martes, 30 de diciembre de 2025

Tu Palabra es la verdad que hace libre

 Tu Palabra es la verdad que hace libre

Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; más él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”. Lucas 24: 25-32

oy no queremos oír de parte del Señor lo que les dijo a sus discípulos en el camino de Emaús: “insensatos (sin entendimiento), tardos de corazón para creer”. Somos así, cuando ignoramos las Escrituras. Muchas veces decimos que queremos conocer a Cristo, pero no estudiamos su Palabra, no meditamos en ella y olvidamos que el tema de toda la Biblia es Jesucristo mismo.

La ignorancia de la Palabra de Dios es como un velo que cae sobre nuestros ojos, que nos impide reconocer a Jesús. Cristo es el hilo que atraviesa todas las Escrituras, el tema central que las enlaza. El Señor Jesús, hoy como en ese entonces, nos reprocha la debilidad en nuestra fe por el desconocimiento de su Palabra, sabemos que la fe crece cuando escuchamos, leemos y estudiamos su Palabra, Romanos 10:17. Si entendiéramos todas las riquezas que hay en ella, los consejos divinos que tenemos a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo, no estaríamos sujetos a confusiones, engaños y malas interpretaciones, sino que se aumentaría nuestro amor y fervor por conocer su Palabra.

Era muy importante que sus discípulos entendieran que la muerte del Mesías no fue un fracaso del plan sino el perfecto cumplimiento del designio divino. Los padecimientos de Cristo eran el paso para su gloria, por eso no podemos dejar de mirar a la cruz, pero tampoco desconocer que desde el Antiguo Testamento se muestran todas las cosas acerca de Él y que la gracia del evangelio recorre todo el Antiguo Testamento. Cristo después de su resurrección fue el mejor expositor de las Escrituras, mostrándoles a sus discípulos, como éstas se cumplieron en Él.

Hoy, como los discípulos de Emaús, necesitamos un encuentro renovador con nuestro Señor y Salvador. Para eso necesitamos la llenura del Espíritu Santo y su guía para comprender su Palabra. Permitiendo que el “Nazareno” camine a nuestro lado, porque en medio de las tormentas de esta vida, cuando estamos abrumados y tristes, su Palabra es la que puede traer consuelo, fortaleza y paz en medio de las dificultades. Su Palabra es agua viva en los momentos de sequedad. El “caminante” (Jesucristo), se interesa por nosotros y por todo lo que hay en nuestro corazón, Él nos ve, nos conoce y nos ama y nos habla “palabras de vida”, nos habla verdades profundas de una manera clara y sencilla, sabe que conoceremos su verdad y esta nos hará libres, Juan 8:32. Permitamos que nuestro corazón arda de una manera extraña, como nunca antes lo hemos experimentado, mientras escuchamos su Palabra y la estudiamos en nuestro caminar con Él. Y quizás como Jeremías entendamos que su Palabra es la única que puede quebrantar nuestro corazón y transformar nuestras vidas, Jeremías 23:29.

Que el Señor nos ayude para que nuestro corazón siga ardiendo como una antorcha que da luz y calor en este mundo de oscuridad y frialdad. Qué hoy nazca en nosotros el deseo de profundizar más en el conocimiento de Jesucristo.  Oración.

«Señor Jesús, gracias porque con solo ver mi rostro, ya sabes lo que me pasa, tú lees mi corazón. Gracias por traer tu Palabra a mi vida, por quitar el velo de mis ojos para que pueda reconocerte en ella, dame hambre y sed de tu Verdad. Que entienda que es el sustento diario que necesito, que deseo conversar contigo, sobre mi vida, mi familia, mi iglesia, mi nación y que cuando estoy triste puedo escuchar tu voz que me consuela y me ayuda, a través de cada palabra y cada promesa tuya, amén. 


 

lunes, 29 de diciembre de 2025

Pagó injustamente por mí

 

Pagó injustamente por mí

“¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis. Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios. Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca”. Lucas 22:67-71
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” Daniel 7:13-14

El “hijo de hombre” nombrado en la profecía de Daniel corresponde a Cristo, Cabeza de la humanidad restaurada; la simiente de la mujer, que aplastaría al Anticristo. Que vino a ser hombre, se encarnó para ser el Salvador de la humanidad y que es el restaurador de la herencia perdida en el Edén, y a Quien se le daría el dominio, gloria y reino eterno sobre todas las naciones en su Segunda Venida. Así como ascendió para sentarse a la diestra del Padre, vendrá de nuevo como dice Apocalipsis 1:7 “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.
Jesús se refirió a sí mismo en el Sanedrín como “Hijo del Hombre”, diciendo: “Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios”, declarando abiertamente que era el “Hijo de Dios”. Aunque para los ancianos, sacerdotes y escribas decir esto era una blasfemia digna de muerte. Jesús cumplió la profecía de Daniel al ser hecho a semejanza de la carne pecadora y ser encontrado como hombre, pero siendo el Hijo de Dios y sin pecado. El Padre dará a su Hijo encarnado, nuestro Mediador y Juez, la herencia de las naciones, como se lo prometió en Salmos 2: 6-8 “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra”.
La expresión favorita de Jesús para designarse a sí mismo, era Hijo del Hombre. De ahí que el sueño de Daniel tiene en parte un carácter mesiánico, al anunciar que la venida del Mesías inaugurará una nueva etapa del reinado de Dios sobre la historia. Cristo cumplió esta misión trayendo el reino de Dios a la experiencia humana.
Sabemos que el juicio de Jesús fue injusto, en primer lugar, porque el tribunal se sentaba en semicírculo, para que cada uno pudiera ver a todos los demás. El reo se colocaba enfrente del tribunal, vestido con ropas de duelo. Detrás de él se sentaban filas de estudiantes y discípulos de los rabinos, que podían hablar en defensa del acusado, pero no en contra. Todas las acusaciones tenían que probarse por la evidencia de dos testigos, examinados independientemente. Estaba permitido que un miembro del tribunal hablara primero en contra del acusado y luego cambiara de parecer y hablara a su favor, pero no viceversa. Cuando se llegaba el momento de dar el veredicto, todos los miembros del tribunal tenían que emitir su juicio individualmente, empezando por los más jóvenes hasta acabar por el más anciano. Para la absolución era suficiente con la mayoría de un voto, pero para la condenación se necesitaban por lo menos dos votos. La sentencia de muerte no se podía ejecutar el mismo día que se pronunciaba; tenía que pasar una noche, para que el tribunal durmiera, y considerara si debía aplicar la piedad. Todo el procedimiento estaba diseñado para que prevaleciera la gracia; y, hasta en el breve relato de Lucas, está claro que el Sanedrín no cumplió sus reglas en el caso del juicio de Jesús.
Jesús no manifestó en este momento que Él era Dios, simplemente respondió con un sí a la pregunta del sumo sacerdote, diciendo: «Vosotros decís que lo soy». Pero Jesús se identificó con Dios al usar un título familiar que se halla en el Antiguo Testamento: «Yo soy», Éxodo 3:14. El sumo sacerdote reconoció la declaración de Jesús y lo acusó de blasfemo. Los líderes judíos tenían la evidencia que necesitaban. Jesús enfrentó un juicio injusto en nuestro lugar, de manera que no tuviéramos que sufrir uno de esta naturaleza y recibir el justo castigo por nuestros pecados.
Jesús entendió que esto tendría que ser así para cumplir el propósito de Dios, pero lo sostuvo el saber que después de su condena y crucifixión se sentaría a la diestra de su Padre victorioso al derrotar la muerte, el pecado y el reino de las tinieblas. Hoy demos gloria y honra a su Nombre. Oración

«Gracias mi amado Jesús, por pagar el precio de todos mis pecados en la cruz, fuiste injustamente condenado, siendo inocente ocupaste mi lugar, y me libraste para siempre de la muerte y la condenación eterna, pagaste un precio muy alto por mí. Ahora no puedo callar lo que hiciste, porque trajiste libertad y restauración, ahora puedo gozar de la vida eterna gracias a tu inmenso amor, amén.


domingo, 28 de diciembre de 2025

¿Aun así no entendemos?

 ¿Aun así no entendemos?

“Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; más al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía”. Lucas 18:31-34

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Lucas 21:27-33

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”. Apocalipsis 22:7

Nos ha pasado que a veces tenemos todo frente a nosotros y aun así no entendemos. Nos sucede al leer instrucciones, al recibir un consejo o al enfrentar una difícil situación. En este pasaje vemos a los discípulos escuchar claramente a Jesús hablar de su padecimiento, muerte y resurrección, sin embargo, no lograron comprender. Esto sucedió cuando Jesús iba camino a Jerusalén para ser crucificado y en ese recorrido se topó con el ciego Bartimeo y lo sanó. Este hombre vio con más claridad quién era Jesús, lo reconoció como Mesías y clamó con fe, proclamándolo como el Hijo de David. La diferencia no está en los ojos, sino en el corazón. Podemos preguntarnos: ¿Qué necesitamos ver con claridad con respecto a Jesús hoy?

Ante la profecía que Jesús les dice a sus discípulos por tercera vez sobre su muerte y resurrección, que los profetas habían escrito en el Antiguo Testamento y que estaba por cumplirse, a ellos les cuesta aceptarlo. Por eso, aunque Jesús les habló claro, ellos estaban cegados a la realidad de la cruz, por eso este acontecimiento los golpeó duramente al punto de huir y olvidar la promesa de la resurrección.

Para nosotros esa profecía ya está cumplida, por eso, al presentar el evangelio tenemos que orar para que los oídos y los ojos de los que escuchan el mensaje del evangelio, sean abiertos, pues aun teniendo las evidencias ante sus ojos, de vidas transformadas por la cruz y la resurrección de Cristo, muchos no quieren reconocer su obra redentora. Jesús nos muestra claramente el sufrimiento por el que pasó para poder redimir a la humanidad, en su mensaje incluye la cruz, antes de su gloria; sin embargo, muchos no aceptan que la salvación es un regalo de su gracia y que simplemente se recibe por fe.

Como los discípulos, para muchos la confrontación con la cruz causa un efecto contrario, pues todos anhelan un Mesías conquistador no un siervo sufriente y no entienden que Él ya hizo todo por la humanidad. Esta revelación de que Jesús es suficiente, que solo su sacrificio satisfizo la demanda divina de Dios no les parece, creen que es demasiado sencillo aceptar la salvación y que hay que hacer algo más para ganarla. Siguen engañados con sacrificios e intentos de agradar a Dios en sus propias fuerzas.

“No hay nadie más ciego que el que no quiere ver”. Además, Jesús nunca anunció la cruz sin nombrar también la resurrección. Sabía que le esperaban la vergüenza y el horror, pero estaba igualmente seguro de que obtendría la victoria y entraría en la gloria que también le aguardaba. Sabía lo que le vendría de la maldad de los hombres, pero también sabía lo que le vendría del poder de Dios. La seguridad de la victoria final le ayudó a afrontar la aparente derrota de la cruz. Sabía que sin la cruz no podría haber una corona.

Así como ellos no entendieron, hoy muchos están ciegos a las profecías del fin, no comprenden que Jesús está vivo y victorioso y que regresará de nuevo por los suyos. A pesar de que Jesús y los apóstoles hablaron con claridad, todavía no lo asimilan y viven sus vidas sin expectativa, sin consagrarse y prepararse para su cumplimiento.

No podemos caer en ese error y leer la Biblia parcialmente, y cerrar nuestro entendimiento porque podemos estar reacios a aprender lo que en este tiempo el Señor está hablando. Lucas 21:27-32 es la profecía de su Segunda Venida que Jesús mismo manifestó. Esto debe ser una fuente de expectación y esperanza para los redimidos para que comprendamos que el tiempo está cerca por todo lo que Él ya dijo y está sucediendo en el mundo. Jesús nos dijo claramente que volvería, Apocalipsis 22:7.  Oración.

«Amado Jesús, déjame ver con claridad tu Palabra, para entender las profecías del fin, saber que debo estar expectante y preparado para tu regreso. No permitas que la incredulidad nuble mi entendimiento, sino que viva velando y con gozo esperando tu glorioso retorno a esta tierra. Ayúdame a abrir los ojos y oídos espirituales a lo que el Espíritu Santo quiere hablarme en estos tiempos, amén.


viernes, 26 de diciembre de 2025

Emanuel

 

Emanuel

“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”. Lucas 2:11

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Isaías 7:14

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Mateo 1:22-23

El mejor y más generoso regalo de amor de Dios para nosotros ha sido su Hijo Unigénito, nuestro Salvador. Como dice: 1 Juan 4:14 “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo”.

Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Ese Verbo que estaba desde el principio, que mantiene unido el universo y por medio del cual toda la creación llegó a existir, se hizo carne y habitó entre nosotros. Esta verdad es el cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14, que se registra en el evangelio de Mateo 1:22-23 “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

Dios en toda su majestad y esplendor, se hizo hombre. Todo su corazón, mente, voluntad, naturaleza y poder, se manifestaron en forma humana. Él se acercó para que pudiéramos conocerlo. Podemos decir con certeza que el cielo vino a la tierra. Jesús nos amó tanto que dejó la eternidad para venir a abrir un camino, con su sacrificio en la cruz para que volviéramos a nuestro Padre celestial. Por eso, su nombre Jesús, significa “Dios es salvación”. Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Jesús está más cerca de lo que podamos imaginar, no solo vino a hacer su morada entre nosotros, sino que quiso venir a vivir en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, para manifestar su vida a través de la nuestra, Gálatas 2:20. Por medio de su nacimiento, vida, obra, muerte y resurrección nos hizo participantes de su Reino eterno. Se acercó para rescatarnos del dominio de las tinieblas y la muerte, para darnos perdón de nuestros pecados por medio de la redención por su sangre y trasladarnos a su Reino. Ahora tenemos una esperanza eterna, Colosenses 1.13-14.

Jesús es la razón por la que celebramos la temporada navideña y la razón por la que vino fue por nosotros, nos dio el regalo más precioso y gratuito, la vida eterna en él.

Entonces amados hermanos, la navidad se trata de cómo el Hijo de Dios se acercó a nosotros e hizo su morada entre nosotros para salvarnos. Por eso, este es el tiempo perfecto para detenernos y abrir nuestro corazón a Él, para acercar a nuestra familia y amigos al corazón de Dios, porque la salvación está al alcance de todo aquel que cree en Jesús y le recibe como su Señor y Salvador.

Hoy tengamos un momento de reflexión, oración y gratitud con Jesús y llevemos a los que no le conocen, a tener ese encuentro con Emanuel, Dios con nosotros.   Oración.

«Gracias amado Jesús, por ser un Dios personal que le das sentido a todas las cosas, gracias por amarme y estar profundamente involucrado conmigo, soy tu creación y viniste a esta tierra haciéndote hombre para rescatarme, viniste a habitar entre nosotros, para que pudiera conocerte y recibirte en mi corazón; y encontrar el propósito y el significado de mi existencia, gracias por abrir ese camino vivo para llegar nuevamente a mi Padre celestial, amén.


jueves, 25 de diciembre de 2025

El Reino entre nosotros

 

El Reino entre nosotros

“Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió Y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”. Lucas 17:20-24

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3:1-4

El Reino de Dios se hizo presente entre nosotros cuando Jesús vino por primera vez a la tierra y es una realidad espiritual interna, porque Él vino a morar en nosotros por medio del Espíritu Santo. Podemos decir sin vacilar que el reino de Dios está en nosotros. Este Reino es asequible a cada persona que recibe a Jesús como su Señor y Salvador, pero también como Rey, porque nos sometemos a su soberanía, a su gobierno sobre nuestra vida.

Esto es fundamental en nuestro caminar cristiano, ya que no podemos actuar independientemente de Dios, sino bajo su gracia y su poder. Recordemos que la gracia nos llegó únicamente a través de la redención plena de Cristo en la cruz, por medio de su sangre, por la cual fuimos perdonados de todos nuestros pecados, siendo también reconciliados con nuestro Padre celestial. Efesios 2:12-13 ratifica: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.

Esta salvación que hemos recibido por medio de Cristo restaura nuestra relación con Dios y nos abre las puertas al imperio de su Reino que “está entre nosotros” y no solo eso, Jesús ha enviado al Espíritu Santo para que su unción también esté en nosotros como dice 1 Juan 2: 20 “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” y anhela que disfrutemos de su plenitud que es para todos, dice Juan 1:16 “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”.

Los ungidos por el Señor Jesús permanecen con Él. La nueva naturaleza espiritual es la de Cristo. Esta unción hace que seamos enseñados por Él, 1 Juan 2:27 dice: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”. Podemos llegar entonces a decir con toda confianza: “El Reino de Dios está en mí y entre nosotros”, porque Él habita en medio de su iglesia”, Mateo 18:20.

En contraste con los reinos de este mundo que son externos, materiales y de dominio político, el Reino de Dios es interno y espiritual. La consumación del Reino aguarda el regreso del Señor. Los creyentes estamos ansiando la llegada del día de la victoria. Como nos dice Lucas 17:24 “Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”.

El Señor nos hace entonces un llamado a vivir por fe, porque su venida será tan sorpresiva como visible, como ese relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo a otro. Vivir por fe, es vivir en constante expectación, preparándonos cada día para su regreso, contrario a todos aquellos que están absortos en los asuntos de este mundo, confiando solo en lo terrenal y material como si esto fuera a ser permanente.    Oración.

«Señor Jesús, quiero estar enfocado solo en las cosas de arriba, en la eternidad. Tu Palabra dice: “porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Gracias porque mientras vivo en esta tierra, soy un habitante del cielo, me sacaste de las tinieblas a tu Reino Admirable, me has dado tu plenitud, tu unción y puedo decir con certeza que tu Reino está en mí, por medio de tu Presencia en mi vida, amén.


miércoles, 24 de diciembre de 2025

El amor y la preocupación de Dios por los pecadores

 

El amor y la preocupación de Dios por los pecadores

“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”. Lucas 15:1-7

Dios se preocupa por los perdidos y se goza cuando un pecador se arrepiente y vuelven al redil. Pero a veces la oveja perdida se queda inerme y rehúsa moverse, por eso el pastor deja las otras para ir a buscarla.

A este capítulo se le llama “el evangelio dentro del evangelio”, porque los fariseos se escandalizaron de que Jesús se asociara con hombres y mujeres que los judíos practicantes consideraban pecadores, los llamaban “la gente de la tierra” y había una barrera infranqueable entre estas dos clases de personas. Criticaban a Jesús por tener contacto con ellos, porque para los fariseos cualquier trato con esta gente los contaminaba. Y se atrevían a decir: “Hay alegría en el Cielo cuando se pierde un pecador”, deseando su destrucción y no su salvación. Contrario a lo que Jesús declaraba: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”.

Jesús cuenta entonces esta parábola de la oveja perdida y de la alegría del pastor cuando la encuentra. Mostrando con esto el gran amor por la humanidad pues Él no hace acepción de personas, la salvación es para todos y se interesa por el más indefenso y débil. Y ese es el amor que demostró por cada uno de nosotros en la cruz y dio su vida por nuestro rescate. Aun antes de haberlo conocido nos buscó en este mundo perdido hasta que nos halló, ese es nuestro Buen Pastor.

Es la escena del cielo que Jesús nos pinta: Dios se alegra cuando encuentra a un pecador que estaba perdido y regresa a casa. El hecho es que Dios es más amable que los hombres, los seres humanos podemos perder la esperanza por aquel que está extraviado y sin rumbo, pero Dios no. Deja las noventa y nueve y presta toda su atención y todo su cuidado por el que necesita ser rescatado, perdonado y restaurado. Este pasaje también señala todo lo que el Señor pone en movimiento en el mundo espiritual cuando oramos por los perdidos, para recuperarlos para sí, cumpliéndose el mayor deseo de su corazón según Lucas 19:10: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Que este tiempo de navidad sea un motivo para hablarles del Salvador del mundo a todos aquellos que nos rodean y aun no lo conocen.    Oración.

«Gracias mi Jesús, mi buen Pastor, por buscarme y encontrarme en este mundo perdido y dar tu vida por mi rescate en una cruz. El precio que pagaste fue tu sangre preciosa, que me libró, me perdonó y me salvó. Me sacaste del lodo cenagoso y pusiste mis pies sobre la Roca firme que eres tú, para que no resbale. Te pido por todos aquellos que aún andan errantes como ovejas perdidas y úsame como instrumento, como tus pies y tus manos para rescatarlos con tu mensaje de salvación, amén.


martes, 23 de diciembre de 2025

 

El precio del discipulado

“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; más si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga”. Lucas 14:25-35

Sabemos que la visión del corazón del Padre es la Gran Comisión: ganar, edificar y enviar, esto es hacer discípulos en todas las naciones. Es el mayor reto que se nos ha hecho como seres humanos, de la persona más extraordinaria que haya vivido, Jesucristo. Ninguna causa a la que nos entreguemos se puede comparar con este llamado de Dios que cambia vidas, inclusive cambia al mundo.

Hoy vivimos en un mundo de cambios rápidos y radicales; los corazones de los hombres están llenos de frustración y angustia, pero también deseosos de ser amados, por eso el discipulado es una tarea ardua, que implica un cuidado pastoral como el de Jesús, amando, cuidando y compartiendo, para enseñar un estilo de vida que solo Él vivió.

Como vemos en este pasaje las multitudes eran atraídas por los milagros de Jesús y esperaban el establecimiento de un reino terrenal, que les resolviera todas sus necesidades. Hoy el mundo es igual, el pecado, la violencia, la corrupción moral y religiosa, está llevando al caos todo el sistema global, y se busca por todos los medios humanos la paz, la reconciliación y el progreso social y económico. Pero jamás el ser humano podrá resolverlo porque el problema es espiritual, la ausencia de Dios en la vida de las personas ha generado todo lo que vivimos. Por eso, el llamado como cristianos es urgente, hay que ir a hacer discípulos a todas las naciones llevando el evangelio de Jesús que es lo único que puede dar esperanza.

Ser discípulos del Señor requiere un costo que no todos los creyentes están dispuestos a pagar, porque el verdadero discipulado implica: entrega, renuncia y sacrificio. Se trata de subordinar todos nuestros deseos a la lealtad a Cristo. Lo que debe llevarnos a morir al egocentrismo y estar preparados para resistir el sufrimiento y el martirio si es necesario.

Aquí el Señor hace un paralelo con la edificación de un edificio que es muy costoso o librar una guerra que es peligrosa, lo que ilustra el costo y el peligro que los discípulos de Cristo debemos enfrentar, porque el discipulado significa total renunciación a nuestros intereses por amor de Jesús. Se refiere a una cuestión de total consagración y máxima realización del propósito de Cristo para nosotros en este tiempo, que no es nada fácil.

Aunque la contienda por la salvación de nuestra parte sea terriblemente desigual, nuestra voluntad personal debe estar sometida a la voluntad de Dios, ejerciendo esa fe que “vence al mundo”, como dice 1 Juan 5:4 “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. Recordemos que estamos vigorizados por el poder del Espíritu Santo como lo expresa Hebreos 11:34 “apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros”.

El discipulado entonces significa la disposición de una persona para colocar las demandas de Jesús por encima de las de ella o de su familia. Los discípulos deben estar dispuestos a negarse a sí mismos por completo, tomando su propia cruz lo que significa estar listo para lo que se venga. Es necesario calcular el costo de decir “no al yo” antes de comenzar un camino que no se pueda seguir hasta el final. Debemos considerar el costo de ser un discípulo de Cristo, al grado de saber a qué nos comprometemos y que más tarde no sintamos la tentación de volvernos atrás. Que podamos ser la buena sal de la tierra, para sazonar a quienes nos rodean con el sabor de Cristo.  Oración.

«Jesús, ayúdame por favor a cumplir con tu llamado, a llevar tu mensaje de amor y perdón y hacer discípulos en todas las naciones. Señor quiero ser luz y sal para este mundo que está en tinieblas, cegado por el pecado y el engaño de este siglo. Lléname con tu poder para compartir el evangelio de amor y de esperanza a todo el que se cruce en mi camino, dispón los corazones de las personas y llena ese vacío espiritual, en el Nombre de Jesús, amén.