miércoles, 30 de octubre de 2024

 


Dios me sostendrá

“Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho. Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagamos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad. Y dijo uno: Te rogamos que vengas con tus siervos. Y él respondió: Yo iré. Se fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron la madera. Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah, señor mío, era prestada! El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro. Y dijo: Tómalo. Y él extendió la mano, y lo tomó”. 2 Reyes 6:1-7

En los días del profeta Eliseo había una escuela preparatoria para los profetas, había crecido tanto que los alumnos le dijeron a Eliseo que la ampliara con la ayuda de ellos. Cada uno hizo su trabajo y el profeta los dirigió. Uno de sus alumnos perdió un hacha que era prestada, con la ayuda de un palo que Eliseo empleó, el hierro salió a la superficie y el joven la rescató. Preguntémonos: ¿qué tiene que ver esto con la vida espiritual?

Muchas veces en nuestra vida suceden cosas que para nosotros son importantes, pero para otros quizás no; y por eso, no les interesa por lo que estamos atravesando y nos encontramos solos enfrentando una situación. En este pasaje vemos que Eliseo sí estaba prestando atención al problema del muchacho que estaba preocupado, fue al único que le preguntó ¿dónde cayó el hacha? Es quizás la pregunta que Jesús nos hace hoy, porque esa hacha representa una situación que nos preocupa. Digámosle a Dios donde está, porque Él está atento a lo que nos ocurre, sabe qué tenemos en mente y por lo que estamos orando. Lo importante no es que nos pregunte cuál es nuestra preocupación, porque Él lo sabe todo, sino que entendamos que está a nuestro lado. 1 Pedro 5:7 dice: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Y el salmo 55:22 dice: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo”. Dios nos sostendrá, no permitirá que caigamos y quedemos abatidos.

Dios hizo un milagro a través de Eliseo cuando tomó el palo y lo tiró donde había caído el hacha, el hierro flotó, algo que no es natural. Fue un milagro de poder que nos recuerda, que lo que nosotros no podemos hacer Dios sí lo puede hacer. Lo que empieza con un contratiempo, Él lo transforma en bendición.

Pensemos que esa situación, esa enfermedad, ese desafío, ese faltante, será la plataforma para que el Señor a través de nuestra vida muestre su poder.    Oración.

«Amado Dios, muestra tu poder en medio de mis circunstancias difíciles, aumenta y fortalece mi fe, eres Todopoderoso y todas esas dificultades van a salir a flote y las vas a resolver. Eres el que puede hacer lo imposible. Gracias por entenderme y estar a mi lado incondicionalmente, en el nombre de Jesús, amén.

martes, 29 de octubre de 2024

Milagro de vida

 


Milagro de vida

“Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió”. 2 Reyes 4:32-37

Este es uno de los pasajes más impresionantes del poder de Dios obrando a través de su siervo. Eliseo al sentirse agradecido con la mujer sunamita por su hospitalidad y generosidad quería ayudarla, pero no sabía cómo hacerlo pues era una mujer pudiente que no le faltaba nada; le pidió entonces a su siervo Giezi que averiguara, él le informó que no tenía ni un solo hijo. Eliseo guiado por el Espíritu de Dios, le prometió que tendría un hijo dentro de un año. Como Sara (Génesis 18:10-15), ella resistió la idea y respondió con duda. Como quiera, antes de pasar un año se cumplió cabalmente la palabra profética.

Después de varios años, cuando el niño tenía como cinco o seis años, se enfermó repentinamente y murió. En ese momento tan difícil el corazón de la sunamita se desmoronó. Su seguridad y autosuficiencia de antes cuando no necesitaba del profeta se terminó, ahora se transformó en un dolor inconsolable. Llevó el cadáver del muchacho a la habitación del santo hombre de Dios, que ella había construido para él, y se fue a buscar a Eliseo al monte Carmelo llena de fe y esperanza de que pudiera hacer algo; con angustia casi incontrolable la señora le agarró por los pies, signo de respeto y deferencia.

Con sentimientos encontrados le recordó al profeta que ella no había pedido un hijo de él aun cuando él lo había prometido. Eliseo se sintió desconcertado y sin reprenderla admitió que Dios no le había comunicado el problema de la señora como antes. Eliseo reinterpreta las amargas acusaciones como una petición desesperante.

Cuando el profeta llegó a la casa, todavía el niño no daba señales de vida. Eliseo entró solo a la habitación, primero oró personalmente a Jehová y luego dice 2 Reyes 4:32-37: “Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos”.

¡Ocurrió un milagro de vida! cuando el profeta ejerció el poder sagrado de la oración, unido a la fe y a la confianza en Dios y Él obró sobrenaturalmente. Solo Dios tiene la potestad de dar vida a cualquier situación, Él puede resucitar cualquier área de nuestra vida porque no se ha olvidado de sus promesas; Él trae salvación y vida a todo aquel que en Él cree, nos resucitó de la muerte espiritual para darnos vida en abundancia.

Por eso, es el momento de confiar en el Dios que todo lo puede y tiene el control absoluto de todas las cosas.    Oración.

«Señor, has vencido en la cruz para darme vida en abundancia. Sopla aliento de vida sobre cada una de mis situaciones. Dios de milagros, presento delante de ti mi necesidad y pido la presencia de tu Espíritu obrando poderosamente y vivificando cada área de mi ser. Entrego mi salud espiritual, emocional y física; la de mi familia y la de la iglesia, para que hagas una renovación total, clamo por un milagro de vida, sé que lo harás. En el nombre de Jesús, amén.

lunes, 28 de octubre de 2024

La obediencia trae bendición

 

La obediencia trae bendición

“Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te re


staurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado. Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio”. 2 Reyes 5:10-14

Aquí vemos la transformación en el carácter de un hombre leproso, pero orgulloso de corazón. Pensó que el profeta iba a hacerle un escenario para sanarlo, pero se encontró con uno que ni siquiera salió a recibirlo, sino que le envió un mensajero diciéndole que fuera al río Jordán y se lavara siete veces. Su orgullo salió a flote, pues se sentía una persona importante para que lo tratasen con tanta indiferencia, pensaba que merecía un trato especial, quizás un toque sobrenatural por parte del profeta.

Con Dios las cosas funcionan diferente a lo que pensamos, porque sus métodos siempre apuntan a tratar nuestro carácter y transformar nuestro corazón y son diferentes para cada uno, por eso las reacciones también son diferentes. A veces pasa que nos enojamos con Dios porque no obra conforme queremos. Ya la respuesta de Dios estaba declarada sobre Naamán a través del profeta, simplemente tenía que obedecer. Para ello necesitaba primero quitar la prepotencia, esa corona de altivez y ser humilde. Debemos entender que cuando Dios ya ha dado la orden y ha desatado el milagro sobre nuestra vida, debemos quitar cosas que estorban la bendición que Dios quiere darnos.

Este general activó el poder de Dios cuando decidió humillarse y dejarse transformar. Tenía que zambullirse siete veces para arrojar esa vieja naturaleza pecaminosa. Recordemos que el Señor dice que al altivo lo mira de lejos (Salmos 138:6). Si buscaba una cercanía con el Dios de Israel debía quitar el orgullo de su corazón. Hubo una transformación y restauración no solo física sino espiritual.

Cuando de nuestro corazón salga todo lo que no agrada a Dios y obedecemos, nos dará la respuesta que necesitamos. Dios va a restaurarnos cuando saquemos todos los impedimentos que estorban su bendición. Ya la Palabra fue dada sobre nosotros, promesas de sanidad, de provisión, de paz, de perdón, de restauración; Él ya tiene lo que necesitamos, simplemente obedezcamos para activar su poder en nuestras vidas, su anhelo es que seamos bendecidos.

El resultado de la obediencia es el poder de Dios trayendo milagros, sanidades y prodigios sobre nosotros.     Oración.

«Señor perdóname si mi carácter y desobediencia, han estorbado la bendición que quieres darme, quizás he esperado que obres a mi manera, te pido perdón por eso. Transforma mi corazón, quita mi orgullo y mi enojo, no quiero alejarme de tu gracia y dejar de creer, de orar o de buscarte. Tengo el Jordán de la sangre del Cordero que me limpia de toda contaminación y me restaura. Hoy como Naamán quiero entrar en el río de tu presencia y experimentar tu poder, amén.

domingo, 27 de octubre de 2024

Compartir la esperanza de la sanidad divina

 


Compartir la esperanza de la sanidad divina

“Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán. Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra”. 2 Reyes 5:1-3

Vemos aquí, que la posición de la sierva era servir a la esposa de su amo solamente, pero no le dio temor presentar al Dios de Israel y declarar abiertamente que el profeta que estaba en Samaria podía sanar a su esposo de la lepra. Su señora se dispuso a escucharla, quizás estaba sufriendo mucho con la enfermedad de su marido. Esta muchacha hizo lo que humanamente podía hacer movida por su compasión, pero entendía que Dios podía hacer lo sobrenatural.

Vemos la importancia de compartir la esperanza de la sanidad divina con otros. La puerta para la sanidad de Naamán fue abierta por una muchacha judía que le recomendó buscar al profeta Eliseo. Hacemos bien cuando testificamos a otros tanto del poder salvador como del poder sanador de Jesús. No tengamos temor de confesar nuestra fe en Él, porque Dios sabe qué hacer con cada persona. A Naamán se le dijo que se lavara siete veces en el río Jordán y esto no le gustó. Su soberbia y orgullo oculto salieron a la luz, pero cuando se dispuso a obedecer y ser sumiso a la orden de Eliseo, se abrió el camino de la sanidad.

Nosotros podríamos afrontar un llamado similar, ya que a veces la acción obediente constituye un paso para recibir sanidad. Por ejemplo, Jesús les dijo a los 10 leprosos que se mostraran al sacerdote y fueron sanados luego de haber obedecido (Lucas 17:12-14). En ocasiones, algunas personas por las que oramos para que reciban sanidad se rinden cuando no ven la sanidad inmediata y decaen en su fe, en lugar de buscar a Dios. A veces hay que dar un paso de obediencia que fortalezca la fe.

Qué ejemplo tan grande el de esta joven, no nos puede dar temor presentar a Jesús, ni hablar de Él, no nos puede dar miedo compartir a ese Dios de salvación, el Dios que nos da vida. Que hoy nuestra fe traiga sanidad a la vida y a la casa de alguien más.    Oración.

«Amado Dios, permite que mi vida, mi posición, mis recursos y mi tiempo sean usados por ti para servir a otros, por eso ayúdame a llevar las buenas noticias de salvación, ayúdame a creer lo que tú eres capaz de hacer. Quiero ser de bendición para otras personas, porque la oración eficaz del justo puede mucho. Mi oración puede llevar salvación, sanidad y restauración a otro hogar, en el nombre de Jesús, amén.

sábado, 26 de octubre de 2024

La oración, la persistencia y la fe

 

La oración, la persistencia y la fe


“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: «Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Vé, y dí a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel”. 1 Reyes 18:41-46

Los tiempos de sequía espiritual, donde no vemos nada, prueban nuestra fe. Podemos desanimarnos, dejar de orar y de congregarnos; o por el contrario disponernos a orar y esperar la respuesta del Señor en su tiempo perfecto. Aprendamos tres cosas del profeta Elías:

1) El poder de la oración. Nos lleva a entender que pase lo que pase debemos seguir orando. Es decirle al Señor: “estoy en sequía, pero yo dependo de ti”. Él nos da esperanza, mira nuestra situación, nos instruye y fortalece en la espera. El salmista nos aconseja aguardar, esperar el tiempo de la respuesta, confiando plenamente en la bondad de Dios, como dice Salmos 27:13-14: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”.

2)El poder de la persistencia. ¿Cuántas veces tenía que subir el criado de Elías a ver una señal de lluvia? Siete veces. Muchas veces en la vida cristiana hay que insistir, resistir y clamar. Ya Elías había recibido la Palabra de que iba a ver una gran lluvia después de tanta sequía. Sólo se arrodilló y dependió absolutamente de Dios. Independientemente de las circunstancias o de toda intervención del enemigo que quiere que dudemos de las promesas de Dios, no nos desanimemos porque el Señor siempre cumple su Palabra, Números 23:19 “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”.

3)El poder de la fe. La fe es cuando no vemos nada o vemos algo muy pequeño, pero estamos seguros de que Dios va a actuar y seguimos persistiendo en oración. Elías creyó y declaró a Acab: “Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye”, llamando las cosas que no son como si fuesen. Perseveró en la oración, hasta que vio la respuesta. Romanos 4:17 dice: “(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen”.

Pidamos a Dios que hoy se detenga toda sequía en nuestras vidas, espiritual, emocional y física y que demos paso a un cambio de bendición y restauración donde sólo Él hará cosas nuevas.  Oración.

«Señor, quizás ahora no vea nada, pero persisto en orar y pedirte por la salvación de mi país, de mi ciudad, de mi familia, amigos y conocidos, quiero ver una mano pequeña que se extiende por tu infinita misericordia, trayendo salvación y vida eterna. Por eso te clamo para que se abran los cielos y que los tiempos secos se vayan, que llegue una lluvia fresca y una gran bendición para que todos lleguen al conocimiento de tu voluntad, en Cristo Jesús, amén.

viernes, 25 de octubre de 2024

La casa edificada sobre Cristo

 


La casa edificada sobre Cristo

“Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo. Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo”. Josué 3:5-7

Josué le pidió a la gente que se separara de todo lo impuro y se consagrara por completo al Señor. Un milagro estaba próximo a ocurrir, el río Jordán se iba a abrir para que su pueblo llegara a la tierra prometida. Por medio del milagro que siguió a estas palabras, el pueblo llegó al convencimiento de que la mano de Dios estaba sobre su nuevo líder Josué.

A través de este pasaje se nos hace un llamado a un tiempo de santificación y consagración a Dios. Como dice Josué 3:5: “santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros”. Si le obedecemos veremos su respuesta. Por eso debemos humillarnos y despojarnos de todo lo que no le agrada. Necesitamos que su Santo Espíritu nos llene y nos redarguya de pecado, justicia y juicio y nos conduzca al arrepentimiento; a santificar y consagrar nuestras vidas.

Empecemos por decirle al Señor “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”, Salmos 19:14. Esta es una confesión de fe, señala la importancia de que nuestras palabras y pensamientos sean consistentes con la Palabra y la voluntad de Dios. Que todo lo que hablemos y nuestro corazón murmure, sean un deleite para nuestro Señor. Nuestras palabras reflejan lo que nuestros corazones sienten y piensan. Deberían confirmar lo que creemos acerca de Dios, de su amor y su poder. Que el Señor nos haga esos hijos que apartamos tiempo para Él, que estamos en su presencia, que escuchamos su voz y la obedecemos.

Queremos estar firmes para poder pasar el Jordán, ese Jordán que son nuestras adversidades que no nos dejan disfrutar de la tierra prometida. Pidamos al Señor que nos ayude a pararnos firmes frente a las adversidades y aunque pasemos por el agua no nos anegaremos y por el fuego no nos quemaremos, porque Él está con nosotros. Que levante no solo a nuestra familia sino a toda la iglesia, sacerdotes que intercedan ante Él para que nuestras casas sean guiadas por su Espíritu Santo, santificando a nuestras familias y a nuestra iglesia.

Hagamos un pacto como lo hizo Josué diciendo: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”; Josué 24:15b.   Oración.

«Señor, hoy declaro que mi vida y la de mi familia caminan en pos de ti, por tu Palabra que es viva y eficaz, que me dice que somos tierra fértil y que harás maravillas en medio de nosotros. Cuando nos santifiquemos y nos consagremos a ti, podremos ver tu gloria y ser testigos de tu verdad, amén.

jueves, 24 de octubre de 2024

Adoremos a Dios

 


Adoremos a Dios

“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran”. Nehemías 9:6

En tiempos de Nehemías la restauración no solo se limitó a los muros físicos y la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén, sino que se levantó un avivamiento cuando el pueblo restauró su condición espiritual y se acercó a Dios y a su Palabra, confesando sus iniquidades y clamando en voz alta a Jehová su Dios, adorándolo de corazón, Nehemías 9:4-5

Una profunda adoración a Dios comienza cuando confesamos nuestros pecados y reconocemos que hemos transgredido sus mandamientos. Si su Majestad suprema es reconocida por toda su creación, nosotros sus hijos, aún más debemos reverenciarlo reconociendo que Él gobierna, sobre todo.

Nehemías 9:3 dice: “Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios”. La restauración espiritual empieza cuando anhelamos la Palabra de Dios, ella es viva y eficaz, y llega a lo más profundo de nuestro ser y discierne nuestros corazones y nuestras mentes, para que reconozcamos cuanto le hemos fallado a Dios y nos volvamos a Él en arrepentimiento, entonces nuestro corazón es cambiado en un corazón adorador.

Esa confesión genuina debe llevarnos a apreciar quién es Dios, porque desde el principio de la creación Él se ha revelado a sí mismo como el único digno de toda exaltación y alabanza. Sólo Él es Dios. El Dios justo ha creado y preservado el mundo, y los ejércitos celestiales lo adoran.

Demostró que es justo al cumplir su Palabra, entonces podemos enumerar todas sus misericordias y favores; y conocer los pensamientos que tiene hacia nosotros, pensamientos de paz y no de mal, para darnos un futuro y una esperanza, Jeremías 29:11. Su bondad paterna nos ha favorecido, porque al darnos a su Hijo en propiciación por nuestros pecados nos ha dado nueva vida y un destino eterno.

Unámonos hoy a la adoración celestial y de toda su creación diciendo: “Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado… diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”, Apocalipsis 15:3-4; Apocalipsis 14:7

El cántico de Moisés que fue un canto de redención cuando atravesaron el mar Rojo es ahora el cántico del Cordero, una celebración de la soberanía y el poder de Dios.  Oración.

«Amado Dios, ¡que seas alabado y glorificado siempre! Y todo lo creado se someta a tu soberanía. Hoy te pido que mi corazón se rinda a ti en adoración, reconociendo tu señorío sobre mí, solo tú tienes el control de todo, solo tú eres digno de exaltación y de alabanza, amén.