domingo, 29 de diciembre de 2024

La palabra de gracia

 


La palabra de gracia

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” 1 Corintios 6:9-11

Iglesia, tenemos nosotros hoy, por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, la bendición de poder decir con seguridad y certeza, que hemos sido lavados, santificados y justificados de todos nuestros pecados. La Palabra de gracia que hemos oído y en la cual hemos creído ha sido todo lo necesario y suficiente para que hoy podamos gozar de este estado. Ha sido un regalo inmerecido y maravilloso de parte de Dios, pero hemos de entender que no es un regalo exclusivo, sino que, nos ha sido dado para que compartiendo la palabra de gracia, todos los que están a nuestro alrededor también tengan la oportunidad de acceder a él.

La palabra de gracia nos dice que, Jesucristo, el Hijo de Dios, se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y para que todo aquel que crea en Él sea lavado, santificado y justificado por su obra de Salvación en la cruz y por su Espíritu que viene a morar en nuestro corazón. Hermanos, realmente ningún ser humano es merecedor de tan grande gracia y amor, porque todos éramos enemigos de Dios, dice la Escritura que no hay justo ni bueno ni aún uno (Romanos 3:10-12); pero ha sido Dios en su misericordia y amor el que ha decidido que todo ser humano independientemente de su condición y pecado, puede ser lavado, santificado, purificado y justificado, llegando a tener parte con Él y siendo merecedor al igual que hoy tú y yo de toda su bondad, amor y provisión.

Es el anhelo de nuestro Señor y Salvador, que como sus discípulos y testigos tengamos su mismo sentir hacia todos aquellos que están hoy en oscuridad y perdición, que cambiemos nuestros pensamientos de crítica, acusación y condenación por sus pensamientos de gracia, amor y salvación.    Oración.

«Padre de amor, que todo el favor y el amor que he recibido de ti, sin tener ni haber tenido algún mérito para ello, me lleve a ver a cada pecador y a pensar de él, de la misma manera que tú a mí me viste cuando yo estaba en esa condición. Que el poder de tu Espíritu y tu Palabra hagan de mí ese fiel reflejo y transmisor de tu gracia, amor y salvación, por Jesucristo mi Señor y Salvador, amén.

sábado, 28 de diciembre de 2024

¡Jesucristo ha venido en carne!

 


¡Jesucristo ha venido en carne!

“Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.” 1 Juan 4:3-6

“en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 2 Corintios 4:4

¿Qué significa que Jesucristo ha venido en carne? La respuesta clara la tenemos tal como lo explica Filipenses acerca de Jesús “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). Siendo en forma de Dios y ser igual a Dios son dos expresiones contundentes acerca de la divinidad de Jesús, pero también refleja la naturaleza de la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo en una perfecta unidad y una relación eterna de amor, donde el verbo, Jesucristo, es enviado por el Padre para nuestra salvación, (Juan 3:16); es contundente también el Apóstol Juan en escribir por inspiración o revelación del Espíritu “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). La expresión “el Verbo era Dios” despeja toda duda de la naturaleza de Jesús y de la misión que tiene. Jesús no era solamente un profeta, aunque fue el mayor profeta de todos, Jesús no era un ser creado por Dios o una criatura de Dios, aunque Dios le preparó un cuerpo para su misión (Hebreos 10:5), sino que Jesús es Dios mismo con nosotros y vino a cumplir la misión de pagar por nuestros pecados y resucitar para nuestra justificación (Romanos 4:23-25)

Cuando reconocemos de corazón que Jesús es el Señor, estamos reconociendo que Él es “Dios con nosotros” (Isaías 7:14) y por la fe en Él, al escuchar y aceptar el evangelio de nuestra salvación, es ahora “Dios en nosotros” pues Él envía a su Espíritu a habitar en nuestro corazón (Efesios 1:13).

Hermanos, el espíritu del anticristo es el que actúa en todos aquellos que niegan esta verdad acerca de que Jesucristo vino en carne; aprovechemos toda oportunidad para explicar la verdad con toda mansedumbre, esperando que Dios les conceda el arrepentimiento a los que se oponen, para que sean liberados del lazo del maligno que los tiene cautivos (2 Timoteo 2:25-26).   Oración.

«Padre, cuánto me amaste para enviar a Jesús en forma de siervo, semejante a mí, el cual fue tentando en todo, pero sin pecado, para mostrarme y ser el único camino que conduce a ti, ahora por medio de la fe en Jesús soy liberado de toda esclavitud del pecado y de Satanás que me mantenía cautivo viviendo a mi manera; renuncio al maligno y a ser esclavo de mis propios deseos, ahora soy esclavo de Cristo y esta es ¡la verdadera libertad!, en el nombre de Jesús. Amen.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Bendecido y prosperado


Bendecido y prosperado

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:1-3

La Palabra de Dios (la Biblia) es el libro que Dios milagrosa y extraordinariamente ha escrito y preservado a lo largo de miles de años; y esto debe llamar nuestra atención, porque ¿qué habrá ahí tan importante para ser causa de semejante prodigio?

Pues bien, a grandes rasgos podemos decir que este libro es, el medio que Dios eligió para exponer su esencia y su voluntad, dando así a toda persona la oportunidad de tener el conocimiento necesario y suficiente para vivir una vida próspera y bendecida, puesto que dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:8.

Sin embargo, es necesario entender que, a partir del momento en que se empezó a escribir y hasta que se terminó, fue por inspiración del Espíritu Santo en cada persona que Dios usó (2 Timoteo 3:16), y desde luego para su comprensión, interpretación y aplicación es indispensable la revelación y obra del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14, Romanos 8:8-9). Hecho que solo es posible cuando creemos en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y por medio de Él nos acercamos a Dios, pues es solo gracias a Jesús que dio su vida para nuestra salvación, que podemos ser hechos hijos de Dios y herederos de toda bendición (Juan 1:12, Romanos 8:17).

Y entonces, teniendo nuestra nueva identidad como hijos de Dios, es cuestión de que escuchemos la voz del Padre y seamos obedientes a su Palabra, pues su promesa es que todo aquel que se deleita y medita en su ley cada día, será bendecido, prosperado, sostenido y afirmado.   Oración.

«Bendito Dios, gracias por el amor que puedo conocer cuando te busco a través de tu Palabra, gracias por tu esencia ahí declarada y porque por tu Espíritu y gracia, me permites comprenderla y experimentarla en mi vida. Toda la gloria y honra para ti en Cristo Jesús, amén.


jueves, 26 de diciembre de 2024

Ungir tus pies

 


Ungir tus pies

“Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.” Juan 12:1-3

Conforme crece nuestra relación personal con Dios y nuestro conocimiento de Él, se nos va revelando cada día más todo el amor con que el Señor nos ha amado, nos ama y nos seguirá amando (Jeremías 31:3). Es un caminar de su mano donde vamos siendo edificados, fortalecidos, perfeccionados, afirmados y establecidos en todo momento y en cada área de nuestra vida (1 Pedro 5:10).

Y es justamente esa plenitud que vamos experimentando en nosotros al poder ver y estar permanentemente con nuestro Dios, lo que hace que cada día ya no queramos vivir para nosotros mismos, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros (2 Corintios 5:14-15). Es su amor inagotable, incondicional, eterno y perfecto, lo que nos lleva y nos impulsa a tener vidas que sean como un perfume a los pies de nuestro Señor, vidas que unjan los pies de nuestro Dios.

Fue precisamente el amor, la grandeza y la misericordia de Jesús con Lázaro y sus hermanas, lo que llevó a una de ellas a derramar sobre sus pies el más auténtico y costoso de los perfumes; esta mujer dio al Señor lo que de su corazón brotó en aras de ofrecerle a Dios su más sincera y preciosa adoración, pues aun con sus cabellos los enjugó.

Hermanos, que en nuestro exterior de manera cada vez más clara y amplia, se refleje la obra y transformación que el Señor está haciendo en nuestro interior con su perfecto amor, pues es necesario que así como María, nuestras vidas también sean ejemplo y motivación a los que están a nuestro alrededor, de lo que una verdadera y personal relación con Dios puede llegar a hacer en un corazón.    Oración.

«Bendito Dios, en este día quiero adorarte y darte gracias por tu amor y fidelidad a lo largo de mi vida; gracias por permanecer en mí y por ayudarme a permanecer en ti. Anhelo que cada día más se vea reflejado en cada área de mi vida, todo el amor y la bondad que de ti he recibido, pues has impactado tanto mi corazón que quiero ser motivación para que otros también quieran conocer y experimentar tu amor, Señor, amén.

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Como Dios no hay dos

 


Como Dios no hay dos

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” Jeremías 31:3

“¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” Jeremías 23:24

A medida que profundizas en las Escrituras, vas conociendo los diferentes atributos de Dios, pero cuanto más profundices en tu relación con Él, más los vas experimentando en tu ser.

El único y verdadero Dios, en esencia posee lo que ni uno, ni muchos otros seres juntos pueden jamás llegar a tener. Como mencionamos, la Biblia nos revela todos y cada uno de ellos, pero para este devocional, solo recordaremos unos pocos.

El primero y más especial, el amor; Dios es un Dios de amor, 1 Juan 4:8 dice que Dios es amor, pero lo mejor, es que ese amor, Dios nos lo manifestó por medio de su Hijo y más extraordinario aún, ese amor lo ha derramado en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo (1 Juan 4:9, Romanos 5:5). De modo que, Dios es amor, Dios nos amó y Dios nos llenó de su amor para que lo compartamos a otros amándolos como Él nos ha amado (1 Juan 4:11).

Continuando, tenemos a Dios como Sanador, Salmo 103:3 dice “Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias;” Realmente tenemos un Dios todopoderoso capaz de sanar, física, emocional y espiritualmente si así lo elegimos creer (Marcos 5:34).

Ahora bien, la grandeza y el poder de Dios son innegables, el Salmo 145:3 dice “Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.” Es maravilloso saber que esta grandeza de Dios que es realmente imposible de entender en su totalidad por la mente humana, el Señor nos la quiera revelar pero más allá de solo un conocimiento teórico o intelectual, porque su voluntad es que la vivamos de manera experiencial por medio del Espíritu Santo que actúa en nosotros (Efesios 3:20).

Estos y tantos más atributos divinos, son los que Dios te quiere revelar para que tú, conociendo a tu Creador, seas llevado a una vida de total plenitud y bendición. Así que, encuentra en cada momento o circunstancia de tu vida la oportunidad de conocer en más profundidad y cantidad los atributos del único Dios eterno y verdadero (Colosenses 1:16-17, Isaías 40:28).    Oración.

«Amoroso Dios, en este día quiero alabarte y exaltarte por todo lo que tú eres, Señor; Dios bueno, Santo, Justo, Fuerte, Poderoso, Misericordioso; mi estandarte, mi roca firme, mi sanador, mi proveedor; Dios de paz, Dios de amor, el gran YO SOY; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu; todo honor y toda gloria para ti, Señor, amén.

martes, 24 de diciembre de 2024

Salud, paz y prosperidad

 


Salud, paz y prosperidad

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Lucas 2:8-14

Salud, paz, prosperidad, alegría, y otros más son los deseos que solemos escuchar por estas fechas de Navidad; sin embargo, para la mayoría de personas que los reciben y también los dan, no pasan de ser más que bonitos y pasajeros deseos, por cuanto carecen de un firme fundamento. Realmente se desconoce el significado profundo y trascendental de la palabra “Navidad”

“Navidad” significa “nacimiento”, y en este caso particular nos estamos refiriendo al nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios que fue enviado a la tierra para dar salvación y vida eterna (Juan 3:16). Observamos en el pasaje bíblico de hoy, el momento en que se les anuncia por parte de un ángel del Señor a tres humildes pastores, el nacimiento de El Salvador, y dice la Escritura que una vez el ángel les comunicó la buena noticia, repentinamente aparecieron ejércitos celestiales alabando y glorificando a Dios, por la buena voluntad que tuvo hacia la humanidad, “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

De modo que, es el nacimiento de Jesucristo, el único y verdadero fundamento que nos da la certeza y seguridad de que a nuestra vida puede llegar y podremos disfrutar de amor, gozo, paz, salud, prosperidad y toda bendición, pues fue la buena voluntad de Dios para la humanidad enviar a su Único Hijo al mundo para que todo aquel que crea en Él y lo reciba en su corazón como su Señor y Salvador, sea adoptado como su hijo y hecho partícipe y heredero de las riquezas del reino celestial (Juan 1:12, Colosenses 1:13, Filipenses 4:19). De manera que, si tú hoy anhelas que tu vida y la de todos tus seres queridos sean llenas de todo buen regalo y todo buen deseo, permite que Jesús nazca en tu vida e invita a los otros para que con una sencilla y sincera oración le pidan al Señor Jesucristo que hoy nazca en su corazón.    Oración.

«Bendito Dios, gracias, gloria y honra para ti, por la gran dádiva y la gran misericordia que has tenido con todo pueblo de la tierra, te alabamos y te bendecimos por enviar a tu Hijo Jesucristo. Hoy digo con mi boca y creo en mi corazón que tú, Señor Jesús, eres mi Señor y Salvador, mi corazón hoy quiere ser ese pesebre donde tú ahí nazcas, pero sobre todo, que permanezcas, pues este duro, frío y vacío corazón necesita que Tú lo vengas a llenar y transformar con tu perfecto amor, amén.

lunes, 23 de diciembre de 2024

Limpieza física

 


Limpieza física

“sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.” Juan 13:3-5

“Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” Juan 13:12-15

Según dice la Palabra de Dios, nosotros los creyentes por la fe en Jesús y en su Palabra, ya hemos sido limpiados completamente, su sangre nos limpia de todo pecado y el obedecer su Palabra mediante el Espíritu purifica nuestras almas (1 Juan 1:7, 1 Pedro 1:22). Pero, suele pasar que así como cuando caminamos físicamente se ensucian nuestros pies, de manera espiritual también nos puede suceder.

Espiritualmente, ensuciar nuestros pies se trata básicamente al hecho de equivocarnos o cometer errores en nuestra manera de ser; ejemplo, si alguna persona es grosera con nosotros, nuestra respuesta suele ser, según dice Dios que debemos hacer, es decir, practicando la humildad, la mansedumbre y el dominio propio para no responder igual o peor (1 Pedro 2:15-16); sin embargo, puede llegar el día que por algún motivo no respondamos de manera sabia, sino de manera necia, quizás con ira, gritería, maledicencia u otros, y entonces ensuciemos nuestros pies. Ahora bien, ¿qué es lo siguiente que debemos hacer?

Bueno, existen dos posibles escenarios, o eres el de los pies sucios o eres quien observó cómo uno de tus hermanos se los ensució. En el caso de ser tú el observador, lo que el Señor nos enseñó y también ejemplo nos dio, fue a que aprendiéramos a lavarnos los pies los unos a los otros; de manera que, nuestro actuar ante esto, no es precisamente criticar o condenar al otro, sino mejor, perdonarlo, restaurarlo y levantarlo, es decir, limpiarlo; la Palabra de Dios en Gálatas 6:1 nos dice “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

Finalmente, si has sido tú el que ensució sus pies, con toda la confianza y seguridad al saber que Jesús se entregó por ti para lavarte, purificarte y santificarte, acércate hasta Él y en un momento de intimidad y confesión permite que al igual que a sus discípulos en aquel tiempo, a ti también te lave tus pies.   Oración.

«Señor, al igual que Pedro en aquel tiempo, me escandalizo de solo pensar que tú quieras lavar mis pies, sin embargo, medito y sé que no solo ya has lavado mis pies, sino también todo mi ser; te alabo y te bendigo, Dios; recibe toda mi gratitud y adoración por tan grande ejemplo y amor, amén.