sábado, 21 de febrero de 2009

Aspectos de la alabanza




21 de febrero

Aspectos de la alabanza
El que sacrifica alabanza me honrará.

Salmo 50:23

¿Qué significa alabar a Dios? Según la Biblia, la alabanza incluye tres cosas:

1. Citar los atributos de Dios. Una buena razón para estudiar el Antiguo Testamento es que muestra el carácter santo de Dios, capacitándonos para alabarlo mejor.

2. Citar las obras de Dios. Los salmos están llenos de menciones de las grandes cosas que Dios ha hecho. Él dividió el Mar Rojo, sacó a su pueblo de Egipto, hizo brotar agua de una roca, alimentó a Israel en el desierto con maná del cielo y realizó muchos otros milagros espectaculares. Cuando usted alaba a Dios por todo lo que ha hecho, sus problemas palidecen en comparación con eso. El recordar lo que Dios ha hecho en el pasado lo glorifica y fortalece nuestra fe.

3. Dar gracias por los atributos y las obras de Dios. En el corazón de la alabanza está la acción de gracias. La alabanza a Dios lo glorifica. Suceda lo que suceda en nuestra vida, debemos darle gracias por todos sus atributos y todas sus obras

viernes, 20 de febrero de 2009

Jehová conoce los.pensamientos

Para los repasos de mañana y noche: Lección 1-5 dia 20- 2-009 El repaso de hoy abarca las siguientes ideas: (1) Nada de lo que veo significa nada. La razón de que esto sea así es que veo lo que no es nada y lo que no es nada no tiene significado. Es necesario que reconozca esto, para poder aprender a ver. Lo que ahora creo ver ocupa el lugar de la visión. Tengo que desprenderme de ello dándome cuenta de que no significa nada, para que de este modo la visión pueda ocupar el lugar que le corresponde. (2) Le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mi. He juzgado todo lo que veo, y eso, y sólo eso, es lo que veo. Eso no es visión. Es meramente una ilusión de realidad porque he juzgado sin tomar en cuenta la realidad. Estoy dispuesto a reconocer la falta de validez de mis juicios porque quiero ver. Mis juicios me han hecho daño, y no quiero ver basándome en ellos. (3) No entiendo nada de lo que veo. ¿Cómo puedo entender lo que veo si lo he juzgado erróneamente? Lo que veo es la proyección de mis propios errores de pensamiento. No entiendo lo que veo porque no es comprensible. No tiene sentido tratar de entenderlo. Pero si tiene sentido que me desprenda de ello y dé cabida a lo que se puede ver, entender y amar. Puedo intercambiar lo que ahora veo por esto, sólo con estar dispuesto a ello. ¿No es ésta una mejor elección que la que hice antes? (4) Estos pensamientos no significan nada. Los pensamientos de los que soy consciente no significan nada porque estoy tratando de pensar sin Dios. Lo que yo llamo "mis" pensamientos no son mis pensamientos reales en absoluto. Mis pensamientos reales son los pensamientos que pienso con Dios. No soy consciente de ellos porque he inventado mis pensamientos para que ocupasen su lugar. Estoy dispuesto a reconocer que mis pensamientos no significan nada y a abandonarlos. Elijo reemplazarlos por los que ellos tuvieron como propósito reemplazar. Mis pensamientos no significan nada, sin embargo, toda la creación descansa en los pensamientos que pienso con Dios. (5) Nunca estoy disgustado por la razón que creo. Nunca estoy disgustado por la razón que creo porque estoy tratando constantemente de justificar mis pensamientos. Estoy tratando constantemente de hacer que sean verdad. Hago de todas las cosas mi enemigo de modo que mi ira esté justificada y mis ataques sean merecidos. No me he dado cuenta del mal uso que he hecho de todo lo que veo asignándole ese papel. He hecho esto para defender un sistema de pensamiento que me ha hecho daño y que ya no deseo. Estoy dispuesto a abandonarlo. Jehová conoce los pensamientos de los hombres, Que son vanidad.

jueves, 19 de febrero de 2009

La Voz de Dios me habla durante todo el día.


La Voz de Dios me habla durante todo el día.


Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin que ello interrumpa para nada tus actividades normales. La parte de tu mente donde reside la verdad está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no. Es la otra parte de tu mente la que opera en el mundo y la que obedece sus leyes. Ésa es la parte que está constantemente distraída, y que es desorganizada y sumamente insegura.

La parte que está escuchando a la Voz de Dios es serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad. Es la única parte que realmente existe. La otra es una loca ilusión, frenética y perturbada, aunque desprovista de toda realidad. Trata hoy de no prestarle oídos. Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre. Trata de oír la Voz de Dios llamándote amorosamente, recordándote que tu Creador no se ha olvidado de Su Hijo.

Hoy necesitaremos por lo menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos cada una, e incluso más si es posible. De hecho, trataremos de oír la Voz de Dios recordándote a Dios y a tu Ser. Abordaremos el más santo y gozoso de todos los pensamientos llenos de confianza, sabiendo que al hacer esto estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. Él quiere que oigas Su Voz. Te la dio para que la oyeses.

Escucha en profundo silencio. Permanece muy quedo y abre tu mente. Ve más allá de todos los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios. Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente. No vives aquí. Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar. Estamos tratando de llegar al lugar donde eres verdaderamente bienvenido. Estamos tratando de llegar a Dios.

No te olvides de repetir la idea de hoy frecuentemente. Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos siempre que sea posible. Y asegúrate de sentarte quedamente y de repetir la idea cada vez que puedas, cerrando los ojos al mundo, y comprendiendo que estás invitando a la Voz de Dios a que te hable.

Crecimiento por fe




18 de febrero

Crecimiento por fe
Por fe andamos, no por vista.

2 Corintios 5:7

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.

miércoles, 18 de febrero de 2009

desde El Corazon Del Padre

Ví yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo... Entonces dije, "¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejercitos"... Despues oi la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí y Heme aquí, envíame a mí." Isaías 6:1, 5, 8, RV Cinco capítulos en la escritura poderosa de Isaías, el profeta se paró y pasó algún tiempo diciéndonos como él había venido a este lugar de proclamar la verdad de Dios a un mundo llenado por el pecado. Él primero nos dice de su visión sobrecogedora del Señor en toda Su majestad, sentado en el mismo trono del cielo, y luego nos dice de su respuesta a esta revelación de la santidad de Dios y Su soberanía. Isaías realizó que él estaba desesperado e indefenso ante la presencia de alguien tan grande y magnífico. Él reconoció la profundidad de su pecado y depravación ante la luz de un Dios santo y libre de pecado. Y él se arrepintió y confesó de acuerdo a ésto. Después de que un serafín tocó sus labios con un carbón vivo, llevándose su iniquidad y purgando su pecado, Isaías estaba listo a responder a la llamada de Dios de ir adelante y proclamar la Palabra del más Alto. Y, por supuesto, es donde debemos comenzar si debemos contestar a lo que Dios pide de nuestras propias vidas para ir adelante y proclamar Su Palabra, si por escrito, proclamando Su Palabra, o nuestra forma de vivir diariamente la vida. Pero hasta entonces debemos precavernos que no nos sintamos satisfechos y comenzamos a comprometer la santidad absoluta de Aquel a quien servimos y la honradez completa que Él requiere de todos quiénes reclamarían Su nombre como propio. ¿Qué de bueno es un evangelio aguado, fácil de usar si esto ha perdido su poder de salvar y liberar? ¿Qué de bueno es un mensaje del amor incondicional sin la necesidad acompañamiente del arrepentimiento? ¿Qué de bueno es ello si "nos ponemos a lo largo" aquel campañerismo está basado en una fundación falsa? Nuestra llamada como escritores y predicadores en efecto, como siervos del Dios más Alto -- debemos proclamar la visión Del Santo, sentado en el trono del cielo, donde ningún pecado corromperá alguna vez o estropeará su belleza. Nada menos que arrepentimiento completo, una vuelta de 180 grados desde siguir nuestro propio camino a siguir Su camino, y una dependencia absoluta y total en Jesús, el único hombre honrado y libre de pecado Quién alguna vez anduvo sobre esta tierra, y nos calificará para entrar en aquel lugar santo. Cuando nos encontramos tentados a ablandar este mensaje "el único y sólo camino de la salvación" como pretexto para no ofender a algunos o para que otros se sientan más cómodos o bienvenidos en nuestra presencia, recordemos a Isaías, quién se tomó el tiempo para interrumpir su mensaje profético para dejarnos saber su única y sola calificación para dar aquel mensaje: Él había visto a Dios santo y honrado, reconoció su propio pecado, arrepentido y admitido, permitió que el carbón vivo de Dios limpiara sus labios antes de que él dijera otra palabra. Si nosotros mismos andamos en esa verdad, entonces llamarémos más fácilmente a otros para hacer lo mismo, de modo que ellos también puedan entrar en Su presencia con la alegría y confianza que viene sólo de ser trasladados del reino de la oscuridad al Reino de Su querido Hijo.

martes, 17 de febrero de 2009

Sublime Misericordia y Gracia












Sublime Misericordia y Gracia

Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva.
Romanos 12:1, vp.

Un joven inglés quería ser marino como su padre, pero la Armada Real Británica no lo aceptó. Acabó en África Occidental trabajando para un traficante de esclavos, un "miserable," como un escritor lo llama, mendigando comida para poder vivir. Escapando de África, lo arrastró de la cubierta del barco una tormenta y casi se ahoga. Después de que lo rescataron, las palabras de Imitación de Cristo de Tomás Kempis le vinieron, y él clamó a Dios pidiendo salvación. Años más tarde, John Newton compuso un himno de alabanza de la "sublime gracia" que salvó a un miserable como él.

No todos hemos atravesado las profundidades de miseria que John Newton conoció antes de ser salvado; o como el rey Nabucodonosor, ya que estamos en eso. Perdió su dignidad y cordura; y felizmente, su orgullo, antes de volver en sí (Daniel 4:33-37). Sea que vengamos de un trasfondo de maldad y obstinación, nuestro pecado merece la misma respuesta a los ojos de Dios: condenación. Es sólo la sublime gracia y misericordia de Dios que puede salvarnos de nosotros mismos.

Es fácil distinguir a quienes han recibido la gracia de Dios; son los que tienen una mirada de agradecimiento en su cara y palabras de agradecimiento sus labios.

Nuestro mecanismo de defensa




Nuestro mecanismo de defensa
Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Salmo 66:18

Según el versículo de hoy, ni siquiera se puede conversar con Dios, mucho menos crecer espiritualmente, si se albergan pecados en el corazón. Por eso es tan esencial la confesión.

Primero tiene que estar dispuesto a aceptar el castigo de Dios por su pecado. Si piensa que Él está obrando con rudeza, debe examinar su vida para ver si lo merece. Por la misma razón que los padres deben castigar la mala conducta de un hijo, Dios lo castiga a usted para que no repita sus errores.

Dios también ha puesto un sistema de sentido de culpa en usted para su propio bien. La vida espiritual sin sentido de culpa sería como la vida física sin dolor. El sentido de culpa es un mecanismo de defensa; es como una alarma que funciona para guiarlo a la confesión cuando usted peca. Es cuando usted tiene que confrontar su pecado y reconocer delante de Dios que es una afrenta para Él. Ese reconocimiento debe ser parte de su vida antes de que pueda crecer espiritualmente, ya que elimina el pecado que lo detiene a usted.