miércoles, 9 de diciembre de 2020

¿Me amargo o perdono?

 


¿Me amargo o perdono?

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:31-32

Cuando nos ofenden o nos sentimos ofendidos por alguien, generalmente tenemos dos opciones, perdonar o no perdonar. Perdonar, implica dejar ir; no perdonar, implica retener. Pero ¿qué es lo que debemos dejar ir o retener? ¿Será la acción o la reacción? ¿Cuál será mi parte? Evidentemente yo tengo el dominio sobre lo que hago, digo, siento o pienso y no sobre lo que los demás hicieron o dijeron, es por eso que aquello que puedo y debo dejar ir es mi reacción, esa emoción o sentimiento negativo que produjo en mí esa acción.

Imaginemos que cada vez que nosotros pecamos y vamos a la presencia de Dios a pedir perdón, nuestro Padre recuerda una y otra vez el momento en que su Hijo amado fue pisoteado, escupido y crucificado por nuestros pecados. ¿Cómo quisiéramos que el Señor reaccionará al recordar ese momento?, ¿quisiéramos que Él nos amara y perdonara por la sangre que derramó su hijo en la cruz, o mejor que sintiera odio, enojo, ira o amargura y no nos perdonara por la misma sangre que derramó su hijo en la cruz? Finalmente ¿cuál es su elección? Indudablemente amarnos y perdonarnos.

¿Qué hemos de hacer nosotros? Amar y perdonar. ¿Para qué guardar, amargura, enojo, ira, rencor u odio en nuestro corazón? Son sentimientos que solo nos atan y nos destruyen. La palabra de Dios hoy nos exhorta a que seamos misericordiosos y nos perdonemos unos a otros como Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo Jesús.  Oración.

«Papito Dios, gracias Señor por Cristo Jesús en quien tengo el perdón de mis pecados, gracias por tanto amor en tu Hijo, el cual enviaste para mi salvación, permíteme Padre perdonar como Cristo me enseñó, y cada día honrarte más y más. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 8 de diciembre de 2020

Ser sabio

 

Ser sabio


“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” Proverbios 9:10

Muchos de nosotros, los seres humanos, pasamos gran parte de nuestra vida tratando de resolver interrogantes, de encontrar un porqué, lo que es verdad o buscando conocimiento para llegar a ser “alguien en la vida”; y en muchas ocasiones, después de haber estudiado por muchos años consecutivos, nos damos cuenta que nos quedamos en lo técnico, lo matemático, las hipótesis y todo aquello que al final termina siendo tan superficial; que luego, cuando encontramos la verdadera sabiduría e inteligencia, decimos “si esto lo hubiese sabido o me lo hubiesen enseñado antes, no había cometido tantos errores en mi vida”.

Y es que hay dos tipos de sabiduría, la terrenal y la que viene de lo alto (Santiago 3:14-17). La terrenal, por su parte, encierra todos aquellos conceptos que llenan mi mente; la que desciende de lo alto o del cielo va mucho más allá, pues ésta no solo llena o aumenta mi capacidad intelectual, sino que además de esto edifica mi corazón, puesto que el corazón también piensa y decide (Proverbios 16:9, 2 Corintios 9:7). Pero, ¿dónde me enseñan esta sabiduría o como la puedo hallar?, Proverbios 9:10 “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.”

Te invito hoy para que leas la Biblia y te acerques a la fuente de toda sabiduría e inteligencia, ahí aprenderás de Dios y de todos sus maravillosos, poderosos y eficaces pensamientos y principios que, llevados a la práctica, serán tu mejor carta de presentación y con toda seguridad te ayudarán a ser no solo “alguien en la vida” sino un ser que le encuentre verdadero sentido a su vida.    Oración.

«Papito Dios, te alabo y te bendigo por la misericordia que has tenido al dejarnos tu palabra, a través de la cual te conocemos y nos enseñas a tener una relación personal e íntima contigo, gracias Señor; bendito y alabado seas Tú por los siglos de los siglos, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 7 de diciembre de 2020

 


El corazón alegre es buena medicina

“El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos.” Proverbios 17:22

“Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.” Salmos 19:8

Hay momentos en nuestra vida donde sentimos que se secan nuestros huesos por la tristeza, angustia, depresión y todas esas emociones o sentimientos de nuestra alma que son tan profundos, que llegan a afectar nuestra salud; de hecho, se han conocido muchos testimonios donde el dolor, incomodidad o limitación física en algunas personas eran por causa de cargas emocionales, situaciones donde había falta de perdón, rencor, envidia, entre otros. Adicional a esto, la Biblia también lo dice, en el libro de proverbios nos lo señala claramente, dice que el corazón que está contento, alegre o gozoso constituye buen remedio, pero que el espíritu o el ánimo triste seca los huesos o resta energía. Es decir, que el dolor emocional es igual o mucho más impactante en nuestra vida que el mismo dolor físico, pues en muchas ocasiones el dolor emocional lleva al físico.

Por lo que, a ese fuerte dolor emocional hay que prestarle la suficiente atención y cuidado, y el remedio o cuidado que nos brinda hoy Dios a través de su palabra es el siguiente: Salmos 19:8 “Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.”; esto quiere decir que, para que gocemos de buena salud, es importante poner en práctica lo que Dios nos dice a través de su palabra, porque sus principios traen alegría al corazón y un corazón alegre es la mejor medicina.   Oración.

«Papito Dios, tu Palabra Señor es mi medicina, mi alimento diario y mi esperanza; te pido Padre que me ayudes a estudiarla cada vez más para poder entenderla y vivirla de manera experimental, que me hagas un fiel testigo del poder y la eficacia de ella. Gracias Señor, porque sé que, si te pido algo conforme a tu voluntad, tú me oyes, y si me oyes ya puedo estar seguro de que me darás lo que te he pedido, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 6 de diciembre de 2020

Somos Luz, somos Sal

 

Somos Luz, somos Sal


“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.” Mateo 5:13

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.” Mateo 5:14

Hoy en día se habla de “toxicidad” o “personas tóxicas” y se dice que son aquellas personas que no le aportan nada positivo a tu vida y que mas bien son como parásitos que te debilitan, te desaniman, roban tu paz, tu alegría y tu esperanza; pues ellas viven así y de alguna forma persuaden a los demás para que también vivan en ese desánimo y en ese mundo triste y oscuro; pero, ¿nos hemos tomado un momento para pensar por qué estas personas viven y quieren que los demás vivan así? o ¿solamente las miramos como personas que debemos sacar de nuestra vida, ignorar, señalar o criticar?

La palabra de Dios dice que nosotros somos luz en medio de tanta oscuridad, nos dice que somos sal, aquellos que le damos sabor no solo a nuestras vidas sino a la de las personas que nos rodean. Por esto, la mención de hoy sobre aquellas “personas tóxicas” no es precisamente para criticar, juzgar o señalar; todo lo contrario, es un llamado a la empatía, a ponernos en los zapatos de los demás e importarnos su situación, es un alto para dejar de pensar en mí y por un momento pensar en el otro, en cómo lo puedo ayudar y ser lo que Dios dice que debo ser en los demás, dejar a un lado la defensiva y poner en lo alto esa luz que hay en nosotros para que pueda alumbrar la vida del otro.

Nosotros tenemos a Cristo en nuestro corazón y su Santo Espíritu habitando en nosotros, tenemos todo para irradiar no solo luz sino amor, gozo, paz, esperanza y todo ese sabor característico al ser la sal de la tierra. Así que nuestro deber no es precisamente rechazar a aquel que no le halla sentido a su vida; por el contrario, es compadecernos de aquella persona y ayudarle a encontrar el sentido a su vida, presentándole a aquel que le da sentido a la nuestra, a Cristo Jesús, nuestra luz (Juan 8:12)     Oración.

«Padre, me amas y me has dado todo para vivir una vida en victoria, amor y esperanza. Gracias por tu palabra que es donde encuentro la verdad que derrumba toda mentira. Ayúdame Señor a creer lo que Tú dices de mí y no lo que los demás dicen; bendice mi vida y permíteme ser bendición para las personas que me rodean, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 5 de diciembre de 2020

En el Amor no hay temor

 

En el Amor no hay temor


“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” 1 Juan 4:18-19

La palabra de Dios nos dice “En el amor no hay temor” y nos está hablando de nuestra relación con Dios; en el versículo 19 dice “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero”. Pero es muy curioso porque esto también se cumple exactamente en nuestra relación con los demás y el ejemplo claro, común y sencillo lo vemos con los niños; cuando ellos hacen alguna travesura y tienen la certeza del amor de sus padres, van y con toda sinceridad le cuentan lo sucedido, saben que sus papás los aman y punto, no hay nada por encima de eso. Pero caso contrario es cuando ese niño o niña no le cuenta a sus padres aquello que hizo mal, quiere decir que prevalece más el temor, el temor al castigo o el temor al regaño; es decir, que aquel niño no ha sido perfeccionado en el amor, porque como dice la palabra de Dios hoy “el perfecto amor echa fuera el temor”. Papá, Mamá, perfeccione ese amor en su hijo, dígale que lo ama, lo perdona, que su amor por él o ella es más importante que cualquier otra cosa.

Lo mismo sucede con nosotros como hijos de Dios, cuando cometemos pecado y huimos de Dios o no lo confesamos, es sencillamente porque no hemos CONOCIDO y EXPERIMENTADO el verdadero AMOR de Dios, nos falta ser perfeccionados en el amor, escudriñar las escrituras y apropiarnos del gran amor de Dios. (2 Pedro 1:7-9)

Le tememos al castigo como si nuestro Dios fuera un Dios injusto, iracundo o malo, cuando en realidad es todo lo contrario; la Biblia nos lo revela claramente, nuestro Dios y Padre es amor, es perdón, es justicia, también es disciplina porque ¿qué Padre que ama no disciplina? Hebreos 12:6-7.

Así que, no temamos, acerquémonos a nuestro Padre con total confianza y certeza de su gran amor; recordemos lo que dice el versículo 18 “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”   Oración.

«Papito Dios, clamo a ti “Abba Padre” porque me has dado tu Espíritu, me has amado tanto que tu amor lo derramaste en mi corazón por medio de tu Santo Espíritu, ¡cuán grande amor mi Dios! Te pido Padre que me ayudes a experimentarlo cada día de mi vida. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 4 de diciembre de 2020

Juzgar

 


Juzgar

“Porque, aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.” 1 Corintios 4:4-5

Pablo en su carta a los Corintios, inspirado por el Espíritu Santo, enseña que no debemos juzgarnos ni juzgar nada antes de tiempo, es decir, antes que el Señor vuelva; y se pone como ejemplo él mismo, dice que aunque su conciencia esté limpia o, en otras palabras, que aunque él considere que ha realizado todo correctamente y que no tenga nada porqué ser juzgado de los hombres, eso no quiere decir que para el Señor también sea así. Puesto que es Cristo el único que puede manifestar las intenciones de cada corazón, es quien tiene la autoridad y sabiduría para revelar nuestros secretos más oscuros y nuestras intenciones más íntimas. Jeremías 17:9-10 dice “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.”

Ahora, si no tenemos la capacidad de juzgarnos a nosotros mismos, tampoco tenemos el derecho o la autoridad de criticar orgullosamente el obrar de los demás, pues “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” Santiago 4:12. Además, es también una exhortación a no atemorizarnos en caso de que seamos juzgados por otras personas; como ya hemos visto, solo Dios puede hacerlo justamente.

Así que hermanos, no nos envanezcamos si creemos estar realizando todo correctamente; y por supuesto, tampoco juzguemos el proceder de nuestro prójimo, esperemos al Señor juez justo que dará la alabanza que a cada uno corresponda.  Oración.

«Padre bueno y justo, te doy gracias mi Señor porque me enseñas que Tú eres el único juez justo, que no debo juzgarme, juzgar a los demás, ni atemorizarme si soy juzgado por otros; gracias Señor porque sé que debo esperar en ti y en tu misericordia. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 3 de diciembre de 2020

Como para Dios y no para los hombres

 

Como para Dios y no para los hombres


“Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.” Efesios 6:5-8

“Como para Dios y no para los hombres”, debe ser nuestra motivación en absolutamente todo lo que hagamos, ya sea en las labores de la empresa, nuestro servicio en la congregación, asistiendo a un familiar, los quehaceres del hogar, el colegio, la universidad y todas esas actividades comunes y corrientes que a diario realizamos y que muchas veces sentimos que no somos valorados, que no tiene sentido hacerlo, que solo nos critican, que no es algo digno para mí, que tal vez merezca un mejor cargo o un mejor salario.

El Señor en este pasaje nos exhorta y nos anima a hacer cada uno de estos deberes como para Él y no para los hombres, con toda humildad y respeto a nuestros jefes terrenales, de buena voluntad, es decir, siempre con una buena actitud, reflejando en nosotros ese amor, ese gozo y esa paz que Dios nos ha dado como fruto de su Santo Espíritu (Gálatas 5:22, Romanos 5:5), siendo conscientes y teniendo la plena seguridad de que del Señor recibiremos nuestra recompensa, conforme al buen servicio o al bien que hagamos.

Si consideramos que no tenemos el trato o el pago justo por nuestros servicios, recordemos que nuestro jefe superior, el Amo de todos, está en los cielos y Él sí que es verdaderamente justo y fiel.   Oración.

«Padre Dios, en este día Señor, me presento delante de ti con la libertad que Cristo me ha dado, a alabarte Señor, a darte gracias, a pedirte perdón y a encomendarte todas las actividades del día de hoy; se Tú delante de mí en todo momento. Que así sea en el nombre de Cristo Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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