sábado, 10 de noviembre de 2012


El gozo de Pablo

Hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía.

Filipenses 4:1

El gozo del apóstol Pablo venía de los demás creyentes. El versículo de hoy dice que los creyentes de Filipos eran su "gozo y corona". A los creyentes tesalónicos igualmente les dij "¿Cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo" (1 Ts. 2:19-20).

Pablo se regocijaba en la salvación y en el crecimiento espiritual de la iglesia, que está representada por la palabra corona. El término se refiere a una corona de laurel, algo que un deportista recibía en los tiempos bíblicos por ganar un torneo (1 Co. 9:25). Pero un deportista no era el único que recibía tal corona de laurel. Si alguien era agasajado por sus compañeros, también recibiría una como invitado de honor al gran banquete. De modo que la corona simbolizaba el éxito o una vida provechosa. Los creyentes de Filipos eran el galardón de Pablo; prueba del éxito de sus esfuerzos. Cuando usted sirva con sus dones, Dios quiera que sienta el gozo que sentía Pablo.  Un buen soldado

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.

2 Timoteo 2:3

Valor, convicción e integridad son virtudes respetables desde un punto de vista secular, pero es necesario que se manifiesten en la vida de todos los cristianos. Es que el nombre "cristiano" nos identifica con Cristo, que nunca transigió ni se apartó de la verdad. Él es el ejemplo perfecto de integridad valerosa.

Es lógico entonces que se nos llame a ser estables y a estar firmes como Cristo y a no dudar (Stg. 1:6). Exhortaciones a estar firmes (Ef. 6:11, 13-14) y ser fuertes (1 Co. 16:13; 2 Ti. 2:1) confirman que hemos de ser valerosos y intransigentes al vivir para Jesucristo.

Casi todos deseamos verdaderamente estar firmes y no tropezar en nuestro andar con Cristo. Ninguno de nosotros quiere ser aplastado bajo el peso de las pruebas de la vida ni ser derrotado por el ataque furioso del mundo, de la carne y de Satanás. Pero debemos comprender que permanecer firmes y ser fuertes no es fácil porque libramos una lucha espiritual (2 Ti. 2:3-4). Tenemos que estar preparados para sufrir "penalidades" a lo largo del camino como buenos soldados de la fe.   Resolver la discordia

Estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio.

Filipenses 1:27

La estabilidad espiritual depende del amor mutuo, la armonía y la paz entre los creyentes. Nuestra vida debe estar entretejida para que podamos soportarnos y sustentarnos los unos a los otros.

En el versículo de hoy, leemos que Pablo quería que hubiera esa clase de armonía en la iglesia de Filipos, pero en su lugar había una gran desavenencia entre dos mujeres que amenazaban la vida de la iglesia. Pablo procuraba que no se extendieran por toda la iglesia pecados como la parcialidad, la crítica, la amargura, la falta de perdón y el orgullo.

A fin de evitar tales problemas, es necesario que los creyentes velen y oren los unos por los otros. El amor mutuo produce la armonía que lleva a la estabilidad espiritual y que muestra lo que ha de hacer la iglesia: ayudar a los débiles, levantar a los caídos y restaurar a los quebrantados.  Súplica por la concordia

Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Filipenses 2:2

El apóstol Pablo era un gran teólogo, y a menudo trató importantes temas doctrinales. Se opuso al legalismo de los judaizantes (Fil. 3:2) y a los criterios disolutos de otros falsos maestros (vv. 18-19). Sabía que tales enseñanzas pervertían la doctrina de la salvación y amenazaban la vida de la iglesia. Pero también comprendía que la discordia en la iglesia era igualmente una amenaza para su vida. Es que el conflicto le quita a la iglesia su poder y destruye su testimonio. Los enemigos de Cristo se afanan por buscar formas de desacreditar a la iglesia.

Por lo visto, la discordia en la iglesia de Filipos estaba a punto de destruir la integridad de su testimonio. Así que Pablo les dij "Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio" (1:27). Tenemos un Espíritu entre nosotros, de modo que no hay razón alguna para la discordia.

martes, 6 de noviembre de 2012

Cuando Cristo aparezca en su gloria,


Mateo   21.  Vv. 1-11. Esta venida de Cristo fue descrita por el profeta Zacarías, ix, 9. Cuando Cristo aparezca en su gloria, es en mansedumbre, no en majestad, en misericordia para obrar salvación. Como la mansedumbre y la pobreza externa fueron vistas plenamente en el Rey de Sion, y marcaron su entrada triunfal en Jerusalén, ¡cuán equivocados estaban la codicia, la ambición y la soberbia de la vida en los ciudadanos de Sion! Ellos llevaron el pollino, pero Jesús no lo usó sin el consentimiento del dueño. Los aperos fueron los que había a mano. No debemos pensar que son muy caras las ropas que vestimos para abandonarlas por el servicio de Cristo. Los sumos sacerdotes y los ancianos después se unieron a la multitud que lo trató mal en la cruz; pero ninguno de ellos se unió a la multitud que le rindió honores. Los que toman a Cristo como Rey de ellos deben poner a sus pies todo lo que tienen. Hosanna significa: ¡Salva ahora te rogamos! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Pero de cuán escaso valor es el aplauso de la gente! La multitud inestable se une al clamor del día, sea ¡Hosanna! o ¡crucifícalo! A menudo, las multitudes parecen aprobar el evangelio, pero pocos llegan a ser discípulos coherentes.
Cuando Jesús iba a entrar en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió; quizá algunos fueron movidos por el gozo, los que esperaban el Consuelo de Israel; otros, de los fariseos, fueron movidos por la envidia. Así de variadas son las motivaciones de la mente de los hombres en cuanto a la cercanía del reino de Cristo.

Vv. 12-17.Cristo encontró parte del atrio del templo convertido en mercado de ganado y de cosas que se usaban en los sacrificios, y parcialmente ocupados por los cambistas de dinero. Nuestro Señor los echó del lugar, como había hecho al iniciar su ministerio, Juan ii, 13–17. Sus obras testificaban de Él más que los Hosannas, y las curaciones que hizo en el templo fueron cumplimiento de la promesa de que la gloria de la última casa sería más grande que la gloria de la primera. Si Cristo viniera ahora a muchas partes de su iglesia visible, ¡cuántos males secretos descubriría y limpiaría! ¡Cuántas cosas que se practican a diario bajo el manto de la religión, demostraría Él que son más adecuadas para una cueva de ladrones que para una casa de oración!

Vv. 18-22.La maldición de la higuera estéril representa el estado de los hipócritas en general, y así nos enseña que Cristo busca el poder de la religión en quienes la profesan, y el sabor de ella en quienes dicen tenerla. Sus justas expectativas de los profesos que florecen suelen frustrarse; viene a muchos buscando fruto y encuentra sólo hojas. Una profesión falsa se marchita corrientemente en este mundo, y es el efecto de la maldición dada por Cristo. La higuera que no tenía fruto pronto perdió sus hojas. Esto representa en particular el estado de la nación y pueblo judío. Nuestro Señor Jesús no encontró en ellos nada sino hojas. Después que rechazaron a Cristo, la ceguera y la dureza se acrecentaron en ellos hasta que fueron deshechados, y desarraigados de su lugar y de su nación. El Señor fue justo en eso. Temamos mucho la condenación pronunciada para la higuera estéril.

Vv. 23-27.Como ahora nuestro Señor se manifestó abiertamente como el Mesías, los sumos sacerdotes y los escribas se ofendieron mucho, en especial porque expuso y eliminó los abusos que ellos estimulaban. Nuestro Señor preguntó qué pensaban ellos del ministerio y bautismo de Juan. Muchos se asustan más de la vergüenza que produce la mentira que del pecado, y, por tanto, no tienen escrúpulos para decir lo que saben que es falso, como sus propios pensamientos, afectos e intenciones o sus recuerdos y olvidos. Nuestro Señor rehusó responder su pregunta. Mejor es evitar las disputas innecesarias con los impíos oponentes.

Vv. 28-32. Las parábolas que reprenden, se dirigen claramente a los ofensores y los juzgan por sus propias bocas. La parábola de los dos hijos enviados a trabajar en la viña es para mostrar que los que no sabían que el bautismo de Juan era de Dios, fueron avergonzados por los que lo sabían y lo reconocen. Toda la raza humana es como niños a quienes el Señor ha criado, pero ellos se han rebelado contra Él, sólo que algunos son más convincentes en su desobediencia que otros. A menudo sucede que el rebelde atrevido es llevado al arrepentimiento y llega a ser siervo del Señor, mientras el formalista se endurece en orgullo y enemistad.

Vv. 33-46.Esta parábola expresa claramente el pecado y la ruina de la nación judía; y lo que se dice para acusarles, se dice para advertir a todos los que gozan los privilegios de la iglesia externa. Así como los hombres tratan al pueblo de Dios, tratarían al mismo Cristo si estuviera con ellos. ¡Cómo podemos, si somos fieles a su causa, esperar una recepción favorable de parte de un mundo impío o de los impíos que profesan el cristianismo! Preguntémonos si nosotros que tenemos la viña y todas sus ventajas damos fruto en la temporada debida, como pueblo, familia o individuos. Nuestro Salvador declara, en su pregunta, que el Señor de la viña vendrá, y que cuando venga destruirá a los malos con toda seguridad.
Los sumos sacerdotes y los ancianos eran los constructores y no reconocían su doctrina ni su leyes; lo desecharon como piedra despreciada. Pero el que fue desechado por los judíos, fue abrazado por los gentiles. Cristo sabe quién dará frutos del evangelio en el uso de los medios del evangelio. La incredulidad de los pecadores será su ruina, aunque Dios tienen muchas maneras de refrenar los remanentes de la ira, como los tiene para hacer que eso que quebranta redunde en alabanza suya. Que Cristo llegue a ser más y más precioso para nuestras almas, como firme Fundamento y Piedra angular de su Iglesia. Sigámosle aunque seamos odiados y despreciados por amor a Él.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El ataque a la iglesia


El ataque a la iglesia

En el mundo tendréis aflicción.

Juan 16:33

No debiéramos sorprendernos cuando se ataca a la iglesia porque Cristo dijo que así sucedería. Como el mundo, la carne y Satanás están detrás de tal hostilidad, Cristo nos ordenó que veláramos y oráramos "para que no [entremos] en tentación" (Mt. 26:41). Pedro advirtió: "Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 P. 5:8). Para estar preparados, Pablo dij "Nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo" (1 Ts. 5:8).

Puede ser difícil mantener su testimonio cristiano cuando la persecución es sutil y no manifiesta. Recuerdo haberle preguntado a un pastor rus "¿Es difícil pastorear una iglesia en su país?" El pastor respondió: "No, es fácil porque sé cuál es la posición de todo el mundo. Pero ¿cómo puede alguien pastorear una iglesia en los Estados Unidos, donde la avenencia es tan común y sutil?" Muchos que se dicen cristianos quieren la aceptación del mundo y por lo tanto, no están dispuestos a defender la causa de Cristo.  Estemos firmes

Estad así firmes en el Señor.

Filipenses 4:1

El versículo de hoy trae a la mente la imagen de un soldado que se mantiene firme en medio de la batalla. Pablo empleó la misma metáfora en Efesios 6:11: "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo". Estar firmes espiritualmente quiere decir no comprometer su testimonio cristiano al dejarse abatir por las pruebas o las tentaciones.

Me entristece que muchos creyentes no toman en serio a Dios y sus mandamientos. En vez de conocer a Dios, muchos prefieren que los entretengan. Esa indiferencia considera sus mandamientos como simples sugerencias. Pero nuestro soberano Señor nos manda que estemos firmes. Inmanente en ese mandato está la capacidad de obedecer.   El amor de Pablo a la iglesia

Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo.

Filipenses 1:8

El apóstol Pablo trataba a los creyentes con un espíritu amable y afectuoso. A menudo daba órdenes con genuinas expresiones de amor a las personas. Tenía un lugar especial en su corazón para la iglesia de Filipos. Se dirigía a esos creyentes como "hermanos míos amados y deseados" (Fil. 4:1).

Manifestaba su amor en su deseo de permanecer con ellos para su "provecho y gozo de la fe" (1:25). Pablo estaba dispuesto a ser ofrecido "sobre el sacrificio y servicio de [su] fe" (2:17). Y solamente los creyentes de Filipos habían "[participado con él] en razón de dar y recibir" (4:15), que también revela su vínculo especial con ellos.

Pablo era un dialéctico y un teólogo sin igual, su capacidad intelectual era asombrosa, pero también estaba dotado de una gran capacidad para amar a las personas. Su ministerio puede ser eficaz solo cuando ame a las personas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

El objeto directo de esta parábola


Vv. 1-16.El objeto directo de esta parábola parece ser demostrar que, aunque los judíos fueron llamados primero a la viña, en el largo plazo el evangelio será predicado a los gentiles que deben ser recibidos con los privilegios y ventajas en igualdad con los judíos. La parábola puede aplicarse también en forma más general y muestra, que: -1. Dios no es deudor de ningún hombre.
2. Muchos que empiezan al final, y prometen poco en la religión, a veces, por la bendición de Dios, llegan a mucho conocimiento, gracia y utilidad.
3. La recompensa será dada a los santos, pero no conforme al tiempo de su conversión. Describe el estado de la iglesia visible y explica la declaración de que los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos, en sus diversas referencias.
Mientras no seamos contratados en el servicio de Dios estamos todo el día de ociosos: un estado pecaminoso, aunque para Satanás sea un estado de esclavitud, puede llamarse estado de ociosidad. El mercado es el mundo y de él fuimos llamados por el evangelio. Venid, salid de ese mercado. El trabajo para Dios no admite bagatelas. El hombre puede irse ocioso al infierno, pero quien vaya al cielo debe ser diligente.
El centavo romano era siete centavos, medio penique del dinero inglés, pagaba entonces suficiente para el sostén diario. Esto no prueba que la recompensa de nuestra obediencia a Dios sea de obras o de deuda; cuando hemos hecho todo, somos siervos inútiles; significa que hay una recompensa puesta ante nosotros, pero que nadie, por esta suposición, postergue el arrepentimiento hasta su vejez. Algunos fueron enviados a la viña en la hora undécima, pero nadie los había contratado antes. Los gentiles entraron a la hora undécima; el evangelio no había sido predicado antes a ellos. Quienes han tenido la oferta del evangelio en la hora tercera o sexta, y la han rechazado, no tendrán que decir en la hora undécima, como éstos: Nadie nos contrató.
Por tanto, no para desanimar a nadie sino para despertar a todos, es que se recuerda que ahora es el tiempo aceptable.
Las riquezas de la gracia divina son objetadas en voz alta por los fariseos orgullosos y por los cristianos nominales. Hay en nosotros una gran inclinación a pensar que tenemos demasiado poco, y los demás mucho de las señales del favor de Dios; y que hacemos demasiado y los demás muy poco en la obra de Dios. Pero si Dios da gracia a otros, es bondad para ellos, y no injusticia para nosotros. Las criaturas mundanas carnales están de acuerdo con Dios en cuanto a su riqueza en este mundo, y optan por su porción en esta vida. Los creyentes obedientes están de acuerdo con Dios en cuanto a su riqueza en el otro mundo, y deben recordar que estuvieron de acuerdo. ¿No acordaste tú tomar el cielo como porción tuya, como tu todo, y buscas tu felicidad en la criatura? Dios no castiga más de lo merecido, y premia cada servicio hecho por Él y para Él; por tanto, no hace mal a ninguno al mostrar gracia extraordinaria a otros.
Véase aquí la naturaleza de la envidia. Es una avaricia descontenta por el bien de los demás y que desea su mal. Es un pecado que no tiene placer, provecho ni honor. Dejemos irse todo reclamo orgulloso y procuremos la salvación como dádiva gratuita. No envidiemos ni murmuremos; regocijémonos y alabemos a Dios por su misericordia hacia los demás y con nosotros.

Vv. 17-19.Aquí Cristo es más detallado que antes para predecir sus sufrimientos. Aquí, como antes, agrega la mención de su resurrección y su gloria, a la de su muerte y sus sufrimientos, para dar ánimo a sus discípulos, y consolarlos. Una manera de ver a nuestro Redentor una vez crucificado y ahora glorificado con fe, es buena para humillar la disposición orgullosa que se justifica a sí misma. Cuando consideramos la necesidad de la humillación y sufrimientos del Hijo de Dios, para la salvación de los pecadores perecederos, ciertamente debemos darnos cuenta de la liberalidad y de las riquezas de la gracia divina en nuestra salvación.

Vv. 20-28.Los hijos de Zebedeo usaron mal lo que Cristo decía para consolar a los discípulos. Algunos no pueden tener consuelo; los transforman para un mal propósito. El orgullo es el pecado que más fácilmente nos acosa; es una ambición pecaminosa de superar a los demás en pompa y grandeza. Para abatir la vanidad y la ambición de su pedido, Cristo los guía a pensar en sus sufrimientos. Copa amarga es la que debe beberse; copa de temblor, pero no la copa del impío. No es sino una copa, pero seca y amarga quizá, pero pronto se vacía; es una copa en la mano del Padre, Juan xviii, 11. El bautismo es una ordenanza por la cual somos unidos al Señor en pacto y comunión; y así es el sufrimiento por Cristo, Ezequiel xx, 37; Isaías xlviii, 10. El bautismo es señal externa y visible de una gracia espiritual interior; así es el padecimiento por Cristo, que a nosotros es concedido, Filipenses i, 29. Pero no sabían qué era la copa de Cristo, ni qué era su bautismo. Comúnmente los más confiados son los que están menos familiarizados con la cruz. Nada hace más mal entre los hermanos que el deseo de grandeza. Nunca encontramos disputando a los discípulos de Cristo sin que algo de esto se halle en el fondo de la cuestión. El hombre que con más diligencia labora, y con más paciencia sufre, buscando hacer el bien a sus hermanos, y fomentar la salvación de las almas, más evoca a Cristo, y recibirá más honra de Él para toda la eternidad.
Nuestro Señor habla de su muerte en los términos aplicados a los sacrificios de antaño. Es un sacrificio por los pecados de los hombres, y es aquel sacrificio verdadero y esencial, que los de la ley representaban débil e imperfectamente. Era un rescate de muchos, suficiente para todos, obrando sobre muchos; y, si por muchos, entonces la pobre alma temblorosa puede decir, ¿por qué no por mí?

Vv. 29-34.Bueno es que los sometidos a la misma prueba o enfermedad del cuerpo o de la mente, se unan para orar a Dios por alivio, para que puedan estimularse y exhortarse unos a otros. Hay suficiente misericordia en Cristo para todos los que piden. Ellos oraban con fervor. Clamaban como hombres apremiados. Los deseos fríos mendigan negaciones. Fueron humildes para orar, poniéndose a merced de la misericordia del mediador y refiriéndose alegremente a ella. Muestran fe al orar por el título que dieron a Cristo. Seguro que fue por el Espíritu Santo que trataron de Señor a Jesús. Perseveraron en oración. Cuando iban en busca de la misericordia no había tiempo para la timidez o la vacilación: clamaban con fervor.
Cristo los animó. Nos sensibilizamos rápidamente ante las necesidades y las cargas del cuerpo, y nos podemos relacionar con ellas con prontitud. ¡Oh, que nos quejásemos con tanto sentimiento de nuestras dolencias espirituales, especialmente de nuestra ceguera espiritual! Muchos están espiritualmente ciegos, pero dicen que ven. Jesús curó a estos ciegos y cuando hubieron recibido la vista, lo siguieron. Nadie sigue ciegamente a Cristo. Primero, por gracia Él abre los ojos de los hombres, y así atrae hacia Él sus corazones. Estos milagros son nuestro llamamiento a Jesús; podemos oírlo y hacerlo nuestra oración diaria para crecer en gracia y en el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Un golpe mortal a los deseos pecaminosos


Un golpe mortal a los deseos pecaminosos

Amados hermanos míos, no erréis.

Santiago 1:16

¿En qué punto se enfrenta usted al pecado? No en el punto de la conducta, porque entonces es demasiado tarde, sino en el punto del deseo. La persona que puede dominar sus reacciones emocionales puede enfrentarse con el pecado. Cuando se le está bombardeando con reacciones emocionales negativas, una persona con una mente santificada puede desactivar los deseos antes que ellos sean activados por la voluntad. Pero una vez que dominan la voluntad, su nacimiento es inevitable.

Tiene que enfrentarse a las emociones lujuriosas si quiere enfrentarse con éxito al pecado en su vida. Si expone sus emociones al anzuelo, puede quedar atrapado a menos que tome medidas inmediatas.  La prevención del deseo

Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

2 Corintios 10:4-5

Hay muchas cosas en nuestra corrompida sociedad que tratan de captar nuestra atención: el cine, la televisión, los libros, la música, la ropa, los anuncios, y ahora la Internet; todo está diseñado para captar las emociones. Por ejemplo, los expertos en publicidad saben que comprar es en definitiva una decisión emocional. Pocas personas conocen el funcionamiento mecánico del automóvil que se anuncia, y ni se interesan en eso; pero les impresiona si se parece a un auto de carrera, si hay una linda muchacha detrás del volante, o si hay otras carnadas emotivas incluidas en el anuncio.

Tenemos que cuidar nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Tenemos que buscar la voluntad de Dios meditando en su Palabra y permitiendo que su voluntad sea la nuestra. Una mente indefensa, no controlada y obstinada va a llenarse de malos deseos que resultarán en malas acciones. Debemos controlar cómo reaccionan nuestras emociones y nuestra mente ante el anzuelo tentador con el que se encuentran.  La bondad de Dios

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto.

Santiago 1:17

Lo que viene de Dios es bueno y perfecto. Dios nunca pudiera producir lo malo porque su naturaleza es buena. Más bien produce muchísimas buenas cosas. Mientras que nosotros tenemos una naturaleza que da origen al pecado, Dios no es así.

¿Por qué trataríamos de satisfacernos con malos deseos que dan por resultado la muerte cuando Dios está derramando todo lo que pudiéramos desear para nuestra satisfacción? Solo un necio sería atraído con semejante trampa cuando tiene a su disposición toda la bondad de Dios por su misericordia. De igual modo puede compararse nuestra carne con un pozo de aguas estancadas. Es absurdo creer que pudiéramos satisfacernos bebiendo de él cuando podemos acudir a la fuente de agua viva misma que nos da toda buena dádiva y todo don perfecto.  La estabilidad de Dios

El Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Santiago 1:17

Santiago llama a Dios "el Padre de las luces", que era una antigua alusión judía a Dios como el Creador. Santiago escogió ese título porque se adapta a su ilustración de Dios.

Las luces son el sol, la luna y las estrellas; cuerpos celestes creados por Dios. Desde nuestra perspectiva, el sol, la luna y las estrellas se mueven, desaparecen, cambian de forma o varían en intensidad; va y viene su beneficio para nosotros. Pero con Dios no hay variación ni cambio. Dios no cambia de una condición a otra ni varía como las sombras mientras el sol se mueve. Su brillante luz de gloria y misericordiosa bondad no palidece. Su gracia nunca se opaca. Primera Juan 1:5 dice: "Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él". Malaquías 3:6 dice: "Yo Jehová no cambio".

Nunca decae la misericordia de Dios. Nada puede empañar su bondad ni detener su benevolencia. Sabiendo eso, no se trague el anzuelo de Satanás ni dé a luz el pecado mortal. Más bien reciba lo bueno que Dios quiere darle.

martes, 30 de octubre de 2012

¿Prueba o tentación?


¿Prueba o tentación?

No nos metas en tentación.

Mateo 6:13

La tentación es una experiencia común de todos los seres humanos, sean cristianos o no. Pablo dice en 1 Corintios 10:13 que toda tentación es "humana". Cómo enfrentarse a la lucha de la tentación es una característica de la autenticidad de nuestra fe o nuestra falta de ella.

Las pruebas que el Señor permite en nuestra vida para fortalecernos también pueden convertirse en tentaciones. Pudieran ser incitaciones al pecado y no un medio para el crecimiento espiritual. Cada dificultad que se me presenta me fortalece porque obedezco a Dios y me mantengo confiado en su cuidado y poder, o me lleva a dudar de Dios y a desobedecer su Palabra.

Cada prueba tiene muchas características para convertirse en tentación. La diferencia está en cómo reaccionar ante ella.   No ha de culparse a Dios

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.

Santiago 1:13

Aunque algunos creen en el antiguo concepto de que Dios es responsable de nuestra tentación y de nuestro pecado, Santiago prohíbe tal concepto en el versículo de hoy.

Santiago advierte contra el justificar nuestro pecado y culpar a Dios en medio de nuestra lucha contra la tentación. Cuando esté luchando con la tentación y casi a punto de rendirse, no se justifique diciendo que Dios lo está tentando.

Suponiendo que nadie acuse a Dios de hacer que él peque, Santiago quiere decir que no debemos ni siquiera pensar en Dios como la causa de nuestros pecados. La mayoría de las personas no llegan tan lejos como para ver a Dios como el tentador directo, pero sí creen que Dios es indirectamente el culpable por haber permitido la situación y la posibilidad del fracaso. Pero Dios no es el causante directo de la tentación, ni es siquiera su causa remota. Nunca se considere una víctima de la providencia de Dios.  Hay que reconocer la trampa

Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Santiago 1:14

La tentación no viene de Dios, sino de adentro. El vocablo tentado se empleaba en contextos de cacería para describir animales que se atraen a las trampas, y se emplea seducido para describir pescar con una carnada. Toda persona es tentada cuando la trampa del pecado tiene una carnada que apela a su lujuria. La lujuria de una persona que responde a la seducción de la trampa la atrae engañosamente hasta el punto que es atrapada.

¿Qué nos impulsa tanto hacia la carnada? No es Dios. Y tampoco lo son Satanás, ni sus demonios, ni el sistema malvado del mundo el que nos seduce para que mordamos el anzuelo. Es nuestra naturaleza lujuriosa la que nos impulsa a morderlo. Nuestra carne, nuestra naturaleza caída, tiene un deseo de lo malo.

Desde una perspectiva espiritual, el problema es que, aunque hemos sido redimidos y hemos recibido una nueva naturaleza, tenemos todavía un enemigo dentro. La pasión interior de la carne, no Dios, es la culpable de que seamos tentados a pecar.  El nacimiento del pecado

Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Santiago 1:15

La mayoría de las personas piensan que el pecado es un acto o comportamiento individual. Pero el versículo de hoy dice que el pecado no es un acto; es el resultado de un proceso.

El pecado comienza con deseo, que está relacionado con la emoción. Comienza cuando usted desea sentirse satisfecho al adquirir algo, cuando tiene un anhelo emotivo de poseer algo que ve. Entonces la tentación afecta su mente mediante el engaño. Usted comienza a justificar su derecho a tener lo que desea. Su mente es engañada al creer que la satisfacción de sus deseos satisfará sus necesidades.

Acto seguido, su voluntad comienza a planificar cómo va a obtener lo que quiere, y cuando la lujuria es seducida (como quien dice) por la carnada, queda preñada en el vientre de la voluntad de una persona. Por último, ocurre el acto del pecado.

El saber cómo nace el pecado debiera ayudarlo a huir de la tentación.

viernes, 26 de octubre de 2012

Grandes multitudes seguían a Cristo.


Mateo   19. Vv. 1, 2.Grandes multitudes seguían a Cristo. Cuando Cristo parte, lo mejor para nosotros es seguirlo. En todas partes lo hallaban tan capaz y dispuesto a ayudar, como había sido en Galilea; dondequiera que salía el Sol de Justicia, era con salud en sus alas.

Vv. 3-12.Los fariseos deseaban sorprender a Jesús en algo que pudieran presentar como ofensa a la ley de Moisés. Los casos matrimoniales eran numerosos y, a veces, paradójicos; hecho así, no por la ley de Dios, sino por las lujurias y necedades de los hombres y, la gente suele resolver lo que quiere hacer antes de pedir consejo. Jesús replicó preguntando si no habían leído el relato de la creación, y el primer ejemplo de matrimonio; de ese modo, señala que toda desviación en esto era mala.
La mejor condición para nosotros, que debemos elegir y mantener en forma coherente, es lo mejor para nuestras almas, y es la que tienda a prepararnos y preservarnos mejor para el reino del cielo.
Cuando se abraza en realidad al evangelio, hace buenos padres y amigos fieles de los hombres; les enseña a llevar la carga y a soportar las enfermedades de aquellos con quienes están relacionados, a considerar la paz y la felicidad de ellos más que las propias. En cuanto a las personas impías, es propio que sean refrenadas por leyes para que no rompan la paz de la sociedad. Aprendemos que el estado del matrimonio debe asumirse con gran seriedad y con oración fervorosa.

Vv. 13-15.Es bueno cuando acudimos a Cristo y llevamos a nuestros hijos. Los pequeños pueden ser llevados a Cristo porque necesitan y pueden recibir bendiciones de Él, y por tener un interés en su intercesión. Nosotros no podemos sino pedir una bendición para ellos: Sólo Cristo puede mandar la bendición. Bueno para nosotros es que Cristo tenga más amor y ternura en sí que las que tiene el mejor de sus discípulos.
Aprendamos de Él a no desechar ningún alma dispuesta y bien intencionada en su búsqueda de Cristo, aunque no sean sino débiles. A los que se dan a Cristo, como parte de su compra, no los echará fuera de ninguna manera. Por tanto, no le gustan los que prohíben y tratan de dejar a fuera a los que Él ha recibido. Todos los cristianos deben llevar sus hijos al Salvador para que los bendiga con bendiciones espirituales.

Vv. 16-22.Cristo sabía que la codicia era el pecado que más fácilmente incomodaba a este joven; aunque había obtenido honestamente lo que poseía, no podía, sin embargo, separarse de ello con alegría, y así demostraba su falta de sinceridad. Las promesas de Cristo facilitan sus preceptos y hacen que su yugo sea ligero y muy consolador; pero esta promesa fue tanto un juicio de la fe del joven, como el precepto lo fue de su caridad y desprecio del mundo. Se nos requiere seguir a Cristo atendiendo debidamente sus ordenanzas, siguiendo estrictamente su patrón y sometiéndonos alegremente a sus disposiciones; y esto por amor a Él y por depender de Él. Vender todo y darlo a los pobres no servirá si no vamos a seguir a Cristo.
El evangelio es el único remedio para los pecadores perdidos. Muchos de los que se abstienen de vicios groseros son los que no atienden su obligación para con Dios. Miles de casos de desobediencia de pensamiento, palabra y obra se registran contra ellos en el libro de Dios. Así, pues, son muchos los que abandonan a Cristo por amar a este mundo presente: ellos se sienten convictos y deseosos, pero se alejan tristes, quizá temblando. Nos conviene probarnos en estos asuntos porque el Señor nos juzgará.

Vv. 23-30.Aunque Cristo habló con tanta fuerza, pocos de los que tienen riquezas confían en sus palabras. ¡Cuán pocos de los pobres no se tientan a envidiar! Pero el fervor del hombre en este asunto es como si se esforzaran por edificar un muro alto para encerrarse a sí mismos y a sus hijos lejos del cielo. Debe ser satisfactorio para los que estamos en condición baja el no estar expuestos a la tentación de una situación próspera y elevada. Si ellos viven con más dureza que el rico en este mundo, si van con mayor facilidad a un mundo mejor, no tendrán razón de quejarse.
Las palabras de Cristo muestran que cuesta mucho que un rico sea un buen cristiano y sea salvo. El camino al cielo es camino angosto para todos, y la puerta que ahí conduce, es puerta estrecha; particularmente para la gente rica. Se esperan más deberes de ellos que de los demás, y los pecados los acosan con más facilidad. Cuesta no ser fascinado por un mundo sonriente. La gente rica tiene por sobre los demás una gran cuenta que pagar por sus oportunidades. Es absolutamente imposible que un hombre que pone su corazón en sus riquezas vaya al cielo.
Cristo usó una expresión que denota una dificultad absolutamente insuperable por el poder del hombre. Nada menos que la todopoderosa gracia de Dios hará que un rico supere esta dificultad. Entonces, ¿quién podrá ser salvo? Si las riquezas estorban a la gente rica, ¿no se hallan el orgullo y las concupiscencias pecaminosas en los que no son ricos y son tan peligrosas para ellos? ¿Quién puede ser salvo? Dicen los discípulos. Nadie, dice Cristo, por ningún poder creado. El comienzo, la profesión y el perfeccionamiento de la obra de salvación depende enteramente de la omnipotencia de Dios, para el cual todas las cosas son posibles. No se trata de que la gente rica sea salva en su mundanalidad, sino que sean salvos de su mundanalidad.
Pedro dijo: Nosotros lo hemos dejado todo. ¡Ay! No era sino todo un pobre, sólo unos pocos botes y redes, pero, obsérvese cómo habla Pedro, como si hubieran sido una gran cosa. Somos demasiado capaces de dar el valor máximo a nuestros servicios y sufrimientos, nuestras pérdidas y gastos por Cristo. Sin embargo, Cristo no los reprocha porque era poco lo que habían dejado, era todo lo suyo, y tan caro para ellos como si hubiera sido más. Cristo tomó a bien que ellos lo dejaran todo para seguirlo; acepta según lo que tenga el hombre.
La promesa de nuestro Señor para los apóstoles es que cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, hará nuevas todas las cosas, y ellos se sentarán con Él en juicio contra los que serán juzgados conforme a su doctrina. Esto establece el honor, la dignidad y la autoridad del oficio y ministerio de ellos. Nuestro Señor agrega que cualquiera que haya dejado casa o posesiones o comodidades por Él y el evangelio, sería recompensado al final. Que Dios nos de fe para que nuestra esperanza descanse en esta promesa suya; entonces, estaremos dispuestos para todo servicio o sacrificio.
Nuestro Salvador, en el último versículo, elimina el error de algunos. La herencia celestial no es dada como las terrenales, sino conforme al beneplácito de Dios. No confiemos en apariencias promisorias, ni en la profesión externa. Otros pueden llegar a ser eminentes en fe y santidad, hasta donde nos toca saber.