martes, 7 de octubre de 2025

Jesús reescribe mi historia

 


Jesús reescribe mi historia

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.” Mateo 9:9

Cuando buscamos en la Real Academia Española la definición de: Reescribir, encontramos que significa “volver a escribir sobre algo dándole una nueva interpretación”; cuando leí esto inmediatamente recordé lo dicho por el profeta Isaías, quien inspirado por el Espíritu Santo le revela una profecía que cumpliría Cristo en Su venida: “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.” (Isaías 61:4) La palabra que se utiliza para reedificar viene del Arameo (baná בָּנָה) y se define como: edificar, construir y tiene algunos sinónimos, que son los que queremos resaltar, como: reedificar, reparar, restablecer. ¿Por qué citar todo esto? Para comprender que cuando decimos que Jesús “reescribe nuestra historia”, es decir que Jesús reedifica nuestras vidas, pues Él es quien vuelve a edificar o construir de nuevo lo que se había arruinado.

Si hubo alguien que entendió esto de que Jesús “reescribe mi historia” fue Mateo, pues le vemos en su vieja vida siendo un recaudador de impuestos, pero cuando Jesús lo llamó, reescribió su historia de tal forma, que gracias a Jesús ahora Mateo ya no es llamado o conocido como un recaudador, sino como un discípulo del Señor. Mateo, al haber entendido ésto y haber conocido de primera mano la restauración del Señor, quiso que otros como él (considerados por el pueblo de Israel como pecadores con los cuales no se podían juntar para no contaminarse) también pudieran experimentar lo que significa que “Jesús reescribe nuestra historia”, por ello decide organizar un gran banquete pues ¿cómo no celebrar esta reedificación? (Lucas 5:29-30); y es que cuando conocemos a Jesús y vemos de dónde nos ha sacado, como lo dice 1 Corintios 1:27-29, queremos que otros, quienes están en tinieblas, vengan a la Luz y tengan una nueva vida, una vida restaurada.

Hermanos, qué hermoso ver lo que Dios ha hecho, no sólo en la vida de Mateo, sino en la nuestra, nos ha reedificado y ahora ha llegado el turno de que otros también experimenten lo que ésto significa; no es necesario que realicemos un banquete para convocar a aquellos que necesitan conocer a Jesús, aprovechemos cada oportunidad que tenemos, y ya sea en nuestras casas, andenes, o en las tiendas cercanas a las que diariamente recurrimos, llevemos el evangelio, las buenas nuevas de Jesús y contemos a otros que Jesús quiere reescribir su historia.    Oración.

«Padre, gracias por diseñar ese maravilloso plan de salvación y darnos a tu único Hijo. Jesús, gracias por cumplir tu propósito en la cruz y por llamarme para que te siguiera. Espíritu Santo, gracias por darme a conocer a Jesús, revelarme Su obra Redentora y por hacerla una verdad en mi vida. Amén.

lunes, 6 de octubre de 2025

El discípulo amado

 


El discípulo amado

“Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?” Juan 21:20

En la Biblia no es extraño encontrar breves auto descripciones de algunos escritores, por ejemplo: Moisés, quien se describe a sí mismo como un hombre muy manso, más que todos los que había sobre la tierra (Números 12:3), o como el apóstol Juan, quien vemos en el pasaje de hoy, se refiere a sí mismo como el discípulo a quien Jesús amaba. Con lo anterior, podríamos llegar a interpretar de manera errada, que dichas descripciones que Moisés y Juan utilizaron provinieron del valor que había en ellos mismos o de sus propios méritos, pero ésto no es así, pues cuando conocemos a Dios entendemos que si aquellos hombres, o incluso tú y yo, podemos decir que somos humildes, santos, amados, entre otras cosas, no es por nosotros mismos, sino por quien vive en nosotros, Cristo.

Cuando vemos que Juan se refiere a sí mismo como el discípulo a quien Jesús amaba, no era para vanagloriarse él mismo, sino para resaltar aún más la gracia de Jesucristo, pues Juan sabía que no tenía algo valioso por sí mismo, no era un erudito, ni poseía capacidades intelectuales que Dios pudiera necesitar; Juan sabía de dónde venía, de ser un pescador, un hombre común y corriente, era consciente de que no merecía el amor de Cristo, y aún así Jesús lo había escogido ¿Por qué razón? Por gracia, porque así Dios lo quiso. Cuando Juan escribe “el discípulo a quien amaba Jesús” es porque así lo sentía, lo había experimentado, en cada enseñanza del Señor, y aún en la cruz en donde murió por Juan, por tí, por mí y por todos los que creerían en Su nombre.

Hoy tú y yo debemos entender que al igual que Juan, nosotros también podemos decir que somos AMADOS por Dios; gracias a la fe en Jesús hemos sido hechos hijos de Dios, como dice el mismo apóstol Juan en 1 Juan 3:1 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;”. El Espíritu Santo a través de lo escrito por el apóstol Juan nos quiere llevar a entender que el amor de Dios no está disponible sólo para algunos, sino para toda la humanidad (Juan 3:16)

Hermanos, debemos creer en esta gran verdad y apropiarnos de ella, pues hoy muchos nos hemos dejado engañar pensando que no somos amados por Dios, pero sí lo somos, por la obra de Jesús; por eso te invito a que mires al Señor en la cruz, Sus brazos extendidos, Sus manos y pies traspasados por los clavos, Su cabeza con una corona de espinas, Su cuerpo y cara desfigurados por los azotes recibidos por ti y por mi, ¿Acaso ésto no nos demuestra el gran amor de Dios y que también somos sus discípulos amados? (Romanos 5:6-8)     Oración.

«Padre, no merezco tu amor, me lo has enseñado, pues si Tu amor ha sido derramado en mi corazón tan sólo ha sido por la obra de tu Hijo Jesús ¡Cuán grande eres Oh Señor!, ¡Cuán inmenso es Tu amor por mí! no puedo entender cómo por Gracia me has concedido tu amor, todo esto y más me hace admirarte y agradecerte pues no sé qué sería de mi vida si no tuviera tu amor. Amén.

domingo, 5 de octubre de 2025

Invitación Divina

 


Invitación Divina

“De ella saldrá su príncipe, y de en medio de ella saldrá su señoreador; y le haré llegar cerca, y él se acercará a mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí? dice Jehová.” Jeremías 30:21

Cuando me dispuse a leer la Palabra de Dios me encontré con este pasaje de Jeremías, al leerlo llamó mi atención la última parte del pasaje, en donde el Señor a través del profeta, manifiesta que a aquél gobernante que ha escogido para Israel lo invitará a que se acerque a Él, porque ¿quién se atrevería a acercarse a Dios sin ser invitado? Esto me impactó demasiado pues justamente días atrás el Espíritu Santo me había llevado a meditar que si nosotros los creyentes podemos tener un tiempo de intimidad con Dios y entrar al Lugar Santísimo, tan sólo es: Primero, por la obra de Jesucristo, como lo dice Hebreos 10:19-22 “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”

Y segundo, por la iniciativa que Dios ha tomado para invitarnos a tener ese encuentro, como lo relata el pasaje de hoy. Ahora bien, lo que a nosotros los creyentes nos corresponde hacer es aceptar o rechazar dicho encuentro, como le pasó al profeta Samuel en 1 Samuel 3:1-10, quien al escuchar la voz de Dios, sin saber que era Él, decidía levantarse de su cama para ir al encuentro de quien lo llamaba, y de la misma manera deberíamos hacer nosotros.

Hermanos, Dios nos revela a través de este pasaje que si tú y yo podemos gozar y deleitarnos en esos encuentros con Él, no es porque lo hayamos merecido, ganado, comprado o propiciado, sino por la iniciativa de Dios, y por supuesto, por la obra de Jesús en la cruz, ¡tengámoslo muy presente! y démosle la gloria al Señor, pues si podemos entrar a Su Presencia, tan sólo es porque el Padre no nos ve a nosotros sino a Su Hijo Jesucristo en nosotros, y en esta Verdad tú y yo hemos creído (Gálatas 2:20).   Oración.

«Padre, gracias por llamarme en todo momento a tener esos encuentros de intimidad contigo pues en ellos me enseñas y revelas la verdad de tu Palabra, me alientas, reconfortas mi alma, me das descanso y nuevas fuerzas. Gracias Señor Jesús porque Tú eres el único que abrió el camino para que todos nosotros los creyentes pudiéramos conocer al Padre. Espíritu Santo pon en mí el querer aceptar esa invitación Divina y llévame a buscarle en intimidad. Amén.

sábado, 4 de octubre de 2025

Andar en el Espíritu


Andar en el Espíritu

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” Gálatas 5:16-17

Para poder entender cómo es que el creyente puede andar en el Espíritu el Señor me remitió a Colosenses 2:6 “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;” y es que todos recibimos al Señor Jesús POR FE, y es por la misma fe que debemos andar. Para entenderlo un poco mejor quisiera citar las palabras de un escritor de un estudio bíblico que dice: “A medida que nosotros vayamos creyendo lo que dice la Palabra de Dios, es el Espíritu Santo quien hará que esa Palabra se haga una realidad en nuestras vidas”; vemos entonces la importancia de la fe, creer en la verdad revelada por Dios (Romanos 10:17), pues la clave para experimentar lo que significa una vida que le agrade a Dios, no está en nuestro propio esfuerzo, sino, en creer en la obra que ya hizo Jesucristo y que podemos experimentar y disfrutar por el Espíritu, pues el Espíritu Santo es quien nos impulsa conforme la nueva identidad que nos ha dado Jesucristo a seguir viviendo por Él y para Él (Gálatas 2:20; Romanos 8:9, Juan 16:13; 14:26).

El mismo Señor Jesús de manera clara nos revelaba en el devocional del día de ayer que para que tú y yo no desfallezcamos, ni fracasemos en las prácticas básicas para el crecimiento cristiano: Leer la Biblia, orar, tener compañerismo unos con otros, testificar, obedecer y en los otros roles que tenemos que cumplir en esta vida, necesitamos morir a nosotros mismos (Lucas 9:23) y más bien permitir que sea Cristo quien viva en nosotros por medio de Su Espíritu. Si seguimos andando en la carne seguiremos fracasando una y otra vez, no sólo en la oración, como me ha pasado a mí, o a Pedro y los dos hijos de Zebedeo quienes sabían que debían orar, y querían hacerlo, pues el espíritu está siempre dispuesto, pero al tratar de hacerlo en sus propias fuerzas terminaron quedándose dormidos por la tristeza que los embargaba, porque como lo dijo Jesús, la carne es débil y para nada aprovecha (Mateo 26:40-41; Lucas 22:45-46; Juan 6:63).

Hermanos, ¿Queremos vivir una vida que le agrade a Dios? La clave está en dejar vivir a Cristo en nosotros, y para ello es necesaria la fe, y por supuesto, la guía, ayuda y dirección del Espíritu Santo, pues sólo es Él quien nos llevará a experimentar lo que esto significa, por eso es necesario andar siempre en el Espíritu.    Oración.

«Padre, gracias por ese plan perfecto que diseñaste, plan en el que nos revelas que entregaste a tu único Hijo, Jesucristo, por amor, para que fuera Él quien satisficiera por completo la justicia que demandabas por nuestros pecados, y que cuando creyéramos en la obra que Jesús ejecutó a la perfección, pudiéramos acercarnos nuevamente a ti para experimentar lo que significa andar en el Espíritu, una vida que te agrada a ti. Amén.


viernes, 3 de octubre de 2025

A donde Dios te lleve, ve

 


A donde Dios te lleve, ve

«Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén.», Esdras 1:5

El contexto de estos israelitas que subieron a Jerusalén no era nada alentador, habían estado por casi siete décadas cautivas en Babilonia bajo la dinastía caldea sin poder adorar a Dios en su templo, ni cumplir con sus ordenanzas, después de este periodo de tiempo el rey Ciro de Persia conquistó a Babilonia y en su primer año de reinado fue “despertado” su corazón por Dios para que decretara el regreso de los cautivos y la reedificación del templo de Dios en Jerusalén.

Como es de esperarse muchos de estos hombres debieron sentirse tentados a quedarse: ya estaban establecidos y habían echado raíces en esta tierra lejana, el viaje era largo y pesado para sus hijos pequeños y para sus mujeres, y por si fuera poco Jerusalén estaba completamente en ruinas y los enemigos los asechaban por todos lados ¿qué harían allí? Sin embargo, el mismo Dios que despertó al rey Ciro, los despertaría a ellos también para subir y edificar su casa, en otras palabras, para cumplir un propósito que trascendía los límites de lo eterno: reedificarían el centro de la adoración al único Dios vivo y verdadero. Estos hombres vencieron sus temores, dispusieron sus vidas para servir al Señor y lo lograron.

Disponer nuestras vidas para servir al Señor implicará muchas veces hacer cosas sin sentido o ir a lugares inciertos a donde Él nos quiera llevar. La garantía para tener éxito en todos estos iré y venir la guía y dirección del Espíritu Santo, de allí la importancia de vivir en comunión y amistad diaria con Dios.   Oración.

«Señor Jesucristo, siempre que he hecho tu voluntad y me he dejado guiar por tu Espíritu, tu presencia ha ido conmigo y nunca me has dejado. Una vez más y sin importar lo incierto del camino te pido que tu Espíritu lo ilumine y me guíe a donde tú quieras que yo vaya. Amén.   

jueves, 2 de octubre de 2025

Eres más de lo que soñé


Eres más de lo que soñé

“Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que pelean contra ella y su fortaleza, y los que la ponen en apretura. Y les sucederá como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío; o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe, pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así será la multitud de todas las naciones que pelearán contra el monte de Sion.” Isaías 29:7-8

Qué sensación tan desesperante la que sentimos cuando tenemos sed y no encontramos agua con qué saciarla, ¿Lo has experimentado? Si en la vida real esto es lo que se experimenta, imagínate lo que se siente durante un sueño en el que crees que estás bebiendo agua, pero por más que la tomas, tu organismo en la vida real sigue experimentado sed; del desespero que tenemos quizás nos despertaremos y cuando nos damos cuenta de que la sed es real saldremos corriendo por agua para saciarla. Pensaría que de la misma manera, espiritualmente hablando, andábamos en el mundo antes de conocer al Señor: sedientos y bebiendo del “agua” que nos ofrece el mundo, pero sin encontrar saciedad, pues hoy conocemos que el único capaz de saciar todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, es Cristo, como Él mismo lo manifestó en Juan 4:13-14a “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás;”

Cuando llegamos a los pies de Cristo veníamos con una maleta cargada de sueños, metas por cumplir, necesidades que no necesariamente eran básicas pero que también anhelábamos suplir, y que se podrían llegar a comparar con la necesidad que nos surge cuando estamos sedientos y queremos beber agua. En aquél entonces pensábamos que cuando las obtuvieramos encontraríamos plenitud, pues si no las alcanzábamos nos quedaría un sin sabor o una sed sin satisfacer, pues eso era lo que el mundo decía, hasta que conocimos a Jesús, porque cuando le conocimos, entendimos que aquellos sueños, metas o necesidades que queríamos cumplir eran insignificantes comparados con Él y lo que significa conocerle, pues si en esta vida sólo pudiéramos llegar a conocerle y no tener o lograr nada más sería más que suficiente, pues entendimos que Jesús es más de lo que algún día soñamos tener.

Hermanos, en Cristo ya lo tenemos todo como lo expresa Colosenses 2:9-10, por lo tanto, no nos dejemos engañar por el mundo, la carne y Satanás quienes nos dicen que nuestra sed todavía no ha sido saciada y que debemos ir en pos de ellos para satisfacerla, pues si hacemos esto nos sucederá como en aquellos sueños que expresa Isaías, tomaremos de esa “agua” y comeremos de ese “pan” y no encontraremos saciedad, pues como se revela en las Escrituras sólo el Señor es la fuente de agua viva y el pan de vida eterna que sacia nuestro ser (Juan 4:14; Juan 6:35).   Oración inicial

«Padre, tu Hijo Jesús expresó que Su carne era verdadera comida, y Su sangre era verdadera bebida, hoy entiendo lo que ésto significa y te quiero pedir que siempre me des de este pan y de esta bebida pues sólo en Jesucristo experimento plenitud. Amén.


miércoles, 1 de octubre de 2025

Cuando estemos cansados

 


Cuando estemos cansados

 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40:29-31

Hay diferentes situaciones en la vida que nos pueden llevar a estar más cansados o agotados de lo normal, quebrantos de salud propios o de las personas con que convivimos, noches sin poder dormir, viajes o simplemente imprevistos o emergencias que se puedan presentar y que fácilmente nos desestabilizan o desequilibran de nuestra normal cotidianidad.

Son estos, días en los que nos resulta más difícil, al igual que las demás tareas o actividades, mantenernos en nuestra habitual comunión, conexión e intimidad con Dios, pues tal como lo revela el Señor en Mateo 26:41b “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Sin embargo, queridos hermanos, así como también lo declara el Señor en este mismo pasaje, hemos de velar y orar para que no entremos en tentación.

Justamente son estos días con estas circunstancias, tiempos en los que Dios quiere que nos afirmemos en Él, que le conozcamos más y que dependamos de Él. El apóstol Pablo en 2 Corintios 1:9-11 manifiesta con gran confianza, gozo y seguridad que el Señor le permitió, junto con otros hermanos, estar aún en sentencia de muerte, pero fue precisamente para que ellos no confiaran en ellos mismos, sino mejor, en Dios que resucita a los muertos.

La Palabra, en el versículo del día, nos revela que Dios puede multiplicar las fuerzas al que no tiene ningunas y renovarlas en aquel que se siente cansado o agotado; no interesa la condición, estado o edad, sino que dice, los que esperan en el Señor, los que en Él confían y en Él permanecen, tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.

Hermano, tenemos mucho de Dios que no conocemos, y Él a través de cada circunstancia de nuestra vida, quiere llevarnos a un conocimiento experiencial, profundo, sustancial y revelador de su gracia y su gloria; así que, por esa gracia que nos habita, es decir, Jesucristo por su Espíritu, en todo tiempo velemos y oremos para que en Él estemos permaneciendo y su poder en nosotros fluyendo (Efesios 1:19-20, 3:16, 20-21).     Oración.

«Padre, cuán difícil es en nuestra humanidad y fragilidad, esperar y permanecer en ti; hoy pongo mi confianza en ti, creyendo que Tú en todo tiempo me atraerás a ti y te revelarás a mí, por la gracia de tu Hijo, tu amor y la comunión de tu Espíritu, amén.