Vindicados
Señor, no les tomes en cuenta este pecado.
Hechos 7:60
Vivimos en una época en la que el cristianismo se ha vuelto cada vez más impopular con la sociedad secular. La defensa de la verdad de las Escrituras y del mensaje del evangelio pudiera pronto volverse intolerable. Eso resultará en el trato injusto de los cristianos.
La posibilidad de semejante trato debe llevarnos a pasajes como 1 Pedro 2:21-25. Allí aprendemos que, al igual que nuestro Señor, debemos andar por la senda del sufrimiento para alcanzar la gloria de recompensa y exaltación en el futuro. Esa comprensión de seguro llevó a Esteban a poner su mirada en Jesucristo en gloria y a pedirle a Dios que perdonara a quienes lo asesinaban (Hch. 7:54-60). Se encomendó a Dios, sabiendo que Él lo vindicaría. Si usted hace lo mismo, Dios también lo vindicará. Nuestro sustituto
Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
1 Pedro 2:24
La muerte expiatoria de Jesucristo es una verdad fundamental de la fe cristiana. La redención, la justificación, la reconciliación, la eliminación del pecado y la propiciación son todos resultados de la obra expiatoria de Cristo.
El apóstol Pablo también destacó esa obra cuando dijo que Dios "al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Co. 5:21), y que "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición" (Gá. 3:13).
Algunos sostienen que es inmoral enseñar que Dios tomó forma humana y llevó los pecados de hombres y mujeres en su lugar. Dicen que es injusto transferir el castigo del pecado de un culpable a un inocente. Pero eso no es lo que sucedió. Cristo tomó voluntariamente nuestro pecado y llevó su castigo. Si no hubiera estado dispuesto a tomar nuestro pecado y aceptar su castigo, como pecadores nosotros hubiéramos llevado el castigo del pecado en el infierno para siempre. La obra de Cristo en la cruz no fue injusta; ¡fue el amor de Dios puesto en práctica!
miércoles, 7 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
No amenace
no amenace
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:34
Jesús "no amenazaba" a pesar de un increíble sufrimiento (1 P. 2:23). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, santo e inmaculado, con el poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.
Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien los perdonó. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento. Deje que Dios lo resuelva
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Lucas 23:46
El apóstol Pedro les dijo a los cristianos que no devolvieran "mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo" (1 P. 3:9). Esa fue la actitud de Jesús. Él pudo hacerlo porque "encomendaba la causa al que juzga justamente" (2:23). La palabra traducida como "encomendaba" significa "entregar a alguien para que se ocupe de eso". En cada ocasión de sufrimiento, nuestro Señor entregó la circunstancia y se entregó a sí mismo a Dios. Era porque tenía confianza en el justo juicio de Dios y la gloria que sería suya. Esa confianza le permitió aceptar con serenidad tan grande sufrimiento.
Esa es la manera en la que usted debe reaccionar cuando se enfrenta a una persecución injusta en el trabajo, en su familia o en otras relaciones. Cuando usted se venga, se pierde la bendición y la recompensa que ha de traer el sufrimiento. La venganza muestra que le falta la confianza que debe tener en el poder de Dios para resolver las cosas a su debido tiempo, que incluirá castigar a los injustos y recompensar a quienes son fieles en el sufrimiento. Así que entréguele eso a Dios y deje que Él lo resuelva.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:34
Jesús "no amenazaba" a pesar de un increíble sufrimiento (1 P. 2:23). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, santo e inmaculado, con el poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.
Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien los perdonó. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento. Deje que Dios lo resuelva
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Lucas 23:46
El apóstol Pedro les dijo a los cristianos que no devolvieran "mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo" (1 P. 3:9). Esa fue la actitud de Jesús. Él pudo hacerlo porque "encomendaba la causa al que juzga justamente" (2:23). La palabra traducida como "encomendaba" significa "entregar a alguien para que se ocupe de eso". En cada ocasión de sufrimiento, nuestro Señor entregó la circunstancia y se entregó a sí mismo a Dios. Era porque tenía confianza en el justo juicio de Dios y la gloria que sería suya. Esa confianza le permitió aceptar con serenidad tan grande sufrimiento.
Esa es la manera en la que usted debe reaccionar cuando se enfrenta a una persecución injusta en el trabajo, en su familia o en otras relaciones. Cuando usted se venga, se pierde la bendición y la recompensa que ha de traer el sufrimiento. La venganza muestra que le falta la confianza que debe tener en el poder de Dios para resolver las cosas a su debido tiempo, que incluirá castigar a los injustos y recompensar a quienes son fieles en el sufrimiento. Así que entréguele eso a Dios y deje que Él lo resuelva.
lunes, 5 de abril de 2010
No devuelva el golpe
No devuelva el golpe
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Isaías 53:7
Jesús muestra una humilde actitud ante quienes lo atormentan: "cuando le maldecían, no respondía con maldición" (1 P. 2:23). A pesar de la provocación constante, Jesús no dijo nada malo porque no había pecado alguno en su corazón.
Sin embargo, ante semejante provocación, nuestra reacción sería más como la del apóstol Pablo. Cuando estaba en el juicio ante el sanedrín, el sumo sacerdote Ananías ordenó que se le golpeara en la boca. Su inmediata respuesta a Ananías fue: "¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!" (Hch. 23:3). Pablo tuvo que disculparse de inmediato; tal exclamación contra un sumo sacerdote era contraria a la ley (vv. 4-5; cp. Éx. 22:28).
Pablo no era perfecto. Él no es nuestro modelo de justicia. Solo Cristo es un modelo perfecto de cómo afrontar la injuria de los enemigos.
Siguiendo el ejemplo de nuestro Maestro, nunca debemos maltratar a quienes nos maltratan. El Secreto del Contentamiento
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.
Filipenses 4:11
Un hombre llamado Agur una vez elevó una oración que la mayoría de la gente moderna encontraría curiosa: "No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios"(Proverbios 30:8-9).
La mayoría de personas de hoy quieren evadir la pobreza (aunque no por las razones de Agur), pero, ¿quién en nuestro día materialista oraría por evitar la riqueza? Agur sabía algo que la gente de hoy se ha perdido por complet las riquezas tienen el potencial de ser una trampa o fuente de ruina.
El apóstol Pablo sabía lo que Agur sabía; había aprendido el secreto del contentamiento. Pablo se sentía bien teniendo poco o teniendo mucho porque sabía que Dios era su proveedor. Debido a que tenía sus ojos fijos en las cosas celestiales, podía estar contento con lo que sea de cosas terrenales que Dios le daba.
La próxima vez que usted pierda su contentamiento material, recuerde Quién es el dueño de todo y cómo ha prometido proveerle. El contentamiento es un excelente indicador de lo que pensamos en cuanto a Dios y su voluntad.
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Isaías 53:7
Jesús muestra una humilde actitud ante quienes lo atormentan: "cuando le maldecían, no respondía con maldición" (1 P. 2:23). A pesar de la provocación constante, Jesús no dijo nada malo porque no había pecado alguno en su corazón.
Sin embargo, ante semejante provocación, nuestra reacción sería más como la del apóstol Pablo. Cuando estaba en el juicio ante el sanedrín, el sumo sacerdote Ananías ordenó que se le golpeara en la boca. Su inmediata respuesta a Ananías fue: "¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!" (Hch. 23:3). Pablo tuvo que disculparse de inmediato; tal exclamación contra un sumo sacerdote era contraria a la ley (vv. 4-5; cp. Éx. 22:28).
Pablo no era perfecto. Él no es nuestro modelo de justicia. Solo Cristo es un modelo perfecto de cómo afrontar la injuria de los enemigos.
Siguiendo el ejemplo de nuestro Maestro, nunca debemos maltratar a quienes nos maltratan. El Secreto del Contentamiento
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.
Filipenses 4:11
Un hombre llamado Agur una vez elevó una oración que la mayoría de la gente moderna encontraría curiosa: "No me des pobreza ni riquezas; Mantenme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios"(Proverbios 30:8-9).
La mayoría de personas de hoy quieren evadir la pobreza (aunque no por las razones de Agur), pero, ¿quién en nuestro día materialista oraría por evitar la riqueza? Agur sabía algo que la gente de hoy se ha perdido por complet las riquezas tienen el potencial de ser una trampa o fuente de ruina.
El apóstol Pablo sabía lo que Agur sabía; había aprendido el secreto del contentamiento. Pablo se sentía bien teniendo poco o teniendo mucho porque sabía que Dios era su proveedor. Debido a que tenía sus ojos fijos en las cosas celestiales, podía estar contento con lo que sea de cosas terrenales que Dios le daba.
La próxima vez que usted pierda su contentamiento material, recuerde Quién es el dueño de todo y cómo ha prometido proveerle. El contentamiento es un excelente indicador de lo que pensamos en cuanto a Dios y su voluntad.
domingo, 4 de abril de 2010
Mateo 27
Mateo 27 -
CAPÍTULO 27
Versículos 1-10. Cristo entregado a Pilato. 11-25. Cristo ante Pilato. 26-30. Barrabás liberado.-Cristo escarnecido. 31-34. Cristo llevado a ser crucificado. 35-44. Crucificado. 45-50. La muerte de Cristo. 51-56. Hechos de la crucifixión. 57-61. El entierro de Cristo. 62-66. El sepulcro sellado.
Vv. 1-10.Los impíos poco ven de las consecuencias de sus delitos cuando los perpetran, pero deben rendir cuentas por todo. Judas reconoció de la manera más completa ante los principales sacerdotes que él había pecado y traicionado a una persona inocente. Este fue un testimonio total del carácter de Cristo; pero los gobernantes estaban endurecidos. Judas se fue, tirando al suelo el dinero, y se ahorcó por ser incapaz de soportar el terror de la ira divina, y la angustia de la desesperación. Poca duda cabe de que la muerte de Judas fue anterior a la de nuestro bendito Señor.
Pero, ¿fue nada para ellos haber tenido sed de esta sangre, y haber contratado a Judas para traicionarlo, y que la hubieran condenado a ser derramada injustamente? Así hacen los necios que se burlan del pecado. Así hacen muchos que toman a la ligera a Cristo crucificado. Y es caso corriente de lo engañoso de nuestros corazones tomar a la ligera nuestro propio pecado insistiendo en los pecados del prójimo. Pero el juicio de Dios es según verdad.
Muchos aplican este pasaje de la compra del campo con el dinero que Judas devolvió para significar el favor concebido por la sangre de Cristo para con los extraños y los pecadores gentiles. Eso cumplió una profecía, Zacarías xi, 12.
Judas avanzó mucho en el arrepentimiento, pero no fue para salvación. Confesó, pero no a Dios; él no acudió a Él y dijo: Padre he pecado contra el cielo. Nadie se satisfaga con las convicciones parciales que pueda tener un hombre, si sigue lleno de orgullo, enemistad y rebeldía.
Vv. 11-25.No teniendo maldad contra Jesús, Pilato le instó a aclarar las cosas, y se esforzó por declararlo sin culpa. El mensaje de su esposa fue una advertencia. Dios tiene muchas maneras de advertir a los pecadores sobre sus empresas pecaminosas, siendo una gran misericordia tener tales restricciones de parte de la Providencia, de parte de amigos fieles y de nuestras propias conciencias. ¡Oh, no hagas esta cosa abominable que el Señor odia! Es algo que podemos oír que se nos dice cuando estamos entrando en tentación, si queremos considerarlo.
Siendo dominado por los sacerdotes, el pueblo optó por Barrabás. Las multitudes que eligen al mundo más que a Dios, como rey y porción de ellos, eligen así su propio engaño. Los judíos insistían tanto en la muerte de Cristo que Pilato pensó que rehusar sería peligroso, y esta lucha muestra el poder de la conciencia aun en los peores hombres. Pero todo estaba ordenado para dejar en evidencia que Cristo sufrió no por faltas propias sino por los pecados de su pueblo. ¡Qué vano fue que Pilato esperara librarse de la culpa de la sangre inocente de una persona justa, a la cual estaba obligado a proteger por su oficio! -La maldición de los judíos contra ellos mismos ha sido espantosamente contestada en los sufrimientos de su nación. Nadie puede llevar el pecado de otros salvo aquel que no tenía pecado propio por el cual responder. ¿Y no estamos todos interesados? ¿No fue Barrabás preferido a Jesús cuando los pecadores rechazaron la salvación para conservar sus amados pecados, que roban su gloria a Dios, y asesinan las almas de ellos? Ahora la sangre de Cristo está sobre nosotros, para siempre por medio de la misericordia, dado que los judíos la rechazaron. ¡Oh, huyamos a ella para refugiarnos!
Vv. 26-30.La crucifixión era una muerte empleada sólo por los romanos; muy terrible y miserable. Se ponía en el suelo la cruz, a la cual se clavaban manos y pies, entonces la levantaban y afirmaban en forma vertical, de modo que el peso del cuerpo colgara de los clavos hasta que el sufriente muriera con tremendo dolor. Cristo corresponde así al tipo de la serpiente de bronce levantada en el palo del estandarte. Cristo pasó por toda la miseria y vergüenza aquí relatada para adquirir para nosotros vida eterna, gozo y gloria.
Vv. 31-34.Cristo fue llevado como Cordero al matadero, como Sacrificio al altar. Hasta las misericordias de los impíos son realmente crueles. Quitándole la cruz, ellos obligaron a llevarla a un tal Simón. Prepáranos Señor para llevar la cruz que tú nos has asignado, para tomarla diariamente con júbilo, y seguirte. ¿Hubo alguna vez dolor como su dolor? Cuando contemplamos su tipo de muerte con que murió, en eso contemplemos con qué tipo de amor nos amó. Como si la muerte, una muerte tan dolorosa, no fuera suficiente, ellos agregaron varias cosas a su amargura y terror.
Vv. 35-44.Se acostumbraba a avergonzar a los malhechores con un letrero que notificara el delito por el cual sufrían. Así pusieron uno sobre la cabeza de Cristo. O concibieron para reproche suyo, pero Dios lo pasó por alto, porque aun la acusación fue para su honra.
Había dos ladrones crucificados con Él al mismo tiempo. En su muerte, fue contado con los pecadores para que, en nuestra muerte, seamos contados con los santos. Las burlas y afrentas que recibió están registradas aquí. Los enemigos de Cristo trabajan fuerte para hacer que los demás crean cosas de la religión y del pueblo de Dios, que ellos mismos saben que son falsas.
Los principales sacerdotes y escribas, y los ancianos, se mofaron de Cristo por ser el Rey de Israel. Mucha gente podría gustar mucho del Rey de Israel, si se hubiera bajado de la cruz; si ellos pudieran tener su reino sin la tribulación a través de la cual deben entrar ahora. Pero si no hay cruz, no hay Cristo ni corona. Los que van a reinar con Él deben estar dispuestos a sufrir con Él. Así, pues, nuestro Señor Jesús, habiendo emprendido la satisfacción de la justicia de Dios, lo hizo sometiéndose al peor castigo de los hombres. Y en cada registro minuciosamente detallado de los sufrimientos de Cristo, encontramos cumplida alguna predicción de los profetas o los salmos.
Vv. 45-50.Durante las tres horas que continuaron las tinieblas, Jesús estuvo en agonía, luchando con las potestades de las tinieblas y sufriendo el desagrado de su Padre contra el pecado del hombre, por el cual ahora hacía ofrenda su alma. Nunca hubo tres horas como esa desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra, nunca hubo una escena tan tenebrosa y espantosa; fue el punto sin retorno de ese gran asunto, la redención y salvación del hombre. Jesús expresó una queja en el Salmo xxii, 1. Ahí nos enseña lo útil que es la palabra de Dios para dirigirnos en oración y nos recomienda usar las expresiones de las Escrituras para orar. El creyente puede haber saboreado algunas gotas de amargura, pero sólo puede formarse una idea muy débil de la grandeza de los sufrimientos de Cristo. Sin embargo, de ahí aprende algo del amor del Salvador por los pecadores; de ahí obtiene una convicción más profunda de la vileza y mal del pecado, y de lo que él le debe a Cristo, que lo libra de la ira venidera. Sus enemigos ridiculizaron perversamente su lamento. Muchos de los reproches lanzados contra la palabra de Dios y al pueblo de Dios, surgen, como aquí, de errores groseros.
Cristo habló con toda su fuerza, justo antes de expirar, para demostrar que su vida no se la quitaban, sino la entregaba libremente en manos de su Padre. Tuvo fuerzas para desafiar a las potestades de la muerte; y para mostrar que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo, siendo el Sacerdote y Sacrificio, y clamó a gran voz. Entonces, entregó el espíritu. El Hijo de Dios, en la cruz, murió por la violencia del dolor a que fue sometido. Su alma fue separada de su cuerpo y, así, su cuerpo quedó real y verdaderamente muerto. Fue cierto que Cristo murió porque era necesario que muriera. Se había comprometido a hacerse ofrenda por el pecado y lo hizo cuando entregó voluntariamente su vida.
Vv. 51-56.La rasgadura del velo significó que Cristo, por su muerte, abrió un camino hacia Dios. Ahora tenemos el camino abierto a través de Cristo al trono de gracia, o trono de misericordia, y al trono de gloria del más allá. Cuando consideramos debidamente la muerte de Cristo, nuestros corazones duros y empedernidos debieran rasgarse; el corazón, no la ropa. El corazón que no se rinde, que no se derrite donde se presenta claramente a Jesucristo crucificado, es más duro que una roca. Los sepulcros se abrieron, y se levantaron muchos cuerpos de santos que dormían. No se nos dice a quiénes se aparecieron, en qué manera y cómo desaparecieron; y no debemos desear saber más de lo que está escrito.
Las apariciones aterradoras de Dios en su providencia a veces obran extrañamente para la convicción y el despertar de los pecadores. Esto fue expresado en el terror que cayó sobre el centurión y los soldados romanos. Podemos reflexionar con consuelo en los abundantes testimonios dados del carácter de Jesús; y procurando no dar causa justa de ofensa, dejar en manos del Señor que absuelva nuestros caracteres si vivimos para Él. Nosotros, con los ojos de la fe, contemplemos a Cristo, y éste crucificado, y seamos afectados con el gran amor con que nos amó. Pero sus amigos no pudieron dar más que unas miradas; ellos lo contemplaron, pero no pudieron ayudarlo. Nunca fueron desplegados en forma tan tremenda la naturaleza y los efectos horribles del pecado que en aquel día, en que el amado Hijo del Padre colgó de la cruz, sufriendo por el pecado, el Justo por el injusto, para llevarnos a Dios. Rindámonos voluntariamente a su servicio.
Vv. 57-61.Nada de pompa ni de solemnidades hubo en el entierro de Cristo. Como no tuvo casa propia, donde reclinar su cabeza, mientras vivió, tampoco así tuvo tumba propia, donde reposara su cuerpo cuando estuvo muerto. Nuestro Señor Jesús, que no tuvo pecado propio, no tuvo tumba propia. Los judíos determinaron que debía tener su tumba con los malos, que debía ser enterrado con los ladrones con quienes fue crucificado, pero Dios pasó por alto eso, para que pudiera estar con los ricos en su muerte, Isaías liii, 9. Aunque al ojo humano pueda causar terror contemplar el funeral, debiera causarnos regocijo si recordamos cómo Cristo, por su sepultación, ha cambiado la naturaleza de la tumba para los creyentes. Debemos imitar siempre el entierro de Cristo estando continuamente ocupados en el funeral espiritual de nuestros pecados.
Vv. 62-66.Los principales sacerdotes y fariseos estaban en tratos con Pilato para asegurar el sepulcro, cuando debieran haber estado dedicados a sus devociones por ser el día de reposo judío. Esto fue permitido para que hubiera prueba cierta de la resurrección de nuestro Señor. Pilato les dijo que podían asegurar el sepulcro tan cuidadosamente como pudieran. Sellaron la piedra, pusieron guardias y se satisficieron con que todo lo necesario fuera realizado. Pero era necio resguardar así el sepulcro contra los pobres y débiles discípulos, por innecesario; mientras era necedad pensar en resguardarlo contra el poder de Dios por fútil e insensato; sin embargo, ellos pensaron que actuaban sabiamente. El Señor prende al sabio en su sabiduría. Así se hará que toda la ira y los planes de los enemigos de Cristo fomenten su gloria.
CAPÍTULO 27
Versículos 1-10. Cristo entregado a Pilato. 11-25. Cristo ante Pilato. 26-30. Barrabás liberado.-Cristo escarnecido. 31-34. Cristo llevado a ser crucificado. 35-44. Crucificado. 45-50. La muerte de Cristo. 51-56. Hechos de la crucifixión. 57-61. El entierro de Cristo. 62-66. El sepulcro sellado.
Vv. 1-10.Los impíos poco ven de las consecuencias de sus delitos cuando los perpetran, pero deben rendir cuentas por todo. Judas reconoció de la manera más completa ante los principales sacerdotes que él había pecado y traicionado a una persona inocente. Este fue un testimonio total del carácter de Cristo; pero los gobernantes estaban endurecidos. Judas se fue, tirando al suelo el dinero, y se ahorcó por ser incapaz de soportar el terror de la ira divina, y la angustia de la desesperación. Poca duda cabe de que la muerte de Judas fue anterior a la de nuestro bendito Señor.
Pero, ¿fue nada para ellos haber tenido sed de esta sangre, y haber contratado a Judas para traicionarlo, y que la hubieran condenado a ser derramada injustamente? Así hacen los necios que se burlan del pecado. Así hacen muchos que toman a la ligera a Cristo crucificado. Y es caso corriente de lo engañoso de nuestros corazones tomar a la ligera nuestro propio pecado insistiendo en los pecados del prójimo. Pero el juicio de Dios es según verdad.
Muchos aplican este pasaje de la compra del campo con el dinero que Judas devolvió para significar el favor concebido por la sangre de Cristo para con los extraños y los pecadores gentiles. Eso cumplió una profecía, Zacarías xi, 12.
Judas avanzó mucho en el arrepentimiento, pero no fue para salvación. Confesó, pero no a Dios; él no acudió a Él y dijo: Padre he pecado contra el cielo. Nadie se satisfaga con las convicciones parciales que pueda tener un hombre, si sigue lleno de orgullo, enemistad y rebeldía.
Vv. 11-25.No teniendo maldad contra Jesús, Pilato le instó a aclarar las cosas, y se esforzó por declararlo sin culpa. El mensaje de su esposa fue una advertencia. Dios tiene muchas maneras de advertir a los pecadores sobre sus empresas pecaminosas, siendo una gran misericordia tener tales restricciones de parte de la Providencia, de parte de amigos fieles y de nuestras propias conciencias. ¡Oh, no hagas esta cosa abominable que el Señor odia! Es algo que podemos oír que se nos dice cuando estamos entrando en tentación, si queremos considerarlo.
Siendo dominado por los sacerdotes, el pueblo optó por Barrabás. Las multitudes que eligen al mundo más que a Dios, como rey y porción de ellos, eligen así su propio engaño. Los judíos insistían tanto en la muerte de Cristo que Pilato pensó que rehusar sería peligroso, y esta lucha muestra el poder de la conciencia aun en los peores hombres. Pero todo estaba ordenado para dejar en evidencia que Cristo sufrió no por faltas propias sino por los pecados de su pueblo. ¡Qué vano fue que Pilato esperara librarse de la culpa de la sangre inocente de una persona justa, a la cual estaba obligado a proteger por su oficio! -La maldición de los judíos contra ellos mismos ha sido espantosamente contestada en los sufrimientos de su nación. Nadie puede llevar el pecado de otros salvo aquel que no tenía pecado propio por el cual responder. ¿Y no estamos todos interesados? ¿No fue Barrabás preferido a Jesús cuando los pecadores rechazaron la salvación para conservar sus amados pecados, que roban su gloria a Dios, y asesinan las almas de ellos? Ahora la sangre de Cristo está sobre nosotros, para siempre por medio de la misericordia, dado que los judíos la rechazaron. ¡Oh, huyamos a ella para refugiarnos!
Vv. 26-30.La crucifixión era una muerte empleada sólo por los romanos; muy terrible y miserable. Se ponía en el suelo la cruz, a la cual se clavaban manos y pies, entonces la levantaban y afirmaban en forma vertical, de modo que el peso del cuerpo colgara de los clavos hasta que el sufriente muriera con tremendo dolor. Cristo corresponde así al tipo de la serpiente de bronce levantada en el palo del estandarte. Cristo pasó por toda la miseria y vergüenza aquí relatada para adquirir para nosotros vida eterna, gozo y gloria.
Vv. 31-34.Cristo fue llevado como Cordero al matadero, como Sacrificio al altar. Hasta las misericordias de los impíos son realmente crueles. Quitándole la cruz, ellos obligaron a llevarla a un tal Simón. Prepáranos Señor para llevar la cruz que tú nos has asignado, para tomarla diariamente con júbilo, y seguirte. ¿Hubo alguna vez dolor como su dolor? Cuando contemplamos su tipo de muerte con que murió, en eso contemplemos con qué tipo de amor nos amó. Como si la muerte, una muerte tan dolorosa, no fuera suficiente, ellos agregaron varias cosas a su amargura y terror.
Vv. 35-44.Se acostumbraba a avergonzar a los malhechores con un letrero que notificara el delito por el cual sufrían. Así pusieron uno sobre la cabeza de Cristo. O concibieron para reproche suyo, pero Dios lo pasó por alto, porque aun la acusación fue para su honra.
Había dos ladrones crucificados con Él al mismo tiempo. En su muerte, fue contado con los pecadores para que, en nuestra muerte, seamos contados con los santos. Las burlas y afrentas que recibió están registradas aquí. Los enemigos de Cristo trabajan fuerte para hacer que los demás crean cosas de la religión y del pueblo de Dios, que ellos mismos saben que son falsas.
Los principales sacerdotes y escribas, y los ancianos, se mofaron de Cristo por ser el Rey de Israel. Mucha gente podría gustar mucho del Rey de Israel, si se hubiera bajado de la cruz; si ellos pudieran tener su reino sin la tribulación a través de la cual deben entrar ahora. Pero si no hay cruz, no hay Cristo ni corona. Los que van a reinar con Él deben estar dispuestos a sufrir con Él. Así, pues, nuestro Señor Jesús, habiendo emprendido la satisfacción de la justicia de Dios, lo hizo sometiéndose al peor castigo de los hombres. Y en cada registro minuciosamente detallado de los sufrimientos de Cristo, encontramos cumplida alguna predicción de los profetas o los salmos.
Vv. 45-50.Durante las tres horas que continuaron las tinieblas, Jesús estuvo en agonía, luchando con las potestades de las tinieblas y sufriendo el desagrado de su Padre contra el pecado del hombre, por el cual ahora hacía ofrenda su alma. Nunca hubo tres horas como esa desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra, nunca hubo una escena tan tenebrosa y espantosa; fue el punto sin retorno de ese gran asunto, la redención y salvación del hombre. Jesús expresó una queja en el Salmo xxii, 1. Ahí nos enseña lo útil que es la palabra de Dios para dirigirnos en oración y nos recomienda usar las expresiones de las Escrituras para orar. El creyente puede haber saboreado algunas gotas de amargura, pero sólo puede formarse una idea muy débil de la grandeza de los sufrimientos de Cristo. Sin embargo, de ahí aprende algo del amor del Salvador por los pecadores; de ahí obtiene una convicción más profunda de la vileza y mal del pecado, y de lo que él le debe a Cristo, que lo libra de la ira venidera. Sus enemigos ridiculizaron perversamente su lamento. Muchos de los reproches lanzados contra la palabra de Dios y al pueblo de Dios, surgen, como aquí, de errores groseros.
Cristo habló con toda su fuerza, justo antes de expirar, para demostrar que su vida no se la quitaban, sino la entregaba libremente en manos de su Padre. Tuvo fuerzas para desafiar a las potestades de la muerte; y para mostrar que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo, siendo el Sacerdote y Sacrificio, y clamó a gran voz. Entonces, entregó el espíritu. El Hijo de Dios, en la cruz, murió por la violencia del dolor a que fue sometido. Su alma fue separada de su cuerpo y, así, su cuerpo quedó real y verdaderamente muerto. Fue cierto que Cristo murió porque era necesario que muriera. Se había comprometido a hacerse ofrenda por el pecado y lo hizo cuando entregó voluntariamente su vida.
Vv. 51-56.La rasgadura del velo significó que Cristo, por su muerte, abrió un camino hacia Dios. Ahora tenemos el camino abierto a través de Cristo al trono de gracia, o trono de misericordia, y al trono de gloria del más allá. Cuando consideramos debidamente la muerte de Cristo, nuestros corazones duros y empedernidos debieran rasgarse; el corazón, no la ropa. El corazón que no se rinde, que no se derrite donde se presenta claramente a Jesucristo crucificado, es más duro que una roca. Los sepulcros se abrieron, y se levantaron muchos cuerpos de santos que dormían. No se nos dice a quiénes se aparecieron, en qué manera y cómo desaparecieron; y no debemos desear saber más de lo que está escrito.
Las apariciones aterradoras de Dios en su providencia a veces obran extrañamente para la convicción y el despertar de los pecadores. Esto fue expresado en el terror que cayó sobre el centurión y los soldados romanos. Podemos reflexionar con consuelo en los abundantes testimonios dados del carácter de Jesús; y procurando no dar causa justa de ofensa, dejar en manos del Señor que absuelva nuestros caracteres si vivimos para Él. Nosotros, con los ojos de la fe, contemplemos a Cristo, y éste crucificado, y seamos afectados con el gran amor con que nos amó. Pero sus amigos no pudieron dar más que unas miradas; ellos lo contemplaron, pero no pudieron ayudarlo. Nunca fueron desplegados en forma tan tremenda la naturaleza y los efectos horribles del pecado que en aquel día, en que el amado Hijo del Padre colgó de la cruz, sufriendo por el pecado, el Justo por el injusto, para llevarnos a Dios. Rindámonos voluntariamente a su servicio.
Vv. 57-61.Nada de pompa ni de solemnidades hubo en el entierro de Cristo. Como no tuvo casa propia, donde reclinar su cabeza, mientras vivió, tampoco así tuvo tumba propia, donde reposara su cuerpo cuando estuvo muerto. Nuestro Señor Jesús, que no tuvo pecado propio, no tuvo tumba propia. Los judíos determinaron que debía tener su tumba con los malos, que debía ser enterrado con los ladrones con quienes fue crucificado, pero Dios pasó por alto eso, para que pudiera estar con los ricos en su muerte, Isaías liii, 9. Aunque al ojo humano pueda causar terror contemplar el funeral, debiera causarnos regocijo si recordamos cómo Cristo, por su sepultación, ha cambiado la naturaleza de la tumba para los creyentes. Debemos imitar siempre el entierro de Cristo estando continuamente ocupados en el funeral espiritual de nuestros pecados.
Vv. 62-66.Los principales sacerdotes y fariseos estaban en tratos con Pilato para asegurar el sepulcro, cuando debieran haber estado dedicados a sus devociones por ser el día de reposo judío. Esto fue permitido para que hubiera prueba cierta de la resurrección de nuestro Señor. Pilato les dijo que podían asegurar el sepulcro tan cuidadosamente como pudieran. Sellaron la piedra, pusieron guardias y se satisficieron con que todo lo necesario fuera realizado. Pero era necio resguardar así el sepulcro contra los pobres y débiles discípulos, por innecesario; mientras era necedad pensar en resguardarlo contra el poder de Dios por fútil e insensato; sin embargo, ellos pensaron que actuaban sabiamente. El Señor prende al sabio en su sabiduría. Así se hará que toda la ira y los planes de los enemigos de Cristo fomenten su gloria.
viernes, 2 de abril de 2010
Exodos 38
Exodos 38 -
CAPÍTULO 38
Versículos 1-8. El altar y la fuente de bronce. 9-20. El atrio. 21-31. Las ofrendas del pueblo.
Vv. 1-8.En todas las edades de la iglesia ha habido algunas personas más devotas a Dios, más constantes que otras en su asistencia a sus ordenanzas y más dispuestas a dejar hasta las cosas lícitas por amor a Él. Algunas mujeres, dedicadas a Dios y celosas de la adoración del tabernáculo, expresaron su celo dando los espejos que eran placas pulidas de bronce. Antes de inventar los espejos de vidrio, estas servían para lo mismo.
Vv. 9-20.Los muros del atrio eran de cortina solamente, lo que insinúa que el estado de la iglesia judía misma era movible y cambiable; en el momento oportuno, lo iban a desarmar y doblar, o vendría el tiempo cuando el lugar de la tienda debería ampliarse y sus cuerdas se extenderían para dar lugar al mundo gentil.
Vv. 21-31.El fundamento de basas de plata demostraba la solidez y la pureza de la verdad sobre la cual está fundada la iglesia.
Consideremos al Señor Jesucristo cuando leemos acerca del mobiliario del tabernáculo. Cuando consideremos el altar del holocausto, veamos a Jesús. En Él, en su justicia y salvación, hay una ofrenda completa y suficiente por el pecado. Dejemos que nuestra alma sea lavada en la fuente de la regeneración por su Espíritu Santo, y será limpia; y como el pueblo ofrendó voluntariamente, así pueda, ser nuestra alma voluntaria. Estemos prontos a dejar cualquier cosa y contarlo todo como pérdida para ganar a Cristo.
CAPÍTULO 38
Versículos 1-8. El altar y la fuente de bronce. 9-20. El atrio. 21-31. Las ofrendas del pueblo.
Vv. 1-8.En todas las edades de la iglesia ha habido algunas personas más devotas a Dios, más constantes que otras en su asistencia a sus ordenanzas y más dispuestas a dejar hasta las cosas lícitas por amor a Él. Algunas mujeres, dedicadas a Dios y celosas de la adoración del tabernáculo, expresaron su celo dando los espejos que eran placas pulidas de bronce. Antes de inventar los espejos de vidrio, estas servían para lo mismo.
Vv. 9-20.Los muros del atrio eran de cortina solamente, lo que insinúa que el estado de la iglesia judía misma era movible y cambiable; en el momento oportuno, lo iban a desarmar y doblar, o vendría el tiempo cuando el lugar de la tienda debería ampliarse y sus cuerdas se extenderían para dar lugar al mundo gentil.
Vv. 21-31.El fundamento de basas de plata demostraba la solidez y la pureza de la verdad sobre la cual está fundada la iglesia.
Consideremos al Señor Jesucristo cuando leemos acerca del mobiliario del tabernáculo. Cuando consideremos el altar del holocausto, veamos a Jesús. En Él, en su justicia y salvación, hay una ofrenda completa y suficiente por el pecado. Dejemos que nuestra alma sea lavada en la fuente de la regeneración por su Espíritu Santo, y será limpia; y como el pueblo ofrendó voluntariamente, así pueda, ser nuestra alma voluntaria. Estemos prontos a dejar cualquier cosa y contarlo todo como pérdida para ganar a Cristo.
jueves, 1 de abril de 2010
Siga el ejemplo de Cristo
Siga el ejemplo de Cristo
También Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.
1 Pedro 2:21
Jesús nos dio el ejemplo supremo del sufrimiento. La palabra griega traducida "ejemplo" se refiere a un modelo que se coloca debajo de un pedazo de papel para ser trazado. Al igual que los niños que aprenden sus letras trazando en un papel sobre un modelo, nosotros debemos trazar nuestra vida según el modelo que Cristo nos dejó.
Copiamos su modelo al seguir "sus pisadas". Debemos seguir las pisadas de Cristo porque Él anduvo por la senda recta. Fue también una senda de injusto sufrimiento, que es parte de la senda de justicia. Algunos sufren más que otros, pero si verdaderamente usted quiere seguir a Cristo, practicará siguiendo su ejemplo. Nuestro Salvador inmaculado
[Cristo] no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición.
1 Pedro 2:22-23
Jesucristo tiene que haber estado en el pensamiento de Pedro cuando escribió los versículos de hoy porque fue testigo del dolor de Jesús, aunque de lejos. A pesar de lo severo de su dolor, Cristo no cometió pecado alguno de palabra o de hecho.
Isaías 53:9 dice: "Nunca hizo maldad". "Maldad" se traduce como "desobediencia" en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento hebreo). Los traductores entendieron que "maldad" se refería a la desobediencia a la ley de Dios, o el pecado. A pesar del trato injusto que tuvo que soportar, Cristo no pecó ni podía pecar (cp. 1 P. 1:19).
Isaías 53:9 añade: "Ni hubo engaño en su boca". Por lo general el pecado hace su primera aparición en nosotros por lo que decimos. En Jesús no había pecado alguno, ni externa ni internamente.
Jesucristo es el ejemplo perfecto de cómo debemos reaccionar ante el trato injusto porque Él soportó el peor trato que pueda soportar persona alguna, y sin haber pecado nunca.
También Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.
1 Pedro 2:21
Jesús nos dio el ejemplo supremo del sufrimiento. La palabra griega traducida "ejemplo" se refiere a un modelo que se coloca debajo de un pedazo de papel para ser trazado. Al igual que los niños que aprenden sus letras trazando en un papel sobre un modelo, nosotros debemos trazar nuestra vida según el modelo que Cristo nos dejó.
Copiamos su modelo al seguir "sus pisadas". Debemos seguir las pisadas de Cristo porque Él anduvo por la senda recta. Fue también una senda de injusto sufrimiento, que es parte de la senda de justicia. Algunos sufren más que otros, pero si verdaderamente usted quiere seguir a Cristo, practicará siguiendo su ejemplo. Nuestro Salvador inmaculado
[Cristo] no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición.
1 Pedro 2:22-23
Jesucristo tiene que haber estado en el pensamiento de Pedro cuando escribió los versículos de hoy porque fue testigo del dolor de Jesús, aunque de lejos. A pesar de lo severo de su dolor, Cristo no cometió pecado alguno de palabra o de hecho.
Isaías 53:9 dice: "Nunca hizo maldad". "Maldad" se traduce como "desobediencia" en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento hebreo). Los traductores entendieron que "maldad" se refería a la desobediencia a la ley de Dios, o el pecado. A pesar del trato injusto que tuvo que soportar, Cristo no pecó ni podía pecar (cp. 1 P. 1:19).
Isaías 53:9 añade: "Ni hubo engaño en su boca". Por lo general el pecado hace su primera aparición en nosotros por lo que decimos. En Jesús no había pecado alguno, ni externa ni internamente.
Jesucristo es el ejemplo perfecto de cómo debemos reaccionar ante el trato injusto porque Él soportó el peor trato que pueda soportar persona alguna, y sin haber pecado nunca.
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