Cristo mi realidad viviente
“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Filipenses 1:9-11
¿Qué son frutos de justicia? ¿Por qué el Señor nos pide estar llenos de ellos por medio de Jesucristo? Aquí los frutos de justicia son los frutos que el Espíritu Santo produce en nuestra vida, y que forman el carácter de Cristo y el reflejo divino de su gloria en nosotros. Esto debe honrar a Dios y ensalzar su Nombre. El Señor nos está llamando a la santidad, llevando un estilo de vida en obediencia a sus demandas, este estilo de vida es señal de una conciencia de pertenecer a Dios y estar apartados para vivir conforme al propósito divino.
“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor”. Pablo intercede por los filipenses desafiándolos a la plenitud y a la madurez, pidiendo que el amor abunde en ellos, un amor que crezca en conocimiento y en todo discernimiento espiritual, llevándolos a mayor sabiduría y claridad mental, o sea capacidad para distinguir lo bueno y lo mejor.
“A fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo”. Es un llamado a una vida superior, una vida saturada de Cristo que se caracteriza por ser limpia, amigable, una vida que ama, perdona y sirve. Una vida sincera sin mezcla de impureza.
La palabra “sinceros” proviene de los tiempos del Imperio Romano, cuando en Roma se vendían objetos artísticos de mármol de una sola pieza. Pero algunos objetos tenían fisuras o defectos que se los emparejaba o disimulaba con cera y, una vez pulidos, semejaban ser íntegros, pero al exponerse al sol las imperfecciones se hacían visibles, o la cera se derretía. Otros eran “sin cera”, o sea que estaban completos, sin faltas. Pablo pide que los cristianos vivamos vidas superiores, genuinas, verdaderas, sinceras. Una vida irreprensible, sin ofensa, sin ser causa de tropiezo, una vida transparente que glorifique a Dios, para no tener que temer un juicio adverso, no sólo desde el punto de vista humano, sino ante el juicio de Cristo mismo.
“Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Nos pide que tengamos una existencia fructífera. El fruto aquí no es algo cuantitativo que se pueda contabilizar como tantos convertidos o tantas horas pasadas en oración o tantas cosas que hacemos para el Señor. Es más bien un fruto cualitativo, fruto de justicia. Es el fruto que viene por medio de Jesucristo, y no busca la glorificación y la fama humana, sino la gloria y alabanza de Dios.
¿Es Cristo una realidad viva en nuestras vidas? ¿Podemos ver su Presencia divina en cada situación que vivimos? ¿Podemos decir como Pablo “porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”?
Si Cristo es una realidad viviente, podremos estar gozosos en medio de las crisis y vislumbrar el cielo azul en medio de la adversidad, la soledad y la tristeza. Porque cuando el corazón está en estrecha relación con el corazón del Señor, cuando Jesucristo es el factor principal detrás de todos los detalles de la vida, se puede experimentar alegría y paz en todas las circunstancias. Cristo, la realidad viviente, hará la diferencia en la vida que se abre a su llenura y plenitud. Oración.
Señor lléname de tu fruto cada día para poder reflejar lo que tú eres a los demás. Haz que mi corazón abunde en amor y en todo conocimiento espiritual para ser testimonio a otros en rectitud y sinceridad, llevando una vida irreprensible llena del Espíritu Santo, para dar gloria y alabanza a Dios con mi vida, amén.
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