miércoles, 8 de abril de 2026

Plantados en la presencia de Dios.

 Plantados en la presencia de Dios. 

“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán”. Salmos 92:12-13

Permíteme hacer la siguiente analogía para poder entender la necesidad que tenemos como hijos de Dios de perseverar en la fe y crecer cada día dependiendo de Jesús. Pensemos en un jardinero que trasplanta diariamente una planta de un lugar a otro, jamás permitirá que eche raíces y su futuro será la muerte. Igualmente, el anhelo de Dios es que nuestra vida espiritual florezca y dé fruto permanente, esto solo podrá lograrse si permanecemos plantados en la presencia de Dios.

Para que esto suceda debemos atender algunos consejos de su Palabra:

1-Permanezcamos donde Dios nos plantó. Juan 15:4-5 nos dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. “Permanecer” viene del griego “méno” que significa “quedarse” ya sea en un lugar, estado o relación que perdure, permanezca y persevere, por eso, hemos sido plantados en Cristo, para tener vida de comunión con Él y dar mucho fruto.”

“Permanecer” también, simboliza la actitud de alguien fiel, persistente y determinado, todo esto va ligado al fruto que podemos dar como cristianos, moviéndonos por convicciones, no por emociones. ¿Entonces, cómo podremos permanecer? 1 Juan 2:24 nos dice: “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”. Es darle valor a la verdad del evangelio, porque este nos asegura la promesa de la vida eterna.

2-Resistamos las condiciones adversas. Cuando el Señor dice: “El justo florecerá como la palmera”, nos compara con las palmeras, porque son árboles más resistentes a los vientos que otros, debido a su flexibilidad y estructura. Pueden soportar huracanes, gracias a sus raíces profundas, tienen troncos flexibles y hojas que se doblan para protegerse. Un tronco de una palmera puede doblarse de 40 a 50 grados sin romperse y sobreviven a vientos hasta de 233 kilómetros por hora. Muchas circunstancias intentan movernos de nuestra fe, pero debemos mantenernos arraigados en Jesús. Cuando Cristo es la Roca donde nos sostenemos podremos superar toda adversidad, Salmo 40:2 dice: “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”.

3-Seamos pacientes. Eclesiastés 3:1 dice “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Cada planta tiene un tiempo específico para florecer, establecido por Dios, pero, para que dé fruto demanda cuidado y nutrición. Hay que limpiarle las malezas y alimentarla adecuadamente.

Este principio también aplica a nosotros que a veces nos desesperamos porque queremos recibir lo que pedimos en el tiempo que consideramos oportuno, pero olvidamos que el tiempo de Dios es perfecto y Él responderá en el momento preciso. No desmayemos porque pronto veremos el fruto de Dios en nuestras vidas, si continuamos nutriéndonos de su Palabra y limpiándonos de todo aquello que impide nuestro crecimiento espiritual, y de permanecer en íntima comunión con Él.   Oración.

Gracias Padre celestial por haberme colocado en Cristo Jesús al creer en su obra redentora en la cruz. Ayúdame a perseverar en mi comunión cada día, plantado en su presencia. Sólo puedo permanecer arraigado en mi amado Salvador, para dar mucho fruto, perseverar en la fe y crecer en su conocimiento, dando testimonio de su infinito amor con mi vida y anunciando las buenas nuevas de salvación para el mundo, amén.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario