miércoles, 7 de mayo de 2025

La oración de Jabes

 


La oración de Jabes

 “Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. 1 Crónicas 4:9-10

En nuestro camino de fe, es crucial comprender la importancia de buscar las bendiciones y la guía de Dios. Siempre enfrentamos diversos desafíos y decisiones que marcan nuestro caminar espiritual. La Oración de Jabes nos recuerda que podemos depender de la sabiduría, el favor y la dirección de Dios en todos los aspectos de nuestra vida. Es un ejemplo de oración que puede impactar nuestra comunión con Dios.

Jabes fue un hombre que enfrentó la adversidad desde el momento de nacer, inclusive su nombre significa dolor. No sabemos cómo fue el parto, pero su madre expresó que dio a luz con dolor. Nuestro pasado y nuestras experiencias dolorosas no deben definirnos, Jabes eligió a Dios para que gobernara y dirigiera su vida independientemente de la experiencia que lo había afectado. Anheló que el Señor interviniera en su vida.

Jabes no fue recordado por un acto heroico, sino que fue recordado por una simple oración en la que se destaca cuatro peticiones significativas:

Empieza diciéndole a Dios: “¡Oh, si me dieras bendición!”, él deseaba el favor y la abundancia de Dios. “Y ensancharas mi territorio”, él quería ampliar sus fronteras buscando la guía de Dios para expandir su influencia e impacto. “y si tu mano estuviera conmigo”, él deseaba la Presencia y el poder de Dios y que fuera la mano del Señor que lo guiara y no su propio esfuerzo. “y me libraras de mal, para que no me dañe”, él pidió la protección de Dios contra el daño y el dolor.

Tenía claro en su corazón que la oración que hacía era al Dios de Israel, en quien creía y a quien había visto moverse en su pueblo con señales y milagros portentosos. Hoy preguntemos ¿en qué desafíos o decisiones necesitamos la intervención de Dios? Dice la Escritura “y otorgó Dios lo que pidió”. Dios escuchó esa oración sincera, humilde y le concedió su petición.

¿Cómo puede la oración de Jabes impactar nuestro caminar diario con Dios? Entendiendo que el Señor escucha cualquier oración por sencilla que sea. Él siempre está atento a nuestro genuino clamor. Debemos pedir que Dios esté con nosotros en todo lo que hagamos, pidiendo siempre su Presencia y así como Moisés dice: “si tu presencia no ha de ir conmigo no nos saques de aquí”, Éxodo 33:15.

Muchas veces creemos que pedir la bendición de Dios es solo pedir cosas materiales, pero la bendición de Dios va más allá, es algo más profundo, es más espiritual y eterno. Necesitamos su compañía, Dios mismo con nosotros en todas nuestras situaciones. Como dice Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Buscar las bendiciones y la guía de Dios debe ser una constante en nosotros. A medida que nuestra fe continúa creciendo, permitamos que la oración de Jabes nos recuerde el poder y el privilegio que tenemos de acercarnos a Dios y buscar su participación en cada aspecto de nuestra vida.    Oración.

«Amado Dios, gracias por el ejemplo de Jabes y lo que puedo aprender de su oración. Busco tu bendición y guía en mi vida, sabiendo que eres la fuente de toda sabiduría, favor y dirección. Ayúdame a alinear mi voluntad con la tuya y a confiar en tu provisión y protección. Guíame en los desafíos y en las decisiones, y que tu nombre sea glorificado en todo lo que haga. En el nombre de Jesús, amén.

martes, 6 de mayo de 2025

¿Qué quieres que te haga?

 


¿Qué quieres que te haga?

 “Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Marcos 10:46-52

¿Qué quieres que te haga? Este interrogante abre el inicio para una transformación, es la pregunta que el Señor nos hace hoy a cada uno de nosotros para mirar lo que realmente hay en nuestro corazón y cuál es el interés concreto que tenemos en Él. Es el momento de expresar nuestra necesidad y evidenciar nuestra fe en Jesús.

En este pasaje vemos al Señor deteniéndose en el camino para atender a un ciego que daba voces tras Él. Era un ejemplo práctico de lo que acababa de decir en Marcos 10:45 “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

También llama la atención que el ciego dejó todo lo que tenía para seguir a Jesús, dispuso su corazón para encontrarlo y finalmente fue restaurado. De la mendicidad pasó a recobrar su libertad y dignidad. Esto es lo que sucede en nosotros cuando encontramos a Jesús, nos recata de una vida de orfandad y desasosiego y nos da una nueva vida con propósito, llena de su amor inagotable, de paz y de gozo.

Bartimeo fue intencional en buscar a Jesús, del que había escuchado hablar mucho. Dice la palabra «Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces», con el fin de llamar su atención. Era una oportunidad única ya que Jesús no volvería a pasar por ahí pues iba rumbo a Jerusalén donde sería crucificado. Cuántas oportunidades irrepetibles pierde la gente a nuestro alrededor para acercarse y conocer a Jesús, porque no se esfuerzan en buscarlo, aunque también han oído mucho de Él.

Ojalá todos fueran como Bartimeo con una actitud decidida y con un fuerte deseo de conocer a Jesús, pues no dejó de clamar hasta que consiguió que lo atendiera: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!» Así pues, un mendigo ciego, había llegado a una comprensión más exacta y más profunda de la Persona y la Obra de Jesús que los eruditos rabinos de Jerusalén. Mientras Israel era ciego a la presencia del Mesías entre ellos, un judío ciego lograba percibirlo con toda claridad. Lo reconoció como el Hijo de David, el Mesías anunciado, el Rey tan largamente esperado por Israel, el Salvador del mundo.

Las noticias que había recibido de Jesús fueron suficientes para convencerle de que Dios había cumplido su promesa y había enviado al Mesías. En cierto sentido, a nosotros nos ocurre lo mismo; hemos oído hablar de su poder, de su gracia, y de su deseo de salvar a los pecadores, aunque no lo podemos ver con nuestros propios ojos. Bien dice el Señor en su palabra: “bienaventurados los que no vieron y creyeron”, Juan 20:29b

Bartimeo nos da ejemplo de una voluntad firmemente decidida por acercarse a Jesús. Podemos imaginarlo luchando contra toda aquella gente que le quería hacer callar, desorientado sin poder ver cuál era la actitud de Jesús frente a su clamor. Su determinación y perseverancia en medio de las dificultades son ejemplo para nosotros, que muchas veces abandonamos por mucho menos.

¿Pasaría de largo el Maestro? ¿Haría oídos sordos a su clamor? Por supuesto que no. Aquel que había venido a dar su vida en rescate por muchos, no lo haría. El Señor siempre distinguirá nuestra voz aun en medio del ruido del mundo que se opone a que le busquemos. Bartimeo respondió al llamado de Jesús: “arrojó su capa”, “se levantó” y “vino a Jesús”. Se deshizo quizás de su única pertenencia para poder llegar hasta Él. A veces es necesario renunciar a tantas cosas que nos atan a este mundo para poder seguir a Cristo. Esta actitud nos recuerda lo que dice Lucas 14:33 «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”   Oración.

«Señor Jesús hoy quiero acercarme a ti con un corazón sincero, deseoso de conocerte más, quiero dejar de atesorar tantas cosas superficiales que me atan a este mundo para guardar el mejor tesoro del cielo, a ti mi Jesús. Mi mayor necesidad eres tú y antes que recibir respuesta a cualquier oración que te haga, quiero establecer una relación de comunión personal para conocerte más. En el nombre de Jesús, amén.

lunes, 5 de mayo de 2025

El diseño divino

 


El diseño divino

 “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!”. Salmos 139:15-17

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados circuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” Efesios 2:10-14

Cuando pensamos en Dios como nuestro Creador, la biblia nos da mucha información acerca de cómo fuimos creados. Esto debería hacernos entender que estábamos en el pensamiento de Dios aun antes de nacer y que todo acerca de nosotros ya estaba escrito para que se cumpliese en cada uno, como lo dice Salmos 139:15-17

Esta creación única fue solo obra de Dios, con tres dimensiones espíritu, alma y cuerpo; sin embargo, lo que fue perfecto desde el principio se distorsionó por causa del pecado y el diseño original sufrió las consecuencias de la caída del hombre, siendo separados de la presencia de nuestro Hacedor y muertos espiritualmente, lo que trajo consecuencias para el alma y para el cuerpo.

El Señor Jesucristo vino a morir en la cruz, y por su gracia, aun estando nosotros muertos en pecados nos dio vida (Efesios 2:5), hizo de nosotros una nueva creación divina, como lo asevera el pasaje de hoy en Efesios. Ahora somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús. La palabra hechura viene del griego “póiema” que significa cosa que es hecho o sea obra de las manos de Dios, poema de Dios, su obra de arte. Como tal, hemos sido creados en Cristo Jesús o sea hechos en Él.

Pablo describe esta idea en 2 Corintios 5:17 cuando dice: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. El propósito divino es hacer del hombre pecador una nueva criatura completamente de su agrado y que hace las obras que a Él le agradan. Ahora lo que somos depende de una nueva relación en Cristo con un propósito más elevado.

Solo una nueva creación hecha al estilo de Jesús podría satisfacer este propósito eterno y lograr la voluntad de Dios. Dios ha hecho las provisiones necesarias para un nuevo estilo de vida. Las buenas obras no son simples accesorios de la vida cristiana, sino parte del plan eterno de Dios para nosotros. Como las obras malas formaron parte de nuestra vida anterior, las buenas obras forman parte de nuestra nueva vida. Vemos la obra perfecta de Dios al convertir una humanidad pecadora, en una nueva, salvada por su gracia y reconciliada con su Creador.

Pablo hoy nos recuerda lo que fuimos antes de conocer a Cristo y lo que somos ahora en Él. No solo nos dio vida nueva, sino que derrumbó todo obstáculo entre nosotros y el pueblo judío, que nos consideraban incircuncisos, inmundos y fuera del alcance de la gracia de Dios.

Cristo nos devolvió la esperanza, ahora vivimos por fe en unión con Él. Porque los que antes estaban lejos ya han sido acercados por la sangre de Cristo. Recordemos entonces que Dios no olvida ningún detalle de nuestra vida; todos están registrados en su memoria y sus pensamientos a favor de nosotros son positivos y son muchos.   Oración.

«Dios Creador, grande, bueno y soberano, te doy gracias por haber enviado a tu Hijo para darme vida. Me has dado las abundantes riquezas de tu gracia, y ahora soy hechura tuya, creado en Cristo para buenas obras. Soy el diseño divino producido por el mejor artesano. Como esa nueva creación trajiste a mi vida equilibrio y orden, ahora solo quiero glorificarte con mi espíritu, alma y cuerpo guardándome irreprensible hasta tu regreso. Te amo mi precioso Jesús, amén.

domingo, 4 de mayo de 2025

La inmutabilidad de nuestro Dios

 


La inmutabilidad de nuestro Dios

 “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto”. Deuteronomio 32:4

Moisés hace una declaración maravillosa de Dios diciendo que es la Roca de Israel. Esto habla de estabilidad, permanencia e inmutabilidad del Dios de amor y compasión, que es fiel y misericordioso con su pueblo a pesar de sus infidelidades.

Esta es la naturaleza del Dios en el que creemos, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación, porque es el mismo ayer, hoy y por los siglos, (Santiago 1:17; Hebreos 13:8) en el cual, así como el pueblo de Israel, encontraremos el refugio para vivir nuestra vida dentro de este mundo cambiante que no nos brinda ninguna seguridad.

Además, dice que sus obras son perfectas y sus designios justos. Dios es fiel y verdadero y en Él no hay maldad. Es justo y recto en su manera de tratarnos en contraste con nosotros que no somos como Él, somos variables, inconstantes y nos dejamos llevar por las circunstancias, por nuestras emociones y pensamientos.

Pero la buena noticia es que Él no se rinde con nosotros, su Palabra dice en Filipenses 1:6 “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. La obra de Dios es perfecta, aunque a veces nuestro actuar no sea justo y recto, cuando interrumpimos nuestra comunión con Dios y lo abandonamos por causa de nuestro pecado. Su Santo Espíritu nos redarguye para llevarnos al arrepentimiento y para que regresemos a Él.

Su obra de redención y salvación es perfecta, en ella desplegó completa su perfección divina en todas sus partes. Todos los tratos de Dios con nosotros están regulados por su sabiduría que no puede errar y por su perfecta justicia.

Hoy anhela que volvamos a Él y nos invita a considerar su obra a nuestro favor en la cruz del calvario y recordar que nos libró de las tinieblas y nos trasladó a su reino de luz y gloria, para que ahora caminemos en justicia y rectitud llevando su luz admirable a este mundo (1 Pedro 2:9).

Todo ese poder, fidelidad y amor divino fueron revelados en Cristo y el evangelio, y forman el fundamento que no puede ser removido sobre el cual podemos edificar nuestra vida espiritual. Él es la Roca de nuestra salvación y hoy debemos alabarlo, como dice en Salmos 95:1-3 “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses”.

Recordemos que como la naturaleza de Dios no cambia, encontraremos en Él el refugio para vivir confiados en este mundo variable e inseguro. Por cuanto no cambia su carácter sus obras son perfectas y sus designios son justos.  Oración.

«Señor tú eres mi Roca de salvación, me has dado estabilidad y firmeza en medio de este mundo inseguro y caótico, me has mostrado tu eterno amor, tu naturaleza eterna e inmutable; eres el Dios de pactos que cumples tu Palabra y que no se rinde conmigo a pesar de mi imperfección, porque sigues perfeccionando tu obra en mí. Ayúdame a caminar en justicia y rectitud hasta tu regreso, en el nombre de Jesús, Amén.

sábado, 3 de mayo de 2025

Dios de nuevas oportunidades

 


Dios de nuevas oportunidades

“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aún tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Mateo 26:69-75

El Señor habla a nuestra conciencia, nos instruye, nos redarguye y nos edifica a través de su Palabra, esta porción bíblica debe mostrarnos a nosotros cuánto nos parecemos a Pedro, que en momentos de mucha presión y temor llegó a negar al Señor después de haber estado con Jesús durante tres años. Vemos que cada negación es más enfática que la anterior: “no se lo que dices”, “no conozco al hombre”, “entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: no conozco al hombre”.

No sé cuánto llevamos de vida cristiana, pero puede llegar el momento en que nosotros también le neguemos. Nadie creería que Pedro ocupó un lugar de privilegio en el ministerio de la iglesia primitiva, después de haberlo negado. El Señor le dio una nueva oportunidad. Los seres humanos fácilmente descalificamos al que falla, le caemos encima y a veces hasta lo desechamos. Sin embargo, Dios en su amor suele darnos nuevos comienzos y su misericordia se renueva sobre nosotros.

La vida de Pedro nos enseña que los éxitos se construyen con las ruinas de los fracasos. Todos vamos en algún momento a caer, a parar, o a frenar, por situaciones que afrontamos, pero lo importante es que, de esas ruinas de derrota nos levantemos y sigamos. Pedro pudo haber desaparecido de los relatos bíblicos después de haber negado al Señor. La decisión de negar al Maestro no una, sino tres veces, fue vergonzosa, fue repudiable después de todo lo que había vivido con Jesús, había conocido su grandeza, todo esto era muy triste y lamentable, y seguramente fracturó su corazón, porque cuando le fallamos a Dios, eso duele en el interior de nuestra alma. Pedro incumplió la promesa de ser fiel hasta el final.

A pesar de eso, la vida de Pedro no terminó en ese episodio; porque lloró y lloró y se arrepintió; Dios restauró a Pedro y lo usó. Muchas veces hay que llorar amargamente, pero hay que levantarnos porque Dios tiene un propósito ya establecido para nosotros.

Pedro después de equivocarse, se entregó enteramente al Señor, aprendió a darle vuelta a la página y seguir adelante. Por eso, debemos entrar a la presencia del Señor para soltar lo amargo de nuestro interior, sacar lo que nos hace daño y no aparentar lo que no somos, el Señor nos perdona y nos acerca nuevamente a Él y nos da paz.

Qué enseñanza nos da este pasaje: 1- asumamos nuestra responsabilidad, no le echemos la culpa a otros, este es uno de los impedimentos más comunes que nos separan de progresar espiritualmente. 2- arrepintámonos de nuestras malas obras. Hagamos todo lo posible para restaurar nuestra relación con Dios y dejar de contristar al Espíritu Santo. Toda nuestra suciedad debe ser consumida con el fuego, gracia y poder de la sangre preciosa de Jesús. El Señor quiere rendición, sumisión, y reconocimiento.  Oración.

«Señor Jesús gracias por que puedo ir a mi lugar secreto y llorar amargamente, para decirte que te he fallado, que necesito tu perdón y restauración. Aquí estoy, lávame y límpiame con tu sangre salvadora. Traigo mi vida para hacerla tuya por toda la eternidad. Quiero una conciencia limpia y que nunca más mis acciones, palabras o pensamientos te nieguen mi Señor. En el nombre de Jesús, amén.

viernes, 2 de mayo de 2025

¿Es Jesús nuestra máxima prioridad?

 


¿Es Jesús nuestra máxima prioridad?

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Lucas 9:23-25

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:27

El cargar con la cruz quiere decir estar preparado a afrontar lo que se venga por lealtad a Jesús; es estar dispuesto a sufrir lo peor que nos puedan hacer a causa de nuestra fidelidad a Él. La escala de valores de este mundo nos ha enseñado ¿cuánto puedo sacar de provecho en este mundo? y no, ¿Cuánto puedo dar? o ¿Qué es lo más seguro? y no, ¿Qué es lo más justo? El Señor Jesús claramente nos dice: “porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá”. Tenemos que dar cuenta de nuestra vida aquí en la tierra, por eso, debemos gastar la vida, no guardarla para nosotros, sino ponerla al servicio de los demás, debemos consumirnos para Cristo, como Él dice: “y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará”.

El cristiano que sigue a su Señor imita su vida y obedece sus mandamientos, se identifica por completo con el mensaje de Cristo, incluso si significa la muerte. Tomar la cruz es llevarla hasta el lugar donde incluso habrá sufrimiento, renuncia a nuestra cómoda vida, quizás a enfrentar momentos difíciles y hasta la muerte misma, como ha sucedido con muchos hermanos en la fe en algunos lugares. Negarnos a nuestros deseos egoístas, usando nuestro tiempo, dinero, recursos y todo lo que esté a nuestro alcance para seguir el camino de Cristo, entendiendo que, aunque sea costoso hacerlo, vale la pena el dolor y el esfuerzo por la salvación de las almas.

Mucha gente está dispuesta a pagar un alto precio y a sacrificarse por algo que valora, que es terrenal y perecedero; pero nos sorprende que Jesús demande a quienes quieren seguirlo, que estén dispuestos a negarse a sí mismos, a llevar la cruz e inclusive dar su vida por su causa.

La verdad es que si esta vida es lo más importante para nosotros haremos lo que sea para protegerla y no haremos nada que ponga en peligro nuestra seguridad o comodidad. En cambio, si para nosotros lo más importante es seguir a Cristo, quizás nos hallaremos en lugares inseguros, insanos y aún incómodos. Dice el señor: “¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” Ninguna cosa material compensa la pérdida de la vida eterna. Debemos entender como discípulos de Cristo que vivimos para Él y debemos gastar nuestra vida sirviéndole y por ende a los demás, aunque esto implique obediencia, sacrificio y renuncia.

Un discípulo de Cristo debe hacer morir el egocentrismo y estar preparado para resistir el sufrimiento y más aún por causa de Él. ¿Es Jesús nuestra máxima prioridad?  Oración.

 “Amado Jesús hoy quiero consagrarte mi vida, y estoy dispuesto a afrontar lo que se venga por permanecer fiel a ti, hoy me demandas una entrega total. Esto implica negarme a mis placeres y deseos y alinearme con tu santa voluntad. Quiero seguirte, aunque esto traiga sufrimiento y aun la muerte, porque tú diste tu vida por mí en una cruz para darme salvación. Rindo mi vida para consumirla en el cumplimiento del propósito para el cual me has llamado, en el nombre de Jesús, amén.

jueves, 1 de mayo de 2025

Caminando en humildad

 


Caminando en humildad

“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29

Caminar en humildad es una actitud que nos permite ver y experimentar la multiforme gracia de Dios en nuestra vida, porque Dios resiste al soberbio, pero da gracia al humilde. Sin embargo, encontramos que la humildad no se halla dentro de las obras que salen del corazón del hombre, contrario a la soberbia que sí se encuentra dentro de este listado, en Marcos 7:21-22 el Señor Jesús dice “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.” Entonces, ¿cómo hacer para caminar en humildad?

Pues bien, la humildad, por su parte, es una virtud que encontramos en el fruto del Espíritu Santo, en Gálatas 5:23 traducida como “mansedumbre”; de modo que, caminar en humildad solo nos es posible cuando cada día tomamos la decisión que se nos insta en Gálatas 5:16-17 que dice “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.”

Andar en el Espíritu es directamente proporcional a caminar en humildad, pues si nosotros cada día decidimos y perseveramos en rendirnos ante Dios, depender de Él y estar en su presencia, entonces, su Santo Espíritu nos llenará y las virtudes de su fruto en nuestra cotidianidad se reflejarán. Hermanos, aceptemos el llamado que sin cesar, nuestro Señor nos hace, vayamos a Él y permanezcamos en Él para aprender de su mansedumbre y humildad, y descubramos cómo su gracia en todos los aspectos de nuestra vida nos exaltará y hará descansar.   Oración.

«Padre, gracias por todo el favor que en cada actividad de mi día me das y me permites experimentar; gracias por enseñarme que caminar en humildad, reconociendo mi necesidad de ti y sujetándome a tu voz, por la guía y poder de tu Espíritu, es la manera para de tu gracia, recibir; todo el honor y la gloria para ti por lo que haces en mí y a través de mí, pues sé que es solo por Jesucristo, amén.