domingo, 5 de octubre de 2025

Invitación Divina

 


Invitación Divina

“De ella saldrá su príncipe, y de en medio de ella saldrá su señoreador; y le haré llegar cerca, y él se acercará a mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí? dice Jehová.” Jeremías 30:21

Cuando me dispuse a leer la Palabra de Dios me encontré con este pasaje de Jeremías, al leerlo llamó mi atención la última parte del pasaje, en donde el Señor a través del profeta, manifiesta que a aquél gobernante que ha escogido para Israel lo invitará a que se acerque a Él, porque ¿quién se atrevería a acercarse a Dios sin ser invitado? Esto me impactó demasiado pues justamente días atrás el Espíritu Santo me había llevado a meditar que si nosotros los creyentes podemos tener un tiempo de intimidad con Dios y entrar al Lugar Santísimo, tan sólo es: Primero, por la obra de Jesucristo, como lo dice Hebreos 10:19-22 “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”

Y segundo, por la iniciativa que Dios ha tomado para invitarnos a tener ese encuentro, como lo relata el pasaje de hoy. Ahora bien, lo que a nosotros los creyentes nos corresponde hacer es aceptar o rechazar dicho encuentro, como le pasó al profeta Samuel en 1 Samuel 3:1-10, quien al escuchar la voz de Dios, sin saber que era Él, decidía levantarse de su cama para ir al encuentro de quien lo llamaba, y de la misma manera deberíamos hacer nosotros.

Hermanos, Dios nos revela a través de este pasaje que si tú y yo podemos gozar y deleitarnos en esos encuentros con Él, no es porque lo hayamos merecido, ganado, comprado o propiciado, sino por la iniciativa de Dios, y por supuesto, por la obra de Jesús en la cruz, ¡tengámoslo muy presente! y démosle la gloria al Señor, pues si podemos entrar a Su Presencia, tan sólo es porque el Padre no nos ve a nosotros sino a Su Hijo Jesucristo en nosotros, y en esta Verdad tú y yo hemos creído (Gálatas 2:20).   Oración.

«Padre, gracias por llamarme en todo momento a tener esos encuentros de intimidad contigo pues en ellos me enseñas y revelas la verdad de tu Palabra, me alientas, reconfortas mi alma, me das descanso y nuevas fuerzas. Gracias Señor Jesús porque Tú eres el único que abrió el camino para que todos nosotros los creyentes pudiéramos conocer al Padre. Espíritu Santo pon en mí el querer aceptar esa invitación Divina y llévame a buscarle en intimidad. Amén.

sábado, 4 de octubre de 2025

Andar en el Espíritu


Andar en el Espíritu

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” Gálatas 5:16-17

Para poder entender cómo es que el creyente puede andar en el Espíritu el Señor me remitió a Colosenses 2:6 “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;” y es que todos recibimos al Señor Jesús POR FE, y es por la misma fe que debemos andar. Para entenderlo un poco mejor quisiera citar las palabras de un escritor de un estudio bíblico que dice: “A medida que nosotros vayamos creyendo lo que dice la Palabra de Dios, es el Espíritu Santo quien hará que esa Palabra se haga una realidad en nuestras vidas”; vemos entonces la importancia de la fe, creer en la verdad revelada por Dios (Romanos 10:17), pues la clave para experimentar lo que significa una vida que le agrade a Dios, no está en nuestro propio esfuerzo, sino, en creer en la obra que ya hizo Jesucristo y que podemos experimentar y disfrutar por el Espíritu, pues el Espíritu Santo es quien nos impulsa conforme la nueva identidad que nos ha dado Jesucristo a seguir viviendo por Él y para Él (Gálatas 2:20; Romanos 8:9, Juan 16:13; 14:26).

El mismo Señor Jesús de manera clara nos revelaba en el devocional del día de ayer que para que tú y yo no desfallezcamos, ni fracasemos en las prácticas básicas para el crecimiento cristiano: Leer la Biblia, orar, tener compañerismo unos con otros, testificar, obedecer y en los otros roles que tenemos que cumplir en esta vida, necesitamos morir a nosotros mismos (Lucas 9:23) y más bien permitir que sea Cristo quien viva en nosotros por medio de Su Espíritu. Si seguimos andando en la carne seguiremos fracasando una y otra vez, no sólo en la oración, como me ha pasado a mí, o a Pedro y los dos hijos de Zebedeo quienes sabían que debían orar, y querían hacerlo, pues el espíritu está siempre dispuesto, pero al tratar de hacerlo en sus propias fuerzas terminaron quedándose dormidos por la tristeza que los embargaba, porque como lo dijo Jesús, la carne es débil y para nada aprovecha (Mateo 26:40-41; Lucas 22:45-46; Juan 6:63).

Hermanos, ¿Queremos vivir una vida que le agrade a Dios? La clave está en dejar vivir a Cristo en nosotros, y para ello es necesaria la fe, y por supuesto, la guía, ayuda y dirección del Espíritu Santo, pues sólo es Él quien nos llevará a experimentar lo que esto significa, por eso es necesario andar siempre en el Espíritu.    Oración.

«Padre, gracias por ese plan perfecto que diseñaste, plan en el que nos revelas que entregaste a tu único Hijo, Jesucristo, por amor, para que fuera Él quien satisficiera por completo la justicia que demandabas por nuestros pecados, y que cuando creyéramos en la obra que Jesús ejecutó a la perfección, pudiéramos acercarnos nuevamente a ti para experimentar lo que significa andar en el Espíritu, una vida que te agrada a ti. Amén.


viernes, 3 de octubre de 2025

A donde Dios te lleve, ve

 


A donde Dios te lleve, ve

«Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén.», Esdras 1:5

El contexto de estos israelitas que subieron a Jerusalén no era nada alentador, habían estado por casi siete décadas cautivas en Babilonia bajo la dinastía caldea sin poder adorar a Dios en su templo, ni cumplir con sus ordenanzas, después de este periodo de tiempo el rey Ciro de Persia conquistó a Babilonia y en su primer año de reinado fue “despertado” su corazón por Dios para que decretara el regreso de los cautivos y la reedificación del templo de Dios en Jerusalén.

Como es de esperarse muchos de estos hombres debieron sentirse tentados a quedarse: ya estaban establecidos y habían echado raíces en esta tierra lejana, el viaje era largo y pesado para sus hijos pequeños y para sus mujeres, y por si fuera poco Jerusalén estaba completamente en ruinas y los enemigos los asechaban por todos lados ¿qué harían allí? Sin embargo, el mismo Dios que despertó al rey Ciro, los despertaría a ellos también para subir y edificar su casa, en otras palabras, para cumplir un propósito que trascendía los límites de lo eterno: reedificarían el centro de la adoración al único Dios vivo y verdadero. Estos hombres vencieron sus temores, dispusieron sus vidas para servir al Señor y lo lograron.

Disponer nuestras vidas para servir al Señor implicará muchas veces hacer cosas sin sentido o ir a lugares inciertos a donde Él nos quiera llevar. La garantía para tener éxito en todos estos iré y venir la guía y dirección del Espíritu Santo, de allí la importancia de vivir en comunión y amistad diaria con Dios.   Oración.

«Señor Jesucristo, siempre que he hecho tu voluntad y me he dejado guiar por tu Espíritu, tu presencia ha ido conmigo y nunca me has dejado. Una vez más y sin importar lo incierto del camino te pido que tu Espíritu lo ilumine y me guíe a donde tú quieras que yo vaya. Amén.   

jueves, 2 de octubre de 2025

Eres más de lo que soñé


Eres más de lo que soñé

“Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que pelean contra ella y su fortaleza, y los que la ponen en apretura. Y les sucederá como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío; o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe, pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así será la multitud de todas las naciones que pelearán contra el monte de Sion.” Isaías 29:7-8

Qué sensación tan desesperante la que sentimos cuando tenemos sed y no encontramos agua con qué saciarla, ¿Lo has experimentado? Si en la vida real esto es lo que se experimenta, imagínate lo que se siente durante un sueño en el que crees que estás bebiendo agua, pero por más que la tomas, tu organismo en la vida real sigue experimentado sed; del desespero que tenemos quizás nos despertaremos y cuando nos damos cuenta de que la sed es real saldremos corriendo por agua para saciarla. Pensaría que de la misma manera, espiritualmente hablando, andábamos en el mundo antes de conocer al Señor: sedientos y bebiendo del “agua” que nos ofrece el mundo, pero sin encontrar saciedad, pues hoy conocemos que el único capaz de saciar todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, es Cristo, como Él mismo lo manifestó en Juan 4:13-14a “Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás;”

Cuando llegamos a los pies de Cristo veníamos con una maleta cargada de sueños, metas por cumplir, necesidades que no necesariamente eran básicas pero que también anhelábamos suplir, y que se podrían llegar a comparar con la necesidad que nos surge cuando estamos sedientos y queremos beber agua. En aquél entonces pensábamos que cuando las obtuvieramos encontraríamos plenitud, pues si no las alcanzábamos nos quedaría un sin sabor o una sed sin satisfacer, pues eso era lo que el mundo decía, hasta que conocimos a Jesús, porque cuando le conocimos, entendimos que aquellos sueños, metas o necesidades que queríamos cumplir eran insignificantes comparados con Él y lo que significa conocerle, pues si en esta vida sólo pudiéramos llegar a conocerle y no tener o lograr nada más sería más que suficiente, pues entendimos que Jesús es más de lo que algún día soñamos tener.

Hermanos, en Cristo ya lo tenemos todo como lo expresa Colosenses 2:9-10, por lo tanto, no nos dejemos engañar por el mundo, la carne y Satanás quienes nos dicen que nuestra sed todavía no ha sido saciada y que debemos ir en pos de ellos para satisfacerla, pues si hacemos esto nos sucederá como en aquellos sueños que expresa Isaías, tomaremos de esa “agua” y comeremos de ese “pan” y no encontraremos saciedad, pues como se revela en las Escrituras sólo el Señor es la fuente de agua viva y el pan de vida eterna que sacia nuestro ser (Juan 4:14; Juan 6:35).   Oración inicial

«Padre, tu Hijo Jesús expresó que Su carne era verdadera comida, y Su sangre era verdadera bebida, hoy entiendo lo que ésto significa y te quiero pedir que siempre me des de este pan y de esta bebida pues sólo en Jesucristo experimento plenitud. Amén.


miércoles, 1 de octubre de 2025

Cuando estemos cansados

 


Cuando estemos cansados

 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40:29-31

Hay diferentes situaciones en la vida que nos pueden llevar a estar más cansados o agotados de lo normal, quebrantos de salud propios o de las personas con que convivimos, noches sin poder dormir, viajes o simplemente imprevistos o emergencias que se puedan presentar y que fácilmente nos desestabilizan o desequilibran de nuestra normal cotidianidad.

Son estos, días en los que nos resulta más difícil, al igual que las demás tareas o actividades, mantenernos en nuestra habitual comunión, conexión e intimidad con Dios, pues tal como lo revela el Señor en Mateo 26:41b “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Sin embargo, queridos hermanos, así como también lo declara el Señor en este mismo pasaje, hemos de velar y orar para que no entremos en tentación.

Justamente son estos días con estas circunstancias, tiempos en los que Dios quiere que nos afirmemos en Él, que le conozcamos más y que dependamos de Él. El apóstol Pablo en 2 Corintios 1:9-11 manifiesta con gran confianza, gozo y seguridad que el Señor le permitió, junto con otros hermanos, estar aún en sentencia de muerte, pero fue precisamente para que ellos no confiaran en ellos mismos, sino mejor, en Dios que resucita a los muertos.

La Palabra, en el versículo del día, nos revela que Dios puede multiplicar las fuerzas al que no tiene ningunas y renovarlas en aquel que se siente cansado o agotado; no interesa la condición, estado o edad, sino que dice, los que esperan en el Señor, los que en Él confían y en Él permanecen, tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.

Hermano, tenemos mucho de Dios que no conocemos, y Él a través de cada circunstancia de nuestra vida, quiere llevarnos a un conocimiento experiencial, profundo, sustancial y revelador de su gracia y su gloria; así que, por esa gracia que nos habita, es decir, Jesucristo por su Espíritu, en todo tiempo velemos y oremos para que en Él estemos permaneciendo y su poder en nosotros fluyendo (Efesios 1:19-20, 3:16, 20-21).     Oración.

«Padre, cuán difícil es en nuestra humanidad y fragilidad, esperar y permanecer en ti; hoy pongo mi confianza en ti, creyendo que Tú en todo tiempo me atraerás a ti y te revelarás a mí, por la gracia de tu Hijo, tu amor y la comunión de tu Espíritu, amén.

martes, 30 de septiembre de 2025

El Señor es nuestro sustento

 


El Señor es nuestro sustento

“Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;” 2 Corintios 1:8-9

Por la rutina de la vida y el paso de los días, nos acostumbramos a ciertos privilegios o comodidades que a diario tenemos, como por ejemplo, la vista, el oído, el alimento, todos nuestros miembros físicos y lo que con ellos hacemos, como caminar y obtener las cosas por nosotros mismos, también el hecho de acostarnos y poder dormir y abrir los ojos a un nuevo dia, entre otras cosas, que a diario disfrutamos.

Entonces, por la repetición día a día de todo ello, podemos llegar a pensar que somos nosotros mismos quienes nos sostenemos o que simplemente las cosas se dan naturalmente, pero hay un hecho muy grave en esto y es el de ignorar la presencia de Dios y la obra que continuamente mantiene para sostener el universo como para sustentar a los moradores de la tierra. Por ello, en este nuevo día es Él quien nos quiere recordar que:

“¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. Él convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana.” Isaías 40:21-23

Y en Isaías 40:27-31 dice “¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

De manera que, oyendo la Palabra de Dios que permanece para siempre, no endurezcamos nuestro corazón y seamos de aquellos que por la fe, al igual que el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios, manifestemos diariamente nuestra confianza, dependencia y sumisión al Dios Eterno y Creador.    Oración.

«Padre Celestial, gracias por este nuevo día que me concedes de vida, salud, alimento y revelación; gracias por la Palabra que envías hoy para darme vida, fe, fortaleza, sustento y esperanza, por Jesucristo, tu amado Hijo, mi Señor y Salvador, amén.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Somos casa espiritual

 


Somos casa espiritual

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,” Efesios 4:11-12

Como se nos enseña a través de 1 Corintios 12, el Espíritu Santo reparte de sus diversos dones a cada miembro del cuerpo de Cristo, es decir, a su iglesia, por ende vemos que las actividades o funciones de cada persona varían según el don o dones que reciba; existe don de sabiduría, ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritu, diversos géneros de lenguas, interpretación de lenguas, liderazgo, servicio, enseñanza, exhortación, contribución y misericordia (1 Corintios 12:4-11, Romanos 12:6-8).

Ahora bien, el Espíritu Santo a través de la Palabra también nos enseña que si bien estos dones son dados de manera individual, son para edificación y servicio del cuerpo de Cristo, 1 Pedro 4:10 dice “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

Hermanos, la Palabra en 1 Pedro 2:5 nos llama a que seamos edificados como una casa espiritual, para que como dice Efesios 2:21-22, seamos un templo santo en el Señor donde more su Espíritu. De manera que, la gran revelación que el Señor nos está otorgando es precisamente la importancia de la unidad entre nosotros los creyentes, pues si vemos la analogía con un templo físico, este no tiene forma ni propósito, sino hasta que los ladrillos se unen y entonces formen un templo.

Nos edificamos como casa espiritual cuando cada uno según el don que ha recibido lo pone al servicio de los demás, e indudablemente este servicio es llevado a cabo, como dice Hebreos 10:25, no dejando de congregarnos. Queridos hermanos, hemos sido puestos en un mismo cuerpo por un mismo Espíritu, lo que nos indica que para crecer, mantenernos fortalecidos y ser edificados como casa espiritual es necesario que nos mantengamos unidos, orando los unos por los otros y estando pendientes los unos de los otros (Efesios 4:16, 6:18, 1 Corintios 12:25-26).     Oración.

«Padre, gracias por la revelación que nos concedes en tu Palabra acerca de la vital importancia que son nuestros hermanos en Cristo; te pedimos que por tu Espíritu que mora en cada uno de nosotros, nos permitas, a pesar de las diferencias, mantenernos unidos y reunidos, y en amor edificándonos para ser tu templo santo en Jesucristo, amén.