jueves, 9 de junio de 2016

La importancia del arrepentimiento

La importancia del arrepentimiento Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados. (Hechos 2:38)

Nadie puede ir a Jesucristo a menos que se arrepienta. Jesús comenzó su ministerio proclamando la necesidad del arrepentimiento (Mt. 4:17), y Pedro y Pablo siguieron proclamándola. El arrepentimiento es una decisión consciente de apartarse del mundo, del pecado y del mal. ¡Es algo decisivo!
Si usted acudió a Jesucristo pensando que lo único que tenía que hacer era creer, pero que no tenía que confesar su pecado ni estar dispuesto a apartarse de la maldad de este mundo, no ha entendido el mensaje de salvación. La vida de muchas personas no ha cambiado nada desde que supuestamente creyeron en Cristo. Por ejemplo, algunas eran inmorales y siguen siendo inmorales. Algunas cometían adulterio y siguen cometiendo adulterio. Y algunos cometían fornicación y siguen cometiendo fornicación. Pero según 1 Corintios 6:9-10, los fornicarios y los adúlteros no heredarán el reino de Dios.
Si verdaderamente usted es salvo, se esforzará por apartarse de las cosas del mundo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Vivamos en la luz

Vivamos en la luz

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (Mateo 5:14)

El apóstol Pablo observó al mundo pagano y llegó a la conclusión de que su manera egoísta e inútil de pensar lleva al entendimiento entenebrecido y a un corazón endurecido. Eso, a su vez, lleva a la insensibilidad al pecado y a la conducta sin pudor, que entonces lleva a la obscenidad desvergonzada. Y no es en realidad muy diferente en la actualidad.
Los creyentes ni siquiera hemos de tener el mínimo interés en alguna de las malvadas características de los incrédulos. Debemos ser una luz sobre un monte, separados del mal que nos rodea. Debemos ser diferentes. No puede esconderse una ciudad sobre un monte. Debemos levantarnos como sal y luz. Pero si somos corrompidos por el sistema, nos volvemos inservibles.
Nuestro bendito Señor Jesucristo nos compró a costa de su propia vida. Nos dio una nueva naturaleza que es santa, sin mancha y santificada para siempre. Solo nos pide que vivamos conforme a lo que nos ha dado abandonando nuestra vieja manera de vivir y adoptando la nueva.

martes, 7 de junio de 2016

Romanos.2.v21-27

Romanos.2.v21-27 Estos versículos son una crítica mordaz a la hipocresía. Es mucho más fácil decir a otros cómo comportarse que vivir como es debido. Es más fácil decir las palabras buenas que permitirles que echen raíces en nosotros. ¿Aconseja a otros que hagan algo que usted no está dispuesto a hacer? Procure que sus palabras las avalen sus acciones.
2.24 Si usted dice formar parte del pueblo de Dios, su vida debe reflejar a Dios. Cuando le desobedece, deshonra su nombre y por ello la gente incluso puede hablar mal de Dios. ¿Qué piensa de Dios la gente al contemplar su vida? 2.25-29 La palabra circuncisión se refiere a la señal del pacto de Dios con su pueblo. Se requería que todos los varones judíos se sometieran a este rito (Gen_17:9-14). Para Pablo, ser judío (circuncidado) no significaba nada si la persona no obedecía las leyes de Dios. Por otro lado, los gentiles (incircuncisos) podían recibir el amor y la aprobación de Dios si guardaban sus mandamientos. Pablo pasa a explicarnos que el verdadero judío (uno que tiene el favor de Dios) no es la persona circuncidada (un judío "exteriormente"), sino aquel cuyo corazón es recto delante de Dios y le obedece (un judío "en lo interior").
2.28, 29 Ser judío significaba formar parte de la familia de Dios y heredar todas sus promesas. Sin embargo, Pablo aclara que la membresía en la familia de Dios se basa en cualidades internas, no externas. Todos los que tengan corazones rectos son judíos en verdad, o sea, miembros de la familia de Dios (véase también Gal_3:7). Así como la circuncisión no era suficiente para los judíos, tampoco lo es asistir a la iglesia, ser bautizado, confirmado o aceptado como miembro. Dios busca nuestra sincera entrega y obediencia. (Si desea más información acerca de la circuncisión del corazón, véanse también Deu_10:16; Jer_4:4.)

lunes, 6 de junio de 2016

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne". Gálatas 5:17
En el corazón de cada creyente hay una lucha constante entre la vieja naturaleza y la nueva. La vieja naturaleza es muy activo, y no pierde oportunidad de que maneja todas las armas de su arsenal mortífero contra la gracia del recién nacido; mientras que por otro lado, la nueva naturaleza es siempre al acecho para resistir y destruir a su enemigo. La gracia dentro de nosotros dará empleo a la oración y la fe y la esperanza, y el amor, para echar fuera el mal; se necesita a él "toda la armadura de Dios", y lucha fervientemente. Estas dos naturalezas opuestas nunca dejará de luchar por lo que mientras estemos en este mundo. La batalla de "cristiano" por "Apollyon" duró tres horas, pero la batalla del cristiano con él duró todo el camino desde la puerta peatonal incorporada al río Jordán. El enemigo está arraigado tan firmemente dentro de nosotros que nunca puede salir, mientras estamos en este cuerpo: pero aunque estamos estrechamente acosados, ya menudo en dolor de conflicto, tenemos un ayudante Todopoderoso, a Jesús, el Capitán de nuestra salvación, que está siempre con nosotros, y que nos asegura que seremos finalmente saldrán más que vencedores por medio de él. Con esa ayuda la naturaleza nacida de nuevo es más que un rival para sus enemigos. ¿Está usted luchando con el adversario de hoy? ¿Son Satanás, el mundo y la carne, todo en tu contra? No te desanimes ni desmayes. Luchando! Porque Dios mismo es contigo; Jehová Nissi es su bandera, y Jehová Rapha es el sanador de las heridas. No temas, que los vencerá, porque ¿quién puede derrotar a la Omnipotencia? Luchando, "los ojos en Jesús;" y aunque larga y severa sea el conflicto, dulce será la victoria, y gloriosa la recompensa prometida. "Viento en popa continuar; Wrestle, y luchar, y orad, para la banda de rodadura de todos los poderes de las tinieblas hacia abajo, y ganar el día bien reñida".

domingo, 5 de junio de 2016

Un cambio de naturaleza

Un cambio de naturaleza

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17

Cuando usted recibe a Jesucristo, nace de nuevo y entra en el reino de Dios. Usted se convierte en una persona totalmente distinta. El cambio que ocurre cuando usted es salvo es más espectacular que el cambio que ocurrirá cuando usted muera porque entonces ya usted tiene una nueva naturaleza y es ciudadano del reino de Dios. La muerte simplemente lo lleva a la presencia de Dios.

En sus epístolas, el apóstol Pablo dice que, cuando Dios nos transformó, nos dio una nueva voluntad, una nueva mente, un nuevo corazón, un nuevo poder, un nuevo conocimiento, una nueva sabiduría, una nueva vida, una nueva herencia, una nueva relación, una nueva justicia, un nuevo amor, un nuevo deseo y una nueva ciudadanía. Él llamó a eso "vida nueva" (Ro. 6:4). Algunos enseñan que, cuando una persona se hace cristiana, Dios le da algo nuevo además de su vieja naturaleza pecaminosa. Pero según la Palabra de Dios, no recibimos algo nuevo. ¡Nosotros mismos nos volvemos nuevos! La nueva naturaleza

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

1 Pedro 1:23

Cuando nos hacemos cristianos no se nos remodela ni se nos añade nada; somos transformados. Los cristianos no tenemos dos naturalezas diferentes; tenemos una nueva naturaleza, la nueva naturaleza en Cristo. La vieja muere y la nueva vive; no coexisten. Jesucristo es justo, santo y santificado, y tenemos ese principio divino en nosotros; lo que Pedro llamó la simiente "incorruptible" (1 P. 1:23). Así que nuestra nueva naturaleza es justa, santa y santificada porque Cristo vive en nosotros (Col. 1:27).


Efesios 4:24 nos dice que nos vistamos "del nuevo hombre", una nueva conducta que es apropiada a nuestra nueva naturaleza. Pero para hacer eso tenemos que eliminar las normas y las prácticas de nuestra vieja vida. Por eso Pablo nos dice que hagamos morir "lo terrenal en [nosotros]: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia" (Col. 3:5). A la vieja naturaleza la podemos vencer si nos dejamos guiar por El Espíritu Santo y no por la carne. y es una lucha de cada día que está ganada cuando meditamos en las Escrituras y tenemos comunión con nuestro Padre que está en los cielos Él lo anhela celosa mente.

sábado, 4 de junio de 2016

Conviértete en un Cristiano Hoy!

Conviértete en un Cristiano Hoy!
¿Cómo me convierto en un cristiano? Una vez que hayas hecho todas las preguntas, pesa toda la evidencia y pon a prueba todos los argumentos, ultimadamente te confrontarás con la pregunta básica que Jesús hizo sus discípulos en Mateo 16:15: ‘Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? ’
Afirmó Simón Pedro:
‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’
¿Cuál es tu respuesta?
Si has llegado a la misma conclusión que Simón Pedro, estás a unos pocos pasos de tener una relación personal con nuestro amado Dios. Deseamos sinceramente y oramos que cada uno de ustedes llegue a esta conclusión, porque sabemos que la verdadera felicidad, gozo y paz solo llegan cuando reconocemos el propósito de nuestra existencia y cedemos nuestra voluntad a nuestro Creador. Como podrás ver, el cristianismo no se basa en una construcción, fórmula o ritual religioso, se refiere a lo que tú en verdad crees en tu corazón.
Conviértete en Cristiano: Paso a Paso por el Evangelio
Primero, puedes estar seguro que Dios te ama incondicionalmente y desea tener una relación personal contigo.
"Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Segundo, necesitas admitir tu naturaleza pecadora ante Dios, ya que esto es los que nos separa a todos de él.
“Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
Tercero, debes dejar de tratar de complacer a Dios en tus propias fuerzas, y darte cuenta que la salvación a través de la sangre de Cristo es un regalo de ninguno de nosotros merece.
“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
Finalmente, solo necesitas dar un paso y de verdad aceptar el regalo de Dios: su hijo, Jesucristo.
“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” . (Juan 1:12)
Ahora ya conoces los pasos básicos para convertirte en cristiano. Como resultado, si deseas el regalo de Dios de vida eterna y comunión con él, solo te separa de ello un sincero acto de fe.
Jesús dice:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí. (Juan 14:6).
Jesús también dice:
“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Recibir a Jesús consiste en pedirle sinceramente que venga a tu vida, que perdone tus pecados y que se convierta en tu Señor y Salvador. No es un compromiso meramente intelectual, es mas bien un acto sincero de fe y un deseo de corazón.
Si quieres recibir a Jesús ahora y aceptar su regalo de salvación, el asunto es creer en Jesucristo, arrepentirte de tus pecados y poner el resto de tu vida en él. Este no es un ritual basado en palabras específicas, es una oración guía par dar un paso de fe sincero.
“Padre, sé que he quebrantado tus leyes y que mis pecados me han separado de ti. Estoy sinceramente arrepentido y ahora quiero apartarme de mi pasado pecaminoso y dirigirme hacia ti. Por favor, perdóname y ayúdame a no pecar de nuevo. Creo que tu hijo Jesucristo murió por mis pecados, resucitó de la muerte, está vivo y escucha mi oración. Invito a Jesús a que se convierta en el Señor de mi vida, a que gobierne y reine en mi corazón de este día en adelante. Por favor, envía tu Espíritu Santo para que me ayude a obedecerte y a hacer tu voluntad por el resto de mi vida. En el nombre de Jesús oro, amén.”
“Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados y recibirán el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
Si decidiste convertirte en cristiano el día de hoy, bienvenido a la familia de Dios. Ahora, como una forma de crecer más cerca de él, la Biblia nos dice que sigamos adelante con nuestro compromiso
Bautízate como lo ordenó Cristo.
Dile a otra persona de tu nueva fe en Cristo.
Pasa tiempo con Dios cada día. No tiene que ser un largo periodo de tiempo. Simplemente desarrolla el hábito diario de orar y leer su Palabra. Pídele a Dios que incremente tu fe y tu comprensión de la Biblia.
Busca estar en comunión con otros cristianos. Sé parte de un grupo de amigos Cristianos que responda tus inquietudes y te apoye.
Encuentra una iglesia local en la que puedas adorar a Dios.

viernes, 3 de junio de 2016

EL QUE VIENE A MI YO NO LE ECHO FUERA

EL QUE VIENE A MI YO NO LE ECHO FUERA. Juan 6:37-40  pastor/ovejas. En muchos casos el propietario del rebaño no cuidaba del mismo sino que lo ponía en manos de un pastor el cual se hacía responsable de su bienestar. En algunos casos este pastor era contratado, pero en otros, el hijo del propietario era el encargado de cuidar las ovejas. Cualquiera que fuera el caso el dueño le daba las ovejas al pastor quien a su vez asumía la responsabilidad de las mismas. Eso es a lo que Jesús se estaba refiriendo en Juan 6:37 cuando dijo, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.”

Así que ustedes pueden ver, nosotros no somos un regalo que el Padre le dio al Hijo. Somos alguien que Dios ha tomado como propiedad para luego confiárselos al cuidado de Su Hijo. Y para asegurarse que entendiéramos esto, Pablo dijo que llegará el día cuando Jesús le entregará todo el reino a Su Padre (1 Corintios 15:24).

En Juan 6:38 Jesús fue más allá explicando esto. Él dijo, “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Este era el plan de Dios para nosotros. Él envió a Su Hijo a pagar el precio para que Él pudiera comprarnos, luego le entregó a Su Hijo la responsabilidad de guardarnos. Juan 6:39 dice,

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

El Padre nos compró y nos marcó como Suyos para que nadie más pueda alegar responsabilidad sobre nosotros. El Espíritu Santo es el depósito que garantiza eso. Luego Él nos entregó al cuidado de Su Hijo diciendo, “No pierdas ninguno de ellos.” Padre, Hijo y Espíritu Santo están todos involucrados en nuestra salvación.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:40).

Este es un resumen de la voluntad de Dios en cuanto a la humanidad concierne. Todas las personas que ven lo que Jesús ha hecho y creen que Él lo hizo por ellas tendrán vida eterna. Obviamente hoy ninguna persona que está viva fue testigo de la crucifixión, pero la frase traducida como “ve al Hijo” puede significar verlo mentalmente, verlo con los ojos de la mente, y percibir lo que Jesús hizo por nosotros. Esto es lo que Pablo llamó vivir por fe y no por vista en 2 Corintios 5:7.