lunes, 7 de abril de 2025

Fe para vencer, parte 2

 


Fe para vencer, parte 2

Efesios 6:16 “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.”

En ocasiones suceden cosas repentinas en nuestra vida, por ejemplo, enfermar gravemente, perder un ser querido, ser víctimas de robo o estafa, sufrir un accidente y cualquier otro hecho que se nos presente de manera inesperada. Realmente son situaciones que en el momento nos impactan y nos sorprenden tanto que nos pueden llevar a dudar del amor, el cuidado, la protección o el obrar de Dios en nuestra vida.

Pero lo realmente cierto, es que todos esos pensamientos de duda y cuestionamiento sobre Dios y su bondad, son verdaderamente, como lo dice el pasaje bíblico de hoy, dardos o flechas de fuego que vienen de parte del maligno, con la intención de entorpecer nuestra fe y endurecer nuestro corazón por el engaño del pecado, puesto que dudar o tener incredulidad acerca de Dios es pecado (Hebreos 3:12-13, Juan 16:9). Y a lo que nos exhorta el Señor a través de su Palabra es a que con el escudo de la fe detengamos y apaguemos todas esas mentiras que nos quieren alejar de nuestra única fuente de seguridad y bendición, que es la misma presencia de Dios.

La palabra de Dios en Hebreos 11:1 dice “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”, es entonces la fe lo único que nos puede dar la confianza y seguridad de nuestro futuro, a pesar de lo difícil, oscuro, triste o desalentador que esté siendo o pareciendo nuestro presente. Adicional a esto, la fe, como dice Hebreos 11:6 es la disposición correcta de nuestro corazón para buscar a Dios, pues haciendo así podemos estar convencidos de que seremos grandemente por Él, galardonados, retribuidos o premiados. De manera que, si la batalla queremos ganar, el escudo de la fe debemos tomar y así los dardos del enemigo apagar.   Oración.

«Padre bueno, tu palabra dice “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” Nos invitas Señor, a que activando nuestra fe podamos comprobar en nuestra vida tu amor, tu bondad y fidelidad; así que, yo hoy te pido que me ayudes en la batalla de la incredulidad y por medio de la fe me permitas vencer, amén.

domingo, 6 de abril de 2025

Fe para vencer

 


Fe para vencer

 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.” 1 Pedro 5:8-9

Cuando vienen las tentaciones y somos atacados por nuestro enemigo, es justo los momentos donde en mayor debilidad nos encontramos, pues son situaciones que nos ponen a prueba y más exactamente ponen a prueba nuestra fe, como dice Santiago 1:2-3 “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” En estas pruebas, tenemos la tentación de actuar según nos persuada nuestra propia sabiduría e inteligencia y no según lo que Dios en su sabiduría dice, somos tentados también a actuar en nuestro tiempo y en nuestras fuerzas, diferente al tiempo de Dios y en la fuerza del Espíritu Santo que es como deberíamos hacer.

Sin embargo, querido hermano, el Señor hoy nos está recordando y exhortando a que ganemos esa batalla contra nuestro principal enemigo que es Satanás, estando firmes en la fe, creyendo y poniendo por obra lo que Dios nos ha enseñado o nos está revelando. Generalmente y debido a que vivimos en sociedad, pasamos por diversas pruebas en la convivencia con nuestro prójimo, diferencias o desacuerdos con nuestra pareja, desobediencia o rebeldía de nuestros hijos, comentarios o actos incómodos o inadecuados de nuestros hermanos o compañeros, y tantas dificultades o inconvenientes que se nos pueden presentar en nuestro día a día, y por donde fácilmente le podemos abrir la puerta o ceder el paso a nuestro adversario.

Pero nosotros no hemos sido llamados a dejarnos devorar, sino, por el contrario, a vencer por medio de la fe, Santiago 4:7 dice “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.  Oración.

«Amado Padre, gracias Señor por cada padecimiento en el que me permites estar, gracias porque permaneciendo firme en la fe he podido ver cómo finalmente eso obra para mi bendición, pues me permites crecer en fe, en carácter y en mi comunión contigo, te alabo y te bendigo en nombre de tu Hijo Jesucristo y con la unción y poder de tu Santo Espíritu, amén.

sábado, 5 de abril de 2025

Sellados con el Espíritu Santo

 


Sellados con el Espíritu Santo

 “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” Efesios 1:13

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” Efesios 4:30

La Biblia, en diversas oportunidades nos revela que cada creyente en Cristo y su palabra de verdad, ha sido sellado por Dios con el Espíritu Santo, ¿por qué y para qué?

El Espíritu Santo le da testimonio a nuestro espíritu de que somos verdaderamente hijos de Dios, hijos que a pesar de ser adoptados, la gracia infinita del Padre, nos ha concedido todos los privilegios de un hijo natural, incluida la herencia (Romanos 8:15-16) herencia de la cual como dice Efesios 1:14, el Espíritu Santo es las arras o, en otras palabras, el adelanto hasta cuando llegue la redención de la posesión adquirida.

El pueblo que ahora es posesión absoluta y eterna de Dios, ha sido marcado con el Espíritu Santo, brindándonos una seguridad presente de nuestra salvación y una garantía de esa redención futura que aún esperamos, tal como lo expresa Romanos 8:23 “y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

Realmente, la obra de nuestro Señor Jesucristo fue totalmente completada o consumada, no hay duda, ni sombra de variación, así que, somos verdadera e irrevocablemente posesión absoluta de Dios, en ubicación de hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues así lo ha dicho, hecho y sellado Dios; en tiempos pasados cuando un rey ordenaba algo y quería garantizar que no fuera cambiado o alterado, lo sellaba con su anillo (Daniel 6:17, Ester 8:8); El Rey de reyes y Señor de Señores nos ha sellado con su Espíritu Santo.   Oración.

«Padre, gracias por amarme y darme seguridad y esperanza irrevocables; gracias porque con tu Espíritu me has sellado y me has dado las arras de mi herencia; alabo y bendigo tu Santo nombre, alabo tu gloria y la gloria de tu gracia, por Jesucristo tu amado Hijo, amén.

viernes, 4 de abril de 2025

Ungidos con el Espíritu Santo

 


Ungidos con el Espíritu Santo

 “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” Lucas 4:18-19

“cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Hechos 10:38

El Espíritu Santo además de ser nuestro ayudador (como lo vimos en el devocional anterior), también es nuestra unción.

Unción, que por su definición en griego significa el otorgamiento del Espíritu Santo, es lo que Dios ha hecho en cada persona que profesa su fe en Jesús. Cada creyente ha sido ungido por Dios con el Espíritu Santo (1 Juan 2:20,27). Ahora bien, esta unción, aparte de todos los beneficios que conlleva, ha sido hecha de manera especial para un propósito particular, propósito que podemos ver claramente de la vida de Jesús, pues es justo Él quien habla y a quien se menciona en las citas bíblicas de hoy respectivamente.

Dar buenas nuevas a los pobres, que en otras palabras es, predicar el evangelio del Señor al pobre de espíritu; sanar a los quebrantados de corazón; poner en libertad al esclavo del pecado y de Satanás y dar vista al ciego físico y espiritual, son apenas algunas de las obras que debemos y podemos llevar a cabo gracias a la unción que de Dios hemos recibido. Jesús dijo lo siguiente en Juan 14:10,12 “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras… De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.”

Hermanos, que la revelación de esta profunda y poderosa verdad, acreciente nuestra fe, de manera que podamos ver la gloria de Dios obrando en nosotros y a través de nosotros por su Espíritu.   Oración.

«Bendito Dios, cuán maravilloso y misericordioso eres Señor. No solo me has salvado, sino que además de adoptarme como tu hijo en Cristo, me has hecho partícipe del reino de los cielos y en tus negocios me permites estar. Gracias por ungirme con tu Santo Espíritu, ahora comprendo que Tú estás en mí y que puedo permitir que obres a través de mí, amén.

jueves, 3 de abril de 2025

El Espíritu Santo, nuestro ayudador

 


El Espíritu Santo, nuestro ayudador

 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, “Juan 14:16-17a

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” Juan 14:18

“Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Juan 14:26

Como el mismo Señor lo expone: cada día tiene su propio mal o trae su afán; es por ello que en nuestra vida de manera frecuente se nos presentan nuevos retos o nuevas oportunidades para avanzar y crecer en diferentes áreas: una responsabilidad diferente en el ministerio o cargo que ejerzas, una mudanza de residencia, un bien material para administrar, un primer hijo, un hermano para ese hijo, un intercambio académico, la transición de colegio a universidad, o de universidad al ámbito laboral, entre otras tantas cosas que se pueden presentar en la cotidianidad.

Sin duda, el ser humano, de la manera que lo ha creado Dios, está en la capacidad de responder a estos nuevos comienzos; sin embargo, cuando no contamos con la ayuda de Dios de manera oportuna y precisa, todas estas cosas nos pueden llevar a diferentes males, como por ejemplo, trastornos mentales y de sueño, enfermedades físicas, pérdidas, fracasos económicos, matrimoniales, ministeriales, familiares, sociales, entre otros.

Es por ello que, el Señor conociendo de antemano nuestra humanidad débil e imperfecta, decide de manera voluntaria y anticipada enviarnos un AYUDADOR, el Espíritu Santo, nuestro consolador, guía, abogado y defensor. El Espíritu Santo es una persona de la divinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas, pero un solo Dios verdadero (Juan 15:26)) teniendo así todos los atributos de Dios, entre ellos, todo lo sabe, todo lo puede y es amor; esa persona es la que cada creyente tiene hoy y todos los días, morando en su vida, estando en él; y está ahí en cada corazón para cumplir con toda voluntad y amor su labor, entonces, hemos de ser nosotros los que cada día seamos conscientes de ello, y le pidamos en todo momento que nos llene de Él; que su sabiduría, su poder, su fuerza, su gozo, su amor, su paz, su paciencia y todas sus virtudes invadan nuestro ser y nos lleven en su plenitud, a ser y hacer lo que se nos ha encomendado. Así que, como dice 2 Corintios 13:14, “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.   Oración.

«Bendito Dios, gracias Padre por tu Hijo y por tu Espíritu; te alabo y te bendigo en este día, porque has sido bueno y misericordioso al enviarme a tu Espíritu a morar en mi corazón. Anhelo que cada día me hagas más consciente y entendido de su presencia continua en mi vida y de todo lo que Él está dispuesto a hacer en cada ámbito al ser mi ayudador, mi consolador, mi guía y Dios, amén.

miércoles, 2 de abril de 2025

Andar en vida nueva

 


Andar en vida nueva

“Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia.” Romanos 8:10

“si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” Gálatas 5:25.

Antes, cuando no habíamos recibido a Cristo en nuestro corazón, nuestro estado era: vivos en cuerpo, (un cuerpo que estaba esclavo del pecado) y, muertos en espíritu; en otras palabras, estábamos: vivos físicamente, pero muertos espiritualmente (Efesios 2:4-5).

Ahora, con Cristo en nosotros, tal como lo expone Romanos 8:10, debemos creer que nuestro cuerpo está muerto, en el sentido de ser un canal para pecar, pero que nuestro espíritu vive, para que ahora seamos medios, pero de la justicia, es decir, para hacer lo correcto, lo agradable a Dios. En este sentido, la Escritura en Gálatas 5:25 dice que, si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu, dándonos a entender que, si verdaderamente nosotros hemos recibido al Señor Jesús en nuestra vida, debemos permitir que sea justamente Él quien viva en nosotros.

Esa nueva vida que ahora por Cristo hemos recibido, la vida espiritual, no es precisamente para que la tengamos de adorno y sin estrenar, sino que, es un regalo precioso que se nos ha dado para vivirlo y disfrutarlo, para que justamente ya no seamos guiados, impulsados y esclavizados por los deseos de nuestra carne que se oponen a Dios, sino que nuestra vida la dirija, la controle y la gobierne el Espíritu de Dios, el mismo Espíritu que sustentó y llenó la vida de Jesús y más aún, el Espíritu que, le levantó de los muertos; así que, amados y bendecidos hermanos, según dice Romanos 8:11, permitamos que el Santo Espíritu de Dios vivifique nuestros cuerpos mortales, de modo que ahora, cada uno de nuestros miembros sean medios para la gloria de Dios; “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Romanos 6:11.  Oración.

«Padre Celestial, que la nueva vida que por gracia, por medio de la fe en Cristo Jesús me ha sido dada, la pueda vivir y disfrutar de tal manera que tú y yo, por medio de tu Espíritu, seamos uno en Cristo, para gloria de tu nombre, amén.

martes, 1 de abril de 2025

El propósito de Dios es bendición

 


El propósito de Dios es bendición

“He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”, Génesis 28:15-16

Recordando la historia, Jacob viene huyendo de su hermano Esaú, quien quería matarlo, porque Jacob le había robado la bendición de la primogenitura a Esaú. Pero Dios le muestra a Jacob que Él es su protector y proveedor, y aunque estaba solo en tierra extraña y lejana, Él no lo abandonaría. Dios no abandona sus propósitos, pues con Abraham había hecho un pacto, el cual confirmó a su hijo Isaac y ahora a su nieto Jacob, y Dios le dice: “Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente”, Gén 28:13-14. No hay nada que pueda detener los propósitos del Señor.

Muchas veces los creyentes ignoramos la presencia de Dios y sus designios; así como le pasó a Jacob cuando dijo: “Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”. El Señor lo ha dicho una y otra vez en su Palabra, que no nos dejará, ni nos desamparará, que estará con nosotros todos los días de nuestra vida hasta que él haya cumplido su propósito en nuestra vida.

Hermano, nuestro corazón puede descansar en la fidelidad y el poder de Dios; pues por su eterno e incondicional amor siempre lucha a nuestro favor, Dios no nos soltará hasta terminar la buena obra que inició en nosotros según su buena, perfecta y agradable voluntad. Oración.

Amado Dios, tú has prometido que me guardarás por donde quiera que yo vaya, que cumplirás tu propósito en mí; y he creído en tu Palabra, he descansado en tu fidelidad, pues tú eres mi escudo, mi fortaleza y mi alto refugio. Señor, te doy gracias por estar presente en mi vida, por ser mi protección y mi provisión. Amén.