lunes, 27 de enero de 2025

Señor, ¿si puedes?

 


Señor, ¿si puedes?

“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó”. Marcos 9: 17-27

En muchas circunstancias de nuestra vida podemos estar preguntándole al Señor si Él puede con alguna situación. Este pasaje fue un momento crítico en la vida de los discípulos, que también ponía en duda la capacidad del Señor Jesucristo, pues los escribas estaban disputando con ellos y haciéndolos quedar en ridículo. Cuando llega Jesús, este hombre le explica a Jesús la situación de su hijo y le pide ayuda, pero según la construcción gramatical y la palabra griega “dynei” usada en el original bíblico, lo hace de una forma irónica, prácticamente le dice: “pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.

Jesús está ante un episodio de incredulidad, a lo cual responde: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Debemos entender que ante la desesperación y la frustración podemos caer en incredulidad cuando tenemos que esperar una respuesta; y llegar como este hombre a decirle a Jesús si realmente tienes la capacidad de sanar, liberar, transformar, etc., ayúdame.

La respuesta del Señor es interesante porque contesta con la misma palabra griega “dynei” que el padre había usado, pero ahora le devuelve el desafío diciéndole “si tú puedes creer…”.

La sanidad, la liberación y la transformación de nuestras vidas no dependen de la capacidad de Jesús sino de la fe que tenemos. El poder de Cristo nunca debe ponerse en duda, porque Él todo lo puede.

En ese momento el padre se quiebra y “clama” a Jesús. Es un grito de angustia, desesperación y reconocimiento sincero de su poca fe: “¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!” Esto es lo que quiere escuchar el Señor cuando estamos débiles en nuestra fe. Pidamos que nos ayude en nuestra incredulidad, seamos honestos con Jesús y se abrirá la puerta para el milagro. Es innecesario desafiar a Dios con frases como: “Si eres Dios entonces…”, “si tienes tanto poder…”, “si realmente me amas…”, o “si crees que lo merezco…”.

No seamos hipócritas, nada de eso toca su corazón solo la oración sincera con fe, como dice Mateo 21:22 “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”   Oración.

«Cristo Jesús, perdona mi falta de fe cuando atravieso por situaciones que parecen imposibles, hoy me reconfortas con tu palabra cuando dices: “al que cree todo le es posible”. Señor aumenta mi fe, y la capacidad de ver las cosas como tú las ves, porque para ti no hay nada imposible. Quita de mí todo espíritu de incredulidad y dureza de corazón para creer todo lo que ya has declarado en tu Palabra y recuérdame “que todo lo puedo en ti, que me fortaleces”, ayúdame a mirarte y dame la gracia suficiente para aprender a esperar la respuesta en el momento oportuno. En el nombre de Jesús, amén.

sábado, 25 de enero de 2025

Un llamado a la diligencia


Un llamado a la diligencia

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” Romanos 12:11

Este año hay que empezarlo con entusiasmo, el Señor nos pide aquí tres cosas: ser diligentes, fervientes en espíritu y servir. Los creyentes no debemos ser perezosos en todo aquello que requiere celo, como son las cosas del Señor. Debe haber una cierta intensidad en la vida cristiana y no darle lugar al letargo espiritual, más en este momento donde el mundo es un campo de batalla entre el bien y el mal. El tiempo es corto y la vida es una preparación para la eternidad. La palabra griega para diligencia es “spoude” que significa “apresurarse a hacer algo, esforzarse, procurar con mucho deseo”.

El consejo lo da el apóstol Pablo quien sabía muy bien cómo aprovechar el tiempo. Nunca se lamentó por haber perdido una oportunidad para evangelizar, ayudar a otros, exhortar, aconsejar, predicar, enseñar o ser misericordioso. Lo contrario a diligente, como se menciona en el versículo, es ser “perezoso”. En griego es “okneros” que da la idea de encogerse, ser tímido, retardarse o ser negligente. Muchas veces Dios nos presenta maravillosas oportunidades para crecer, aprender, corregir una falta, restaurar, hablar de Cristo a otras personas, incluso de trabajo, ministerio, o ayudar a alguien y actuamos perezosamente.

La pereza también nos hace ignorar las necesidades de los demás. Necesitamos evaluar nuestras prioridades. Hay muchas cosas secundarias que podemos dejar para mañana, pero nunca las importantes. No permitamos que la pereza detenga nuestro crecimiento, nos haga perder los buenos hábitos espirituales y terminemos abandonando el servicio al Señor.

Debemos mantener el espíritu al rojo vivo, un espíritu ferviente, el Señor Jesús en Apocalipsis 3:1 dice que lo único que no puede tolerar es que seamos tibios en nuestra relación con Él. Permitir que el Espíritu Santo nos incendie para Cristo. Este celo, que el Espíritu mismo hace arder en nosotros, nos llevará a servir verdaderamente al Señor. Servir al Señor es no dejar escapar las oportunidades que nos brinda de aprender algo nuevo, o de podar algo viejo o infructuoso; de dar una palabra de ánimo, o de advertencia, de ayudar, o de consolar. Son oportunidades que no se nos volverán a presentar.     Oración.

«Amado Señor, enséñame a tener una relación de amor contigo encendida por el poder y la gracia del Espíritu Santo, a ser diligente en tu obra para predicar, enseñar y aconsejar a los demás, a servirte con un espíritu ferviente, con temor y temblor, recuérdame que el tiempo es corto y la vida es una preparación para la eternidad. En el precioso nombre de Jesús, amén.


jueves, 23 de enero de 2025

Mi plomada de albañil

 


Mi plomada de albañil

“Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más”. Amós 7:7-8

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. Miqueas 6:8

Hoy tenemos que entender primero qué es una plomada de albañil y por qué el Señor usa esto en una visión para enseñarle al profeta Amós acerca del pueblo de Israel. Una plomada de albañil consiste en una cuerda con un peso en un extremo generalmente de metal, que al templarlo permite verificar si una superficie está perfectamente alineada verticalmente. Es una herramienta básica en la construcción para garantizar la verticalidad y precisión de diversas estructuras y asegura que paredes y columnas se mantengan derechas, evitando desviaciones que puedan comprometer la estabilidad de una construcción.

Con esta visión se le muestra a Amós que su pueblo se ha desviado completamente y aunque ha pasado el tiempo nada ha cambiado en su comportamiento, la idea es que el Señor emplea una plomada para medir la rectitud del edificio moral y religioso de la nación. Como resultado halló a la sociedad entera inclinada hacia la maldad. El pueblo va a caer debido a su pecado en todos los niveles de la sociedad. El profeta ya no pudo interceder más, pues el pecado de Israel fue como un cáncer mortal en el corazón de la nación entera. Tuvo que resignarse a la sentencia de Dios: ¡No lo soportaré más!, (Amós 7:8). Dios no pudo pasar por alto su pecado de idolatría, inmoralidad e injusticia a todo nivel.

Si lo aplicamos a nuestra vida espiritual, podemos decir que a pesar de tener los planos del Gran Arquitecto para construir una vida cristiana recta y justa, con su santa Palabra que nos enseña por qué camino debemos andar, (Salmos 32:8); muchas veces actuamos en nuestra propia prudencia y terminamos desobedeciendo e irrespetando los derechos de los demás y desviándonos del propósito que el Señor tiene para nosotros que es ayudarles a otros a fundamentar su vida en Jesucristo. Si ven en nosotros algo torcido, que no es de testimonio podemos arruinar no solo nuestra propia vida sino la de los demás.

Este año es un llamado a andar en rectitud, pidiéndole al Espíritu Santo que nos ayude en nuestro proceso de santificación, Él es nuestra plomada de albañil, para caminar en obediencia. Para que nuestra edificación espiritual perdure hay que edificarla correctamente. Plomada en hebreo es la palabra “yashar”, que significa “ser recto”. En la Biblia, el resultado de seguir la línea de la “plomada de Dios” es la rectitud. Dios va a poner su plomada en la construcción de nuestra vida espiritual, la medirá y solo pasará la prueba aquella que se ajuste a la rectitud de la plomada. En la Palabra de Dios encontramos todo lo que debemos saber para edificar correctamente, por eso, el día que estemos ante la presencia del Señor no podremos decir que no sabíamos cómo construir. ¿Cómo estamos construyendo nuestra vida espiritual? ¿Seguimos los dictados de la cultura o los mandamientos de Dios? ¿Hacemos caso a la voz del Espíritu Santo o simplemente nos dejamos guiar por nuestros deseos?    Oración.

«Gracias Señor por darme la dirección correcta por donde debo andar, a través de tu Palabra, me has declarado en ella lo que es bueno y solamente me pides que camine en rectitud, hacer justicia, misericordia y ser humilde ante ti. Fija tus ojos en mí para que no me desvíe ni a derecha, ni a izquierda. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 22 de enero de 2025

La evidencia de Dios es Jesucristo

 


La evidencia de Dios es Jesucristo

“Palabras de Agur, hijo de Jaqué; la profecía que dijo el varón a Itiel, a Itiel y a Ucal. Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre. Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la ciencia del Santo. ¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” Proverbios 30:1-4

Agur era un maestro sabio procedente del reino de Lemuel; pero este pasaje muestra claramente que a pesar de todo su conocimiento hay ciertos aspectos de la naturaleza divina que serán siempre un misterio para todos nosotros. Él declara que es el más ignorante de todos los hombres y dice que no hay en él discernimiento humano, que no ha adquirido sabiduría, ni tiene conocimiento del Dios Santo; y se hace cinco preguntas: ¿Quién ha subido de los cielos y descendió de ellos? ¿Quién puede atrapar el viento en su puño? ¿Quién ha envuelto el mar en su manto? ¿Quién ha establecido los límites de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo?

A veces encontramos preguntas como estas de personas escépticas, y no sabemos cómo dar una respuesta, sin embargo, la misma Palabra de Dios revela que la respuesta a cada una de estas cinco preguntas es Jesús. Quien descendió y ascendió a los cielos es Jesús en Efesios 4:8-10 dice: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”.

Es por medio de Jesucristo que el mundo entero existió, como lo dice Juan 1:1-3 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Jesús es el nombre sobre todo nombre como dice Filipenses 2:9 “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”.

A través del Nuevo Testamento que nos ha sido revelado por el Espíritu Santo, entendemos que la evidencia de Dios se encuentra en Jesucristo.

Al autor de este proverbio le importaba profundamente el nombre de nuestro Dios y no quiere deshonrarlo, por eso pide no tener riquezas ni pobrezas que le hagan desmerecer al Señor, (Proverbios 30: 8-9). Aun cuando Agur ha sugerido que ni él ni ningún otro ha traído sabiduría del cielo a la tierra, implica también que hay palabras de Dios, que como tales son refinadas y confiables, y exigen ser aceptadas sin interposiciones, (Proverbios 30:5-6).

Jesucristo, no solo es revelado en el Nuevo Testamento, sino en el Antiguo Testamento. Él es la imagen visible del Dios invisible, (Colosenses 1:15), hoy es un día para doblar nuestras rodillas delante de Él, en adoración.   Oración.

«Jesús, gracias porque por el Espíritu Santo y tu santa Palabra te has revelado a mi corazón, sé Quién eres tú y por eso te adoro, eres el nombre sobre todo nombre, inclino mis rodillas ante ti y te reconozco como mi Señor y mi Salvador. Te amo mi Señor Jesucristo, amén.

martes, 21 de enero de 2025

¿Dónde está Dios?

 


¿Dónde está Dios?

“Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Más ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; más él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” Lucas 24:28-32

El domingo de resurrección iban dos seguidores del Señor camino de Emaús, hablando de todo lo que había sucedido en Jerusalén, el Señor Jesús había sido crucificado, había muerto y perdieron la esperanza, a pesar de que habían escuchado decir que no hallaron su cuerpo y que estaba vivo. Mientras hablaban Jesús se les acercó y se puso a caminar con ellos, pero no lo reconocieron.

“Y nosotros que habíamos creído que Él era el que había de redimir a Israel”, eran las palabras de estas personas cuyas esperanzas estaban muertas y enterradas. Pero entonces vino Jesús, y habló con ellos, y se les aclararon las tinieblas y el sentido de la vista. Lo invitaron a comer y en el momento del partimiento del pan fueron abiertos sus ojos y fue revelada su presencia.

Hoy ese Jesús vivo anhela que lo reconozcamos en medio de nuestras dudas, que lo invitemos a nuestra vida, porque Él puede abrir nuestros ojos a la verdad de la Escritura y a su propia resurrección. Él está dispuesto a entrar y revelarse en los momentos cotidianos de nuestra vida.

Si alguna vez hemos atravesado temporadas en las que nuestra fe y esperanza en Dios se desvanecen y sentimos que nuestra vida está en oscuridad, como si el Señor no estuviera en nosotros. Es el momento de invitar a Jesús a cenar con nosotros, a tener momentos de intimidad donde su Palabra sea esa luz que nuestra alma necesita, trayendo renovación y restauración espiritual, pues la fe es por el oír la palabra de Dios, (Romanos 10:17); entonces nos daremos cuenta de que Dios siempre estuvo ahí.

Muchos hemos caminado algunas veces el camino de Emaús, preguntándonos ¿dónde está Dios? cuando todo el tiempo Él ha caminado a nuestro lado. Por eso si hoy nos encontramos luchando contra la duda, la falta de fe, y la desesperanza por todo lo que acontece en nuestra vida, animémonos y aferremonos a la promesa que Él nos hizo en Mateo 28:20 “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”

Jesús está caminando hoy a nuestro lado y nunca nos dejará, no nos desamparará, su amor por nosotros es tan grande, que aun cuando no lo veamos Él permanece con nosotros. ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una conversación con Jesús y sentimos que nuestro corazón ardía al leer o escuchar su Palabra?    Oración.

«Señor Jesús, te invito a caminar conmigo, deseo que seas el centro de mi hogar, de mi vida y mi corazón. Quiero tener una íntima y estrecha relación contigo, sé que estás a mi lado siempre y es mi petición que mis ojos sean abiertos como fueron abiertos los de tus discípulos para que tu presencia fuera revelada en ellos, igualmente anhelo que sea revelada también en mi vida, llenándome de esperanza inagotable. Te amo mi Jesús, amén.

lunes, 20 de enero de 2025

Una vida renovada

 


Una vida renovada

“Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143: 8-10

“Y dijo al hombre: he aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia”. Job 28:28

Hoy mucha gente posee mucha inteligencia y conocimiento, cada vez las posibilidades para aprender son más fáciles gracias a la tecnología, hay acceso a cualquier conocimiento; pero al mismo tiempo, a pesar de tanta información, el hombre cada vez es más desdichado e infeliz, las personas son insensatas, y esto se ve en su comportamiento, porque viven en su propio razonamiento, en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido y dejándose arrastrar por los deseos y placeres de este mundo, ajenos de la vida de Dios, (Efesios 4:17-18).

Solo la vida es sabia cuando la vivimos a la luz de la Palabra de Dios, como dice el Salmo 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. Solo el Señor a través de su Palabra nos muestra la senda por donde debemos andar y cuida cada uno de nuestros pasos para que no nos desviemos. Por eso cada vez que leemos su Palabra, debemos pedir al Espíritu Santo sabiduría, y comprensión para poder aplicarla a nuestra vida y agradar a Dios en obediencia.

Proverbios 9 :10 nos dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”. La sabiduría comienza cuando conocemos a Dios. Le da un propósito a nuestra vida porque Él la creó. Conocer a Dios no solo es saber datos de Él, sino permanecer en temor reverente y tener comunión con Él. ¿Queremos en verdad ser sabios? Conozcamos cada vez más a Dios.

El Señor, a través del apóstol Pablo nos dice que debemos renovarnos en el espíritu de nuestra mente, por eso nos manda a despojarnos del viejo hombre viciado con deseos engañosos y a vestirnos de la nueva creación que solo la podemos obtener cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón como nuestro Señor y Salvador y así, nacer de nuevo, para llevar una vida nueva de justicia y santidad. Esto ocurre solamente por su gracia regeneradora a través del Espíritu Santo que viene a morar en nosotros y que nos transforma por el poder omnipotente de Dios, (Efesios 4:22-24).

Por medio del poder del Espíritu, podemos sacar todos los principios corruptos que regían nuestra vieja naturaleza y tener principios de gracia que Jesús nos da para vivir vidas renovadas, no tenemos excusas porque el gran privilegio de los cristianos es que tenemos la mente de Cristo, revelada por su Espíritu, para poder experimentar su poder santificador en nuestros corazones y dar buen fruto en nuestras vidas,(1 corintios 2:16). Hermanos, Dios nos ha revelado sabiduría verdadera por su Espíritu para vivir sabiamente.   Oración.

«Señor, hoy te pido especialmente que abras mi corazón al mensaje de la Escritura, entiendo que tú quieres enseñarme y guiarme para que pueda cumplir tu voluntad, y vivir en tu temor, quiero buscar la verdad de tu Palabra y comprenderla para vivir con sabiduría y agradarte con mis acciones, pensamientos y palabras; en Cristo Jesús, amén.

domingo, 19 de enero de 2025

Abre tu corazón a Jesús

 


Abre tu corazón a Jesús”

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:14-20

Las palabras más duras del Señor Jesucristo son dirigidas a la iglesia de Laodicea. Su problema era el orgullo y la ignorancia, provocados por su autosuficiencia y complacencia. Por esta razón recibió la condenación más severa de todas las que encontramos en estas siete palabras a las iglesias.

El Señor Jesucristo, se presenta aquí como: «He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero». Esta expresión subraya la fidelidad del Señor Jesucristo. En Él todas las promesas son firmes e inconmovibles. Él es el que garantiza todos los pactos de Dios para con el hombre.

Como vemos el carácter del Señor contrasta con el carácter y la infidelidad de estos cristianos. No hay ninguna palabra de alabanza, sino que Cristo reprocha a esta iglesia que no eran «ni fríos ni calientes». Ni amaban ni odiaban. No se apasionaban por nada, ni por lo bueno ni por lo malo. Eran indiferentes. Desagradables como beber agua tibia.

Con frecuencia, muchos de nuestros problemas nos vienen por irnos a los extremos y no guardar el necesario equilibrio. Pero aquí vemos que al Señor le desagrada que no seamos ni fríos ni calientes. Bueno, en realidad quiere que seamos calientes en el amor por él y que su obra arda continuamente en nuestros corazones.

La iglesia en Laodicea estaba en un grave peligro, porque si persistían en esa actitud, el Señor los vomitaría de su boca. La implicación es que, si no había un arrepentimiento genuino, la amenaza se iba a cumplir inmediatamente.

¿En qué consiste la tibieza? Implica indiferencia por las cuestiones espirituales. La persona no se preocupa por la enseñanza bíblica. No le importa si hay errores doctrinales y tampoco se preocupa por combatirlos. Falta el compromiso por la obra del Señor y despreocupación por el crecimiento espiritual personal. Se llega a un punto donde el creyente se confunde con el mundo y tampoco actúa como luz.

Describe a un cristianismo sin entrega verdadera, hipócrita, falso, mecánico, mezclado con el materialismo. Esta es una condición muy peligrosa en la que podemos llegar a caer y un cristiano carnal se puede comportar igual que un inconverso.

La iglesia de Laodicea decía que era rica y que no tenía necesidad de ninguna cosa. No veían ningún problema en su situación. Se negaban a verse tal como eran realmente. Demasiada confianza en sí mismos, ¿en dónde habían puesto su confianza? Expresaban su orgullo y satisfacción por lo que habían ganado con sus propios esfuerzos. Eran un pueblo orgulloso, tibio, infeliz, miserable, espiritualmente pobre, ciego y desnudo.

El orgullo espiritual no sólo es insensato, sino que también es peligroso, porque como la Escritura señala, «antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu», (Proverbios 16:18); en lugar de la dependencia del Señor, podemos llegar a sentirnos tan seguros de nosotros mismos, que podemos llegar a excluir al Señor de nuestras vidas. El Señor nos hace un llamado al arrepentimiento, a abrir nuevamente nuestro corazón a Él, a revestirnos de Cristo y a pedir discernimiento espiritual para ver nuestra condición. El Señor quiere entrar para tener una cálida comunión con nosotros.    Oración.

«Señor Jesús, me arrepiento de corazón de todas las ocasiones en las que he sido tibio, cuando no he dado lo mejor de mí, y con mis actitudes he negado mi fe, he sido complaciente y espiritualmente pobre. Deseo crecer en intimidad contigo, que me des claridad, que entienda cuál es tu propósito conmigo y que me llenes nuevamente con la plenitud de tu Espíritu, en el nombre de Jesús, amén.