martes, 15 de octubre de 2024

Sal de la cueva

 


Sal de la cueva

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender”. Salmos 139:1-6

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”. Salmos 139:7-12

Este salmo nos quita las máscaras del engaño y la hipocresía que a veces estorban nuestra relación con Dios y la vida de la iglesia; pues Él sabe y conoce todo de nosotros, nuestros más íntimos pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. Es un Dios omnisciente. Nos lo enseña no con conceptos abstractos, sino con hechos concretos de la vida cotidiana. Él nos examina y puede discernir nuestras necesidades más íntimas. Es una verdad maravillosa saber que nos conoce personalmente, no somos un número más, somos sus hijos, sabe cuándo nos levantamos, nos sentamos, caminamos y nos acostamos, es decir la totalidad de nuestro día.

Aún más, lee nuestros pensamientos, conoce nuestros proyectos, sueños, deseos, anhelos y propósitos. Nada se escapa de su conocimiento, esto debería alegrarnos, al saber que su Presencia jamás se va; como dice el salmista “Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano”, manifestando de esta manera su protección y cuidado que nos da seguridad. Nuestra mente finita no alcanza a comprender cómo sabe todas las cosas, Él conoce detalles de millones de personas a la vez.

Dios es omnipresente; está donde quiera que nosotros vayamos, donde está el Espíritu de Dios, allí también está su Presencia. No hay lugar en el universo donde uno pueda escapar de Él, su Presencia es infinita, todo hace parte del universo que Él creó y que señorea. No podemos huir de Dios, en cualquier situación por oscura que sea, nos asirá con su diestra, nos sostendrá y nos guiará.

Recordemos cuando Elías huyó porque tenía miedo y se escondió en una cueva; era un hombre de carne y hueso, sujeto a las mismas pasiones y necesidades espirituales que nosotros, estaba amenazado de muerte y perseguido por la incredulidad de Israel. Es aquí donde Elías se encuentra con Dios. Y es aquí donde Dios le hace dos veces una pregunta: “¿Qué haces aquí, Elías?”, y le ordenó: “Sal fuera y ponte sobre el monte en presencia del Señor”. (1 Reyes 19:9,11,13)

Esa misma pregunta nos la hace hoy: ¿Qué haces aquí?; no sé qué situación nos tiene escondidos en la cueva, pero es el momento de salir y escuchar su voz. Entremos en su Presencia, solo ahí encontraremos su respuesta, su dirección y su respaldo, su amor inagotable es nuestra defensa.    Oración.

«Señor gracias porque tu Presencia irá conmigo y me darás descanso; gracias por caminar a mi lado y por no dejarme. Aunque las situaciones parezcan difíciles, no puedo huir ni esconderme de los problemas, porque todo lo sabes y conoces cada pensamiento en mi mente, tengo la certeza de que tu diestra me asirá para que no resbale, ni caiga, Amén.

lunes, 14 de octubre de 2024

Un lugar tranquilo

 


Un lugar tranquilo

“Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto”. Marcos 6:30-32

En un mundo como el de hoy, lleno de responsabilidades, de ir de un lado para el otro sin parar, es bueno que bajemos el ritmo para que el Señor nos renueve. La verdadera renovación viene de pasar tiempo en su presencia para que nos llene de su paz.

Veamos el pasaje de hoy. Los discípulos están en el punto más intenso de su experiencia al lado de su Maestro; habían viajado por largo tiempo, Él había predicado a multitudes y ministrado en sus vidas, trayendo liberación, sanidad física y restauración espiritual, en muchos lugares; y a medida que se corría la voz de que Jesús estaba ahí, el ministerio se intensificó y trabajaron mucho, pues las personas lo buscaban cada vez más.

Sin embargo, Jesús al observar a sus discípulos tan exhaustos, interviene y les hace una hermosa invitación: “Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco”. Esto es un bálsamo para nuestros oídos cuando hemos trabajado incansablemente en la obra de Dios y necesitamos un respiro para conectarnos con el dueño de la obra. Jesús sabe de nuestro trabajo y de lo fatigante que a veces puede llegar a ser, por eso, escucha su voz.

Llevar la carga espiritual de nuestra familia, orar constantemente por nuestros hijos, esposos (as), amigos, y cuidar pastoralmente a los que Dios ha colocado a nuestro cargo, implica estar recargados espiritualmente para hacer nuestra labor no en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios; necesitamos entonces tiempos de quietud en la presencia del Señor.

Jesús conoce nuestro nivel de cansancio espiritual, emocional y aun físico; y quiere invitarnos a renovar fuerzas, a alentarnos con su Palabra para que podamos continuar. Cuando nuestra tarea espiritual se vuelve una carga es porque la estamos haciendo en nuestra carne, y así no veremos resultados. Recordemos que la obra es de Dios y Él anhela que seamos guiados siempre por su Santo Espíritu. Es un llamado a hacer un alto y refugiarnos en su presencia amorosa, Él es nuestro lugar de descanso, es nuestro escondite en nuestras preocupaciones y del afán de la vida, Salmos 62:5-6. Hoy nos invita a buscarle primero y Él suplirá lo que nos falta. Hagamos del Señor nuestra prioridad y en nuestro agotamiento o fatiga espiritual el Señor nos dará descanso.   Oración.

«Gracias mi Dios por escogerme como tu habitación, por morada de Dios en el Espíritu; hoy le digo a mi alma: “reposa en el Dios de tu salvación”; porque Él es mi esperanza y mi roca fuerte. Quiero deleitarme en tu Presencia y renovar mis fuerzas; Espíritu Santo fortaléceme en mi interior, solo quiero estar contigo, hoy no vengo a pedir, vengo a descansar en ti. Amén.

domingo, 13 de octubre de 2024

Ser dirigidos por Dios

 


Ser dirigidos por Dios

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”. Salmos 25:4-5

Este salmo surgió de la experiencia personal de David cuando estaba pasando por problemas y dificultades y proporciona un consuelo para todos nosotros en este momento, pues hay momentos en la vida que no sabemos qué camino coger, qué decisión tomar y necesitamos depender absolutamente de Dios.

Cuando el salmista le dice a Dios encamíname en tu “verdad” esta palabra viene del hebreo “emet” y significa certeza, estabilidad, confiabilidad, lo justo; lo que implica que está buscando confianza, firmeza y seguridad en Dios. Y es lo que necesitamos en este momento en un mundo de tanta confusión, donde la verdad se ha vuelto relativa y las personas no saben en quién creer. Podemos confiar enteramente nuestra vida en la verdad de Dios, porque la verdad es Jesucristo. En Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Hay dos caminos por los cuales el hombre puede transitar hoy: el camino de Dios, o su propio camino. Dios nos da la opción de elegir. Todos podemos andar por el camino que elijamos, pero recordemos lo que dice el libro de Proverbios 14:12 “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.

David le suplica a Dios que le muestre el camino. Oró para que la verdad de Dios lo preservara, porque la verdad constituye el sostén del principio y el fin de toda creación. Buscar la verdad es aspirar a la plenitud de Dios; conocer la verdad significa experimentar vida, que ha de traducirse en amor; poseer la verdad nos compromete a servir en amor; “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. Conocer la verdad nos libra de la mentira y el engaño del mundo.

¿Por qué este énfasis en la dirección de Dios? Todo el Salmo da la respuesta: cuando el enemigo ataca, es cuando uno más necesita una dirección específica de Dios. Indica tres aspectos indispensables de este camino: caminar en la verdad de Dios; caminar con su presencia; y una confianza constante en Él. Para ser dirigidos por Dios hace falta una mente humilde y abierta a Él.   Oración.

«Cuán grande es tu bondad Señor para conmigo, en estos momentos de incertidumbre en el mundo, donde todos parecen tener la verdad, quiero saber qué hacer. Por eso, guíame por sendas de justicia por amor de tu nombre, porque ciertamente el bien y la misericordia me guiarán todos los días de mi vida. Espíritu Santo guíame cada día a la verdad y conforta mi alma con tu Palabra y con la certeza de que eres fiel. En el dulce nombre de Jesús, amén.

sábado, 12 de octubre de 2024

Es el único digno de confianza

 


Es el único digno de confianza

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” Hebreos 13:8

¿Alguna vez nos han defraudado y traicionado? Creo que muchas veces, pues los humanos somos poco confiables. Difícilmente mantenemos nuestra palabra y cumplimos nuestras promesas y defraudamos a otras personas que confían en nosotros. Experimentar la pérdida de la confianza es algo doloroso en nuestras relaciones interpersonales, pues esto afecta todo nuestro ser. Nos volvemos recelosos y en el futuro nos es difícil volver a confiar.

Cuando se trata de nuestra relación con Dios, a veces proyectamos nuestras experiencias pasadas con personas imperfectas y nos cuesta confiar en Él, que es perfecto. Nos es difícil confiar en Dios porque nuestros padres u otra figura de autoridad nos lastimaron, o pensamos que no ha respondido a nuestro clamor cuando más lo necesitamos. Aunque el dolor de esas experiencias son reales, nunca debe cambiar lo que Dios es.

Su Palabra nos enseña porqué debemos confiar en Él:

1) Él nunca cambia. Malaquías 3:6 dice: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”. Él es consecuente con su amor y su amor es eterno, por eso, ha prolongado su misericordia sobre nosotros, Jeremías 31:3.

2) Siempre cumple lo que dice. “Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”, 2 Corintios 1:20.

3) Nunca nos deja, ni nos abandona. “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”, Hebreos 13:5.

4) Nada de lo que hagamos hará que se aleje de nosotros. Nada nos puede separar de su amor, Romanos 8:38-39.

5) Todo lo bueno proviene de Él. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”, Santiago 1:17.

6) Él es especialista en restaurar, redimir y darnos un propósito, Romanos 8:28; Filipenses 1:6

Estas son solo algunas de las razones por las que debemos confiar completamente en Dios.

Escudriñemos la Escritura para que sigamos descubriendo cuán confiable es nuestro Cristo y pongamos nuestra esperanza en Él.    Oración.

«Amado Jesús, el mundo puede cambiar constantemente, pero tú no. Ayúdame a superar mis decepciones y a poner mi mirada solamente en ti; gracias por ser absolutamente confiable. Permíteme continúe afianzando mi fe y mi confianza en ti. Gracias porque aún mis experiencias negativas las usarás para bien. En el nombre de Jesús, amén.

viernes, 11 de octubre de 2024

Levántate y resplandece

 


Levántate y resplandece

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”. Isaías 60:1-3

Aunque estas resplandecientes promesas mesiánicas de restauración traerían esperanza a Israel en el cautiverio, en sentido amplio, tenían un significado mesiánico y escatológico, para los tiempos finales, indica que Jesús volverá y dará cumplimiento a todas las palabras que están escritas sobre las naciones. El plan de Dios con el regreso de su Hijo se cumplirá plenamente. Hay oscuridad y tinieblas en el mundo que solo pueden ser disipadas con la venida del Redentor a Sion, y entenderemos entonces que nada, ni nadie podrá impedir el desarrollo de su plan y Él juzgará el pecado.

Ha llegado la luz de la cual habló el profeta Malaquías 4:2-3, diciendo: «Mas para vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos». Malaquías dijo que en los últimos días Jesús, “el sol de justicia”, el Redentor, vendrá y será como el sol que irrumpe en la oscuridad de la medianoche. El profeta ve desde lejos el primer adviento de Cristo, y la salvación que aguarda a todos los que en Él creen. Pero también vislumbra el Segundo Adviento de Cristo, con el juicio final de los impíos, y la salvación eterna de los que temen su nombre. La nación de Israel, en aquel día, reflejará la luz de su gloria aquí sobre toda la tierra. Mientras tanto, la Iglesia habrá ido a estar con Cristo.

Jesús es el sol de justicia que ha venido a cada persona que ha creído en Él por la predicación del evangelio en estos tiempos, que alumbra y esclarece toda oscuridad de nuestras vidas; pero también es el sol de justicia que vendrá en su segunda venida a juzgar a aquellos que lo rechazaron. Su iglesia presente en este momento debe reflejar la luz y la gloria de Cristo que ha nacido sobre ella, por eso levantémonos y resplandezcamos, para hacer presente el reino de Dios en esta tierra, y darle la oportunidad a muchas personas que salgan de la oscuridad que los envuelve y resplandezca en ellos la luz de Cristo.    Oración.

«Mi Dios Todopoderoso, hoy creo en tu Palabra, por eso voy a levantarme y a resplandecer. Jesús, porque vives en mi corazón haces que brille tu luz en medio de cualquier oscuridad y me muestras tu gloria. Tú me dices: “no te he dicho que si crees verás la gloria de Dios”. Dame la fe necesaria para ver tu poder actuando a través de mí. Hoy, en el nombre de Jesús me deshago de toda fortaleza en mi mente de incredulidad, duda, engaño, temor y pesimismo y me determino a confiar plenamente en tus promesas, amén.

jueves, 10 de octubre de 2024

Vida de Obediencia. Parte 2

 


Vida de Obediencia. Parte 2

 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Hebreos 4:12-13

¿Cómo podemos ser personas obedientes? El primer paso para vivir en obediencia es “escuchar”. A veces oímos tanto ruido a nuestro alrededor, que se nos dificulta escuchar la voz de Dios. Cuando nos disponemos a hacerlo y atendemos sus palabras permitimos que estas entren a lo profundo de nuestro interior y se haga un cambio radical en nosotros, porque discierne nuestros pensamientos y las intenciones de nuestro corazón.

El Padre celestial amorosamente nos pide en Proverbios 3:1-2 “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán”.

El segundo paso es “accionar”, es hacer lo que Él nos dice. La Biblia contiene los grandes testimonios de hombres y mujeres que se determinaron a obedecer a Dios. “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”, (Santiago 1:22). No podemos engañarnos a nosotros mismos escuchando primero la Palabra de Dios y después haciendo lo que queremos. Hoy debemos determinarnos a andar en los caminos de Dios y a abandonar todo aquello que nos impide obedecer.

El tercer paso es “permanecer”. Juan 15:7 nos dice “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. El Señor nos pide ser fieles hasta el fin y darle el primer lugar a Él. ¿Qué haremos el día que el Señor venga si no permanecemos? Cuando permanecemos es porque hemos sido precavidos como el que construyó su casa sobre la roca firme. Nos hemos edificado sobre Jesucristo que es el verdadero fundamento. Tenemos un Dios bueno que debemos honrar, que nos escucha y nos exhorta a poner por obra su Palabra, un Dios que nos sostendrá y nos sacará adelante, que abrirá camino en medio de la dificultad y nos pastoreará siempre y en cualquier sequía saciará nuestra alma (Isaías 58:11).    Oración.

«Señor, hoy te ruego humildemente que me des hambre y sed por tu Palabra, ayúdame a vivir para ti y construir mi vida, la vida de mi familia y la de la iglesia bajo la autoridad de tu Palabra, que es la base firme que necesitamos obedecer para avanzar y seguir adelante con tu llamado y con tu propósito. Dame la capacidad de escuchar, accionar y permanecer en tu Palabra para ponerla por obra, acrecienta hoy mi fe al oír tu Palabra, en Cristo Jesús, amén.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Vida de obediencia. Parte 1

 


Vida de obediencia. Parte 1

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”. Mateo 7:24-27

La clave de la vida cristiana es la obediencia a nuestro Padre Dios. Jesús fue muy claro con esta enseñanza, prácticamente dijo: “el que escucha lo que enseño y hace lo que yo digo es el que obedece”. Y esto es tan cierto, pues podemos escuchar mucho la Palabra de Dios, pero si no la llevamos a la práctica entonces de nada nos sirve. El deseo de Dios es que nos vaya bien en todo, pero el secreto es la obediencia.

Este pasaje nos habla de construir nuestra vida sobre roca firme y no sobre arena, esto depende de cuanto escuchamos y hacemos lo que Dios dice. Podemos ser aquella persona que sabe escuchar y hace lo que el Señor pide; entonces, pueden venir todas las adversidades y fuertes tormentas, y podemos resistir. El secreto es en qué base estamos parados, en qué fundamento hemos construido nuestra vida espiritual.

También podemos ser esa persona que escucha, pero no hace lo que Dios le dice, sino lo que a bien le parece, es un insensato, su base es arena y cuando viene la lluvia y el viento con todo su ímpetu su casa espiritual cae y queda destruida.

Jesús siempre habló con toda autoridad por eso debemos escucharlo y obedecerlo. En la vida de la iglesia las personas que caminan firmes, que les pasan situaciones, pero permanecen, es porque aprendieron a obedecer. El anhelo de Dios es que nos vaya bien siempre y que aun en medio de vientos borrascosos nosotros nos levantemos y sigamos firmes. El Señor Jesús en Apocalipsis 2:10 nos desafía a ser fieles hasta la muerte, dice: “no temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.

La vida cristiana es un gran proyecto de construcción, por eso debe hacerse en un terreno firme y seguro para que soporte la estructura. Sabemos que nuestro fundamento es Cristo, nuestra Roca firme, se trata de obedecer entonces sus palabras que son espíritu y son vida, (Juan 6:63). Tengamos en cuenta que Cristo está puesto como cimiento y toda otra cosa fuera de Cristo es arena. El Señor nos haga constructores sabios para la eternidad. Entonces, nada nos separará de su amor.  Oración.

«Mi amado Jesús, es mi anhelo construir mi vida, la de mi familia y la de la iglesia sobre terreno firme, gracias por ser el cimiento de mi vida espiritual, ayúdame a escuchar tu Palabra, ser sabio y entendido para obedecerte en todo. Que mi corazón sea ese buen terreno donde tu Palabra caiga y produzca fruto. Espíritu Santo dame la disposición total de obedecer lo que me enseñas en tu Palabra, en el nombre de Jesús, amén.