sábado, 7 de diciembre de 2024

Administradores de la multiforme gracia de Dios

 


Administradores de la multiforme gracia de Dios

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” 1 Pedro 4:10

“hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” Efesios 4:13

La medida de la estatura de la plenitud de Cristo, es una meta o propósito que se nos ha dado como creyentes, y que estamos llamados a cumplir en comunidad, como iglesia y miembros de un mismo cuerpo. Y en pro de esto, dice la Palabra de Dios, que el Señor a cada persona en particular le ha dado dones, “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.” Efesios 4:8. Dones, que como dice 1 Pedro 4:10, estamos llamados a ministrar o poner en servicio de los demás, siendo así buenos y fieles administradores de la multiforme gracia de Dios.

Es por ello que, la participación activa o el servicio dentro de nuestra congregación local es tan importante e indispensable para nuestro crecimiento en Cristo tanto individual como grupal, tal y como lo expone la Palabra de Dios en Efesios 4:15-16 diciendo “sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Hermanos, que precioso es que el Señor nos llame a mantenernos en unidad por medio de su Espíritu, que entendamos que no somos seres creados para vivir o desarrollarnos en soledad o individualidad, sino que al igual que nuestro Señor Jesús nos enseñó y motivó, seamos uno con Él y uno entre nosotros (Juan 17:21-22). Por eso tú, no dejes de congregarte, sino mejor participa, y según como el Señor disponga en tu corazón, ofrécete para ministrar o ayudar en alguna actividad; recuerda que tan importante y necesario como predicar o enseñar es el servir en las mesas, compartir o hacer misericordia; “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” Romanos 12:4-5.    Oración.

«Padre bueno, que por tu verdad y el poder de tu Espíritu, me lleves a dejar todo temor, mentira o inseguridad que no me permite administrar sabia y fielmente ese don que me has concedido; gracias por enseñarme que tu gracia es multiforme, que un cuerpo no se compone de un solo miembro y que todas las actividades son importantes y necesarias; gracias por los dones concedidos a mis hermanos, y te pido que nos mantengas unidos en amor para recibir nuestro crecimiento y así juntos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, amén.

viernes, 6 de diciembre de 2024

El Dios de toda gracia

 


El Dios de toda gracia

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.” 1 Pedro 5:10

Desde el momento en que somos adoptados hijos de Dios, es decir, desde que creímos en Jesús y lo recibimos como nuestro Señor y Salvador personal, dice la Palabra de Dios en Filipenses 1:6 que Dios comienza una buena obra en cada uno de nosotros que perfeccionará hasta nuestro encuentro con Jesucristo. Buena obra que claramente no es gracias a que seamos buenos, perfectos o merecedores de ello, sino que es por la gracia de Dios que nos ha sido dada en Jesucristo (1 Corintios 1:4).

De manera que, según el beneplácito de la voluntad de Dios, esta buena obra en cada hijo adoptivo suyo tiene la forma y la particularidad que Él desee. De este modo, vemos que la Palabra de Dios en 1 Pedro 5:10 hablando de “el Dios de toda gracia” menciona el sufrimiento o padecimiento como medio de formación del carácter personal, pues dice, “después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

Es un hecho que Dios quiere que ya no seamos los mismos que éramos antes de conocerlo a Él por medio de su Hijo Jesucristo, sino que quiere que vivamos y nos comportemos como lo que ahora somos, sus amados hijos, y es por ello entonces que, según su buena voluntad y sus buenos, justos y puros pensamientos, hace uso, como dice su Palabra, de una disciplina en amor para que por medio de ella crezcamos en santidad y seamos llenos de frutos de justicia por medio de Jesucristo (Hebreos 12:6,10-11).

Así que, amado hermano, el llamado de Dios es para que no desmayemos ni nos desanimemos cuando estemos padeciendo o siendo azotados por nuestro Padre Dios, sino que hemos de entender que es su inagotable gracia la que está haciendo su buena obra en nosotros, moldeándonos y preparándonos para esa gloria eterna a la que hemos sido llamados en Jesucristo (1 Pedro 5:10).    Oración.

«Padre de amor, perdón por las veces que no he sido lo necesariamente humilde para reconocer y aceptar tu voluntad cuando estoy pasando por momentos de dificultad, pero gracias porque a pesar de ello, tu gracia para mí que es en Jesucristo, me sostiene y cumple esa buena obra que de antemano has preparado, haciendo que yo sea perfeccionado, afirmado, fortalecido y establecido, por tu Hijo Jesucristo, y su Espíritu, amén.

jueves, 5 de diciembre de 2024

Siervos por el poder del Espíritu Santo.

 


Siervos por el poder del Espíritu Santo.

“Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.” Éxodo 4:10-12

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.” Efesios 3:20-21

Nos preocupa muy a menudo, las palabras o la enseñanza que vayamos a pronunciar cuando de hablar del Señor o compartir de su Palabra se trata, y es que todos sus hijos hemos sido llamados de manera general a hacer discípulos en todo el mundo, y se suma a esto algunas actividades en particular, como por ejemplo, ministrar una alabanza, realizar una reflexión o predicación, dirigir alguna reunión, realizar alguna lectura, intervención o pregunta, orar en público, compartir un testimonio y todo aquello que implique abrir nuestra boca y hablar.

Pensamos, al igual que Moisés, que no tenemos lo suficiente para poder cumplir con nuestro llamado, porque quizás también se nos traba la lengua, se nos enredan las palabras, se nos suele olvidar lo que vamos a decir, o quizás no tenemos mucha fluidez. Sin embargo, el Señor nos enseña que éstas o cualquier otra aparente limitación, debilidad o aspecto de nuestra personalidad, no son ni deben ser una barrera, un motivo o una excusa para no disponernos a servir a Dios y ser usados por Él, pues vemos en la historia de Moisés que, es Dios inicialmente proveyendo a Aarón para que hablara en lugar de él, al pueblo, pero era a Moisés a quien Dios enseñaba directamente (Éxodo 4:14-16). Luego y conforme avanza y crece la relación de Moisés con Dios, vemos cómo es él mismo quien asumiendo su llamado, toma la vocería y se dirige al pueblo (Éxodo 14:13, Éxodo 16:6-8).

Hermanos, tenemos un Dios compasivo, amoroso y que nos conoce más que nosotros mismos, es nuestro Padre bueno, quien primera y principalmente nos ha dado su Espíritu para que nos enseñe, nos recuerde, nos capacite y nos fortalezca para hablar y hacer todo lo que Él nos ha mandado (Juan 14:26); sumado a esto, tenemos a nuestros líderes y hermanos en la fe, en quienes de igual manera habita el Espíritu Santo y quienes también en sus inicios fueron débiles e inseguros, pero si nos disponemos por amor al Señor y en comunión con Él, a ser enseñados a través de ellos y a humildemente aprender de su ejemplo, también seremos esos hombres y mujeres usados grandemente por Dios para cumplir con sus propósitos que son eternos (Efesios 3:20-21, Efesios 4:15-16).     Oración.

«Padre bueno, gracias por la promesa cumplida del Espíritu Santo morando en nosotros tus hijos; te alabo y te bendigo por tu bondad y fidelidad. Gracias Señor por la bendición de mis hermanos en la fe, gracias por sus vidas, por tu obra en ellos y por todo lo que a través de ellos me enseñas, diriges, consuelas, animas y edificas; gracias porque en la unidad de tu Espíritu nos permites ir creciendo en el conocimiento y carácter de tu amado Hijo Jesucristo, amén.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Ve, porque yo estaré contigo

 


Ve, porque yo estaré contigo

“Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; ” Éxodo 3:10-12a

Moisés, hombre de muchas debilidades e inseguridades, es la persona que Dios llamó y escogió para que sacara a su pueblo de la esclavitud de Egipto hacia la tierra que el Señor les daba como heredad. Y es por esto que vemos que la respuesta de este hombre cuando escucha al Señor, es preguntarle “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” “¿Quién soy yo?”

¿Cuántos de nosotros, al igual que Moisés, nos hemos hecho esa pregunta en algún momento de nuestro caminar con Dios? Sin duda por lo menos una vez. Y es que esta puede surgir por varios motivos, entre ellos y el más común es el temor; temor ante nuestras debilidades, temor por lo desconocido o aquello en lo que no tenemos experiencia, temor porque dudamos del fruto o resultado de nuestro trabajo, temor o miedo a fallar; pero si nos detenemos y observamos sobre quién está dirigida nuestra mirada y puesta nuestra confianza cuando sentimos temor, nos damos cuenta de que la causa de este es por fijarnos en nosotros mismos y no en el Señor.

Por ello vemos que de manera directa, clara y contundente lo que hace el Señor es responderle a Moisés diciéndole “Ve, porque yo estaré contigo;” Es sin duda la respuesta, la palabra o la promesa que también el Señor nos da hoy a cada uno de nosotros sus llamados y escogidos, porque recordemos que “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; ” 1 Pedro 2:9. De manera que, del mismo modo, nos dice hoy nuestro Padre Dios “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isaías 41:10.     Oración.

«Padre, gracias por amarme desde la eternidad y hasta la eternidad, por formarme y escogerme desde el vientre de mi madre; te alabo por cuan bueno y misericordioso eres Señor. Y en este caminar contigo y de servicio a ti, gracias por fortalecerme y darme la seguridad y confianza de que siempre estás conmigo, sé que es tu fidelidad y amor en Jesucristo, amén.

martes, 3 de diciembre de 2024

Mi presencia irá contigo, y te daré descanso

 


Mi presencia irá contigo, y te daré descanso

“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo… Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.” Éxodo 33:12a, 14

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11:28

Hay cargas o trabajos que son más pesados y generan más cansancio que los mismos trabajos o cargas físicas y son, los pesos del alma, la culpa, la inseguridad, la insatisfacción, el orgullo, la arrogancia, la vanidad, la angustia, el temor, la preocupación, el afán y la ansiedad son tan solo algunos de ellos. Y muy seguramente por alguna circunstancia en nuestra vida hemos cargado con uno o varios de estos, por lo cual conocemos y somos testigos de que no hay playa, piscina, finca, viaje, dinero y en general, persona, lugar o cosa material que nos pueda dar un verdadero y duradero descanso ante esto.

Y son justamente esas cargas o esos pesos a los que el Señor Jesús se está refiriendo cuando en su Palabra nos llama a ir a Él si estamos trabajados y cargados, porque dice, solo Él nos puede dar ese descanso. El Señor Jesús, el gran pastor de las ovejas, es quien manifiesta que en lugares de delicados pastos nos hará descansar, junto a aguas de reposo nos pastoreara, confortará nuestra alma y nos guiará por sendas de justicia por amor de su nombre (Salmos 23:2-3).

Y, al igual que Moisés en el Éxodo, todo lo que necesitamos para esto, es permanecer en la presencia de nuestro Señor y Salvador, pues estar ahí con Él y aprendiendo de Él, hará que nuestras almas encuentren verdadero descanso; su carácter manso y humilde perdonará nuestros pecados, sanará nuestro corazón, nos dará su paz y seguridad, con su Palabra nos enseñará la verdad y nos encaminará rectamente, y con su Espíritu como nuestro yugo nos transformará en hombres y mujeres que sigan sus pasos, que amen como Él nos ha amado, que hagan la voluntad de su Padre y que toda su esencia, plenitud y satisfacción la encuentren en la presencia y el conocimiento de Dios. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:29-30.     Oración.

«Padre bueno, te alabo y te bendigo porque eres bueno y para siempre es tu misericordia. Gracias por amarme aun cuando era tu enemigo, gracias por tu Hijo Jesús quien vino a rescatarme y a restaurar mi relación contigo; sé que ahora eres mi Padre y que me has dado al mejor Pastor, al Señor Jesucristo, gracias Señor por acogerme en tus brazos y ahí en tu presencia, darme descanso; gracias Padre, Hijo y Espíritu Santo, amén.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Tu presencia va conmigo


 Tu presencia va conmigo

“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.” Éxodo 33:12-14
La permanente presencia del Señor Jesús en cada creyente, fue una promesa que Él mismo anunció antes de su muerte y después de su resurrección; en Juan 14:16-17 hablando el Señor del Espíritu Santo, dice que rogaría al Padre para que nos diera el Consolador, el Espíritu de verdad para que estuviera en nosotros para siempre; luego, en Mateo 28:18-20 antes de su ascensión y una vez manifestado su mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones, Él veraz y amorosamente nos recuerda “yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.”
De la misma manera podemos ver también en la conversación de Dios con Moisés, pues el Señor luego de indicarle su mandamiento en ese momento, y ante la inquietud de su siervo por saber quién lo acompañaría, le revela que sería Su presencia la que con él iría. Sin embargo, hay algo más que Moisés en medio de esta le pide a Dios, confiadamente le dice “te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos;”
Hermanos, en este caminar de servicio al Señor, nuestra mayor confianza y seguridad ha de ser el saber que Él está con nosotros y en nosotros, todos los días y a donde vayamos, pero también, el anhelo más importante de nuestro corazón ha de ser el de conocerlo cada día más y descubrir con cuan grande gracia y amor el Señor nos ve y nos trata. Por esto, debemos pedir con fe, al igual que Moisés, que por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, como dice su Palabra en Salmos 32:8, sea Dios haciéndonos entender y enseñándonos su camino, pues realmente necesitamos cada día conocerlo más y experimentar que es la presencia de su Espíritu Santo la que permanece y va con cada uno de nosotros para enseñarnos, guiarnos y ayudarnos. Oración.
«Padre bueno, cuán grande e inigualable eres; me has hecho por la gracia del Señor Jesucristo, tu hijo y también su discípulo. Anhelo que de la misma manera que Jesús estuvo presente con sus discípulos, pueda yo experimentar tu presencia en todo momento por medio de tu Espíritu, pues quiero aprender más de ti, conocerte y que me hagas apto para cumplir con tus mandatos, amén.

domingo, 1 de diciembre de 2024

No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”

 


No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”

“No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!”, Mateo 7:21-23.

l leer el pasaje de hoy podemos reflexionar en varios aspectos. El primero es ¿Cual es la voluntad del Padre? la escritura nos dice en Juan 6:40 “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”, la fe es la llave y Cristo mismo la puerta: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9). Entonces no podemos dudar que nuestra salvación o nuestra entrada al reino de los cielos es por fe en Cristo Jesús. No podemos dudar de una salvación tan grande y maravillosa, que vino por gracia por medio de la fe en Jesús, es un regalo que no merecíamos (Efesios 2:8-10). Este es un fundamento y lo que produce certeza. Si alguien predica otro evangelio está equivocado.

Sin embargo en nuestra naturaleza carnal queremos acercarnos a Dios mediante obras de nuestra propia justicia: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” (Gálatas 2:16). Así que la escritura es contundente, no es porque profetizamos en su nombre, ni porque echemos fuera demonios, ni tampoco porque en su nombre hagamos milagros, que somos justificados, finalmente estas también son obras, muy buenas y todo, pero insuficientes para alcanzar la excelencia que Dios exige en su santa ley; tampoco son evidencia de un nuevo nacimiento y de que hemos sido sellados por su Espíritu; solamente por la fe en él somos hechos hijos de Dios. ¿Dónde queda la jactancia o el orgullo del hombre? queda desecha, pues toda la gloria, la honra y la alabanza es para Dios que en su soberanía y gran amor proveyó el Cordero (Génesis 22:8).

Hermanos, un corazón transformado por la fe, de su buen tesoro interior, mostrará las buenas obras que Dios de antemano preparó para que andemos en ellas, haciendo su voluntad en todas las cosas.     Oración.

«Señor, así como le prometiste al ladrón en el calvario, que hoy mismo estaría contigo en el paraíso, me acerco a ti para morir juntamente contigo en la cruz y para resucitar a tu lado, para vivir una vida nueva relajado del mundo, libre del maligno y apartado del pecado, para gloria del Padre eterno. En el nombre de Jesús y con el poder de tu Espíritu Santo, amén.