lunes, 21 de julio de 2014

Filipenses 4:21-22

Filipenses 4:21-22


Saluden a todos los santos en Cristo Jesús.  Los hermanos que están conmigo les mandan saludos.  Saludos de parte de todos los santos especialmente los de la casa del emperador.  Que la gracia del Señor Jesucristo sea con su espíritu.  Amén.



El hecho de que sean saludos finales no quiere decir que no tenga información relevante ni haya nada que aprender.  Normalmente los saludos del principio y el final los leemos rápido y sin poner atención.  Hoy quiero dedicar un poco de espacio a estos últimos dos versos de la carta a los filipenses.
Primero.  Aprendemos del ejemplo de Pablo al saludar a todos los santos e incluir a los que estaban con él.  No se dirigió a los principales ni en exclusivo a los pastores o diáconos.  A cada uno de los que conforman la iglesia les envía saludos.  ¡Qué gran ejemplo de la humildad que Jesús enseñó!  Allá afuera nos enseñan lo contrario.  Es increíble lo distinto que Dios quiere que caminemos contra lo que la cultura general nos enseña.  Dios quiere que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  Pablo por esta razón incluye a cada uno de los integrantes de la iglesia en Filipo.  Por el contrario, en el mundo tenemos “niveles”.  Están todos segregados.  En una oficina no puedes ir simplemente con el director general y abrir su puerta.  Debes pasar por seguridad al entrar al edificio, con la recepción y finalmente su asistente quien te dirá si te recibe o no.  Imagina a una persona de limpieza queriendo preguntar algo al director de una empresa multinacional.  ¡Imposible!  Nos enseñan que debemos “subir”.  Que debemos llegar “alto”.  Que es necesario “escalar” niveles.  Yo me pregunto ¿Para llegar a dónde?  ¿A un lugar donde somos inalcanzables?  ¿Un lugar donde perdemos sensibilidad de lo que sucede a nuestro alrededor?  Jesús, siendo Dios, Rey y Señor de todo lo que existe nos dejó el mejor ejemplo cuando vino a la tierra a servir y no a ser servido.  ¿Quieres dar testimonio de que realmente crees en Dios?  Aprende a servir.  Ama a tu prójimo como a ti mismo y sirve.  No eres más que ninguna otra persona.  Si has recibido mayores bendiciones, da gracias y utilízalas para la gloria del Señor.
Por otro lado, es importante notar que también incluye a los santos de la casa del emperador.  Esto probablemente quiere decir que Pablo tuvo oportunidad de compartir en casa del emperador a pesar de su situación de preso.  ¿Lo puedes creer?  El Señor abre puertas en lugares inimaginables.  Nosotros pensamos que el camino debe ser de una forma y nuestro Dios se encarga de recordarnos su gran poder y sus milagros maravillosos.  Pablo, estando preso, pudo llegar a la casa de la persona más importante en Roma y, además de compartir el evangelio, tuvo personas que tomaron una decisión por Cristo.  ¡Increíble!  Mientras tanto, nosotros queremos que las cosas se acomoden a nuestra forma.  Pensamos que deben ser distintas.  Pensamos que estaríamos mejor de otra manera.  ¿Sabes?  Pablo seguramente pensó que estaría mejor libre que preso.  Pero prefirió obedecer y servir sin importar donde se encontrara.  ¿El resultado?  Personas que jamás imaginó podría alcanzar fueron llevadas a los pies del Señor.  ¿Lo puedes entender?  Tal vez no entiendes lo que pasa en tu vida.  Tal vez piensas que las cosas estarían mejor de otra manera.  La verdad es que hoy puedes decidir dejar de quejarte y comenzar a servir.  Hoy puedes seguir el ejemplo de Pablo y buscar llevar el evangelio donde sea que te encuentres.  Buscar la gloria a Dios primero que tu comodidad y tu satisfacción.  Esto es ser un verdadero siervo del Señor.  Por último, Pablo nos recuerda de lo maravilloso que es conocer a Dios y vivir en su gracia a través del Espíritu Santo.  Has una pausa.  Pide perdón por tus pecados y reconcíliate con Dios.  Deja que su gracia te llene.  Deja que su amor cubra todas tus faltas y sobretodo, que su consuelo llene cada rincón de tu ser para que puedas seguir adelante.  Confía en Él y no en el mundo pues Él ha vencido al mundo.

Oración
Padre: perdóname.  Quiero reconciliarme contigo y te pido perdón por mis pecados.  Quiero aprender a vivir conforme a tu voluntad.  Quiero aprender a amar a mi prójimo.  Quiero vivir sirviendo y dejar de querer ser servido.  Quiero dejar atrás los pensamientos que me alejan de ti y que me hacen pensar que soy superior o inferior.  Quiero seguirte.  Toma mi vida mi Dios.  En el nombre de Jesús.  Amén

domingo, 20 de julio de 2014

1 Pedro 2:2b-3

1 Pedro 2:2b-3


Así, por medio de ella (la palabra), creerán en su salvación, ahora que han probado lo bueno que es el Señor.




Imagino que tú como yo, has tenido conversaciones con otras personas acerca de Dios y lo que crees.  Un factor común con el que me encuentro es la falta de conocimiento del dios en el cual creen.  De hecho, cada persona le quita o agrega cualidades conforme considera que ese dios debiera ser.  Basado en lo que cada uno de nosotros piensa, podríamos crear miles de millones de ideologías.  Simplemente piensa en las combinaciones que podemos hacer con unos cuantos principios: unos creen en Dios pero no en el cielo o infierno.  Otros creen en Jesús pero no como Dios.  Otros creen en un dios pero también piensan que surgimos de la evolución.  Y así, la lista sigue y sigue.  La pregunta es ¿Podemos tener cada uno de nosotros nuestra propia opinión y creencia?  La respuesta es sí.  Sí podemos.  El problema es que esto no quiere decir que sea la correcta.  Lo repito.  El hecho de que cada quien crea en lo que quiera creer no quiere decir que se encuentre en línea con lo que el Dios de la biblia, el Dios creador, dice.  ¿Lo puedes entender?  No debemos juzgar a aquellos que piensan distinto a nosotros ni tampoco evitarlo.  Debemos promover el conocimiento de la palabra de Dios y que sea Él quien se revele a cada persona.
Seamos sabios y prudentes.  No debemos ir por el mundo pensando que tenemos la razón y todos los demás están mal.  ¡Gran error!  Debemos ir por el mundo como lo hizo Jesús.  Amando a nuestro prójimo y sirviéndole.  Entendiendo que aquellos que no conocen de Dios se encuentran en tinieblas y necesitan venir a la luz.  Debemos buscar que la gente conozca de Dios a través de su palabra.  ¿Qué estás haciendo para promover que la gente lea la biblia o escuche algún estudio bíblico?  ¿Qué estás haciendo para promover el conocimiento del Dios de la biblia?  Si recibes esto por correo electrónico, ¡Compártelo!  Si lees el blog, ¡compártelo!  No tengas miedo de hablar de Dios y de religión.  ¡Al contrario!  Aprovecha cada instante para decirle a la gente lo que Dios te ha enseñado a través de Su palabra.  El versículo de hoy nos dice que creemos en Dios y en nuestra Salvación por medio de Su palabra.  No porque alguien habla muy bonito o sabe contestar todas nuestras preguntas.  La palabra de Dios y no las nuestras son las que penetran en lo más profundo de cada uno de nosotros.  Nos corresponde como discípulos anunciar esas palabras en cada rincón y dejar que sea Él quien sacuda los corazones.
La historia nos enseña que podemos causar grandes destrozos en “el nombre de Dios”.  Yo te animo a que estudies y conozcas con detalle la biblia.  Te animo a que prediquemos principalmente con nuestras vidas renovadas y que hablemos siempre con amor, sencillez y humildad.  Te animo a no juzgar a aquellos que piensan diferente sino a amarlos y orar por ellos.  Te animo a no querer convencer a nadie sino a desear constantemente que a través de tu testimonio y palabras, la gente pueda ver a Jesús y que sea Su palabra quien les hable y transforme.

Oración
Padre: cuánta falta me hace conocer más de Ti.  Hoy entiendo que no puedo crearte y limitarte conforme a mi voluntad.  Gracias por dejar tu palabra para que pueda conocerte a profundidad y tener comunión contigo.  Te pido perdones mis pecados y pongas amor y humildad en mi corazón para que pueda dar testimonio de ti tal como lo hizo Jesús.  Gracias mi Dios.  En el nombre de Jesucristo mi Señor.  Amén 

sábado, 19 de julio de 2014

Lucas 23:34

Lucas 23:34


Padre, dijo Jesús, perdónalos, porque no saben lo que hacen.  Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.



Los judíos pensaban que Jesús era pecador al decirse hijo de Dios.  Decían que era pecador por sanar a un enfermo en día de reposo.  Decían que era pecador porque se mezclaba con recolectores de impuestos, prostitutas y leprosos entre otros.  No saben lo que hacen dice Jesús.  Fue tal su ceguera que no pudieron ver los milagros tan increíbles que realizó Cristo frente a ellos.  Por el contrario, anotaban con detalle cada “falta” que realizaba.  Perdónalos porque no saben lo que hacen.  ¿Tú y yo sabemos lo que hacemos?  ¿Qué tan perdido estás?  Debemos ser honestos y abrir nuestro corazón para darnos cuenta si estamos actuando como esos judíos que no sabían lo que hacían.  Tal vez estás pensando en divorciarte o separarte de tu pareja.  Tal vez piensas que estarías mejor con esa persona que te hace pasar un buen rato.  Puede ser que tengas tanto rencor contra tus padres o alguien más que quieras hacerles daño.  Puede ser que te sientas tan solo que no le encuentres sentido a seguir viviendo.  Tal vez te estás refugiando en el alcohol o alguna otra droga para poder olvidar tu presente.  ¿Sabes?  Dios está ahí.  A tu lado.  Esperando a que te des cuenta que no sabes lo que haces.  Esperando que te des cuenta de cuánto te ama.  Esperando a que entiendas que mandó a Jesús a morir por ti.  A morir por tus pecados.  A darte una segunda oportunidad.  A darte una vida nueva.  A darle sentido y dirección a tu caminar.  ¿Sabes qué hicieron esos judíos por los que Jesús estaba intercediendo?  Lo culparon de algo que no hizo.  Le hicieron juicios injustos.  Juntaron testigos falsos.  Le escupieron.  Lo golpearon.  Lo señalaron y se burlaron de Él.  Lo crucificaron y mientras estaba sufriendo seguían burlándose y gritándole.  ¿No te parece ilógico que Jesús interceda?  A nuestros ojos no tiene sentido, pero Jesús vino justamente a sanar a los enfermos.  A sanar a gente como tu y yo.  Gente que ha asesinado.  Gente que ha robado.  Gente que ha engañado a su pareja.  Gente que es adicta.  Gente mentirosa.  Gente avariciosa.  Por cada uno de nosotros Jesús dice: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.  Definitivamente sin Jesús en nuestras vidas no tenemos ni la menor idea de lo que hacemos.  Pensamos que sabemos pero la realidad es distinta.
Perdónalos porque no saben lo que hacen.  No olvides estas palabras y ejemplo de Cristo.  Su ropa estaba siendo repartida entre los soldados mientras Él intercedía.  Mientras tanto nosotros no perdonamos.  Guardamos corajes.  Dejamos que el enojo eche raíces y no se vaya.  ¿Qué no entendemos que si somos seguidores de Cristo, no debemos esperar a que nos pidan perdón sino perdonar aunque no lo merezcan?  ¿Y si se aprovechan de mí?  Podrás pensar.  ¿No crees que se aprovecharon de Jesús?  ¿No crees que lo humillaron a más no poder?  ¿Entonces qué te detiene?  El ejemplo ahí está.
Tengamos cuidad de no caer en el mismo error que los judíos de ese entonces.  Reconozcamos nuestros pecados y nuestra necesidad de Cristo para ser reconciliados con el Padre.  Reconozcamos su sacrificio y amor por nosotros.  Dejemos atrás esa vida que no nos ha llevado a nada bueno y comencemos un camino lleno de esperanza.  Vivamos por Él y para Él.

Oración
Padre: gracias.  Gracias por tu amor incondicional e incomprensible.  Gracias por la vida y el sacrificio de Jesús.  Gracias por abrir mis ojos y permitirme ver que sin ti realmente no tengo idea de lo que estoy haciendo.  Gracias por enseñarme que debo de perdonar sin siquiera esperar una disculpa.  Gracias por estar ahí mientras todos me han dado la espalda.  Gracias por estar ahí para mostrarme que hay una nueva y mejor vida.  Padre, perdona mis pecados y límpiame.  Dale sentido a mi vida.  Lléname de tu paz.  Lléname de tu amor.  Lléname de tu consuelo.  Te necesito Señor.  No quiero seguir dando pasos en la oscuridad.  Guía cada nuevo paso que de.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén 

viernes, 18 de julio de 2014

1Pedro 1:22-25

1Pedro 1:22-25


Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos, ámense de todo corazón los unos a los otros.  Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.  Porque: “todo mortal es como hierba, y toda su gloria como flor de campo; se seca la hierba y se cae la flor, pero la palabra del Señor permanece para siempre.”  y ésta es la palabra del evangelio que se les ha anunciado a ustedes.



Personalmente, pienso que una de las formas más eficientes de medir tu entrega a Dios o incluso tu relación con Él, se basa en el amor que tienes a tu prójimo y a tus hermanos en la fe.  De alguna u otra manera, las personas nos van a fallar.  Algunos nos van a lastimar mientras que otros nos mentirán.  Otros más hablarán mal de nosotros y otros cuantos serán hipócritas.  ¿Qué nos pide el Señor al respecto?  ¿Que dejemos de convivir con aquellos que nos hicieron daño?  No.  ¿Que busquemos venganza?  Tampoco.  Nos dice que debemos amarnos los unos a los otros y en especial a los hermanos en la fe.  ¿Cómo podemos hacer esto?  Solamente lo puedes lograr si has nacido de nuevo.  Nacer de nuevo significa que “has tocado fondo” y reconoces la necesidad de Cristo en tu vida.  Escuchas su voz pues penetra en lo más profundo de ti y entiendes que has pecado y necesitas ser perdonado.  Doblas tus rodillas y entregas tu vida.  Le reconoces no solo como tu Salvador pero ahora se convierte en el Señor de tu vida.  El Espíritu Santo desciende sobre ti y, como dice la biblia, eres hecho hijo de Dios y nueva criatura.  No naces de carne.  Es un nacimiento espiritual.  Ahora eres hijo de Dios.  Sí.  Antes no lo eras.  No todos son hijos de Dios.  Aunque hayas escuchado que “todos” somos hijos de Dios y que “todos” van al cielo, esta premisa NO está fundamentada en la biblia.  La palabra nos dice que solamente aquellos que reciben a Cristo y creen en su nombre se les da el derecho de ser sus hijos y por consecuencia, al morir, van al cielo.
Regresemos al amor al prójimo.  Es muy probable que te hayan lastimado.  Es muy probable que tengas enojo, rencor o algún otro tipo de sentimiento.  Hoy es importante que entiendas que lo único que debe existir en tu corazón es amor hacia tu prójimo.  Leíste bien.  Ese amor no está condicionado a nada.  No deben tratarte bien para que ames.  Tampoco excluye a aquellos que quieres excluir y los tienes en tu lista de “enemigos”.  Tu prójimo.  Debes amarlo.  De aquí la importancia de haber nacido de nuevo para lograrlo.  Si Dios es el Rey y Señor de tu vida, resulta natural el perdonar.  Ya no piensas en ti sino en Él.  Ya no piensas en tu orgullo y lo que pueda afectarte el perdonar sino que piensas en cómo servirle y obedecerle.  Sus principios están por encima de ti.  ¡Esto es realmente seguir a Cristo!  Morir a uno mismo y dejar que Él crezca en nosotros.  No es fácil.  Necesitas madurez espiritual y fe.  Necesitas aceptar que Sus caminos son mejores que los tuyos y que, al seguirlos, dejamos que Él se encargue de cuidarnos y guiarnos en todo lo que hagamos.  ¿Qué detiene tu amor?  ¿Qué te detiene para obedecer?  Probablemente tu orgullo y tu mecanismo de defensa para no salir lastimado.  Esto tiene que quedar atrás.  Ahora Dios se encarga de cuidarte.  Ahora Él se encarga de llenarte de perdón, de su amor, de su paz y de su consuelo inagotable al que puedes acudir en todo momento.  Ama a tu prójimo.  En especial amémonos entre hermanos en la fe.  Cuidémonos y animémonos en la palabra con el amor que solo Dios nos puede dar.

Oración
Señor: perdóname.  Siempre quiero que me perdones mientras que yo no quiero perdonar.  Siempre pido que me ames y yo no quiero amar.  Perdón mi Señor.  Hoy entiendo que no puedo seguir actuando como antes.  Hoy entiendo que tu amor debe dominar mi vida y debo llevarlo a los demás.  Te pido pueda amar a mi prójimo sin importar lo que hagan o dejen de hacer.  Te pido seas el Rey de mi vida y me guíes en todo lo que haga.  Ayúdame a dejar atrás mi orgullo y poder tomar tu cruz.  Ayúdame a entender que tu camino y tus pensamientos son mejores que los míos.  Me entrego a Ti mi Dios.  En el nombre de Jesús.  Amén 

jueves, 17 de julio de 2014

1 Pedro 1:6-7

1 Pedro 1:6-7


Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.  El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego.  Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele.



Como he escrito en otras ocasiones, me encanta ver documentales y programas donde uno aprende cosas nuevas.  Así fue como pude ver cómo se purifica el oro a través de someterlo a temperaturas sumamente altas.  ¿Qué sucede?  Que el oro es más denso que los demás minerales que se encuentran mezclados.  Conforme se calienta y “derrite” los minerales menos pesados comienzan a “flotar”.  Esas son las impurezas que son quitadas para poder quedarse con la mayor cantidad de oro.  Cuando el versículo dice que nuestra fe debe ser acrisolada como el oro, lo que quiere decir es que necesita ser purificada y depurada.  Es necesario que atravesemos distintas pruebas para poder lograr esto.  Piensa por un momento: nadie nace sabiendo hacer todo.  Nadie puede, de un día para otro, ser experto en alguna materia.  Los deportistas profesionales dedican todos sus días a entrenar y prepararse.  Solamente así pueden lograr esos resultados.  Pues ¿Qué podemos esperar de nuestra vida espiritual si no la sometemos a “ejercicios” y entrenamientos para que sea perfeccionada?  Si hoy te encuentras en medio de una situación difícil, no te enojes con Dios, no le reclames, no pienses que lo hicieron para “castigarte”.  Mejor entiende que es un excelente momento para comenzar a crecer espiritualmente y depurar tu fe conforme Dios quiere.  No basta con decir: creo en Dios.  No basta con pensar que eres una buena persona.  ¡Dios no quiere eso!  Dios quiere ¡Tu vida entera!  Sí.  Tu vida entera.  La biblia nos dice que debemos dejar todo, negarnos a nosotros mismos, tomar Su cruz y seguirle.  No es fácil.  Pero es sumamente gratificante y lleno de bendición, amor y paz seguir su camino y obedecer.
El versículo 6 está ligado con los versículos anteriores que hablaban de la herencia incorruptible que Dios nos ha dejado.  Éste es el gran motivo de alegría que tenemos.  Ahora, ¿cómo puede ligar la alegría con las pruebas?  La biblia está llena de pasajes que nos dicen que debemos estar alegres mientras pasamos momentos difíciles.  Por el contrario, allá afuera nos dicen que debemos evitar y “superar” cada adversidad.  Es importante que entendamos la diferencia entre Dios y el hombre.  Alguna vez te has preguntado ¿Y si Dios no quiere que haga esto o aquello?  ¿Y si no quiere que siga trabajando en este lugar?  ¿Y ahora qué parte de mi vida quiere transformar?  ¿Y si Dios decide quitarme la salud, a un ser querido o alguna otra cosa?  Para poder madurar espiritualmente, el centro de atención debe ser Dios y no tú.  Te lo repito.  Es necesario que dejes de pensar todo el tiempo en Ti y pongas primero al Señor.  Cada situación que vivimos puede ser utilizada para gloria de Él.  Está en ti y en mí hacerlo.  Podemos quejarnos.  Podemos molestarnos.  Pero al mismo tiempo, podemos leer pasajes como el de hoy, recordar la perspectiva espiritual y entender que nuestra herencia la tenemos en el cielo, y que las pruebas son para purificar y madurar nuestra fe.  Las pruebas dan testimonio a todos aquellos que nos rodean.  La gente pone atención en cómo respondes a la adversidad.  ¿Amas a Dios?  Tal vez es momento que realmente te entregues y lo pongas en el trono de tu vida para que Él dirija de ahora en adelante.  Es tiempo que pongas tu fe y tu vida a que sea probada y purificada por fuego para que crezcas y te fortalezcas en Él.  ¿Qué vas a decidir?

Oración
Dios Padre: quiero que tomes el trono de mi vida.  Te he limitado y no he querido entregarme por completo pero hoy entiendo que Tú quieres todo mi ser.  Vengo a Ti mi Señor con la rodilla doblada y entregándote mi corazón para que se haga tu voluntad en mí.  Entiendo que las pruebas purifican y fortalecen mi fe, ayúdame a seguirte y no desesperarme, ayúdame a no separarme de Ti y pensar que estaba mejor antes.  Quiero que mi vida te de gloria y que de testimonio de tu gran amor.  Te pido que tenga sabiduría para entender lo que quieres trabajar y transformar de mí.  Gracias mi Señor por amarme y por cuidarme como lo haces.  En el nombre de Jesucristo.  Amén

miércoles, 16 de julio de 2014

1 Pedro 1:10-11

1 Pedro 1:10-11


Los profetas, que anunciaron la gracia reservada para ustedes, estudiaron y observaron esta salvación.  Querían descubrir a qué tiempo y a cuáles circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando testificó de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de éstos.



Hoy en día, algunas personas dicen que el antiguo testamento es muy distinto al nuevo testamento.  Cuando Pedro escribe estas palabras, los judíos cuestionaban el evangelio y por ello explica con detalle cómo lo que estaba escrito no tiene diferencia con el evangelio sino al contrario, cumplía con todo lo que se había anunciado.  Por esta razón, resulta de suma importancia que leas y estudies la biblia.  Ojo, no estoy diciendo que lo importante es ser un erudito en ella.  No.  Todo ese conocimiento debe estar de la mano de transformación en tu vida.  De nada sirve conocer y memorizar infinidad de versículos si tu corazón no es renovado.  Necesitamos nacer de nuevo y entregar nuestra vida a Aquél que se entregó por nosotros.  De Él es a quien Pedro se refiere y a quienes los profetas se referían.  Anunciaron una salvación.  Anunciaron que vendría gloria y buenos tiempos.  Pero también anunciaron sufrimientos.  En otras palabras, anunciaron la vida de Jesús.  Nos trajo testimonio.  Sufrió por cada uno de nosotros siendo santo y perfecto, pero lo más importante, es que entendamos que no se quedó en la cruz.  Su sacrificio dio fruto.  Ahora está junto al Padre.  Ahora hay gloria y su sufrimiento nos ha librado de las cadenas del pecado.  Juan 8:32 dice que la verdad nos hará libres.  Cristo es la verdad.  Su vida, su muerte y su resurrección nos han dado la oportunidad de ser libres.  Debes saber también que no todos son libres.  Solamente aquellos que reciben a Jesús y entregan sus vidas a Él.  No lo digo yo.  Lo dice Dios en su palabra.  Hay gente allá afuera diciendo y pensando que todos son hijos de Dios y que todos participan de su gracia.  Si bien, todos tienen la puerta abierta para ser reconciliados por lo que Cristo hizo, solamente aquellos que confiesen Su nombre y lo reciban podrán tomar parte en la comunión con Él.
Los profetas anunciaron la gracia de Dios.  Ellos tenían al Espíritu diciéndoles lo que habría de ocurrir.  Hoy esa gracia está disponible para tu vida.  No conozco lo que estés atravesando en estos momentos.  No sé si ya has recibido o no a Jesús.  Pero si de algo estoy convencido es que Él es el único que puede llevarte por el mejor camino posible.  Él es el único que puede sacarte de esa oscuridad.  Él es el único que puede renovarte y llenarte de su amor y consuelo.  Él es el único que no te va a fallar.  Él es el único que te perdonará y estará siempre con los brazos abiertos esperando tu regreso.  Él ya se entregó por ti.  Él ya sufrió por ti.  Es inimaginable lo que tuvo que sufrir.  Su cuerpo estaba prácticamente irreconocible.  Lo hizo por ti y por mí.  Lo hizo porque nos ama.  Te ama.  Es tiempo de acudir a Aquél que nos ama y quiere lo mejor para nosotros.  Reconcíliate.  Renuévate.  Deja que Dios te guíe conforme a su palabra.

Oración
Señor: gracias por haber mandado a Jesús a morir por mis pecados.  Te pido perdón por todas mis faltas.  Te pido que pueda recibir tu gracia y participar en la salvación que Cristo ofrece.  Te pido que dirijas mi vida.  Te pido que ilumines mi camino.  He tomado malas decisiones y no quiero dar más pasos que no sean conforme a tu voluntad.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

martes, 15 de julio de 2014

1 Pedro 1:12

1 Pedro 1:12


A ellos se les reveló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a ustedes.  Hablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que les predicaron el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado del cielo.  Aun los mismo ángeles anhelan contemplar esas cosas.



Cuando dice a ellos se les reveló, ¿a quién se está refiriendo?  A los profetas que menciona en el versículo 10.  Éstos anunciaron la gracia que nos es ofrecida hoy en día.  Entonces, lo que nos está explicando Pablo, es que estos profetas  estaban anunciando algo que no era para su tiempo sino para el nuestro.  Anunciaron lo que habría de venir y así como lo dijeron, así sucedió.
Hoy estamos acostumbrados a que las cosas funcionen de manera muy peculiar.  Queremos ver y entender los resultados inmediatamente.  Si ves un rato la televisión podrás encontrar infinidad de productos “milagrosos”.  Hazte millonario en muy poco tiempo.  Ten el cuerpo que siempre deseaste en tan solo unos cuantos minutos.  Todo gira alrededor de conseguir un resultado inmediato y con el menor esfuerzo posible.  ¿Y qué tiene que ver esto con el pasaje de hoy?
Debemos aprender que las pruebas que atravesamos, no necesariamente tendrán un resultado inmediato.  Los profetas anunciaron la gracia y no fue para ellos en ese momento sino varios años después tuvo efecto cuando vino Cristo y el Espíritu Santo.  Nosotros queremos que las pruebas se acaben rápido.  Queremos entender el por qué de lo que nos está sucediendo.  Queremos que llegue el aprendizaje y listos para lo que sigue.  ¿Cuánta gente está orando en este momento por salud personal o la de un familiar?  ¿Y si el Señor quiere que sigamos enfermos?  ¿Y si gracias a esa enfermedad creceremos espiritualmente?  ¿Y si gracias a esa enfermedad alguien entrega su vida a Cristo?  ¿Por qué aferrarse tanto a la salud?  ¿Por qué no mejor nos aferramos a servir al Señor y en dar testimonio a los demás de la reconciliación que ofrece Jesús?  No podemos estar viviendo como el mundo nos dicta.  No podemos moldearnos a lo que vemos afuera.  Tenemos que moldearnos a la imagen de Cristo.  Nuestras acciones deben predicar sus principios.  Nuestras palabras deben hablar sus palabras.  Por esta razón, no podemos caer en los errores que los demás caen.  Así como los profetas anunciaban lo que vendría y no se quejaban porque no entendían lo que decían o cuándo exactamente sucedería, nosotros debemos aprender a vivir en obediencia y servicio  a Dios sin esperar entender todo lo que nos sucede.  Imagina qué ilógico sería tener a un profeta quejándose con el Señor porque no vería quién es el Mesías.  Imagina a Juan quejándose por no entender cuándo vendría el Apocalipsis.  Es ilógico.  Pero cuando se trata de nosotros y querer respuestas inmediatas y claras ya nos parece que tiene sentido.  La verdad es que es igual de ilógico exigir lo que solamente el Señor en su soberanía quiere revelar.  Nos quejamos y nos quejamos pero no llegamos a ningún lado.  Por otro lado, puede ser que estás orando sin cesar y te encuentras igualmente estancado.  ¿La razón?  ¡Estamos orando por lo que el mundo busca y no lo que nuestro Señor!  Ora porque tu vida sirva para que otros vengan a Dios.  Ora para que tu vida sea de bendición para los que te rodean.  Ora para que el Señor transforme tu corazón y puedas amar a tu prójimo.  Dejemos de quejarnos y oremos para que seamos utilizados y vehículos de bendición.  Si Dios nos quiere revelar sus planes hoy, ¡Extraordinario!  Si no nos revela nada, ¡Igualmente extraordinario!  Su voluntad es lo mejor en cualquier escenario.  No te desanimes ni desesperes.  Deja de buscar una solución o una explicación.  Deja que el Señor reine y revele conforme a su voluntad y obedezcamos mientras esperamos a ser llamados.

Oración
Dios Padre: tu palabra es increíble y llena de bendición.  Te doy gracias por revelarme lo que es importante y ayudarme a discernir entre aquello que me ayudar a crecer espiritualmente y lo que no.  Perdóname por cuestionar tus planes y estar demandando una explicación a lo que me sucede.  Hoy entiendo que debo entregarme incondicionalmente a Ti y confiar en tu amor y tu voluntad por encima de todo.  Gracias Señor.  En Cristo Jesús.  Amén