miércoles, 26 de marzo de 2025

DECÍDETE POR CRISTO

 


DECÍDETE POR CRISTO

"Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe", Efesios 2:4-9

La vida sin Cristo es incierta, porque se vive en pecados y transgresiones, aquí la palabra pecado es “hamartía”, una palabra de caza que significa errar en el blanco. El pecado es el fracaso en el intento de alcanzar una meta en la vida, esto sucede porque tenemos una concepción errada de lo que es el pecado. Para la mayoría de las personas pecado es solamente robar, matar, mentir, adulterar, etc., pero esas realmente son consecuencias del pecado. La Biblia describe el pecado como estar “separados de Dios”, sin tener en cuenta al Señor para ningún asunto de nuestra vida; no tener una relación de comunión con nuestro Creador. Eso es el pecado que nos lleva a actuar solo como creemos y pensamos.

Transgresión viene del griego “paróptóma” que significa resbalón o caída. Se usa para una persona que se equivoca en el camino y que cada vez se aleja más de lo que era su destino; una persona que transita por caminos peligrosos cada vez más lejos de la verdad. La pregunta es ¿Estamos caminando por el camino correcto, el que nos lleva a alcanzar la meta? O estamos caminando muertos en vida como Pablo describe a aquellos que están sin Cristo alejados de la vida de Dios.

El efecto del pecado es mortal, el pecado mata la inocencia, que una vez perdida no se puede recuperar. El pecado mata los ideales, cuando ya lo hemos hecho tantas veces que ya no sentimos remordimiento y cada pecado hace más fácil el siguiente y nos lleva a perder el propósito de vivir. El pecado mata también la voluntad cuando nos entregamos a un placer que no podemos evitar, porque una vez que algo se convierte en hábito crea la necesidad y cuando permitimos que nos domine un hábito nos volvemos esclavos de él.

Necesitamos que el Espíritu de Dios nos ayude en nuestra debilidad y renueve nuestra mente para poder batallar con nuestra carne. Sabemos que Dios perdona nuestro pecado, pero también entendemos que sus efectos nocivos permanecen y quedan cicatrices difíciles de borrar.

Cuando vivimos la vida de acuerdo con los valores de este mundo y no renovando nuestro entendimiento con el conocimiento de Cristo a través de su Palabra será difícil ser libre. El Señor dice en Juan 8:32 “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. La Verdad es Cristo y lo asevera en Juan 14:6 dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. El destino de todo ser humano es retornar a Dios.

Decidámonos por Cristo, si queremos vida debemos vivir como dice Romanos 8:6 “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. El Espíritu Santo es el único que puede regenerarnos, no es por nuestros propios esfuerzos sino por su poder que nos ayuda a vivir nuestra nueva naturaleza espiritual cuando dependemos de Él, busquemos estar siempre en comunión con Dios. Oración.

"Señor Jesucristo gracias por haberme rescatado de mi vana manera de vivir, ayúdame a no satisfacer los deseos de mi carne que me conducen a frustración y muerte, sino que me ocupe de vivir en el Espíritu, con una comunión verdadera y continua contigo para poder experimentar la vida abundante, tu gozo y tu paz. Amén.

martes, 25 de marzo de 2025

Morir al viejo hombre.

 


Morir al viejo hombre.

“sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”, Romanos 6:6

El evangelio, la mejor y más grande noticia de todas, es una verdad que debemos saber, aceptar y experimentar. Pero que solo el Espíritu Santo nos lo puede revelar de manera personal a cada uno de nosotros; para ilustrar, es como si olvidáramos dónde guardamos las llaves de nuestra casa e hiciéramos fuerza para recordar, intentamos, buscamos por todos los rincones pero no hallamos nada, al llegar al desespero nos cansamos de intentar, ya rendidos y sin esperanza, de repente viene alguien y nos dice, ‘mira las llaves están encima de la nevera’. Y decimos, ‘cómo no se me ocurrió que estuvieran allí’. Descansamos y agradecemos ese favor.

El Espíritu nos revela verdades mucho más grandes y ocultas que ni el más grande intelectual del mundo puede entender, solo en su poder y por medio de la palabra de Dios se nos revela qué fue lo que pasó en la cruz y en la resurrección de Jesús y qué implicación tiene este hecho en la vida de cada uno de nosotros.

Por esto la fe es la puerta estrecha, solo cabemos uno a uno, es personal y nos obliga a dejar atrás nuestras preconcepciones y prejuicios, de esto se trata el arrepentimiento: cambiar nuestra manera de pensar y conocer la verdad y la verdad de Jesús nos hará libres.

De esto se trata, de saber que hay un hecho que determina nuestra existencia, y creer que cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón, lo que ocurrió es que fuimos colocados en él, en su muerte y su resurrección: ”Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6:5)

Como dice el versículo de hoy “sabiendo esto”, y ¿qué es lo que debemos saber?: que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; pero también debemos saber que de la misma manera que Cristo resucitó, nosotros resucitamos para vivir una nueva vida. Nuestra fe es certeza, confianza y esperanza en algo que Dios dice y así es.

Por lo tanto, como hemos escuchado y aceptado esta verdad, considerémonos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 6:11) y como consecuencia, podemos experimentar el efecto de no ser esclavos del pecado. (Romanos 6:12-14).   Oración.

«Padre, no tengo porque vivir esclavo, ni viviendo mi vida como la vivía antes, siguiendo solo mis deseos pecaminosos que me llevaban a hacer lo malo, ahora estoy unido a Cristo, para que el pecado no reine en mí, pues he sido hecho nueva creación, un nacimiento para vivir la vida que te agrada a ti. Amén.

lunes, 24 de marzo de 2025

Cristo en mí

 


Cristo en mí

“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”, Juan 17:23

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.”, Juan 14:20

Qué profundo cuando el Señor declara “vosotros en mí, y yo en vosotros”, y antecede esta declaración con “en aquel día”, ¿a qué día se refiere? Al día en que se cumpliera la petición de Cristo al Padre de “Otro consolador”, para que estuviera con nosotros para siempre: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Juan 14:17). Luego de su muerte y resurrección, cada uno de nosotros que cree en esta buena noticia, en su obra de amor por nosotros, recibe al Espíritu Santo y es sellado con él. Cristo mismo por medio de su Espíritu viviendo en nuestro interior. Por esto dijo a sus discípulos “mora con vosotros” y “estará en vosotros”.

Este es el cumplimiento de “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” (Juan 14:18), una promesa y un ruego de Cristo, que cambia nuestra vida para siempre. Somos insertados por medio de la fe, en la vid verdadera que simboliza a Cristo, para estar unidos a él, como él está en el Padre, esta comunión se extiende a nosotros; por esto somos llamados hijos de Dios tal como Cristo. Se cumple lo que dijo Jesús “Yo en ellos, y tú en mí”. Y como somos todos unidos a él, hay una perfecta unidad.

Cristo se dio así mismo, y en un momento dado experimentó el no estar en esa comunión con el Padre, cuando fueron colocados nuestros pecados en él, y gritó “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?” para que nosotros no experimentemos la separación eterna del Padre; cuando resucita, su victoria confirmó lo que nos fue dado: “dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17:31).

Hermanos nuestra fe no es vana, es real, Cristo resucitó y por fe, al creer firmemente en esta esperanza verdadera, somos puestos en unión con Cristo resucitado a través de su Espíritu Santo, para vivir en la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo. (2 Corintios 13:14)    Oración.

«Padre amado, ahora puedo entrar al trono de gracia para recibir tu oportuno socorro, tu Santo Espíritu en mí confirma que soy tuyo gracias a la obra de Jesús y que estoy llamado a expresar esta comunión a través del amor a mis hermanos de la iglesia, para que el mundo sepa que tú enviaste a Cristo a morar en mí. Amén  

domingo, 23 de marzo de 2025

Andar en el Espíritu refleja su gloria

 


Andar en el Espíritu refleja su gloria

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”, Gálatas 5:25

“de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”, Efesios 4:16

Andar en el Espíritu, para explicarlo de manera ilustrativa, es como cuando un padre toma de la mano a su niña pequeña, y si van andando por un camino pedregoso la toma mas fuerte, pendiente de cada paso para que, si tropieza, no dejarla caer. Si hay algún peligro inminente ese padre cuidadoso la carga en sus brazos y la levanta.

Andar en el Espíritu, se trata de confianza, pero también de intimidad profunda, siguiendo los pasos del Maestro. Se trata de caminar con Él y en cada paso, cada pensamiento, cada cosa que hacemos andando como Cristo anduvo cuando estuvo en la tierra, porque él ahora está en nosotros y esto nos motiva a reflejar los atributos de Dios, es decir, su gloria.

Pero este andar no es de vez en cuando, es diario y constante; caminar permaneciendo en él: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Juan 2:6).

Cada paso que damos con él, nos lleva a ganar experiencia espiritual y por lo tanto madurez. Siguiendo nuestra ilustración del padre con su hija, mientras salen a caminar él le habla, le cuenta historias, le muestra cosas que la sorprendan y cada vez más se van conociendo; la hija va aprendiendo de su padre, tomando seguridad, de esto se trata la intimidad. (Hebreos 5:14)

Cuánto más nosotros, que Cristo vive en nuestro corazón, podemos escucharlo por medio de su Palabra, tenemos su mente, tenemos su amor en nosotros y además él nos llena de su Espíritu para percibir las cosas celestiales. Insertados en su iglesia, aprendemos de él, también, a través de nuestros hermanos, pues él habla también por medio de siervos que son usados como instrumento para edificación de cada uno de nosotros, que somos miembros de su cuerpo. (1 Corintios 2:16, Efesios 4:16 )

Aprendemos tanto de él, que somos impregnados de su olor, de su fragancia, muchos la perciben para vida, pero los que lo rechazan no les parece un olor agradable. (2 Corintios 2:15-16). Paso a paso, con cada pensamiento, cada palabra y cada acto vamos expresando a Cristo, reflejando a aquel que es nuestra esperanza de gloria, en comunión con nuestros hermanos.   Oración.

«Padre, Cristo es mi esperanza de volver a casa, gracias porque me diste vida nueva en él, y tu Santo Espíritu lo colocaste en mi corazón para darme esperanza y poder caminar contigo. Anhelo mi Señor otro nivel de intimidad contigo para reflejar a Cristo en todo lo que hago, para gloria de tu nombre, amén

sábado, 22 de marzo de 2025

Cristo en nosotros

 


Cristo en nosotros

“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,”, Colosenses 1:26-27

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”, Romanos 11:36

Una vez fuimos destituidos de su gloria por nuestro pecado, el Padre resuelve este conflicto a través de Jesús, enviándolo a él para volver a llevarnos a casa, a su gloria: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”, (Juan 1:14). Por esto dice la escritura que Cristo es la esperanza de gloria, la única esperanza de volver hacia donde debemos estar y quién debemos ser; con el Padre y para el Padre.

Cuando recibimos a Cristo, fuimos hechos nueva creación y el Padre nos crea en él, nos inserta en Cristo (nos une) para expresarse a sí mismo, para su propia gloria.

La expresión de todos los atributos es la expresión de su propia gloria, y por esto el Padre nos une a Cristo y nos hace su morada, por medio de su Espíritu Santo, para que ahora reflejemos su gloria: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” (Romanos 8:19); no es menor el privilegio que por gracia se nos dio, de manifestar en el presente, este misterio que estuvo escondido por siglos y es: Cristo en nosotros, la esperanza de gloria. (Colosenses 1:27)

Su iglesia, el pueblo santo de Dios, es la manera en que Dios manifestaría a toda la creación su amor, su inmensa bondad, todo el fruto del Espíritu Santo: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23), por esto, cada uno de nosotros fuimos colocados en su cuerpo, es decir, su iglesia. Todos miembros del cuerpo, pero todos unidos por el mismo Espíritu, como la rama del árbol, que necesita del tallo y de la raíz para sobrevivir. Nuestro Señor Jesús ilustra esta realidad espiritual con los pámpanos y la vid verdadera (Juan 15:5)

Por esta razón, debemos permanecer en Cristo y andar en amor, unos con otros, para que sea manifiesto al mundo que somos sus discípulos, sus hijos y tomar los atributos de su expresión, que son Cristo mismo viviendo a través de nosotros, para glorificar su nombre en todo lo que hacemos. Este es el sentido y el propósito de ser llamados hijos de Dios.   Oración.

«Padre, te glorifico porque Cristo está en mi y ahora puedo tomar todo tu amor y expresarlo a todos mis semejantes, crucificando cada día mi carne para que sea tu luz la que alumbre, para gloria de tu santo nombre, por el poder de tu Espíritu en mí, amén.

viernes, 21 de marzo de 2025

Instrumento en sus manos

 


Instrumento en sus manos

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”, Hechos 9:15-16

“Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,”, Romanos 15:18

Un instrumento es algo que alguien toma para hacer o producir algo; si es una pala o azadón, el que lo empuña lo usa como quiere bien sea para quitar la hierba o algún otro oficio; si es un instrumento musical, el músico logra sacar melodías. Ambos pueden usar bien sus instrumentos para tal fin, o usarlos mal y no lograr el objetivo. ¿Cuál es el punto, con esta ilustración?

Primero, que Dios es el que nos usa como instrumentos, pero él es perfecto y el que perfecciona al instrumento que usa. Y segundo, que no somos nosotros los que hacemos la obra, sino Él, que nos usa y refleja su gloria, sus atributos, por medio de nosotros; entonces es para su gloria, ¡no es de nosotros la obra, es suya!

Nosotros creemos en el que obra: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5). el Señor por su misericordia nos da el privilegio de ser sus instrumentos, y que además nos llena de su gracia para poder ser usados: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”, (1 Corintios 15:10).

No es de nosotros, “no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” Así que entender, aceptar y creer esto, nos llevará a ser usados por el Señor, para que nuestro orgullo se quede lejos: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”(Santiago 4:6).

Esto nos debe enseñar que hay una manera correcta de servir a Dios y una manera incorrecta. Que no es en nuestra fuerza que le servimos, no en nuestra carne, sino andando en su Espíritu, permitiendo que su favor nos lleve e impulse por medio de la fe a hacer su voluntad, no la voluntad de la carne.

Esto evitará rencillas y divisiones en el interior de la iglesia, pues no vamos a pensar que somos algo, o que tenemos derecho a algo por encima de otro hermano: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16)   Oración.

«Padre, como dice el salmista, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria por tu misericordia y tu verdad, exaltamos tu nombre porque nos revelaste tu gloria y poder en Cristo Jesús, dándonos tu favor inmerecido y permitiéndonos ahora ser tus siervos, reflejando tus atributos por el Espíritu que colocaste en nosotros. Amén.

jueves, 20 de marzo de 2025

El camino a la exaltación

 


El camino a la exaltación

 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, Filipenses 2:5-8

Nuestro Señor Jesús, descendió a lo sumo; primero se despojó de su riqueza “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9). Se despojó de sus privilegios, pues siendo Dios y pudiendo ejercer su poder, se sometió en completa obediencia a su Padre: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” (Juan 12:49).

Esto también lo podemos ver cuando fue traicionado y fueron a apresarlo; uno de sus discípulos trató de defenderlo con su espada y Jesús le dijo: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:53). Entendemos, que si el Señor hubiera querido defenderse, en obediencia le pediría a su Padre, en oración, estas legiones de ángeles, pero no lo hizo para que se cumpliera la escritura, para hacer la voluntad de su Padre y tomar la posición de siervo. Todo esto demuestra que siendo Dios, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y la peor muerte de todas, la cruz.

Miremos hasta donde descendió Jesús, para luego ser exaltado hasta lo sumo. Pero, miremos hasta donde tenemos que descender nosotros, para hallar el camino de la exaltación para gloria de su nombre, no de nosotros.

La próxima vez que se nos ofenda o se nos humille, recordemos que se está humillando al viejo hombre, que debe seguir descendiendo hasta que la vida de Cristo resucitado se haga manifiesta en nosotros; así que no tenemos por qué contestar con ira, ni demos lugar a que el viejo hombre se defienda, pues éste está viciado y debe quedar en la cruz. Lo mejor es que manifestemos a Cristo, en la nueva naturaleza que hemos recibido, para que Él crezca y nosotros mermemos.

La vida de Cristo manifiesta en nosotros no permitirá que contestemos con ira, no se llenará de orgullo, ni de venganza, tampoco se sentirá frustrado o lleno de motivos; solo responderá con amor, mirará con compasión, resistirá con carácter y tendrá dominio propio, para no dejar que su humanidad pida a Dios algo que haga daño a quienes mejor debe salvar o dar ejemplo.

Esa nueva naturaleza en nosotros, esta nueva realidad de Cristo en nosotros, debe ser revelada por el Espíritu para que la entendamos, pero está en todos los que hemos recibido a Cristo, a disposición; no demoremos entonces en usar las riquezas de su gracia con las que hemos sido enriquecidos, tomando el camino a la exaltación que es el camino descendente: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Mateo 23:12).   Oración.

«Padre, unido a Cristo ya no vivo yo, por tu Espíritu revélame profundamente esta nueva vida que tengo en Él, para que mi viejo hombre sea crucificado, pueda entonces reflejar en mí los atributos de Cristo, su amor, su paciencia, todo el fruto de tu Espíritu, para gloria de tu nombre, en el precioso nombre de Jesús, amén.