lunes, 13 de enero de 2025

Palabras para su iglesia: “no pierdas tu primer amor”

 


Palabras para su iglesia: “no pierdas tu primer amor”

“Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” Apocalipsis 2:1-5.

Nuestro Señor Jesús, resucitado, ascendido y glorificado a través de estas palabras nos revela el tipo de iglesia que Él quiere militando en esta tierra hasta su segunda venida. Aunque el mensaje va dirigido a la iglesia de Éfeso, las palabras de Jesús siguen vigentes para la iglesia universal.

En primer lugar, una iglesia que no pierda su primer amor, que sea conocida por el amor que le profesa a Él y a los demás. Es fácil perder el primer amor cuando transcurre el tiempo, porque otras cosas van ocupando su lugar en nuestro corazón: las ocupaciones, la familia, la vida y hasta el servicio al que Dios nos ha llamado, todo esto nos puede apartar de la pasión por el Señor Jesucristo. Él puede ensalzar nuestro servicio, pero a veces hemos trabajado muy duro por establecer el reino de Dios aquí y nos hemos olvidado del Rey.

El Señor debe ocupar siempre el primer lugar en nuestro corazón, sin embargo, hay momentos en que nos centramos tanto en nuestros asuntos, que perdemos el entusiasmo por Dios, nos preocupamos por cumplir con tantas cosas que nos olvidamos del amor. ¿Qué nos produce oír estas palabras?: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”.

El Señor nos insta a recordar el primer amor que tuvimos cuando nos convertimos y mirar la altura desde donde hemos caído. Está hablando a los que ya somos salvos, por eso alaba nuestro trabajo, porque no fue realizado para ganar su perdón y salvación, sino por amor a las personas como reflejo del amor de Cristo a los seres humanos.

En segundo lugar, debemos arrepentirnos y organizar nuestra vida, necesitamos deshacernos de todo lo que no es grato delante de Dios. Recordemos lo que dice Zacarías 13:9 “Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios”. El Señor nos está refinando cada vez que pasamos por momentos de prueba y transformando nuestro carácter.

En tercer lugar, volvamos a hacer las cosas que hacíamos al principio, cuando conocimos al Señor, con la pasión y el entusiasmo del primer amor.

Es necesario que comprendamos que Dios está hablando a los creyentes. Jesús alabará a su iglesia cuando haga un trabajo de amor, por la paciencia en medio del sufrimiento, por la capacidad de discernimiento o sabiduría espiritual que la lleve a afirmarse en la sana doctrina y en la conducta hacia los demás.   Oración.

«Señor Jesús, oro en este momento para que nunca pierda mi primer amor por ti, ayúdame a recordar de dónde me sacaste cuando andaba separado de ti, gracias por enseñarme que solo el amor a ti y al prójimo hará que todo lo que haga glorifique tu nombre, ayúdame a aferrarme a la verdad de tu Palabra y dame discernimiento espiritual para poder afirmar a otros en la sana doctrina y en la conducta, ayúdame a mantenerme fiel a ti, amén.

domingo, 12 de enero de 2025

La Revelación de Jesucristo

 


La Revelación de Jesucristo

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. Apocalipsis 1:1-3

“y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Apocalipsis 1:13-16

Para muchas personas la palabra apocalipsis sígnica “destrucción”, pero realmente la palabra griega apokálupsis, se traduce como “revelación”. Se descompone en dos palabras “apo” (fuera de) y kalupsis (oculto). La palabra de hecho significa “manifestación”. Es la revelación de Jesucristo.

El apóstol Juan, exiliado en la isla de Patmos, por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús, tuvo una revelación acerca de Jesús, la cual vino al estar adorando. Jesús llama a Juan a escribir lo que ve, Juan ve siete candeleros de oro los cuales representan a las siete iglesias de Asia menor, (Apocalipsis 1:20).

En términos bíblicos el número siete es el número de la perfección, puede entenderse que es para la iglesia entera, por tanto, está escrito para nosotros. Jesús está sosteniendo en sus manos a toda su iglesia universal. Es el único libro de la Biblia donde se dice que aquellos que lo lean serán bendecidos. Este libro se centra en Jesús como dice Apocalipsis 1:5 “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”.

Jesús es aquel que nos ama y que nos ha librado por su sangre y nos ha hecho reyes y sacerdotes para servir al Padre Dios. El Apocalipsis es el descubrimiento de las cosas que habían estado veladas en el Antiguo Testamento, un manifiesto del reino de Cristo. Es el manual de viaje de la Iglesia para los tiempos de los cristianos gentiles, por eso no debemos temer leerlo. Porque es una profecía para animarnos, Jesús vendrá de nuevo y esto no ocurrirá secretamente pues dice que todos lo verán: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”, (Apocalipsis 1:7). Jesús va a regresar y disfrutaremos de una eternidad con Él.

Juan ve a alguien semejante al Hijo del hombre (esta era la manera favorita de Jesús al referirse a sí mismo), lo ve en toda su pureza y eternidad. Ve el esplendor de su apariencia, ese es Jesús, el cual veremos regresar con toda su gloria y nuestra reacción ante Él debe ser la misma de Juan, caer rendidos a sus pies en adoración. No debemos temer porque es nuestro Salvador y también nuestro Rey que viene por nosotros.

Se le ordena a Juan que revele lo que ha visto ya que el tiempo está cercano. Jesucristo es el autor del Apocalipsis, Juan solamente el escritor. El Apocalipsis es el libro de su segundo advenimiento y de los eventos preliminares a él. El Padre se revela a sí y su voluntad, en su Hijo y por su Hijo. “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (Apocalipsis 22:6-7). Entonces es tiempo de compartir de Jesucristo y hacerlo conocer, porque volverá muy pronto.    Oración.

«Padre, gracias por la revelación de Jesucristo mi Salvador y Señor. Jesús hoy quiero caer a tus pies en adoración, reconociendo tu victoria sobre la muerte y tu señorío sobre todo lo creado. Como el apóstol Juan quiero rendirme ante ti y proclamar que eres el Hijo del hombre, quien me amó y derramó su sangre para redimirme, anhelo tu regreso mi amado Señor, amén.

sábado, 11 de enero de 2025

Comienza a moverte por fe

 


Comienza a moverte por fe

“Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte, sino que aquel monte será tuyo; pues, aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte. Josué 17:17-18

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. 2 Pedro 1:3-4

Por el liderazgo de Josué Israel había conquistado la tierra de Canaán desde el norte hasta el sur. Josué les dijo a las tribus de Manasés y Efraín, que, ya que eran tan numerosos y fuertes, se les daría más tierra y que los bosques de la zona montañosa eran de ellos, y les mandó a expulsar a los cananeos de los valles, aunque estos eran fuertes y tenían carros de guerra y que tomaran posesión hasta los extremos más lejanos. Sin embargo, algunas tribus no obedecieron las palabras de Josué y fueron negligentes en ir a poseer la tierra que Dios les había prometido y tampoco expulsaron a los cananeos de allí, esto fue el comienzo de muchos problemas para el futuro de Israel.

La realidad era que tenían miedo y no querían trabajar. Había mucho territorio disponible, pero necesitaban esforzarse y tomar posesión de él. Esto es lo mismo que nos sucede a nosotros: ¿Cuántas veces Dios nos ha dado tremendas promesas, pero retrasamos su cumplimiento porque no hacemos la parte que nos toca? tenemos tantas promesas disponibles de parte de Dios, pero no hacemos nada para disfrutarlas, no actuamos en fe, nos quedamos quietos. El Señor debe recordarnos en primer lugar que somos el pueblo de Dios y que Él va delante de nosotros para que venzamos cualquier dificultad. Ya el Señor nos ha asegurado la tierra prometida, la eternidad por medio de su sangre. Y nos motiva a actuar con valor y determinación. No importa cuán fuerte sea el enemigo, el pueblo de Dios es más fuerte. Como dice Romanos 8:37 “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.

¿Qué nos está deteniendo para no avanzar? la pereza o el conformismo, o la intimidación del enemigo, que nos hace sentir que no somos capaces. Estamos olvidando lo que el Señor ya nos ha dicho: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”. Si Dios nos ha hablado, comencemos a movernos por fe.

Recordemos lo que somos en Cristo y aunque sea difícil nuestro caminar en fe en esta tierra, Dios nos dará sabiduría y las fuerzas para hacerlo, porque su promesa más grande ya está cumplida en nosotros, la presencia viva y poderosa del Espíritu Santo, que es nuestro ayudador.   Oración.

«Señor, quiero levantarme y conquistar lo que me has prometido, por eso ayúdame a poner mis ojos en ti Jesús, autor y consumador de mi fe. Gracias por entender que ya soy heredero de todas las promesas al hacerme tu hijo, y que tengo acceso a toda bendición espiritual en los lugares celestiales, gracias porque me has dado vida eterna, en el nombre de Jesús, amén.

viernes, 10 de enero de 2025

¿Hay para Dios alguna cosa difícil?

 

¿Hay para Dios alguna cosa difícil?


“¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo”. Génesis 18:14

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido”. Hebreos 11:11

Esta pregunta que Dios le hace a Abraham revela el carácter de Dios, «¿Hay para Dios alguna cosa difícil?» la respuesta lógica es no, Él es soberano, omnipotente, perfecto, fiel y todo le es posible, ¡es Dios!

El Señor tiene el control de todo y por muy difíciles que sean las situaciones para nosotros, Él está ahí y se hace cargo de lo que nosotros no podemos resolver. Esto nos hace recordar que Dios es un Dios personal que actúa en nuestra vida y nos da su poderosa ayuda.

El testimonio de Sara es uno de los hechos más sorprendentes del poder de Dios. Una mujer avanzada en edad cargando un bebé en sus brazos diciendo que es su hijo, nacido de un parto natural y sin ninguna asistencia de la ciencia, es algo increíble de creer. Pero así fue el nacimiento de Isaac, el hijo de la risa como se traduce su nombre. Y qué decir del padre de la criatura, un hombre de cien años, creyó esperanza contra esperanza en la promesa que Dios le había dicho. Dios le habló con estas palabras: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo”, Génesis 18:14.

Sara, no solo tuvo que experimentar el poder de Dios en su cuerpo para quedar embarazada, pasar bien los nueve meses y tener fuerzas para el parto, sino que después tuvo que cumplir con todas las responsabilidades de una madre. Seguramente, cada vez que enfrentaba un nuevo desafío, se preguntaba: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?”.

Qué impresionante es Dios que puede hacer posible, algo imposible. El Señor es un Dios de milagros y vemos que no solo Sara, sino muchas mujeres de la biblia que eran estériles experimentaron en sus vidas que para Él no hay nada difícil.

Frente a tantos desafíos y dificultades que enfrentamos a diario, deberíamos tomar para nosotros estas palabras: “¡Nada es imposible para Dios!”, (Lucas 1:37). Por eso preguntémonos si hay algo en nuestras vidas que parece imposible: en tu casa, en tu familia, en tu salud, en tus finanzas, etc., porque es el momento de dejar todo atrás y empezar un nuevo año aferrándonos a la Palabra de Dios, pidiéndole al Señor que aumente nuestra fe, que renueve nuestra mente y lleve cautivo todo pensamiento de temor, pesimismo, frustración, desánimo y derrota a la cruz de Cristo y derribar toda fortaleza mental de mentira que el enemigo haya colocado en nosotros que nos hace sentir incompetentes, faltos de propósito, inseguros, insatisfechos con lo que somos y tenemos; y decir: “escrito está: ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?”.      Oración.

«Señor, quiero recordar estas palabras para mí: ¿hay para Dios alguna cosa difícil?, por supuesto que no, por eso te entrego sin vacilación toda situación que me supera y que no puedo resolver, se Quién eres tú por eso he confiado y he puesto mi esperanza en tí, toma el control de mi mente y aumenta mi fe, creyendo en cada promesa que me has dado, porque para ti no hay nada imposible, gracias por amarme con amor eterno y extender tu favor sobre mi vida, en el nombre de Jesús, amén.

jueves, 9 de enero de 2025

Escogidos

 


Escogidos

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”. Juan 15:16

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”. Isaías 43:1

Qué privilegio tan grande es saber que Jesús nos escogió por su gracia entre millares de personas, pensó en nosotros, nos llamó por nuestro nombre y nos redimió.

El propósito de estos versículos es animarnos a entrar con confianza en la misión que Jesús nos encomendó. Él fue el que tomó la iniciativa de escogernos, su propósito al elegirnos no solo es para derramar todo su amor en nosotros, sino que seamos canales para llevar su amor a otros, por eso quiere que demos un fruto que permanezca. Esa elección y producción de fruto nos habilitará para pedir eficazmente.

A menudo suponemos que fuimos nosotros los que tomamos la iniciativa en nuestra conversión y también en nuestro llamado, Jesús aclara que no es así, dice: “yo os elegí a vosotros, y os he puesto”, o sea que nos eligió en primer lugar para amarnos y para que lo sigamos; y segundo para hacernos sus discípulos y embajadores de su mensaje en esta tierra.

El término “os he puesto” viene del verbo griego “tídsemi” que tiene algunos significados como: encargar, constituir, destinar, servir. Nos apartó para una misión, puso nuestra vida a favor de otros. Este verbo también se traduce como “constituyó”. Pablo entendió para qué fue puesto en esta tierra, en Hechos 13:47 dice: “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra”.

El verbo “vayáis” sugiere salir para realizar una misión y es de llevar fruto, refiriéndose a la conversión de personas salvadas para la eternidad. La obediencia en ir y llevar el mensaje de salvación nos da la base para pedir con la confianza de que el Padre oirá y contestará nuestras oraciones. Y mucho más cuando estamos clamando por las almas perdidas, en humildad y obediencia al Dios que es Soberano y Omnipotente, que quiere que todos sean salvos y lleguen al arrepentimiento.

Dios nos dio un trabajo, un propósito, una responsabilidad de buscar a las personas en el nombre de Jesús para que se reconcilien con Él. La iglesia es entonces la embajada celestial, somos la representación del cielo aquí en la tierra, para traer a los ciudadanos perdidos de regreso a los brazos del Padre Celestial.   Oración.

«Gracias amado Padre por haber enviado a tu Hijo a morir en una cruz para darme salvación, gracias Jesús por llamarme por mi nombre y escogerme para llevar las buenas nuevas al mundo. Qué gran privilegio de ser un instrumento de amor y bendición para muchas personas que necesitan conocerte y entender que solo en ti hay salvación y vida eterna. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 8 de enero de 2025

El evangelio es para todos

 


El evangelio es para todos

“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso,y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?”. Santiago 2:1-4

“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”. Santiago 2:13

“Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad”. Lucas 20:21

Dice la Palabra de Dios que no podemos creer que tenemos fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo si seguimos haciendo discriminaciones. La frase “hacer acepción de personas” significa obrar con parcialidad a favor de alguien porque es rico, influyente o popular. Los mismos fariseos y escribas admitieron que Jesús no hacía acepción de personas, (Lucas 20:21).

El apóstol Pedro a través de la visión del lienzo con animales limpios e inmundos, aprendió que el Dios soberano del universo no hace discriminaciones y que el evangelio es universal como dice Hechos 10: 34-36: “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos”. Los judíos y gentiles tienen el mismo trato de Dios porque Él no tiene favoritismos. El apóstol Pablo entendió esto tan claro que asumió el ministerio a los gentiles con mucho amor por ellos y declaró que el que hace discriminación de personas obra con injusticia. Colosenses 3:25 dice: “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas”.

Jesús tuvo que exhortar a los líderes religiosos de su época por la discriminación con la gente más pobre, más necesitada y vulnerable, los veían como escoria humana y violaban así el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismos, (Lucas 10:27).

Como creyentes en un Dios bondadoso y misericordioso, no debemos dejarnos influenciar indebidamente por la posición social, el prestigio, el poder o la riqueza de una persona, esto es un pecado que aun los profetas del Antiguo Testamento condenaron. Veamos Malaquías 2:9-10a “Por tanto, yo también os he hecho viles y bajos ante todo el pueblo, así como vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley hacéis acepción de personas. ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?”. Debemos entonces seguir el ejemplo de Jesús, enseñando el camino de Dios con verdad y sin hacer acepción de personas.

Sigamos el buen camino, que es el del amor a Dios y a nuestros semejantes, no porque lo imponga alguna ley externa, sino porque el amor de Cristo que tenemos en nuestro corazón nos hace desearlo. Es la fe que obra por el amor.    Oración.

«Amado Padre, escudriña mi corazón y mira si he obrado injustamente al hacer discriminación de personas, tú quieres que ame a mi prójimo como a mí mismo, porque todos hemos sido creados a tu imagen y semejanza. Dame tus ojos para ver a los demás como tú los ves, porque tú no miras la apariencia, sino el corazón de las personas y has dado las buenas noticias de salvación para todos. Permite que manifieste mi fe en ti aceptando y amando a los demás. En Cristo Jesús, amén.

lunes, 6 de enero de 2025

Anhelemos tu Presencia

 


Anhelemos tu Presencia

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Hechos 2:38

Debemos anhelar la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, pedir cada día su llenura para que Él pueda fluir a través de nosotros. Para eso debemos tener en cuenta lo siguiente:

1- Debemos arrepentirnos genuinamente. Efesios 4:30 dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. En este texto la primera lección es que el Espíritu Santo también se aflige, se contrista por nuestro pecado, la desobediencia, la autosuficiencia, la prepotencia, el orgullo, la carnalidad, todo esto lo entristece y lo apaga dentro de nosotros, no lo deja fluir. Por eso, debemos reconocer nuestro pecado y confesarlo, 1 Juan 1:9 dice “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. El arrepentimiento genuino es una verdadera disposición de cambio.

2- Desearlo con ahínco. Dice el Señor Jesús en Lucas 11:13 “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”. Es importante porque anhelar la presencia del Espíritu Santo hará que la promesa de Dios se haga realidad. Dios prometió que daría el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. Debemos anhelarlo, querer con un deseo vivo y profundo que el Espíritu Santo nos embriague con su presencia.

3- Creer. Necesitamos creer, Efesios 1:13 dice “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. Debemos entender que creer en el evangelio es creer en Jesús y sus enseñanzas. Cuando nosotros creemos el mensaje vivo de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo viene a nuestras vidas para ser morada en nuestros corazones, para transformarnos a la imagen de Jesús.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a mantenernos firmes, constantes y perseverantes en la oración, en la Palabra, en el clamor, en la obediencia, en la dependencia y rendición al Dios Todopoderoso. Pidamos que derrame su fuego, espíritu de oración, de adoración, de alabanza y que traiga libertad a nuestra vida, Recordemos 2 Corintios 3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.      Oración.

«Espíritu Santo de Dios, anhelo y quiero que me llenes con tu presencia, examina mi corazón y redargúyeme de pecado, justicia y juicio y muéstrame si hay algo que está interrumpiendo mi comunión contigo. Eres la promesa hecha realidad para triunfar sobre el pecado y para dar fruto que abunde y permanezca, ayúdame a seguir las huellas de Jesús, a pensar en sus deseos, y buscar siempre la voluntad del Padre, quiero rendirme delante de ti, hoy recibo tu poder y la autoridad para ser testimonio de Cristo, amén.