; eso indica que Jesús nos mira particularmente a cada uno y nos busca aun cuando estemos ocupados. No nos busca por nuestra preparación o habilidades humanas, pero sí nos busca aún cuando no hayamos logrado nada y nos sintamos frustrados a pesar de nuestro esfuerzo».

Él toca primero a la puerta de nuestra vida para luego entrar, Apocalipsis 3:20. Conquista en primer lugar nuestro corazón y luego nos desafía a grandes cosas. Como pasó aquí con Simón, primero le hizo correr la barca un poco, indicando esto que quería que apartase su vida para Él. Jesús tenía toda la autoridad para tomar la barca, pero aun así le pidió prestada la barca a Simón. El Señor independientemente del precio que pagó por nosotros en la cruz, quiere utilizarnos como instrumentos, pero nunca lo hará contra nuestra voluntad. Él ruega que apartemos nuestra vida de la orilla, que quizás representa la lógica, el razonamiento, la mediocridad, el conformismo, las cargas y demás, que nos impiden ser usados para su gloria, porque Él quiere a través de nuestra vida enseñarles a otros.

Lo más importante no es que apartemos solo nuestra barca (vida), sino que lo dejemos entrar en ella para sentarse en el trono y gobernarnos, esto implica entrega total. El Señor, como a Simón Pedro, nos desafía a bogar mar adentro, esto es profundizar en nuestra comunión y conocimiento de Él; y empezar a obedecer su llamado. “Echad las redes” es lanzarnos a hacer lo que parece ilógico, pero que trae grandes resultados.

El mar aquí representa al mundo, nuestro campo de acción, donde nos ha colocado para que tiremos la red del evangelio, y podamos ser “pescadores de hombres”. Nos pide ir contra la corriente de este mundo, contra el: “no se puede”, “no es posible”, “no se hacerlo”, etc., y aun contra el desánimo, el cansancio o cualquier circunstancia que quiere estorbar nuestro propósito de ganar almas para su reino. Jesús quiere que reconozcamos nuestra fragilidad y la necesidad de depender totalmente de su amor y su gracia para ganar este mundo para Él. La pesca milagrosa representa la cantidad de personas que podemos ganar.

Si hemos de ser usados por el Espíritu Santo, debemos entender que la marca de la obediencia consiste en navegar aún contra la lógica, con las redes del Señor: con su amor, su gracia, su Verdad y en su Nombre poderoso. Respondiendo como Simón: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red”.

Recordemos que Dios hace el milagro cuando decidimos bogar en la profundidad de su Presencia, cuando en su Nombre actuamos. ¿Estaremos dispuestos a dejarlo todo y seguirlo como lo hicieron los primeros discípulos?    Oración.

«Gracias mi Jesús, por tomar la iniciativa de acercarte a mí, por tocar la puerta de mi corazón para que te dejara entrar, por escogerme para ser un instrumento en tus manos, por llamarme a pescar almas para tu reino. Quiero obedecer tu Palabra para que obres a través de mi vida y llevar a cabo tu propósito cumpliendo así con la visión del corazón del Padre, que es la redención de este mundo, amén.


martes, 16 de diciembre de 2025

El Espíritu Santo está “sobre” y “en” nosotros

 

El Espíritu Santo está “sobre” y “en” nosotros

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él”. Lucas 4:14-20

Jesús regresó al pueblo de Nazaret, donde se había criado y como era su costumbre fue a la sinagoga el sábado y se levantó a leer el libro de Isaías. Donde dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. El versículo 20 nos dice también que “se sentó en el lugar del predicador”, y eso nos da la impresión de que había terminado; pero lo que quiere decir realmente es que se disponía a empezar, porque el predicador siempre se sentaba para hacer el sermón, y los rabinos daban las clases sentados. Al terminar todos los ojos estaban puestos sobre Él y exclamó: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, Lucas 4:21.

Pero todos se preguntaban: “¿no es este el hijo de José?”. La gente de la sinagoga se enfureció cuando le oyó decir eso, y se levantaron de sus asientos y le sacaron a empellones fuera del pueblo, y le llevaron a la cima de la colina en la que está situada su ciudad para despeñarlo. Pero Él anduvo en medio de todos, y se marchó.

Todos los dones y las gracias del Espíritu estaban sin medida sobre Él y en Él. Por Cristo pueden los pecadores ser librados de la culpa, por su Espíritu y su gracia, todos pueden ser liberados de las ataduras de la corrupción. Él vino por la palabra de su evangelio a traer luz a quienes estaban en tinieblas, y por el poder de su gracia, a dar vista a los que estaban ciegos. Su mensaje fue distinto al de Juan que era de juicio y arrepentimiento, las buenas nuevas eran de amor y liberación.

Ese llamado a compartir el evangelio es la visión del corazón del Padre y Jesús nos ha dado su autoridad en este mundo por su Palabra para hacerlo, pero también nos ha equipado con su Espíritu, para que podamos cumplir con la Gran Comisión. Como Jesús podemos ser rechazados al proclamar su mensaje, pero no debemos negarlo, sino honrarlo siendo obedientes a su mandato, Él es el Hijo de Dios, el Salvador de los hombres, es la única provisión de Dios para esta humanidad perdida en sus delitos y pecados.

Hermanos pidamos la llenura de su Espíritu, porque es solo en su poder que podemos proclamar a Jesús como el Salvador del mundo.    Oración.

«Querido Padre, te doy gracias por haberme alcanzado con tu salvación, a través de tu Hijo Amado que dio su vida por mí en la cruz, para perdonarme y darme vida eterna. Gracias por enviar tu Santo Espíritu a mi corazón y equiparme de igual manera que a Jesús, para cumplir con la misión de tu corazón, que es ganar muchas personas para el reino de los cielos. Ayúdame y dame fuerzas, porque sé que seré rechazado, perseguido y vituperado por causa del evangelio, amén.   


lunes, 15 de diciembre de 2025

Escrito está

 

Escrito está

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre”. Lucas 4:1-2

“Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”. Lucas 4:4

Ya hemos visto algunos acontecimientos en la vida de Jesús, en el templo cuando tenía doce años, había llegado a la convicción de que Dios era su Padre de una manera única y exclusiva; después en su bautismo recibió su aprobación. Lucas 3:22 dice: “y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”. Jesús fue equipado con el Espíritu Santo para comenzar su ministerio terrenal, llevado también al desierto por el Espíritu por cuarenta días para orar por su misión redentora y fue allí donde Satanás lo tentó, intentando interponerse en el propósito de Dios.

El pasaje de la tentación nos presenta a Jesús enfrentando todas las tentaciones con las que los seres humanos luchamos a diario: la carne, el mundo y Satanás, tentaciones que nos asedian cada día, para que desistamos de nuestro propósito y no obedezcamos la voluntad de Dios. Jesús nos da ejemplo al rechazar cada tentación con lo que está escrito en la Palabra de Dios, mostrándonos que su Palabra es nuestra espada, y la fe en ella es nuestro escudo para defendernos de los dardos del enemigo. Le vemos rechazando el camino del placer, del poder y la gloria, y aceptando el camino del sufrimiento y de la cruz, para el cual fue enviado a este mundo.

Esta porción del evangelio es uno de los relatos más sagrados, porque en algún momento, Jesús tuvo que haberles contado a sus discípulos esta íntima experiencia de su alma. El convertir las piedras en pan, o el tirarse desde el pináculo del templo, eran tentaciones que sólo se le podían presentar a un Hombre que tenía el poder de Dios y que tenía que decidir cómo usarlo.

Satanás usará los momentos más difíciles de nuestra vida, cuando estemos solos y frágiles, para asecharnos con sus falsas promesas. Así como en el caso de Jesús, que se encontraba en el desierto y vulnerable a necesidades físicas, hambre, sed, cansancio, etc. Por eso es tan importante conocer las promesas de Dios y poder esgrimirlas cuando seamos atacados en nuestra carne, por el mundo o por el diablo.

Jesús se retiró conscientemente a este lugar solitario, y pasó cuarenta días debatiéndose con el problema de cómo ganar a los hombres para Dios. Fue una batalla larga que no terminó hasta la cruz, porque el relato termina diciéndonos que el tentador dejó a Jesús por algún tiempo. Lo que nos enseña que seremos tentados hasta el último día de nuestras vidas, por eso debemos estar alertas y vestidos siempre con la armadura de Dios (Efesios 6:11) y poder luchar contra todas esas fuerzas espirituales y deseos que quieren alejarnos de Dios.

Hermanos mi oración es que la Palabra habite en nosotros en abundancia, porque es nuestra vida. Nuestro Redentor victorioso venció, no sólo por Él, sino también por nosotros.  Oración.

«Amado Jesús hazme una persona nueva, fortalecida por el poder del Espíritu Santo y por el conocimiento de tu Palabra, la espada que me has dado para batallar contra mi carne, el mundo y Satanás. Que pueda decir “escrito está”, cuando vengan a mí las tentaciones y salir victorioso. Sé que el duro camino del servicio y del sufrimiento conducen a la cruz, pero después de la cruz está la corona, que has preparado para los que te amamos, amén. 


domingo, 14 de diciembre de 2025

Preparad el camino del Señor

 

Preparad el camino del Señor

“Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo”. Lucas 3:15-18

“Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; y verá toda carne la salvación de Dios”. Lucas 3:4-6

Vemos aquí a Juan Bautista rindiendo un servicio humilde y preparando el camino para Aquel que habría de venir, el Mesías prometido. Reconociendo que venía uno más poderoso, que aun él se sentía indigno de desatar la correa de su calzado, considerándolo un honor demasiado elevado para él. Qué hermoso espíritu que distingue a un servidor de Cristo. Juan estaba seguro de su posición y que mayor era Jesús que venía después de él.

Juan solo podía limpiar a la gente con la señal del bautismo en agua, pero Jesús purificaría a su pueblo con fuego, refiriéndose a la obra del Espíritu Santo. Juan utiliza la metáfora de la limpieza de la era para describir la función de Jesús como juez. Cuando dice: “su aventador está en su mano”, se refiere a una herramienta agrícola para separar el grano, simbolizando la autoridad de Jesús para juzgar. Separando el trigo de la paja. El trigo representa a los justos quienes serán recogidos en el Reino de Dios y la paja a los malvados que no se arrepintieron e irán al juicio final, por eso la valiente predicación de Juan sobre el arrepentimiento como una necesidad urgente. El bautismo por fuego también simboliza la obra del Espíritu Santo que trae el juicio de Dios sobre quienes rechazan el arrepentimiento.

Juan hablaba como los antiguos profetas, al decir que el pueblo debía volverse de sus pecados a Dios para experimentar su misericordia y perdón. Este es un mensaje que sigue vigente, Juan preparaba a la gente para la venida del Mesías, pero ahora somos nosotros los encargados de llamar a este mundo al arrepentimiento, porque la Segunda Venida de Cristo está muy cerca y el anhelo de Dios es que todos sean salvos. El juicio y la separación definitiva de justos e impíos, vendrá con el establecimiento de su reino.

El ministerio de Juan estuvo marcado por la intrepidez, el atrevimiento de predicar lo que no era popular. Juan reprendió a los religiosos, apeló a ser generosos, denunció la deshonestidad y reclamó una justa administración de la autoridad. Más tarde, se enfrentó a la inmoralidad tolerada de los líderes políticos y por esto fue arrestado y decapitado.

La iglesia de Cristo debe ahora entender el alcance y el designio de llevar el evangelio hasta lo último de esta tierra, por eso debemos ser intrépidos y predicar a toda nación, para llevar a la gente al arrepentimiento y a encontrar el perdón de sus pecados en Jesús. Por eso debemos eliminar todo lo que nos estorbe en el camino de Cristo y de su gracia, para dar bienvenida a su salvación.

Amados, ¡viene el Rey¡ Isaías dice: “Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; y verá toda carne la salvación de Dios”. Enderecemos nuestras sendas, nuestras vidas, para recibirlo.   Oración.

«Amado Señor, en tu Palabra dices: que la mies es mucha y los obreros pocos, y que ha llegado el tiempo de la siega. Me uno a tu clamor para que haya más obreros para la mies y podamos llegar hasta el último rincón de este mundo. Dame un corazón humilde como el de Juan, e intrepidez para proclamar tu evangelio. Pido para que los corazones se dispongan, abatiendo los pensamientos altivos llevándolos a tu obediencia, oro por todos aquellos que todavía no te conocen y necesitan tu salvación. Amén. 


sábado, 13 de diciembre de 2025

Conociendo la visión del corazón del Padre

 

Conociendo la visión del corazón del Padre

“Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndolos y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Mas ellos no entendieron las palabras que les habló”. Lucas 2:46-50

María y José estaban buscando a Jesús, que con 12 años de edad, se había apartado del grupo que iba de regreso a Nazaret. Finalmente lo encontraron en el templo y lo vieron sentado en medio de los sabios de aquella época especialistas en la ley, escuchándolos y haciendo preguntas. Aparentemente, les estaba formulando preguntas que ellos no podían contestar. Y ellos estaban sorprendidos de sus respuestas. Sus padres estaban preocupados y por eso al hallarlo María le dice: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. La respuesta de Jesús reveló que estaba sorprendido de que ellos no se hubieran dado cuenta de que Él estaba ocupado en los asuntos de su Padre celestial. María y José no entendieron estas palabras de Jesús, que les estaba hablando de su identidad como Hijo único de Dios Padre.

En aquel momento María aún no era totalmente consciente de quién era Él, ni de lo que su obra implicaba, aunque seguramente reflexionaba profundamente sobre lo que estaba sucediendo. Al concluir este incidente, el evangelio dice “Descendió con ellos y volvió a Nazaret, y les estaba sujeto. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”, Lucas 2:51-52. Vemos que Jesús se sujetó a sus padres y les obedeció, regresando con ellos a Nazaret. Y éste es realmente un detalle digno de destacar, teniendo en cuenta que se trataba nadie menos que del Hijo de Dios.

Para la temporada de la Pascua, era costumbre que en el sanedrín se reuniera un público en el atrio del templo para discutir cuestiones religiosas y teológicas. Por eso también tenemos que resaltar el hecho de que, durante tres días, un niño de doce años discutió la Palabra de Dios y asombró a sus oyentes con su inteligencia y sus respuestas.

Cuando tenemos una relación especial con Dios y su Palabra, Él nos da sabiduría e inteligencia espiritual, para que podamos conocer la visión del corazón del Padre y su propósito para este mundo. El anhelo de su corazón es establecer su reino aquí en la tierra y que todos los hombres vuelvan a Él. Por eso es necesario estar en sus negocios, como lo estuvo Jesús desde su corta edad, sabía quién era y para qué fue enviado. Así como Jesús crecía y maduraba para cumplir con todas las responsabilidades esperadas de un hijo mayor. Y luego, en algún momento, José desapareció de la escena y Jesús se convirtió en el “hombre de la familia”, trabajó su comercio, mantuvo a su familia, amó a su Dios, y demostró ser absolutamente fiel en mil pequeñas cosas antes de que formalmente entrara a su ministerio designado.

Qué bueno que tengamos en claro que, como hijos de Dios, nos es necesario estar en los negocios de nuestro Padre celestial. Y disponernos a crecer en el conocimiento de Dios, siendo guiados por el Espíritu Santo, para que podamos cumplir su propósito y con las responsabilidades que nos ha delegado.   Oración.

«Amado Jesús qué hermoso ejemplo de vida me das, que desde tu niñez ya sabías la visión del corazón de nuestro Padre celestial y su anhelo de establecer su reino en esta tierra. Hazme como tú, diligente en crecer y madurar en el conocimiento de tu Palabra para poder cumplir con las responsabilidades que me has dado y especialmente con el cumplimiento de la Gran Comisión que es tu mandato para alcanzar a este mundo para ti, amén.


viernes, 12 de diciembre de 2025

El Señor se revela a los corazones humildes

 

El Señor se revela a los corazones humildes

“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. Lucas 2: 10-14

El día grandioso del nacimiento del Rey Mesías pasó casi desapercibido. Solo un grupo de pastores recibió la revelación de su nacimiento. Podemos preguntarnos ¿por qué escogió a un grupo de humildes pastores, para anunciar su gloriosa llegada a esta tierra? Primero porque el Señor busca corazones humildes que lo anhelen. Segundo, estos quizás eran los abastecedores de ovejas para los sacrificios en el templo, ofrecidos para el perdón de los pecados. Los ángeles invitaron a estos pastores a recibir al Cordero de Dios, Juan 1:36, que quitaría los pecados de todo el mundo para siempre.

El anuncio angelical del nacimiento del Mesías a los pastores, aterrorizó a estos hombres, pero después ese temor se transformó en gozo. Esas buenas nuevas eran para todo el pueblo y su mensaje decía: “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”, además, se les dio una señal: “Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. El Verbo fue hecho carne, en el linaje correcto y en el lugar correcto, “en la ciudad de David”.

Qué gran noticia para el mundo entero, y que contraste abrumador con la señal que se les dio a los pastores, que ese Rey esperado Soberano y Salvador lo encontrarían en un pesebre, en una humilde condición: “hallaréis un niño”; a quien los cielos de los cielos no pueden contener, envuelto en pañales; al “Salvador”, que es “Cristo el Señor”. 2 Corintios 8:9 nos dice: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”.

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. Con este himno otros ángeles se unieron para sellar y celebrar las buenas nuevas de salvación, para hacernos saber cómo este acontecimiento fue considerado en el cielo y en la tierra, mostrando la gloria de Dios y cómo el Salvador recién nacido habría de traer a esta tierra paz y su buena voluntad para con los hombres.

Hoy como los pastores, el Señor Jesús solo anhela que con sencillez de corazón y fe nos acerquemos a Él, con humildad y gozo, entendiendo que nuestro Salvador se ha manifestado a nosotros a través de los evangelios para que creamos en Él. Porque se hizo hombre para estar con nosotros y hacer su obra de redención por toda la humanidad. Permitamos entonces que el Espíritu Santo nos guíe a la preciosa presencia de nuestro amado Jesús y podamos adorarle y contemplarle; y que como los pastores podamos glorificar su Nombre por todo lo que hemos oído y visto, Lucas 2:20. Recordemos que Jesús llega a cualquiera que tenga corazón humilde y desee aceptarlo.    Oración.

«Amado Jesús, qué privilegio saber que viniste a esta tierra para darme salvación. Que dejaste el cielo para hacerte hombre y venir a morir en una cruz por mis pecados. Tu plan de salvación fue perfecto. Naciste humilde para enseñarme a vivir en humildad y para enriquecerme con tu Presencia. Quiero confesar siempre con mis labios que eres “el Salvador, Cristo el Señor”. Viniste a traer gloria, paz y buena voluntad para toda la humanidad, por eso me regocijo en ti y te alabo con todo mi corazón. Amén.